La rebelión contra el poder en el teatro de sor Juana Inés de la Cruz
p. 17-27
Texte intégral
11– Si bien lo miramos, la vida de Sor Juana Inés de la Cruz se caracteriza por una lucha constante contra el poder y ello tiene reflejos abundantes en toda su obra. Poder familiar, político, social y religioso, contra los cuales poderes la indómita mujer lucha durante toda su existencia, acabando víctima de su rebelión, pero íntimamente convencida de la legitimidad de su rebeldía.
2Muchacha, no la dejan ir a la Universidad y ella estudia en la biblioteca de su abuelo1; joven, aprende de la mancha de su nacimiento y se rebela metiéndose en el convento2, manteniendo un tierno amor hacia su madre; monja, por más que proclame su « natural tan blando y tan afable » que la hacía amar por las demás hermanas, las cuales buscaban su compañía3, tiene que defenderse contra el tiempo que este afecto le roba a sus estudios, reacciona a la imposición de no abrir libros, de parte de una abadesa « muy santa y muy cándida, que creyó que el estudio era cosa de Inquisición »4, haciendo todo lo que la rodea objeto de su reflexión:
Yo la obedecí (unos tres meses, que duró su poder ella mandar), en cuanto a no tomar libro, que en cuanto a no estudiar absolutamente, como no cae debajo de mi potestad, no lo pude hacer, porque aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en toda esta máquina universal.5
3Y aún más: es durante su vida conventual cuando tiene que rebelarse al poder de su confesor, que la acusa injustamente de desperdiciar su tiempo en la creación literaria –conocemos ya muy bien, a través de la Carta llamada « de Monterrey », descubierta por el padre Aureliano Tapia Méndez6, los términos de este duro enfrentamiento-; se rebela contra el poder intelectual del famoso Padre Vieira, a quien discute en la Carta Atenagórica sus afirmaciones en torno al concepto del amor de Dios hacia sus criaturas7; al final se rebela nuevamente al poder eclesiástico a propósito de las censuras injustificadas que le mueve en su Carta Sor Filotea de la Cruz -alias su buen amigo, el obispo de Puebla de los Angeles, don Manuel Fernández de Santa Cruz, misterio todavía no aclarado-, formulando una vigorosa y puntual autodefensa, y al mismo tiempo defendiendo el derecho de toda mujer a la cultura y a expresarse, en una de sus máximas obras, la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, con la que prácticamente cierra su actividad creativa y vital.
4Nos informa el biógrafo de la Fénix, padre Diego Callejas, que Sor Juana volaba alta en la virtud, que vivió y murió muy santamente, cuidando de las hermanas contagiadas por la peste, al final ella misma afectada por el mal, sin que la enfermedad le causase « la turbación más leve en el entendimiento »8. Acaso pueda consolar aprender que en sus momentos últimos la pobre mujer
Mostró [...] cuan sobre aviso estaba en todo, respondiendo muy a propósito, y con puntualidad, a las oraciones de la recomendación del alma, que, fenecida, restituyó la suya, no sólo con serena conformidad, pero con vivas señales de deseo, en las manos de su Criador, a las cuatro de la mañana, en diecisiete de abril, Dominica del Buen Pastor, año de 1695.9
5La Respuesta a Sor Filotea, sabemos, no es exhaustiva con relación a toda la vida de Sor Juana; el texto ofrece algunas noticias en torno a la niñez de la mujer y a su retiro en convento, pero no proporciona más datos que no sean los de una constante persecución con la que se intentó castigar su ingenio. Suscita inmediata participación el pasaje donde la monja denuncia su condición de intelectual acosada por la incomprensión y la envidia:
¿Quién no creerá, viendo tan generales aplausos, que he navegado viento en popa y mar en leche, sobre las palmas de las aclamaciones comunes? Pues Dios sabe que no ha sido muy así: porque entre las flores de esas mismas aclamaciones, se han levantado y despertado tales áspides de emulaciones, y persecuciones, cuantas no podré contar; y los que más nocivos y sensibles para mí han sido, no son aquellos que con declarado odio y malevolencia me han perseguido, sino los que amándome y deseando mi bien (y por ventura mereciendo mucho con Dios por la buena intención) me han mortificado, y atormentado más que los otros, con aquel: No conviene a la santa ignorancia, que deben, este estudio; se ha de perder, se ha de desvanecer en tanta altura con su misma perspicacia y agudeza. ¿Qué me habrá costado resistir esto? ¡Rara especie de martirio, donde yo era el mártir y me era el verdugo! Pues por la (en mí dos veces infeliz) habilidad de hacer versos, aunque fueran sagrados, ¿qué pesadumbres no me han dado? ¿O cuáles no me han dejado de dar? Cierto, señora mía, que algunas veces me pongo a considerar que el que se señala o le señala Dios, que es quien sólo lo puede hacer, es recibido como enemigo común, porque parece a algunos que usurpa los aplausos que ellos merecen; o que hace estanque de las admiraciones a que aspiraban, y así le persiguen. Aquella ley políticamente bárbara de Atenas, por la cual salía desterrado de su república el que se señalaba en prendas y virtudes, porque no tiranizase con ellas la libertad pública, todavía dura, todavía se observa en nuestros tiempos, aunque no hay ya aquel motivo de los atenienses; pero hay otro, no menos eficaz, aunque no tan bien fundado, pues parece máxima del impío Maquiavelo: que es aborrecer al que se señala, porque desluce a otros. Así sucede y así sucedió siempre.10
6Dura protesta, seguida páginas después por una representación emblemática que, mientras ahonda en la negatividad de la naturaleza humana, confirma la conciencia clara, sin obstentación ni desmedido orgullo, de su propio valor de parte de la que escribe:
Suelen en la eminencia de los templos colocarse por adorno unas figuras de los vientos y de la fama, y por defenderlas de las aves, las llenan todas de púas; defensa parece y no es sino propiedad forzosa: no puede estar sin púas que la puncen quien está en alto: allí está la ojeriza del aire, allí es el rigor de los elementos, allí despican la cólera los rayos, allí es el blanco de piedras y flechas: ¡oh infeliz altura, expuesta a tantos riesgos! ¡Oh signo, que te ponen por blanco de la envidia y por objeto de la contradicción! Cualquiera eminencia, ya sea de dignidad, ya de nobleza, ya de riqueza, ya de hermosura, ya de ciencia, padece esta pensión; pero la que con más rigor la experimenta es la del entendimiento: lo primero, porque es el más indefenso, pues la riqueza y el poder castigan a quien se les atreve; y el entendimiento no, pues mientras es mayor, es más modesto y sufrido y se defiende menos. Lo segundo es porque, como dijo doctamente Gracián, las ventajas en el entendimiento lo son en el ser. No por otra razón es el ángel más que el hombre, que porque entiende más: no es otro el exceso que el hombre hace al bruto sino sólo entender; y así como ninguno quiere ser menos que otro, así ninguno confiesa que otro entiende más: porque es consecuencia del ser más. Sufrirá uno y confesará que otro es más noble que él; que es más rico; que es más hermoso; y aun que es más docto; pero que es más entendido, apenas habrá quien lo confiese: Rarus est qui velit cedere ingenio. Por eso es tan eficaz la batería contra esta prenda.11
7El intelecto acerca a la naturaleza de los ángeles, a la pureza absoluta y divina. Convencida de ello Sor Juana es justamente consciente del valor de su creación artística: lo muestra en numerosas ocasiones y hasta en la « Dedicatoria » del segundo volumen de sus Obras « Al Señor Don Juan de Orve y Arbieto, Caballero del Orden de Santiago », en la edición de Sevilla de 1692, donde se sale del cliché al uso, la busca de un Mecenas que con su autoridad defienda sus escritos « de las detracciones del vulgo »; Sor Juana no abriga ilusiones a este respecto y escribe: « como si la desenfrenada multitud y libre publicidad guardase respeto a la más venerable soberanía »; su fin es radicalmente distinto: se trata de un homenaje respetuoso al personaje y al mismo tiempo a la tierra de su propio origen por parte de padre, Vizcaya, con transparente sorna recordando que se trata de una obra de mujer, « en quien es indispensable cualquier defecto », no solamente, sino, con aparente humildad, en realidad con orgullo -como es el caso de su contemporáneo peruano Juan del Valle y Caviedes quien declara: « Sólo la razón ha sido / discursiva Salamanca, / que entró dentro de mi ingenio, / ya que él no ha entrado en sus aulas »12–, de una que
nunca ha sabido cómo suena la viva voz de los maestros, ni ha debido a los oídos sino a los ojos las especies de la doctrina, en el mudo magisterio de los libros, donde pudiera decir con el mismo Santo [S. Jerónimo]: Quid ibi laboris insumpserbn, quid sustinuerim difficultatis, quoties desperaverim, quotiesque cessaverim et contentione discendi rursus inceperim, testis est conscientiae mea.13
82– Indómita mujer: su actidud atrevidamente rebelde la apreciamos doquiera en su obra, hasta en los temas amorosos, donde se opone a un traicionero Alcino14; en la sátira contra los hombres « necios », que pretenden en el otro sexo la virtud que ellos mismos le quitan15; en la denuncia del artificio del halago, en un retrato que, « con falsos silogismos de colores / es cauteloso engaño del sentido », y al que define « vano artificio del cuidado », « flor al viento delicada », « resguardo inútil para el hado », « afán caduco », « cadáver », « polvo », « sombra », « nada »16; en la loca pretensión de la inteligencia de alcanzar los secretos divinos, en el Primero Sueño17.
9« Contra viento y marea », diría García Márquez, Sor Juana se opone a los poderes del mundo y a sus engaños. Desde su convento, donde conduce una vida que todos han declarado ejemplar, ella está siempre mirando hacia afuera, hacia ese mundo que ha dejado, pero que sigue en ella y la persigue hasta muy adentro el convento a través de personajes discutibles, como su confesor o el obispo de Puebla, y que ella cuestiona.
10Su actitud contra los poderes constituidos se hace patente también en el teatro, en las comedias profanas como en los autos sacramentales, las loas y los entremeses que los acompañan. Siempre Sor Juana afirma su personalidad independiente en la libertad de su juicio, y al mismo tiempo una orgullosa conciencia americana. Lo vemos de forma clara en la tentativa de hacer del azteca « Dios de las semillas », la prefiguración del Dios cristiano, en la loa que precede el auto sacramental de El Divino Narciso. Frente al orgulloso mundo hispánico trasplantado en la Nueva España, ella valoriza el elemento indígena, acudiendo a la danza y al canto, a la reproducción del lenguaje propio de los estratos bajos de la sociedad mexicana, mestizos, indios y negros, no sólo en los villancicos, sino en su teatro religioso de mayor categoría artística, como lo es el auto sacramental mencionado.
11En la loa que introduce el auto de El Divino Narciso, Sor Juana representa escenas que califican la tradición indígena, acude al baile del tocotín, y está en lo cierto quien ha visto en operaciones de este tipo un reconocimiento y una revitalización de la cultura indígena americana, el repudio de la noción de « bárbara »18, no tanto, yo diría, en contraposición al carácter belicoso de los colonizadores, como a una superioridad cultural que la monja ponía en tela de juicio. Orgullosa de su americanidad, Sor Juana celebra en varias ocasiones la excepcional abundancia de su tierra, declara con ostentación, en un romance dedicado a doña María de Guadalupe Alencastre19, su privilegiado nacimiento americano:
Que yo, Señora, nací
en la América abundante,
compatriota del oro,
paisana de los metales,
adonde el común sustento
se da casi tan de balde,
que en ninguna parte más
se ostenta la tierra Madre.
De la común maldición
libres parece que nacen
sus hijos, según el pan
no cuesta al sudor afanes.
12Parece el himno a la feracidad de la tierra mexicana que ya había levantado fray Toribio de Benavente, « Motolinía », en su Historia de los indios de la Nueva España. Pero Sor Juana no se resiste a expresar una nota polémica contra Europa, y prosigue:
Europa mejor lo diga,
pues ha tanto que, insaciable,
de sus abundantes venas
desangra los minerales.
¡Y a cuántos, el dulce Lotos
de sus riquezas, les hace
olvidar los propios nidos,
despreciar los patrios Lares!
13Adjetivos y verbos significativos. Más valen para explicar el « nacionalismo » de la Fénix estos versos que no los tan mentados en que, celebrando el bautismo del hijo de los virreyes, marqueses de La Laguna, incita supuestamente a América a levantar la « coronada cabeza » y al Aguila mejicana a que « el imperial vuelo tienda »20, cuando solamente son alusiones heráldicas.
14Introduciendo a América en la loa del auto sacramental El Divino Narciso, Sor Juana no satisface solamente el deseo de dar a conocer su tierra, sino que afirma el concepto en que ella la tiene. El Inca Garcilaso en sus Comentarios Reales hacía lo mismo, pues consideraba el Cuzco « otra Roma », el Perú un mundo no ciertamente inferior al de los conquistadores. Con el mismo intento Sor Juana celebra el mundo azteca y lo rescata no solamente en la nobleza de sus orígenes civiles, en la abundancia de sus riquezas, en la belleza de sus extensos paisajes21, más que intuibles en el auto sacramental, sino a la luz misma del Evangelio22. No poco atrevimiento, si bien lo considerarnos, sea frente al poder político, sea, sobre todo, frente al poder religioso.
15Por otra parte, ¿cómo podríamos interpretar la rebelión de Hermenegildo a su padre, en el auto sacramental El mártir del Sacramento? ¿Sólo como una justificada y heroica fidelidad a la religión católica? Creo legítimo ir más allá todavía, puesto el constante autobiografismo de la Fénix, individuando en la rebelión del santo, como la presenta Sor Juana, una nueva rebelión suya contra el poder, cuando este poder es injusto. Aquí la ortodoxia es respetada, no hay conflicto con la religión, sino que se la enaltece, pero parece posible ver en el santo a la monja misma, en lucha constante contra una autoridad que quiere someterla, aunque no logra vencerla.
16Y que no la vence lo demuestra también la loa que sirve de introducción al auto citado, pues vuelve Sor Juana a tratar en ella las demostraciones del afecto de Dios hacia los hombres, argumento ya discutido en su polémica contra el padre Vieira, volviendo a afirmar que la prueba más grande de este amor fue transformarse para ellos en la Eucaristía. La Carta Athenagórica aparece editada en 1690 y El Mártir del Sacramento, fue representado, según Méndez Planearte23, en Madrid entre 1680 y 1691: podría ser muy bien que la composición de la loa fuera contemporánea a la extensión de la Carta citada.
17En la loa que introduce el El cetro de José, Sor Juana vuelve al tema de las Indias. Trata ahora de los sacrificios humanos de los aztecas y la antropofagia, hechos que en su celo americano ella intenta aclarar, a pesar de que condena, como es natural, su práctica. No hay acción, sino solo discusión y en ella consiste el interés de la loa.
18El problema de los sacrificios humanos y la antropofagia debía de ser ciertamente muy vivo todavía en la época, si no en la práctica, es evidente, en la discusión académica, si la monja vuelve a tratarlo con tanta participación, procurando dar una justificación. En efecto, en la loa la Idolatría afirma que en el Nuevo Mundo la sustitución de un único Dios a las varias divinidades indígenas es razón suficiente y los sacrificios humanos hay que entenderlos como la más alta forma de veneración hacia dichas divinidades, de modo que, si fue error el objeto, la sustitución de éste debería ser suficiente. Sor Juana condena la confusión que hace la Idolatría, pero, como el padre Las Casas en su Apologética Historia de las Indias24, ve en el sacrificio humano la forma más alta del culto indígena y en la antropofagia ritual de alguna manera la pre-representación del sacrificio de Cristo en la Eucaristía, motivo que luego desarrolla en el auto sacramental.
19La monja iba en buena compañía al afirmar esto, puesto que no solamente el padre Las Casas, sino el mismo Torquemada en su Monarquía Indiana, sostenía que los aztecas comían únicamente la carne sacrifical, que consideraban sagrada, y a ello los movía más la religión que el vicio25. La interpretación de Sor Juana podía alegar, pues, notables autoridades para su finalidad de rescate del mundo indígena: nueva forma de rematar su independencia frente a la doctrina impuesta por la iglesia.
203– Más elementos para nuestro tema ofrece el teatro profano de Sor Juana. Me limitaré a las dos obras clásicas, Los empeños de una casa y Amor es más laberinto, en cuanto La segunda Celestina, a la que ha dado actualidad, entre no pocas polémicas, Guillermo Schmiduber26, ve reducida la intervención de la Fénix, pues ultimó solamente la comedia, obra de don Agustín Salazar y Torres, que quedó inacabada por la improvisa muerte del autor. Verdad es que también Amor es más laberinto no es totalmente obra de Sor Juana, pero la monja interviene en la comedia de manera determinante, pues son suyos, como sabemos, el primero y el tercer acto, mientras el segundo –por cierto muy inferior hasta en la versificación-, se debe al licenciado don Juan de Guevara, « Ingenio conocido de la ciudad de Méjico »27 y, según parece, pariente de la Fénix.
21El valor artístico de Los empeños de una casa está ampliamente reconocido desde siempre. Es el único « Festejo » totalmente compuesto por Sor Juana y que ha llegado completo de todas sus partes hasta nosotros. Una pieza de valor insustituible en el teatro de la Colonia. Se la representó en México el 4 de octubre de 1683, en casa del Contador don Fernando Deza, festejo ofrecido al virrey conde de Paredes con ocasión del ingreso oficial en la capital del nuevo arzobispo, don Francisco de Aguiar y Seijas28.
22Comedia de « enredo », sus modelos han sido individuados en Lope y Calderón; se trata de lecturas asimiladas, no de imitación, pues la monja afirma su originalidad no sólo en la versificación y la estructura de la comedia, sino en la problemática que la urge, por encima del tema de amor. Prima, efectivamente, en la obra el papel de víctima que la sociedad del tiempo asignaba a la mujer, simple objeto del deseo para el hombre, situación a la que Sor Juana reacciona acudiendo originalmente, y con gran habilidad y éxito artístico, a un humor que vacía de « dignidad » a los personajes masculinos. En efecto, en la comedia los hombres acaban por representar inesperadamente un papel secundario. Quien dirige la complicada tramoya es una mujer, doña Ana, que al final viéndose enredada en su mismo enredo se apresura a aceptar a su antes despreciado enamorado, don Juan, cuando ya don Carlos y doña Leonor han logrado vencer sus intrigas. Queda burlado y solo don Pedro, obtuso enamorado y violento y al fondo un padre convencional, el de Leonor, como siempre anciano, preocupado solamente de defender como sea el buen nombre de la familia, el famoso pundonor, y de casar como quiera a su hija.
23No hay simpatía alguna de parte de Sor Juana hacia este padre atolondrado y egoísta. Los hombres representan un papel muy feo en la comedia: don Pedro es ardiente y violento, desconoce totalmente a la mujer en su más íntimo ser; don Juan es un enamorado poco avisado, destinado a duras desilusiones, en poder de doña Ana, la mujer más lista de todas; don Carlos es un amante inexperto, escasamente decidido ante las dificultades. Dominan los personajes femeninos: Leonor, tierna víctima de ambos sexos, en cuya historia-confesión se suele individuar mucho de autobiografía sorjuanina: un personaje que hacen infeliz las contrariedades, humillado en su intimidad por doña Ana, dominadora astuta, una especie de genio de la intriga, hábil y oportunista, que la engaña y del amor hace un capricho, indiferente a las heridas que provoca y sin embargo atractiva, bella y vivaz.
24Fundamental es el papel del gracioso, ligado a su dueño por una relación de afecto más que de dinero. En manos de Sor Juana el personaje representa un medio eficaz para destruir la falsa dignidad masculina, que domina en una sociedad fastuosa y superficial. Si muchos son en el teatro del Siglo de Oro los personajes femeninos que se visten de hombre29, varios son también los hombres que se visten de mujer. La comedia de Sor Juana presenta uno de estos últimos casos: un hombre, el gracioso, se viste de mujer para engañar a don Pedro y poder salir de casa tan rica en imprevistos para llevar un mensaje de su dueño. El obtuso caballero cae en el engaño, lo cree Leonor, de la que el siervo se ha puesto los vestidos, y la enamora de manera tan agresiva y ardiente que para liberarse Catalinón acude a expresiones vulgares, que ciertamente asombran, pero no avisan al poco despierto caballero.
25La escena alcanza comicidad extraordinaria; Sor Juana, que no ha despreciado el humor en su poesía, alcanza aquí un nivel muy alto, persiguiendo una evidente finalidad: la crítica de una sociedad superficial que no aprueba, la misma ante la cual la comedia se representaba. ¿Qué entenderían las bellas damas y los encopetados caballeros de las reales intenciones de la autora? Por medio del gracioso Sor Juana realiza la invasión de un territorio rigurosamente vedado, una rebelión abierta, a través de un momento carnavalesco, contra las convenciones, la destrucción de un orden estático y superado, donde la personalidad de la mujer no tenía espacio, sometida al poder y la violencia del macho. Armada de sus convicciones y de la fuerza de su inteligencia, la monja combate una batalla que siempre fue la suya, pero ahora con la prudencia que la experiencia le ha enseñado, acudiente a medios despistantes como el humor.
26Castaño es un hombre, pero no es una casualidad que él se realice plenamente como personaje sólo cuando actúa como mujer. No pertenece a la categoría de las damas, pero se salva, único entre los personajes masculinos, precisamente porque se hace burlas de ellos desde un punto de vista femenino. Para Sor Juana las mujeres, aun las más negativas, como doña Ana, representan siempre un mundo íntimamente inaccesible a la comprensión del otro sexo, de refinada belleza e inteligencia, que el sentimiento ilumina. La monja conocía muy bien el carácter de los hombres y una vez más, a través del ridículo, los confina en el número de los « necios », como lo había hecho en otra ocasión en su poesía – « Hombres necios que acusáis... »–, ahora sin acudir a argumentos filosóficos, sino a un arma impropia terriblemente destructora: el ridículo30.
27También en el Sainete Primero de Palacio, que introduce la comedia Los empeños de una casa, fundado en personajes simbólicos y en una discusión típicamente barroca sobre los conceptos de Amor, Obsequio, Respeto, Fineza y Esperanza, podemos apreciar el inconformismo y la rebelión de Sor Juana, cuando afirma que en Palacio el desprecio es premio para quien no lo ha merecido, la esperanza única digna de desprecio en la corte y que, a propósito del amor, el verdadero amante debe tener la fineza de mostrarse convencido de que su sentimiento es siempre inferior por méritos al objeto a quien lo dirige.
28Superado lo abstruso de los conceptos, el Sainete Primero de Palacio se aprecia como una refinada representación del clima cortesano: una especie de « tiempo perdido », entre damas y caballeros, intentos en un juego del cual no entienden bien el significado, mínimamente preocupados por lo que sucede afuera, que bien puede ser un motín o hasta una revolución. Tiempos amargos fueron efectivamente aquellos en los últimos años de Sor Juana31.
294– Con Amor es más laberinto, se enriquece ulteriormente nuestro argumento. La comedia mitológica fue representada en el palacio virreinal de México el día 11 de enero de 1689, con la ocasión de cumplir los años el virrey conde de Galve. El tema mitológico centrado en torno al mito del Minotauro, la historia de Teseo y Ariadna, representa más bien un pretexto para seguir Sor Juana con su propósito crítico, en una atmósfera dramática. Podemos hacernos una pregunta: ¿por qué acude la monja al mundo mítico? La respuesta puede ser: para contrabandar con más seguridad sus ideas, que podían ser consideradas peligrosas, como la denuncia de la injusticia de los reyes o la vanidad de una nobleza que fundaba su orgullo en las empresas de los antepasados, no en las propias; tema vivo por razones personales evidentes –su origen ilegítimo- en Sor Juana, pero también debido a una filosofía moral a la que íntimamente se adhería siguiendo a Quevedo. Había sido, en efecto, este autor quien en el Sueño del Infierno había declarado, por boca de los diablos transformados en moralistas, que
el que en el mundo es virtuoso, ése es el hidalgo; y la virtud es la ejecutoria que acá respetamos, pues aunque uno descienda de hombres viles y bajos, como él con divinas costumbres se haga digno de imitación, se hace noble a sí mismo y hace linaje para otros.32
30De la misma manera Teseo, frente a Minos, afirma, en la escena segunda de la Jornada Primera, que de un soldado valeroso puede hacerse un rey « supremo », pero de un rey, sólo por el hecho de serlo, es dudoso se pueda hacer un buen soldado:
Lo cual consiste, Señor.
si a buena luz lo atendemos,
en que no puede adquirirse
el valor, como los reinos.
31Hay más: en los versos sucesivos Sor Juana formula una verdadera protesta social, en cuanto a través de Teseo proclama la igualdad original de todos los hombres, puesto que sólo la fuerza de las hazañas puede crear distinciones entre ellos y es únicamente el valor que hace que se sujeten los hombres a otros hombres.
32Figura extraordinaria la de este héroe, a la que se contrapone un rey ofendido y vengativo, insatisfecho de su larga venganza, que ya ha visto devoradas por el Minotauro víctimas inocentes numerosas. Con la llegada del ejército ateniense, que desembarca sorpresivamente en Creta para vengar a su príncipe, se trocan los papeles: ahora es Teseo, salvado por Ariadna. quien domina la situación y como ocurre en La vida es sueño, que Sor Juana debía de conocer muy bien, el héroe perdona y sólo reclama por premio a Fedra, de la que se ha enamorado.
33Obra en Teseo una filosofía de la vida que procede no solamente de su entereza moral, sino de la experiencia. Así de mutables son las cosas del mundo que, como en el caso del calderoniano Segismundo, nunca sabe el hombre si vive la realidad o el sueño. El héroe sabe muy bien que la Fortuna es la que gobierna todas las vidas. Con instintiva sabiduría femenina Fedra se lo recuerda al hombre del que se ha enamorado, para animarle, al comienzo de su prisión:
No os quite la confianza,
Príncipe, esta desventura,
que mientras la vida dura,
tiene lugar la esperanza.
Nunca la Fortuna queda
se está, y si abatido os veis,
antes que vos acabéis
podrá volverse la rueda.
34El tema lo conocía muy bien Sor Juana y lo recordaría como experiencia propia, no ciertamente positiva, mientras en el final de Amor es más laberinto lo vuelve hacia la positividad. Desengañada mujer, la batalladora monja no renuncia a cultivar sus sueños, siempre convencida de que, como se lo había dicho a su amigo, el virrey marqués de la Laguna,
el que vive lo que sabe
solo sabe lo que vive.33
35El carácter excepcional de este personaje femenino rebasa los confines de su siglo y no deja de sorprendernos y de captarnos, a nosotros sus lectores de hoy, precisamente por su actitud fundamentalmente inconforme con la sociedad en la que tuvo que vivir34.
Notes de bas de page
1 Cfr. Sor Juana Inés de la Cruz, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz., en G. Bellini, Sor Juana e i suoi misteri, Milano, Cisalpino-Goliardica/ C. N. R., 1987, p. 74.
2 A lo menos ésta es mi opinión, expresada en L’opera letteraria di Sor Juana Inés de la Cruz., Milano-Varese, Cisalpino. 1964. y reiterada en el citado libro Sor Juana e i suoi misten, p. 21.
3 Sor Juana Inés de la Cruz, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz., en G. Bellini, Sor Juana e i suoi misten, ob. cit., pp. 78-79.
4 Ibid., p. 84.
5 Ibidem.
6 Aureliano Tapia Méndez, Autodefensa espiritual de Sor Juana, Monterrey, Impresora Monterrey, 1981.
7 En tomo a la Carta, ver el ensayo de Silvana Serafín, « Una lettura retorica della Carta Atenagórica », en Varios Autores, Studi in anore di Giuseppe Bellini, Roma, Bulzoni Editore, 1993.
8 Diego Calleja, « Aprobación » a Obras y Fama Póstuma de la Madre Sor Juana Inés de la Cruz, Madrid, En la Imprenta de Manuel Ruíz de Murga, año de 1700. Citaré por comodidad la « Aprobación » del padre Calleja por mi libro Sor Juana e i suoi misteri, ob. cit., p. 64.
9 Ibidem.
10 Sor Juana Inés de la Cruz, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz., ibid, pp. 79-80.
11 Ibid., p. 81.
12 Cfr. el largo poema titulado « Carta que escribió el autor a la Monja de México habiéndole enviado a pedir algunas obras de sus versos, siendo ella en esto y en todo el mayor Ingenio de estos siglos », en Juan del Valle y Caviedes. Diente del Parnaso y otros poemas, estudio introductivo, edición y notas de Giuseppe Bellini, Roma, Bulzoni Editora/ C. N. R., 1997. Naturalmente no se ha encontrado todavía huella de esta petición de parte de Sor Juana, ni de Caviedes hay mención en su obra.
13 La « Dedicatoria » citada puede leerse también en Sor Juana Inés de la Cruz, Obras Completas, « Prólogo » de Francisco Monterde, México, Editorial Porrúa, 1992 (8a ed.), pp. 810-811.
14 Sor Juana Inés de la Cruz, Obras Completas, cit.: 174. "Aunque en vano, quiere reducir a método racional el pesar de un celoso”.
15 Ibid.: 92. « Arguye de inconsecuentes el gusto y la censura de los hombres que en las mujeres acusan lo que causan ».
16 Ibid.: 145. « Procura desmentir los elogios que a un retrato de la poetisa inscribió la verdad, que llama pasión ».
17 Ibid.: 216. « Primero Sueño, que así intituló y compuso la Madre Juana Inés de la Cruz, imitando a Góngora ».
18 Cfr. José Rojas Bez, « Sor Juana y El Divino Narciso: síntesis americanista del ‘Matrimonio divino’ », Cuadernos Americanos, 7,1988, p. 57.
19 Sor Juana Inés de la Cruz, Obras Completas, cit.: 37. « Aplaude lo mismo que la fama en la sabiduría sin par de la Señora Doña María de Guadalupe Alencastre, la única maravilla de nuestros siglos ».
20 Ibid.: 24. « Habiéndose ya bautizado su hijo, da la enhorabuena de su nacimiento a la Señora Virreina ».
21 Véanse en El Divino Narciso: la primera escena del Cuadro inicial, que se abre sobre un amplio panorama de ninfas y pastores, acompañando a la Gentilidad, mientras la Sinagoga, ella también de ninfa, va acompañada por músicos y la sigue la Naturaleza Humana, "bellamente adornada"; la quinta escena del segundo Cuadro, representando un monte, sobre el cual están el Divino Narciso-Jesús y algunos animales, mientras Eco, el demonio, lo tienta; el tercer Cuadro, que se abre sobre un panorama de bosques y prados, con al extremo una fuente.
22 En tomo a la loa que introduce El Divino Narciso cfr. Margó Glantz. « Las finezas de Sor Juana: Loa de El Divino Narciso », en Sor Juana Inés de la Cruz.: ¿Hagiografía o autobiografía?, México, Grijalbo/UNAM, 1995.
23 A. Méndez Planearte, « Estudio preliminar » a Obras Completas de Sor Juana Inés de la Cruz., México, Fondo de Cultura Económica, 1955, III, p. LXXI.
24 Cfr. Bartolomé de Las Casas, Apologética Historia de las Indias, por M. Serrano y Sanz, Madrid, Casa Editorial Bailly-Bailliére, 1909, cap. CLXXXIII, p. 481.
25 Fray Juan de Torquemada, Monarquía Indiana, Parte II, Libro XIV, cap. 26.
26 Cfr. Sor Juana Inés de la Cruz-Agustín de Salazar y Torres, La segunda Celestina, edición y prólogo de Guillermo Schmidhuber, México, Vuelta, 1990.
27 Así en el título.
28 Ver Alberto G. Salceda, « Introducción » a Obras Completas de Sor Juana Inés de la Cruz, México, Fondo de Cultura Económica, 1957, IV, p. XVIII.
29 Cfr. Carmen Bravo-Villasante, La mujer vestida de hombre en el teatro español (siglos XVI-XVII), Madrid, Sociedad General Española de Librería, 1976.
30 Véase sobre el tema G. Bellini. « L’umorismo, arma femminista nel teatro di Sor Juana », en Studi di letteratura francese, X, 1983, número dedicado al humorismo en la literatura.
31 Cfr. Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz, o las trampas de la fe, México, Fondo de Cultura Económica, 1985 (3a ed.).
32 Francisco de Quevedo, Sueño del Infïerno, en Obras Completas. Prosa, Madrid, Aguilar, 1945 (3a ed.), pp. 209-210. En tomo a las relaciones de Sor Juana con la obra de Quevedo cfr. Giuseppe Bellini, Quevedo in America, Milano, Cisalpino-Goliardica, 1974
33 Cfr. Sor Juana Inés de la Cruz, Obras Completas, cit.: 15. "No habiendo logrado una tarde ver al Señor Virrey, Marqués de la Laguna, que asistió en las vísperas del convento, le escribió este romance".
34 En tomo a la vida y la obra de Sor Juana son fundamentales, además de los citados de Octavio Paz y Margó Glantz, los estudios de Marie-Cécile Benassy, especialmente Humanisme et religión chez Sor Juana Inés de la Cruz. La femme et la culture au XIIe siécle, París, Editions Hispaniques, 1982, y de Georgina Sabat Rivers, en particular el estudio introductivo a la edición de la Inundación Castálida, Madrid, Castalia, 1982.
Auteur
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Giuseppe Bellini
Universidad de Milán
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