Teatro y sociedad libertina
p. 481-487
Texte intégral
1 Por lo que vale la pena morir vale la pena matar: el Poder. La sentencia es un principio político universal de sorprendente efectividad para controlar la hegemonía; aunque la sentencia es bastante avasalladora en cualquier indicio de humanidad. El todo por el todo: la corona y la silla para dictar desde lo alto el argumento de sistema, el guión, la dramaturgia de los poderosos que debe ser interpretada con sangre, sudor y lágrimas por los miserables, los desposeídos. Una sociedad corrupta con maquillaje max factor que propicia la debacle, la pérdida de valores, el libertinaje.
2La sociedad mexicana a final de milenio se enfrenta con tumultuaciones del sistema político: devaluación de la moneda, magnicidios, fraudes, guerrillas de ejércitos que se autodenominan de liberación, braceros, narcotráfico, y todas las garantías ciudadanas puestas en riesgo precedidas por un longevo sistema que emanó de la Revolución.
3El teatro de los acontecimientos mexicanos ha rebasado cualquier espectativa de ficción, en un sólo día podemos experimentar un sismo de 6.7 grados Riechter, el desalojo en nuestro lugar de trabajo por una supuesta bomba del ejército rebelde de Oaxaca, la evacuación de los pueblos aledaños al volcán Popocatépetl porque éste ha entrado en contingencia activa arrojando gases y cenizas que zozobran su erupción, y hasta el hallazgo de «nuevas pistas» de la Procuraduría en los homicidios políticos sin resolver.
4El teatro y las crisis políticas de México nunca se reflejaron -eso creocon tal magnitud en la escritura y el escenario como sucede hoy. En la Independencia y la Reforma el limitado teatro fue influenciado por la escena francesa y española. La Revolución Mexicana iniciada por caudillos buscó necesariamente un arte propio que encuentra en el cine, la novela y el muralismo, que hablan acertadamente de esta búsqueda. El teatro encuentra en la pluma de Mauricio Magdaleno y Juan Bustillo Oro una mancuerna que se preocupa por registrar los acontecimientos bélicos en la escena. Mariano Azuela, mejor novelista que dramaturgo (una golondrina no hace el verano), adapta al teatro su novela homónima Los de abajo, y lo mismo sucede con Martín Luis Guzmán con La sombra del caudillo. Rodolfo Usigli, el maestro de nuestra generación de clásicos modernos en el teatro, culmina esa etapa con El gesticulador, que él mismo generó como pieza para demagogos. Otro novelista-dramaturgo contemporáneo, Ignacio Solares, revive los acontecimientos de la Revolución con El jefe máximo, es decir, un repaso dramático en torno a la Aguera mítica de Plutarco el de Sonora, ex presidente de México y padre del PRI, jefatura del poder en México desde hace setenta años.
5Una sociedad en conflictos políticos sin resolver in pronto, genera por supuesto una sociedad libertina que seducida por la necesidad, atraca.
6La moderna transa mexicana parece tener sus orígenes en un curioso paso del español Lope de Rueda (crítico de una sociedad en auge en su declive político, algo así como el primer mundo del XVI). En su Paso Segundo del Registro de Representantes, Lope de Rueda crea, mediante Cazorla, un viejo ladrón, a un maestro de la transa. Él, alecciona en las artes del hurto y del engaño a Buitrango, ladrón nuevo, y a Salinas, ladrón mozo.
7Para Cazorla la jerga de los ladrones y los libertinos es de suma importancia. Adiestra a Salinas y a Buitrango de cómo habrán de ser y de llamar las cosas por su nombre:
Buitrango: Y ven acá, señor Cazorla: ¿qué manco eres?
Cazorla: No, bobillo, que más sano estoy que tú; sino que para estos negocios (robar) es menester de hacerse el hombre ciego, manco, cojo y mudo algunas veces.
Salinas: Señor Cazorla, querría que nos dijeses algunos nombres cifrados en esto de nombrar ropa.
Cazorla: ... Estad atentos hijos míos. Nosotros los cursados ladrones llamamos a los zapatos, calcurros; a las calzas, tirantes; al jubón, justo; a la camisa, lima; al sayo, zarzo; a la capa, red; al sombrero, poniente; a la gorra, alturante; a la espada, baldeo; al puñal, caleta; al broquel, rodancho; al casco, asiento; al jaco, siete almas; a la saya de la mujer, campana; al manto, sarnícalo; a la sábana, paloma; a la cama, piltra...
Salinas: Muy bien entendido está eso. Díganos algunos nombres de ladrones según a lo que se aficionan a robar.
Cazarla: Habéis de saber que a los que andan robando ganando llamamos abejeros; a los que hurtan puercos, groñidores; a los que hurtan yeguas y caballos, cuatreros; A los que andan escalando ventanas, garirteros; a los que ven una puerta descuidada, caleteros; a los que andan con flor de trocar un real de cuatro, mareadores; a los que cortan bolsas, sicateros; a estos que van hurtando granadas o membrillos y uvas, y cosas bajas por el mercado, bajacerreros.
Salinas: (...) ¿Y los que roban impuestos?
Cazarla: (...) ¿No habéis oído decir, cobra fama y échate a dormir?.
8Después de haberse instruido los dos ladrones en el curso «Cazorla», el maestro los examina de inmediato para poner en práctica sus conocimientos adquiridos. Salinas apuesta que habrán de asaltar a un pobre simple llamado Juan de Buenalma (por no decir Juan de la calle), que deambula en ese momento por sus terrenos, robándole todo lo que lleva encima.
9Salinas y Buitrango, envuelven con su labia a la buena alma del honrado ciudadano, y le dan baje de capa, dinero y sustento, esto último son los huevos o blanquillos, depositados en una cesta, único sustento de Juan Buenalma y su mujer. Cuando la pareja de atracadores ha atado a su víctima con engaños, Salinas, que resulta ser el mejor ladrón y mozo, huye con la apuesta, perseguido por Buitrango, es decir, el buitre compañero de fechorías:
salinas: Ver que real puso.
Buitrango: ¿Qué real? Bueno; de plus ultra.
salinas: Veamos.
Buitrango: ¡Oh, reñego (reniego) del bellaco que se lleva las apuestas!
Juan: ¡Hola, oxte! señor de mi capote, volved acá: ¿dónde vais, hombnre honrado? Desengáñame: ¿es esto burla o trampa o ladronicio?
Cazarla: ¿Qué me sé yo, precador de mí? Aguardá, iré a ver lo que pasa.
Juan: No quiero, estése quedo, y deje la cesta de los huevos.
Cazarla: Que luego vuelvo.
Juan: ¿Luego vuelvo?... Este debe ser ladrón como los otros ¡Ah, Juan de Buenalma, Juan de Buenalma! ¡Con qué cara volverás a los ojos de tu mujer, sin blanca, ni capote, ni cesta de huevos...
10En este triángulo de ladrones denotamos que: al quedar Juan en la calle, Buitrango se ha robado sábana y capote, el maestro Cazorla se queda con el sustento, es decir la cesta de huevos, y Salinas el hábil ladrón se lleva el dinero de las apuestas. Un pastel bien repartido en el sistema ladronicio, como apunta en este Registro de Representantes, el comediógrafo Lope de Rueda, desde hace cuatro siglos.
11La transa diaria, en esa cadena de mentiras y asaltos en pequeño que forman nuestra relación social, es retomada por el teatro de Víctor Hugo Rascón Banda, en la época de los ochenta en México.
12 Manos arriba denuncia la macro y micro corrupción: Salvador y María, los protagonistas, rentan una habitación a un estudiante universitario llamado Marcos. Salvador es un burócrata mediocre y María ayuda en los gastos de la casa mecanografiando tesis. Ana Ofelia, la vecina, vende productos de belleza que tienen su orígen en el contrabando. Todos ellos se escandalizan ante las noticias que aparecen en los diarios acerca de los asaltos a los bancos (que se pusieron muy de moda en México), y de los fraudes cometidos por los políticos (Ibiderri), pero ninguno admite su propia corrupción que también afecta a la moral social. Marcos se hace amante de María y Salvador engaña a ésta con Ana Ofelia. El cuarteto tiene problemas de todo tipo debido a su medio ambiente, entonces deciden dedicarse al asalto y a la malvivencia.
13El teatro de Rascón Banda es un muestrario de la corruptela a partir del comportamiento del individuo. El narcotráfico se hace patente en obras como Guerrero Negro y Contrabando. En su pieza breve La banca, Rascón Banda, sitúa la acción en un asalto bancario.
14En el teatro de este autor tarahumara no es extraño la constante de sus temas; él es un autor fronterizo en donde los problemas de braceros o «espaldas mojadas» se suscitan a diario en las aguas del Río Bravo, él es un funcionario de la banca y conoce de cerca los mecanismos político-económicos de la sociedad, él es un abogado, ex litigante de conflictos del magisterio, todo esto, podría asegurar, ha sido el venero de su teatro.
15Cabe mencionar la importancia de autores como Jorge Ibargüengoitia (Guanajuato 1928-Madrid, España 1983) con sus obras como El atentado, en donde a partir de un complot a un ex presidente durante su nueva campaña política, se critica la gira electoral, a la demagogia y a los políticos de México, en especial durante las elecciones presidenciales, a la policía y sus nexos con funcionarios, así como los vericuetos y malos manejos del esclarecimiento del atentado. También critica a la iglesia y a sus servidores, el falso nacionalismo, los actos terroristas.
16Es sorprendente la visión de Ibargüengoitia en una obra como El atentado, que cobra vigencia a medida que pasa el tiempo. Bien se puede suponer que Jorge escribió en esta obra, los acontecimientos actuales de México.
17En el mismo orden Vicente Leñero y su teatro documento dan testimonio de las corruptelas religiosas y políticas del México contemporáneo: Pueblo rechazado se estrena en el significativo 1968 cuando el logo olímpico de la paloma blanca anuncia las Olimpiadas mexicanas del deporte, la cultura y la paz. En Pueblo rechazado, Leñero sitúa su acción en un monasterio mexicano, el Prior inicia la práctica del psicoanálisis, dando lugar a un serio conflicto con el Vaticano, repercutiendo el problema político-religioso ante la sociedad. El Prior es sometido a juicio y él decide separarse, con sus seguidores, de los cánones que dicta el Papa. Es posible encontrar a Dios por otros caminos que no lleguen a Roma.
18Pero también Leñero hace patente la corruptela histórica de México en obras como El juicio y Martirio a Morelos. La primera obra es acerca del juicio llevado en contra de José de León Toral y la Madre Conchita, acusados de homicida y cómplice del asesinato de Alvaro Obregón, y la segunda obra dedicada al martirio del caudillo de la Independencia, don José María Morelos, y su vituperio histórico que lo degrada religiosamente, la obra dramática de Leñero hace que se agigante más la sombra de este insurgente. El monólogo Compañero, del mismo autor, y su reciente Todos somos Marcos, conllevan a un teatro rebelde, un teatro testimonio, un teatro de guerrilla, de protesta.
19Emilio Carballido y su Un pequeño día de ira anticipa la insurrección de un pueblo cuando Cristina, una aristócrata, mata de un tiro a Angel, un niño que brinca la tapia de su propiedad para hurtar unos mangos. La acción transcurre en un pequeño pueblo del Golfo de México, y la protesta general hace cimbrar al ejército, al caciquismo. Es una obra poderosamente atrevida que obtuvo el premio Casa de las Américas en 1962, y estrenada en Cuba en 1966 cuando ejercía el poder en México el presidente poblano Díaz Ordaz. Ceremonia en el templo del tigre es otra de las obras taumatúrgicas de Carballido que adviene el levantamiento armado de Chiapas.
20Volviendo al teatro de los ochenta en México, uno de los autores dramáticos más importantes de México, Jesús González-Dávila, da vida como ninguno a personajes marginados por la sociedad, niños infernales que deben ganarse la vida en la calle y tugurios, adultos marginados orillados a la malvivencia; el libertinaje absoluto.
21Rufino de la calle en De la Calle, es un niño páramo que busca la sombra de su padre en un mundo de prostitutas y chemos. En Los niños prohibidos denuncia el síndrome del niño maltratado, la violencia y la hegemonía impuesta por la fuerza adulta. La vida clandestina de Leopoldo y Luisa en El Jardín de las delicias; los enervantes en la clase media de Sótanos, en donde los «machines» le atizan al «toque» para alucinarse en una caída libre de su condición humana, arrojada al vacío sin redes. La hegemonía gay en Amsterdam Boulevard, la explotación de los desposeídos no sólo económicamente sino espiritualmente; personajes hechos trizas, sin salida, con la única luz del alucine, al final de un túnel de cloaca. El teatro de González-Dávila demuestra fidedignamente no sólo una realidad mexicana del libertinaje, sino también una realidad universal de los opresores y oprimidos.
22Finalmente, los nuevos textos de Jesusa y la reciente obra de Sabina Berman cierran este breve comentario. En su obra Krisis, Berman patentiza la maquinaria demoledora de nuestra sociedad, el grupo de los niños terribles que manejarían más tarde los derroteros económicos, políticos y sociales de México, los hombres de la Universidad de Harvard, soñadores con el primer mundo, y la denuncia de la corruptela piramidal en donde el más fuerte es base y soporte de quien se encumbra momentáneamente en la pandemia política. Denuncia además los nexos de la grilla de la alta esfera con la droga, con los complots, los magnicidios, el lavado de dinero, y la criminalidad antigua de uno sobre el cadáver del otro.
23Krisis es espejo fiel de la crisis política de México, de su sistema institucional que ahora se tambalea ante la falta de crédito y certificación de la Cámara del Congreso gringo, del aval a quienes por setenta años consecutivos dieron el espaldarazo al Partido más longevo que registre la historia universal: el PRI.
Bibliographie
Bibliografía:
Carballido, Emilio. Teatro de Emilio Carballido. tomos 1 y II. Gob. del Edo. de Veracruz. 1992, 447 y 465 pp.
Gonzàlez Dávila, Jesús. Los sobrevivientes de la feria. Árbol edit. 1989. 292 pp.
Leñero, Vicente. Teatro completo. UNAM. 1982. 280 y 434 pp.
Mendoza, López, Margarita, et al. Teatro Mexicano del siglo XX. Catálogo de obras teatrales 1900-1999. IMSS 1985-1994.
Rascón Banda, Víctor Hugo. Teatro del delito. Editores Unidos Mexicanos. 1985. 256 pp.
Rueda Lope de. Pasos Completos. Ed. Aguilar, España. 1964. 432 pp.
Auteur
-
Ricardo Pérez Quitt
Escuela de Arte Teatral / INBA
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