Acercamiento analítico a dos críticas teatrales mexicanas de los años cuarenta
p. 220-224
Texte intégral
1El presente acercamiento tomó como base dos críticas teatrales a una misma obra, titulada: Jesús, del director Paco Fuentes. Esta obra recrea la pasión y muerte de Cristo, y fue representada en agosto del año 1941 en el teatro Libertad de la ciudad de Guadalajara. La primera crítica se titula: Jesús un gran éxito, publicada el 8 de agosto de 1941; y la segunda se denomina: La regeneración del teatro y se publicó el 11 de agosto del mismo año. Ambos comentarios aparecieron en El Diario de Jalisco.
2La intención de este análisis es mostrar mínimamente la manera en que se realizaba la crítica teatral en los años cuarenta y reconocer los elementos que se privilegiaban en el fenómeno teatral. El texto Jesús, un gran éxito se encamina, en un nivel meramente anecdótico, a conminar a los lectores a que asistan a la representación de la obra. Por otra parte, la crónica La regeneración del teatro va más allá de la descripción de la obra, para intentar ofrecer un panorama y un juicio con respecto al quehacer teatral de la época y las preferencias del público.
3A pesar de su brevedad, Jesús, un gran éxito contiene un número importante, y por demás significativo, de elementos que conforman su tejido textual. Por principio, cuenta con una serie de signos que sirven, simultáneamente, como referencialidad y validación. Así, la localización física del teatro Libertad, lugar donde se desarrolla la obra, se especifica gracias a su vecindad con un elemento dogmático del discurso religioso, recurrente en la obra: se ubica «a espaldas del Templo de la Trinidad». Esta convivencia es resaltada por el autor, creando lazos comunicantes entre el fenómeno teatral y el discurso religioso. A fin de validar la presentación de Jesús, la instancia narrativa convoca a tres elementos para desarrollar su inducción: se hace referencia a su éxito, obtenido en «la capital del país»; se citan los comentarios, emanados de esa presentación en la ciudad de México, del «ilustre académico don Alfonso Junco»; y, finalmente, del «cronista de Excelsior”. Llama la atención, con respecto a esta última alusión, que no se mencione el nombre del cronista de periódico, con lo que este personaje anónimo obtiene un punto de referencia con el autor de Jesús, un gran éxito, cuya identidad tampoco conocemos.
4En Jesús, un gran éxito destaca la reiteración de un discurso sobrevalorativo o grandilocuente. Expresiones como «gran» (con tres incidencias), «estupendas», «extraordinarias», son frecuentes en el artículo. Asimismo, localizamos un texto semiótico que privilegia una posición de superioridad en relación opuesta a elementos que se ubican en un estado de inferioridad o postración. Abundan frases como: «... el gran decoro artístico que preside la obra...», «... la sublimidad...», y «... Pero sobre todo el joven actor José Cibrián, en el casi imposible papel de Jesús, alcanza culminación extraordinaria...». Ante estos elementos de superioridad, la complementariedad no puede ser otra que «la reverencia» por parte del público.
5Si en el texto figuran exaltaciones que rayan en la desmesura y si se localiza una férrea jerarquización entre lo alto y lo bajo, no resulta ajena la presencia de un discurso de índole absolutista. Las expresiones: «siempre», «definitivo» (con dos incidencias) y «todo» (dos incidencias) niegan en el texto cualquier posibilidad de matización, para convertirlo en extremoso o polarizado. De esta manera, a Paco Fuentes, director de la obra, se le transforma, en el mínimo espacio de la misma frase, de «animador oculto» en merecedor de «pública alabanza». Esta modificación repentina de estado evidencia la conformación del texto semiótico ocultación vs develación.
6Al desempeño del actor que representa a Jesús se le califica con la siguiente frase: «Es una revelación y una consagración definitiva». Esta sentencia, si la contextualizamos dentro del discurso católico, alude a dos facetas de la práctica cristiana: la Revelación, a través de la cual Dios manifiesta a los hombres verdades inasequibles a su propia razón y la Consagración, mediante la que el sacerdote transforma el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. De esta manera, la interpretación de la crítica a la obra: Jesús, activa estos dos aspectos señalados, concernientes a la práctica del ritual de la misa, estableciendo un paralelismo entre el discurso de la crítica teatral y el discurso religioso, con fines propagandísticos.
7 En cuanto a la crónica: La regeneración del teatro, es mayor, en cuanto a su extensión, a Jesús, un gran éxito y sus fines van más allá de una invitación a presenciar la obra de la compañía de Paco Fuentes. Para los objetivos de este análisis, es posible dividirla en cuatro momentos diferenciados: el primero, que hace una exposición y crítica de la situación que impera en el teatro de la época; el segundo es un recuento de las cualidades y manejos históricos del teatro, en general; el tercer momento se refiere concretamente a la obra Jesús; y en el cuarto apartado se realiza una comparación con la obra El mártir del Calvario y se concluye el texto. El acercamiento a este artículo lo iniciaremos a partir del tercer apartado, que es el que se refiere a la crítica de la obra en cuestión, de manera que podamos establecer los elementos comunes y las posibles distinciones entre las dos críticas analizadas.
8Algo que llama poderosamente la atención, y que se ha omitido, en un nivel meramente anecdótico, en la primera crítica, es la aseveración que señala a la obra Jesús como parte de una campaña que pretende la regeneración teatral. Sin embargo, esta omisión no resulta tal al evidenciarse el carácter propagandístico de Jesús, un gran éxito.
9Algunas de las sistemáticas y textos semióticos identificados en el primer texto analizado, de nueva cuenta se hacen presentes en La regeneración del teatro. El aspecto grandilocuente o sobrevalorador se convierte en reiterativo, con calificativos que hacen aún más patente este campo. Frases como «mayor elogio», «gigantesco relieve», «majestad infinita», «inmensamente humillada», «magníficas aptitudes» y «apoteosis», son ejemplos claros de lo anterior. De igual manera, encontramos una insistencia por agrupar elementos relativos a una relación de superioridad e inferioridad, de alto y bajo: «sublime», «relieve», «sobresaliendo», «altos vuelos», «mayor altura», «buena altura», son partículas de un discurso que encuentra su oposición en la solitaria expresión: «humillado». El texto La regeneración del teatro de igual manera posee entre sus discursos dominantes el que se refiere a lo absoluto: «toda persona culta», «todo se muestra», «desde cualquier punto de vista», son algunas de las frases que lo propician.
10Los calificativos que se emplean en las dos críticas analizadas se apegan a unos parámetros de belleza muy abstractos y que en conjunto nos remiten, más que a lo estético, hacia lincamientos de orden moral de las llamadas «buenas costumbres». Por ejemplo: «decoro», «dignidad», «armonía» y «buen gusto»; destacan los calificativos «apropiado» y «correctísimo», que acompañan aspectos de la representación teatral sin ahondar demasiado en ellos: vestuario, actuación, fuerza plástica y decoración. De hecho, en La regeneración del teatro se menciona la utilización de copias de pinturas célebres, con lo que el ambiente teatral se enriquece por la presencia del ámbito pictórico. Esta alusión nos da pie para la afirmación de un texto semiótico en el que se forma un campo relativo al desdoblamiento o la simulación. Sus elementos constitutivos son: «encarnar» (con dos incidencias), «a guisa de», «copias» y «semejante». La contraparte de este conjunto se ubica en la frase que define a la palabra del Divino Salvador: «... brilla con el esplendor radiante de la verdad...». Así, la simulación encuentra su opuesto en la verdad de la palabra divina.
11Finalmente, con respecto a este apartado que se refiere a la obra Jesús, llama la atención la frase: «... y, por fin, la apoteosis de la resurrección...». El acto, si nos referimos al imaginario crístico, nos remite a la transformación de un muerto a la vida. Figurativamente, resucitar es un acto de recuperación, de renovación. Establecemos, con este pasaje de la tradición católica, un paralelismo con el título de esta crítica: La regeneración teatral.
12Como se dijo antes, al inicio de esta crónica se pretende establecer un juicio sobre la situación que impera en el ambiente teatral de la época. Se alude a la gran cantidad de espectadores cuyas preferencias se encaminan a la aceptación de obras cuyo único fin es la diversión. Su puesta en escena no tiene otro fundamento, según la instancia narrativa, que el de la retribución económica: «el mercantilismo exagerado» da lugar para que se impulse a un conjunto de «pseudos artistas». Esta expresión confirma la presencia del texto semiótico simulación vs verdad, dejando en claro quiénes son los que adoptan esa actitud de falsedad. Sin embargo, la instancia narrativa denuncia la usurpación de esta tendencia no sólo en el ambiente teatral, sino también en el cinematográfico: con esa actitud encubierta, se provocan severos daños a «la juventud y las masas». De hecho, esta argumentación tan parcial y peyorativa, parece ser producto de la poca aceptación obtenida, por parte del público tapatío, hasta la fecha de publicación de la crítica: «... la concurrencia ha estado muy lejos de ser lo que era de esperarse...». Así, la estrategia de convencimiento que sostiene el texto de La regeneración del teatro utiliza un enfrentamiento directo y se vale de una revisión tendenciosa de la función social del teatro.
13Sin abandonar el discurso absolutista y el de la sobrevaloración, el narrador enlista algunas de las principales funciones dramáticas, a través de los siglos. El teatro, dice, es “principal fuente de cultura y el más importante centro de elevación del espíritu y aún de instrucción popular». Su carácter formador o didáctico queda ampliamente subrayado, ya que: «los acontecimientos de carácter religioso o patriótico se perpetuaban por ese utilísimo recurso...». Pero no solamente se perpetuan acontecimientos por mediación del teatro. También ideas y, en particular, lo que podríamos denominar como adoctrinamiento, se incluyen en la propuesta teatral visualizada en este texto: «... se les inculcaban ideas sanas, aspiraciones nobles, deseos de progresar siempre y sobre todo, amor a la verdad, al bien y a la belleza». Ante tal emanación de cualidades no resulta extraño, si seguimos la inercia textual, que se localice, inmediatamente, un elemento altéreo, y proporcionalmente negativo, a lo citado. «Las revoluciones, fruto del filosofismo del siglo XVIII (...) han venido sembrando increíble desorientación en las conciencias hasta producir la más espantosa inversión de valores, convirtieron al teatro en un instrumento de fuerzas secretas, empeñadas, en virtud de intereses bastardos, en la desmoralización de las masas». Esta cita confirma y sintetiza el estado profundo de transformación que emerge de los dos textos analizados. Mientras que en el primero que nos ocupó, dicho estado se articuló en la práctica de la Consagración, en el segundo se manifiesta en el acto de la Resurrección.
14Aquí, cabe cuestionarse que es lo que se postula, en los dos textos analizados, con esta denuncia de transformación negativa que privilegia el halago a «... las pasiones y propagar las más funestas ideas...». Un signo por demás significativo, y que hasta el momento no hemos señalado, es el que localizamos en la identidad del autor de La regeneración del teatro. Si bien el autor de Jesús, un gran éxito es anónimo, existe cierto paralelismo con quien firma el segundo texto con el seudónimo de Ontófilo, cuya raíz, ontos, se refiere al ser y filia a la afinidad. La instancia narrativa se autodefine como una especie de simpatizante del ser. Pero no solamente se trata de alguien que va en busca del ser. Por ambigua que parezca, su búsqueda, obviamente, se extiende hacia una preocupación por transmitir la verdad; más particularmente, la suya, la que considera única e insustituible. Por eso asegura: «todo el que conozca siquiera sea un poco de asuntos sociales, convendrá en que los hechos demuestran evidentemente la verdad de lo que decimos». Así, para este narrador afín al ser, la pugna entre el pasado y el presente tiene una solución llana: volver hacia atrás y regenerar lo hecho. Reorientar los gustos y preferencias de los espectadores al teatro y devolver el papel protagónico y propagandístico que él le atribuye al fenómeno teatral. Desde esta perspectiva, no es extraño, entonces, que el teatro sea considerado más como un instrumento de adoctrinamiento que como una manifestación artística. De esta misma manera, la crónica teatral de los años cuarenta en México, ejemplificada en estos dos textos analizados, está más proyectada en función de los intereses y prácticas ideológicas, que de la misma fuente desde donde emerge. Muchas gracias.
Auteur
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Guadalupe Sánchez Robles
Universidad de Guadalajara
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