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    Plan détaillé Texte intégral Andalucía. Los condicionantes La situación de las mujeres en Andalucía La guerrilla antifranquista: la sierra Enlaces de la guerrilla Los castigos Notes de bas de page Auteur

    Escrituras de la resistencia armada al franquismo

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    Mujeres y Guerrilla en Andalucía

    Encarnación Barranquero Texeira

    p. 71-86

    Texte intégral Andalucía. Los condicionantes La situación de las mujeres en Andalucía La guerrilla antifranquista: la sierra Enlaces de la guerrilla Los castigos Notes de bas de page Auteur

    Texte intégral

    1Las publicaciones sobre la situación de las mujeres durante la posguerra han aumentado en los últimos años1. La historiografía de la represión no ha tenido que hacer esfuerzos para dedicar a las mujeres investigaciones sobre su protagonismo, presencia o contribución, según los casos, desvelando sus especificidades, porque casi todos los trabajos apuntan a una represión diferenciada.

    2Cientos de mujeres fueron fusiladas sin que hubiera atenuantes para ellas pero en absoluto todo quedó en la eliminación física. Presas miles de ellas, fueron privadas de libertad y en la calle, víctimas de otras formas de represión y persecución continua. Muchos trabajos subrayan castigos específicos, como el rapado2, la ingesta de aceite de ricino, las violaciones y las detenciones debidas al parentesco y relacionadas con los huidos o la guerrilla. Este aspecto tiene que ser desarrollado desde una perspectiva cuantitativa y cualitativa, tanto en lo que se refiere a su persecución como a la miserable situación económica y social, ya que, entre los aspectos difícilmente cuantificables están las presiones continuas, los interrogatorios, las amenazas y toda una serie de actos cotidianos que las discriminaba y además les correspondía asumir la responsabilidad de la supervivencia de las familias, tanto en la retaguardia durante la guerra, como a través de todo el período de racionamiento. Viudas de todas las edades, vestidas y peinadas austeramente, de riguroso luto, formaron parte del paisaje español durante la prolongada posguerra.

    3A medida que hemos podido conocer más con los testimonios de las supervivientes y la documentación es más accesible se nos van mostrando las situaciones a las que se vieron sometidos los familiares de vencidos. Los estudios, tanto de carácter general como referidos a algunas prisiones de mujeres, también permiten bastante luz3. Incluso los referidos a Andalucía posibilitan algunas conclusiones. Los trabajos elaborados a partir de documentación militar4, junto a los fondos de los gobiernos civiles, pueden cruzarse con los testimonios, que han sido otra fuente muy utilizada mientras las entrevistadas estaban vivas. Sin embargo, no hay un trabajo que, desde la visión de las mujeres, aborde el fenómeno de la guerrilla excepto algunas semblanzas y con enfoques muy localizados. Exceptuando algunos casos de mujeres que estuvieron en la sierra con la convicción de que era posible resistir con las armas, y coyunturalmente los hombres se lo permitieron, la mayoría percibieron y actuaron en razón del parentesco y lo que pretendemos en este artículo es aportar datos sobre esa especificidad en Andalucía, donde hubo núcleos de huidos relativamente numerosos, poco a poco organizados y agrupaciones guerrilleras.

    4Las mujeres percibieron la guerra como una tragedia en la que se debatían las conquistas conseguidas durante la República pero, sobre todo, en la que morían o desaparecían sus familiares. Cuando, oficialmente, la guerra terminó, muchas de ellas quedaron viudas o desconocían dónde estaban sus maridos. En la posguerra tenían que proteger a padres, maridos, novios e hijos. Aunque las autoridades, singularmente la Guardia Civil y la Policía eran capaces de presionarlas hasta lo insoportable, su afán de protección a la familia pudo más que el miedo. En los ficheros de las cárceles se pueden ver en períodos concretos cómo ingresan gran cantidad de ellas por apoyar a los «bandoleros», como despectivamente nombraban las autoridades a los opositores y guerrilleros. No es la de las mujeres una historia contributiva, de apoyo solamente, sino que adquiere todo el protagonismo bien por su lucha abierta contra el franquismo, bien porque sin su trabajo hubiera sido imposible culminar con éxito las operaciones guerrilleras y los primeros intentos de reorganización política clandestina, fenómenos en absoluto separados.

    Andalucía. Los condicionantes

    5En cuanto al marco geográfico hay bastantes mapas publicados donde se sitúan los núcleos y agrupaciones guerrilleras. En el caso de Andalucía, estarían en el norte de Sevilla, Córdoba y Jaén, en contacto con la guerrilla que se movía por Sierra Morena y conectaba con la de Extremadura. Un núcleo se situaba entre la provincia de Cádiz y la zona occidental de Málaga en cuyo caso la serranía de Ronda y la Sierra de Grazalema eran su natural refugio. Era más definida la Agrupación Granada-Málaga, que ocupaba la zona oriental malagueña, la totalidad de la provincia de Granada y parte de Almería, en las estribaciones de la Penibética. Estos eran los núcleos organizados como ejército, con armamento y estructura, aunque fuera precaria, de mando. Pero en el resto de Andalucía había partidas, grupos más o menos numerosos, de opositores o simplemente hombres y también mujeres que temían la detención y las torturas a las que sometía la Guardia Civil en sus cuarteles. Huían. No deja de sorprender que muchos hombres estuvieran escondidos muy cerca de las casas de sus familias y, a veces, en las mismas casas o que al margen de los núcleos urbanos y de los pueblos existiera otro mundo, percibido por el régimen como de «bandoleros y maleantes», por lo tanto estaban justificados los castigos y las presiones a los mismos, sus familiares, las mujeres de sus familias. Mucho menos deja de sorprender que siendo el discurso del régimen protector y paternalista hacia las mujeres, hubiera tantas situadas al margen de la ley por su abierta oposición o mantener actitudes de resistencia cotidiana.

    La situación de las mujeres en Andalucía

    6Andalucía siempre ha presentado algunas particularidades y, para empezar, había un mayor índice de analfabetismo que en otras regiones en la posguerra. Si en general había descendido del 23 al 17 %, en el caso de las mujeres había crecido del 65 al 68 %. Así, en la documentación escrita, como declaraciones o solicitudes, de forma abrumadora, las mujeres ponían la huella dactilar. Por otra parte, la inmensa mayoría de las mujeres del campo, más en contacto con huidos, no habían militado en partidos políticos, incluso habían visto las actividades políticas públicas con temor. Todo eso lo reconocían los guardias civiles de los pueblos, que siempre habían seguido la trayectoria de todo el vecindario, si bien sospechaban que los varones de las familias les podían haber influido. De forma coincidente, los trabajos sobre provincias o localidades andaluzas hablan de mujeres represaliadas que lejos de exponer un perfil de jóvenes trabajadoras y activistas eran amas de casa de mediana y elevada edad.

    7De forma generalizada, la educación, con su modelo profundamente conservador, estaba reservada para quienes podían pagarla. Las niñas trabajaban desde muy pequeñas en el campo, ayudando a las madres y preparándose para el matrimonio, como meta. La legislación promovía una política natalista y desde el punto de vista social los salarios estancados habían sido superados por los precios de forma que el salario de una mujer apenas alcanzaba para el mínimo vital con el que sostener a su familia5, teniendo que recurrir a todo tipo de estrategias entre las que estaban el estraperlo o mercado negro, de bajo nivel. Caían detenidas por el delito de almacenamiento o por contravenir la ley de Tasas, de forma que estraperlistas, prostitutas por hambre y políticas se hacinaban en las cárceles.

    8En el ámbito laboral, los salarios eran más bajos que los de los varones en las bases de trabajo y en las disposiciones de los Gobernadores, así como la iniciación desde niñas en los trabajos del campo o como sirvientas, que habrían de tener consecuencias en la falta de formación y en abusos frecuentes, económicos o sexuales. En algunas comarcas andaluzas aún más bajos los salarios que en otras regiones era frecuente el pago a cambio de la comida. Los fondos que constituyen las denuncias en la Delegación de Trabajo y del Sindicato Vertical son reveladores y los salarios de miseria explican las situaciones de exclusión social de las familias en las que el padre o la madre, a causa de la represión política, faltaban. La regresión en España era similar a la de otros regímenes fascistas6 como Italia.

    9Se vieron obligadas, numerosas veces solas, para enfrentar todas las adversidades derivadas del sistema de intervención económica, de los sueldos miserables y de la falta de abastecimientos. Las largas caminatas para conseguir alimentos, o comprar y venderlos para conseguir una parte de los mismos con los que alimentar a sus familias, la modificación de los hábitos alimenticios y las dificultades para cocinar con los artículos racionados, la falta de artículos de higiene y medicinas las mantenía ocupadas todas las horas del día. Faltaba la luz y el combustible, las conducciones de agua en la inmensa mayoría de las casas y la falta de ropa y calzado llevaba a las mujeres a ingeniar todo tipo de ocurrencias, que se transmitían unas a otras, a fin de superar tantas carencias. Siendo así la situación en los núcleos urbanos para las clases trabajadoras aún más grave lo era en el campo, que giraba en torno a una vida de supervivencia bajo la autoridad implacable de la Guardia Civil y de los propietarios que daban ocasionalmente trabajo.

    10Para completar, el control sobre la moralidad es uno de los aspectos que empiezan a desarrollarse, por la sólida vinculación entre miseria y prostitución7. La documentación del Patronato de Protección de la Mujer retrata la hipócrita apreciación de las autoridades que preferían apuntalar la institución familiar por encima de los malos tratos, las violaciones y la prostitución. Una de las medidas más sorprendentes de protección era el internamiento en colegios de monjas, especiales para chicas en regímenes severísimos por considerarlas en peligro moral o estar acosadas por hombres casados. Con todo, la ideología transmitida a través de diferentes mecanismos, incluidos los más burdos, basada en la superioridad del hombre cabeza de familia, patrono, cura o policía, sustentaba también un rechazo hacia los derechos en general y de las mujeres en particular. Así, mediante una machacona propaganda y la extensión del terror, los apoyos del régimen se ensancharon ficticiamente con las mujeres que trataron de proteger a sus maridos e hijos recriminando el interés por la política o las organizaciones de oposición, porque sabían lo peligroso que resultaba y esto no es contradictorio con que ayudaran a los que estuvieran en peligro por sus ideales antifranquistas.

    La guerrilla antifranquista: la sierra

    11De sobra está acreditada la presencia de mujeres en la guerrilla antifranquista y resulta comprensible habida cuenta de que durante el período republicano estuvieron comprometidas en partidos, sindicatos, en centros obreros y, durante la guerra, hicieron todo lo posible por mantener las conquistas de referencia. Precisamente las más involucradas trataron de huir a tiempo, con más o menos éxito, porque las cárceles se llenaron con las que no pudieron. Aunque la casuística es muy rica, muchas de ellas son las que fueron a la sierra.

    12Podríamos asegurar que era una prolongación de la situación de la guerra, en cuya zona republicana primero hubo milicianas activas en primera línea que, más tarde, desarrollaron labores de retaguardia. En el caso de la posguerra las situaciones que se dieron en cada lugar, el carácter de las fuerzas represivas, las características del terreno, entre otras causas acarrearon situaciones diversas en las que las mujeres podían estar presentes.

    13Podríamos preguntarnos por qué mayoritariamente no estuvieron en la sierra y una respuesta podría ser que tan inhóspitos lugares no estaban hechos para las mujeres y que podían ayudar desde sitios menos peligrosos. Pero otra alude a que los hombres parece que rechazaron su presencia, que podría resultar más un problema que un apoyo. La explicación sería la mentalidad machista que las consideraba una propiedad de algún hombre: marido, padre o hijo, por lo que los celos, la indiscreción y las rivalidades podían desatarse y llevarles a la muerte en un contexto tan hostil y violento. Eso justifica que algunos autores consideren que los guerrilleros fueron los que les asignaron un papel secundario en la resistencia8. José María Azuaga ha recogido de boca de algunos supervivientes, como Vicente Martín Vozmediano, de la Agrupación Granada-Málaga, esa idea según la cual las mujeres pondrían en peligro cualquier acción. Este autor apunta que la mentalidad machista las considera incapaces de desempeñar funciones como las de los varones y que en una guerrilla eminentemente rural, las conquistas de la República relativas a la emancipación femenina habían tenido poca repercusión9. Esa asumida castidad en pro de la causa les llevó además a castigar a los violadores severamente en los casos detectados porque abusar de una mujer era abusar de la confianza de algún enlace o un vecino que les ayudaba.

    14Es creíble que, por supuesto, los seguidores del régimen y, más en Andalucía, donde la mentalidad machista estaba tan arraigada, consideraran que las mujeres no iban a la sierra por una convicción política sino para ser «queridas de los guerrilleros», pero resulta sorpresivo que hubiera situaciones discriminatorias entre quienes luchaban por la libertad, si bien explicable por la heterogeneidad en la composición de la guerrilla, el origen mayoritariamente rural de sus elementos. Esa regla general tenía excepciones y hay numerosos casos constatados pero la unión sentimental de algunas mujeres en la sierra no fue la causa sino la consecuencia de la estancia en medios tan inhóspitos.

    15En casi todas las publicaciones que hay sobre la guerrilla en Andalucía, se destacan casos de mujeres que estaban en los montes andaluces –seguramente la mayoría está por desvelarse– y también entre los caídos en enfrentamientos o en las series de muertos por torturas, de detenidos por ser enlaces y por encubrimiento10.

    16El caso de Manuela Díaz Cabezas ha tenido cierta trascendencia debido a una película de 2010 dirigida por Ángel Entrenas no exenta de polémica por el título y el contenido: La Parrillera. Una maquis por amor11. Francisco Moreno Gómez que, con anterioridad había expuesto el caso ha contestado en varios medios esa versión romántica que contrasta con la que explica la huida a la sierra por las palizas y torturas que sufrió. Cuando su compañero «El Parrillero» murió en un enfrentamiento ella siguió y tras su detención estuvo presa casi veinte años. También en la provincia de Córdoba luchaba María Josefa López Garrido «La Mojea» de Villanueva de Córdoba, ejecutada en el lugar conocido como Umbría de la Huesa junto a otros guerrilleros. Durante la República había sido presidenta de Mujeres Antifascistas de su pueblo y representó a Córdoba en el Congreso de Valencia de 193712.

    17En un censo de guerrilleros de la Agrupación Málaga-Granada elaborado a partir de los ficheros del Archivo General de la Guardia Civil13, se relatan los contenidos de fichas de hombres y mujeres. De éstas hay 18 casos. Todas fueron detenidas en uno u otro momento. Cuatro murieron en enfrentamientos con la Guardia Civil y la Policía Armada: María Arguelles Lorca, María Jiménez Ramírez y Asunción González Toro en el mismo año 1947 y Carmen Vizcaíno González en 1944. Las demás, detenidas, no tuvieron mejor suerte: Manuela Fernández Medina presenció la muerte de su marido y dos hijos en un enfrentamiento. En Jaén constan varias asesinadas mediante el procedimiento de «La Ley de fugas14». Aunque el detallado trabajo sobre la represión en Sevilla no discrimina en qué circunstancias de la posguerra, recoge538 mujeres víctimas de la represión en esa provincia que nos ofrece una idea de la magnitud del fenómeno15.

    18En la Agrupación de Granada-Málaga hay varios casos de mujeres en la sierra. Ana Gutiérrez Rodríguez «La Tangerina» llegó a estar en la partida de Roberto, con quien convivió un tiempo y otras fueron muertas en enfrentamientos, como se ha citado. Carmen Vizcaíno González de Ohanes de 21 años en 1943 era una más de una partida pero apareció muerta un año después16.

    19Ana Medinilla era una joven que se fue a la sierra. Siendo casi una niña estuvo encarcelada cuando los franquistas ocuparon Málaga, donde permaneció cuatro años. Cuando salió volvió a Jubrique (Málaga) vivía con su madre hasta que desapareció. Lucía Prieto alude a esta huida como consecuencia de cuestiones personales, amorosas17 ya que se supo que en el monte dio a luz una niña que tuvo que ir a dejar en una fría noche de enero en una casa de campo para que la hicieran llevar a la casa de su madre. Diez meses después se entregó al conocer un indulto que aprobó Franco. No hace falta especular mucho sobre la causa de su huida. Su padre, fusilado; un hermano y una hermana, presos y ella, cuatro años en la cárcel. La aparente tranquilidad y felicidad de su vida en Jubrique hay que ponerla en entredicho y es posible que fuera molestada más de una vez18. Otra mujer, Catalina Florido de Casarabonela (Málaga) también estuvo en la sierra y era descrita, según el proceso que se le siguió, vestida de hombre y formando parte del grupo19. Confesó que tomó tal decisión cuando su marido fue fusilado en 1937 y ella tenía terror al cuartel de Falange.

    Enlaces de la guerrilla

    20En este punto cabe destacar que las mujeres consideradas enlaces fueron acosadas continuamente. Las autoridades sabían que su papel era fundamental para la persistencia del maquis y que sin sus apoyos no podían resistir, por eso, las mujeres familiares de los huidos eran especialmente vigiladas y estaban obligadas a comunicar a la Guardia Civil si los habían visto, pero no lo hacían, aún con el riesgo de perder la vida. Laura, una hija de Manuel Melgares, que estaba en la sierra de Torrox, contaba que el Censo del día que murió su madre, los guardias civiles estaban apostados en diferentes puntos apuntando sus armas hacia la casa ante la posibilidad de que el guerrillero acudiera al velatorio de su esposa20.

    21A veces el acoso no era a una sola familia sino a pueblos enteros. Se da la circunstancia, que no conocemos en otras regiones que pasara lo que en pueblos donde operaba la Agrupación Málaga-Granada. Previendo el contacto de la guerrilla, la Guardia Civil por las tardes, cuando ya habían vuelto los trabajadores a sus casas, cerraban con llave por fuera y abrían por la mañana para que pudieran salir de nuevo. Cientos de llaves estaban colgadas en los cuarteles de la Guardia Civil de todas y cada una de las casas de su demarcación, que controlaban totalmente. Trataban de evitar que los de la sierra pudieran acudir a las casas a media noche para comer, asearse y estar con sus esposas. Aun así, las familias eran seguidas en todos sus pasos con los medios con que contaba la Guardia Civil: visitaba las casas diariamente y preguntaba por los desaparecidos como rutina, a veces durante años; seguían a los niños pequeños que andaban por los campos por si llevaban comida a lugares previstos, inspeccionaban el correo de los vecinos y contaban con delatores, hombres y mujeres, apoyos del régimen.

    22Las mujeres desarrollaban algunas estrategias, facilitadas en el medio rural por la extensión del campo, las veredas y los lugares apartados. Silbidos y ruidos acordados servían de comunicación; lugares previstos para poner alguna comida o recoger ropas y dinero. Así, las mujeres se convertían en sospechosas si llevaban comida encima, si tenían en su casa algo más que la comida del racionamiento, si lavaban ropa de hombre. Con frecuencia el mercado negro de productos básicos al que recurrían viudas y madres sin otras salidas era rápidamente descubierto por las sospechas continuas de los guardias civiles.

    23Ante consejos de guerra tuvieron que acudir, a veces familias enteras. Las autoridades perseguían el castigo, la ejemplaridad, pero también que los mismos guerrilleros, a fin de proteger a sus familias no mantuvieran ningún contacto con ellas, o se entregaran. Las detenciones de las esposas provocaban que los niños, a veces pequeños, quedaran totalmente desamparados; las detenciones de las madres, a veces ancianas, eran trágicas y las de las hermanas pequeñas –a veces, niñas–, eran disuasorias. Aunque los casos, a partir del acceso a los archivos militares son centenares en Andalucía, podemos describir uno de tantos. En los alrededores de un pueblo de Málaga, Alhaurín el Grande, había una partida donde estaba Cristóbal Naranjo Rodríguez. Detuvieron a su esposa, Dolores Plaza de 23 años; a la madre, Francisca Rodríguez de 43; a dos hermanas –una pequeña, una niña de 16 años–, de las que decía la Guardia Civil en su informe que aunque no habían pertenecido a partidos políticos ni se les había conocido actividades durante la República parecían «simpatizantes de estos ideales». Todas eran sospechosas de facilitar alimentos a la partida y de informar que los estaban buscando. De otro componente del mismo grupo detuvieron a la novia, a la hermana –que tenía además al padre y la madre detenidos– y a la suegra21, que formaron parte de la misma causa judicial. A las mujeres de esta familia se les acusaba de no denunciar al fugitivo un día que fue a comer a la casa. De esta forma, era frecuente que varias familias enteras tuvieran a todas las mujeres en la cárcel, generalmente en arrestos en los mismos pueblos, lugares que la República había deshabilitado, pero que eran de gran utilidad a las autoridades franquistas porque otros familiares las abastecían de comida y evitaban que en la prisión de mujeres de las capitales el hacinamiento provocara más problemas.

    24En algunos casos como en Cortes, un pueblo de la provincia de Málaga cercano a Cádiz, fue detenida María Fernández Sánchez, una viuda de 30 años, madre de cuatro hijos, en cuya casa se encontró ropa de hombre. Como se trataba de un lugar muy escondido fueron a buscarla dos guardias con5 soldados de los Regulares de Ronda. Esa mujer, detenida durante varios meses en la cárcel de Ronda hizo que alguien le escribiera una carta en diciembre de 1941 que se recuerda como «el año del hambre»–, donde suplicaba que la pusieran en libertad porque los niños pequeños se habían quedado solos, sin ninguna atención. Al año quedó absuelta22. Todos los casos son dramáticos, pero destacan las ancianas. Hemos constatado mujeres de 85 años con fallos de sentencias por rebelión militar. Dolores García Martos es descrita como «anciana canosa, de 75 años, porque rojos huidos habían comido en su casa». La documentación escrita, cada vez más accesible permitirá constatar cuantitativamente y cualitativamente este fenómeno, si bien tenemos conocimiento de muchos casos en toda Andalucía. Según algunos cálculos fueron en Andalucía 1778 procesados por ser enlaces de guerrillas, de los que 292 eran mujeres, que suponen el 16,42 %, con una edad media de 35 años23.

    25El apoyo a las guerrillas era además el apoyo a los presos. Mujeres que esperaban grandes colas para visitar la cárcel, era parte del paisaje de la posguerra. Con cestas de comida tenían que recorrer, en ocasiones, muchos kilómetros, y además debían quitar la escasa comida de sus casas para llevarlas a los presos, que consideraban más vulnerables, manteniendo aún en esta situación la jerarquía, dentro de la familia, a la hora de alimentarse.

    26Por otra parte, un Bando de la autoridad militar del 20 de diciembre de 1938 castigaba a quienes auxiliaran a huidos con comida, ropa y otros artículos y no los denunciaran a las autoridades. Junto a la disposición de Queipo de Llano sobre desertores, es la que más presas provocó.

    27Si muchas mujeres se desplazaron cerca de los familiares que realizaban trabajos forzados en obras públicas, como ocurrió con la construcción del Canal del Bajo Guadalquivir, con presos políticos, donde las mujeres fueron a lavar la ropa, hacer de cocineras y, en fin, levantaron barriadas que ya se consolidaron24, cómo no iban a abastecer a los huidos y guerrilleros, incluso a darles la información que necesitaban.

    Los castigos

    28El mundo carcelario ha sido relativamente atendido por la historiografía. Uno de los primeros trabajos elaborados a partir de fuentes de una prisión se refiere a la Provincial de Málaga, que dio lugar a una publicación en 199425 que, actualizada, forma parte de un número monográfico de la revista Studia Historica sobre cárceles de mujeres26. Este aspecto es muy importante para estudiar la relación entre mujeres y guerrilla, porque nos acerca a los datos cuantitativos, ya que en los ficheros de las cárceles aparecen las causas de las condenas, como también en los expedientes de cárcel y en los procedimientos sumariales que, no pocas veces, son colectivos. Sorprendentemente muchas mujeres de un pueblo pequeñísimo, todas en la cárcel por estar en zona donde solían ir los guerrilleros, era frecuente. Sobre las circunstancias de las mujeres encarceladas conocemos datos bastante fiables, derivados de las fuentes citadas, que nos ayudan a comprender la justicia del Nuevo Estado y el funcionamiento de las prisiones. Algunas conclusiones coinciden con otros trabajos de otras regiones27, tenemos los siguientes: el alto porcentaje de mujeres sometidas a la justicia militar, a la Auditoría de Guerra, que va disminuyendo con los años. En cuanto a los ingresos tenemos una evolución irregular, que respondía a la marcha de la guerra, primero; desde el final de la guerra, ya que con la vuelta a los lugares de origen desde las zonas levantinas y del centro, se hacinaron tanto los lugares de concentración como las prisiones. A partir de 1941 el número de ingresos es numéricamente más elevado pero responde a otros delitos económicos, prostitución clandestina, o «encubrimiento de bandoleros», como las autoridades llamaban a los casos de enlaces.

    29En la posguerra eran frecuentes las estancias breves, de dos semanas a un mes. Coincidían estas presas con otras cuyos ingresos tenían lugar en los años cuarenta y que se debían a la supuesta complicidad con la organización guerrillera, sin olvidar a las políticas que mantenían sus propias organizaciones en las cárceles. La procedencia geográfica de las detenidas es muy significativa y los traslados eran muy frecuentes. Por ejemplo, en la de Málaga había una fuerte proporción procedente de Granada, lugar de la Agrupación guerrillera. Otro tercio eran mujeres de la provincia de Málaga, en cuyo municipio habían sido detenidas o llevadas desde diferentes centros habilitados temporalmente. La tipología de los delitos es una fiel expresión de la naturaleza del régimen, de su percepción del enemigo. Los delitos «contra la seguridad del Estado» suponen más de la mitad de las presas (rebelión militar, adhesión, inducción o auxilio a la rebelión), en estos casos con penas elevadas, incluida la de muerte y son las más abundantes en los primeros meses, incluso en los primeros dos años desde la ocupación militar. Solían ser las políticas, que conocemos en nuestra región. Encarnación Lemus abordó, con Inmaculada Cordero, la clandestinidad comunista durante la posguerra en Andalucía y la implicación femenina28. Pero hay casi un 30 % de mujeres que en sus expedientes no consta el delito, acaso aquí el parentesco con personas huidas o en los frentes de la zona republicana. Apenas un 20 % responden a delitos contra la propiedad o la moral. Investigaciones de otras provincias presentan las mismas conclusiones.

    30Muchas procuraron conseguir avales para los suyos, huidos o presos, hacían todo tipo de gestiones para procurar tranquilidad y trabajo una vez salidos de las cárceles, presentados o entregados mientras tenían que buscarse la vida comprando y vendiendo pequeñas cantidades de alimentos al margen del racionamiento. La lealtad de la mayoría de las mujeres hacia sus compañeros, padres o hijos quedaba patente con la visita a la cárcel y la ayuda continua. Así, las que vivían cerca llevaban comida y ropa a diario, agravando una miseria familiar que desesperanzaba a los sectores sociales más humildes.

    31Y es que los arrestos municipales y las cárceles de los pueblos que eran cabezas de partido judiciales se llenaron, provocando continuos traslados debidos a la falta de seguridad o el insoportable hacinamiento. A menudo se trataba de lugares pequeños, mal acondicionados, divididos en dos zonas separadas, para hombres y mujeres, pero los hijos merodeaban, incluso jugaban cerca de dichos lugares, cerca de sus madres encerradas, que los veían desde las rejas.

    32Las mujeres fueron víctimas de denuncias no por sus responsabilidades políticas sino por las de sus maridos, padres o hijos: si escondían a alguien, facilitaban víveres o si bajo su mismo techo se organizaban reuniones políticas o simples encuentros con huidos o guerrilleros. Francisca Pizarro, de Alcalá de los Gazules, estuvo detenida, tanto en Alcalá como en La Línea (Cádiz) a causa de su marido huido29.

    33Muchas mujeres sufrieron un castigo ejemplar e inaudito: fueron rapadas, como apuntamos al principio30. Las imágenes se recuerdan con horror y eran momentos de gran significado simbólico. Se les obligaba a beber aceite de ricino y eran paseadas pretendiendo la burla de la población, así como la marginación frente al resto de los vecinos. Era un castigo que no tenía que estar asociado al cumplimiento de pena y abarcaba a más población que a la encerrada. Más bien significaba una amenaza desde el poder que las humillaba. Fabrice Virgili ha estudiado el fenómeno en Francia, donde fueron rapadas casi 20.000 mujeres acusadas de colaborar con los nazis. Se considera un acto de violencia entre semejantes que se desarrolla muy a menudo en el estrecho tejido de la comunidad rural o urbana, una «violencia de proximidad31». Durante la Transición se abrieron a contar sus experiencias las militantes políticas y estas mujeres castigadas al margen del sistema penitenciario. Aún hoy mujeres muy mayores hablan en voz baja cuando se refieren a las vecinas que fueron rapadas y sus familias recuerdan los intentos de suicidio de algunas de ellas, que lo consideraron un castigo más insoportable que otros tipos de violencia. Concretamente a finales de septiembre de 2010 la Junta de Andalucía (la Consejería de Justicia) aprobó un decreto por el que reconocía que numerosas mujeres habían sufrido forma de represión franquista que afectaron a su honor, intimidad y propia imagen. Al final no fueron más de 120 las que pudieron cobrar una simbólica indemnización de 1 800 euros porque la mayoría ya han fallecido.

    34Encarcelar a familiares de los enemigos no sólo para castigarlos sino para atraer a la persona buscada, escondida o huida fue una estrategia muy frecuente, normalizada durante la Guerra Civil y la posguerra de las autoridades franquistas Los casos de «topos» (personas escondidas durante años con la complicidad de su familia) fueron numerosos en Andalucía. El alcalde republicano de Mijas, conocido gracias al historiador Ronald Fraser32, que publicó no sólo su estremecedor testimonio sino el de su mujer Juliana, que era el de todas las mujeres que ayudaban a los opositores escondidos, presos o huidos. Francisco Cuevas, al ser ocupada Málaga huyó y luego anduvo escondido casi veinte años detrás del armario de su casa de Málaga. Sus hermanos estuvieron varios días en el cuartel de la Guardia Civil para interrogarlos y su madre y hermana rapadas y detenidas por la misma causa. José Gallardo, que había sido Secretario General de UGT en Málaga y concejal del PCE en 1936 había logrado escapar de Málaga, por lo que detuvieron a su mujer, que no había tenido ningún compromiso político, y así lograron detener y fusilar en 1940 al líder comunista. Son ejemplos que exhiben el peligro para quienes los protegían.

    35Los archivos de los Gobiernos Civiles, con competencias en Orden Público contienen documentación escrita, que coincide con los testimonios de las víctimas. Valgan los ejemplos de algunas comarcas, como la Axarquía y el Guadalhorce de Málaga. Una mujer fue detenida en Cártama por dar comida a un hombre de la sierra, de Granada; una anciana detenida en el arresto de Casarabonela porque era esposa de un huido y como ella pastoreaba en la sierra a las cabras y cogía leña se le incautaron 23 animales del matrimonio; una mujer de Benamargosa de 34 años porque enviaba a su hijo pequeño al campo con comida para que su marido huido «pudiera resistir33». Cargaron toda la vida con el estigma de ser familia de preso, circunstancia que se extendió al lugar de trabajo o a los colegios, siendo humillados, cuando no marginados repetidas veces.

    36Fueron mujeres las que se arrodillaron ante las nuevas autoridades – numerosas son las cartas rogatorias a los Gobernadores Civiles– pero también ante los patronos y quienes eran considerados «personas de orden». Las series de cartas, con firmas temblorosas o huellas dactilares reflejan una situación miserable debida a la falta del padre, y a veces de la madre ya que el desamparo exceptuando el plato de los comedores de Auxilio Social, fue total. Esas cartas se conservan en los fondos documentales de Orden Público o en los procesos judiciales, cuando las peticiones se dirigían a las autoridades militares.

    37Otro castigo específico consistió en obligar a las mujeres a limpiar calles, mercados, los ayuntamientos o los cuarteles de la Guardia Civil y, particularmente, fregar de rodillas las iglesias, lo que se ha interpretado como una sanción no sólo física sino también simbólica, de purificación de las propias mujeres.

    38Pero las presiones, siendo las físicas las más cuantificadas, fueron abrumadoramente las morales las que afectaban a una inmensa mayoría. Algunas instituciones como el Patronato de Protección de las Mujeres, creado teóricamente para evitar que jóvenes y adultas cayeran en la corrupción, sirvieron para encerrarlas. Herramienta de una moral tradicionalista, el Patronato enviaba a los severos conventos de las Adoratrices o, los más temidos, de las Oblatas, a mujeres que podían estar años reformándose entre los rezos de las monjas y la miseria de aquella época, aunque sus padres rogaran por su salida34. Esta es una línea de investigación que puede revelar de forma clara cómo era la vida de las mujeres y las jóvenes pertenecientes a las clases trabajadoras, porque en estos casos también era cuestión de clases, ya que las «desviaciones morales», los embarazos no deseados en las familias burguesas se resolvieron al margen de estas instituciones franquistas, tan asistidas por la Iglesia.

    39En fin, podemos demostrar que la salida o la vía de escape que fue la huida, el ingreso en las partidas, más o menos organizadas o en las guerrillas tenía una nítida explicación por la situación económica y social: las mismas fuentes oficiales muestran que el jornal de una mujer, de 3 pesetas diarias, apenas daba para comprar bien medio litro de leche, bien medio kilo de plátanos o la tercera parte de unas medias. Las actividades económicas ilegales, como el estraperlo las situaba al margen de la ley tanto como ayudar a sus familiares huidos o guerrilleros. Las continuas molestias de los guardias civiles y la vigilancia estricta a que eran sometidas las abocaban a esta salida. Las torturas y el miedo a las ejecuciones nos llevan a investigar en las estadísticas de los suicidios. Un porcentaje relativamente elevado de mujeres que se suicidaron en los años cuarenta lo hicieron por «miseria» o «por temor de condena35». En una región como Andalucía, donde la represión fue relativamente más dura que en otras, el paro y el hambre más extendidos, la vida más allá de los márgenes de las leyes se explicaba como estrategia para salvar la vida en más ocasiones que como lucha armada por una sociedad alternativa, si bien la ayuda, más o menos continuada a otros resistentes con comida, acogida, complicidad al no denunciarlos y otras actitudes similares forman parte de una amplia experiencia de «resistencias sin armas», estudiadas por Ana Cabana36, en la que las mujeres participaron ampliamente.

    Notes de bas de page

    1  Ramos Palomo María Dolores (dir.), Andaluzas en la historia. Reflexiones sobre política, trabajo y acción colectiva, Sevilla, Centro de Estudios Andaluces, 2012.

    2  González Duro Enrique, Las rapadas. El franquismo contra la mujer. Siglo xxi, Madrid, 2012.

    3  Vinyes Ricard, Irredentas. Las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas, Madrid, Temas de Hoy, 2002. Este autor intervino en una obra sobre la relación entre presas y sus hijos, segregados o perdidos, in Vinyes Ricard; Armengou Montse y Belis Ricard, Los niños perdidos del franquismo, Barcelona, Plaza & Janés, 2002, p. 227-232. Nadal Antonio, «Experiencias psíquicas sobre mujeres marxistas malagueñas. Málaga, 1939», BAETICA, 10, 1987, p. 365-383.

    4  Sobre todo, el Archivo militar Territorial 24 de Málaga, el de Sevilla y el de Almería. Sánchez Pura, La represión de las mujeres en Andalucía (1936-1949) «Individuas de dudosa moral». Aula para la Recuperación de la Memoria Histórica y Ayuntamiento de Sevilla, Patronato del Real Alcázar, Sevilla, 2008. Ruiz Expósito María Dolores, Mujeres almerienses represaliadas en la Posguerra española (1939- 1959), Almería, Universidad de Almería, 2008 (CD-rom). Prieto Borrego Lucía, «Mujer y Anticlericalismo. La Justicia Militar en Marbella, 1937-1939», Málaga, Universidad de Málaga, 2006. Sánchez Pura, La represión de las mujeres en Andalucía (1936-1949) «Individuas de dudosa moral», in Historia Actual Online, n° 12, 2007, p. 95-106. Prieto Borrego Lucía, «Procesos y procesadas. Mujer y justicia militar en la provincia de Málaga», in Barranquero Texeira Encarnación (dir.), Mujeres en la Guerra Civil y el Franquismo: violencia, silencio y memoria de los tiempos difíciles, Málaga, CEDMA, 2010, p. 47-72.

    5  barranquero texeira Encarnación, «El trabajo de la mujer en la nueva sociedad franquista en Andalucía: entre la represión y la supervivencia», in artacho Salvador, La mujer trabajadora en la Andalucía Contemporánea (1931-2007), Jaén, UGT-Andalucía, 2009, p. 91-116.

    6  de grazia Vittoria, «Patriarcado fascista: las italianas bajo el gobierno de Mussolini, 1922-1940» y bock Gisela, «Políticas sexuales nacionalsocialistas e historia de las mujeres», in duby Georges y perrot Michèle (dir.), Historia de las mujeres en Occidente. El siglo xx, Madrid, Taurus, 1993, p. 139-201.

    7  Guereña Jean-Louis, La prostitución en España contemporánea, Madrid, Marcial Pons Historia, 2003.

    8  Serrano Secundino, Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista, Madrid, Temas de Hoy, 2001, p. 221.

    9  Azuaga rico José María, Tiempo de lucha. Granada-Málaga: represión, resistencia y guerrilla, 1939-1952, Granada, Alhulia, 2013, p. 669.

    10  Rodríguez Padilla Eusebio, El ejército Guerrillero de Andalucía, 1945-1952, Almería, Arráez Editores, 2014.

    11  La Parrillera. Una maquis por amor, dirigida por Ángel Entrenas, producción de Foro Ciudadano para la Recuperación de la Memoria Histórica de Andalucía y colaboración de la Excma. Diputación de Córdoba.

    12  Moreno Gómez Francisco, Córdoba en la posguerra. La represión y la guerrilla, 1939-1950, Madrid, Francisco Baena editor, 1987, p. 473.

    13  Romero Navas José Aurelio Censo de guerrilleros y colaboradores de la Agrupación Guerrillera de Málaga-Granada, Cedma, Málaga, 2004.

    14  Sánchez Tostado Luis Miguel, La guerra no acabó en el 39: lucha guerrillera y resistencia republicana en la provincia de Jaén, 1939-1952, Jaén, Patronato Municipal de Cultura y Turismo, 2001, p. 482.

    15  García Márquez José María, Las víctimas de la represión militar en la provincia de Sevilla (1936-1963), Sevilla, Aconcagua, 2012.

    16  Romero Navas José Aurelio, Censo de guerrilleros y colaboradores de la Agrupación Guerrillera de Málaga-Granada, op. cit. p. 392.

    17  Prieto Borrego Lucía, Los días de la ira. Entre Mijas y el Guadiaro, de la República a la Sierra, Málaga Universidad de Málaga, 2013, p. 373.

    18  Archivo Militar Territorial 24 de Málaga. Causa 1044, Juzgado 11, 1946.

    19  Archivo Militar Territorial 24 de Málaga, Causa 11, juzgado 11.

    20  Testimonio de Laura Melgares, en Torrox el 14 de abril de 2002.

    21  Archivo Militar Territorial 24, de Málaga, Causa 96 de 1937, Caja500.

    22  Archivo Militar Territorial 24 de Málaga, Causa 2165, del Juzgado 7 de 1942, Caja51.

    23  Melero Vargas Miguel Ángel, «La represión franquista sobre la resistencia guerrillera en Andalucía. Un balance actualizado», in Martínez Fernando y Gómez Oliver Miguel, La memoria de todos. Las heridas del pasado se curan con más verdad, Sevilla, Fundación Alfonso Perales, 2014, p. 163.

    24  Acosta Bono Gonzalo et al., El Canal de los Presos (1940-1962). Trabajos forzados: de la represión política a la explotación económica, Barcelona, Crítica, 2004, p. 278-281.

    25  Barranquero Texeira Encarnación; Eiroa San Francisco Matilde y Navarro Jiménez Paloma, Mujer, cárcel, franquismo. La Prisión Provincial de Málaga (1937-1945), Málaga, Grupos Consolidados de Investigación de la Junta de Andalucía, 1994.

    26  Barranquero Texeira Encarnación y Eiroa San Francisco Matilde, «La cárcel de mujeres de Málaga en la paz de Franco», in Egido León Ángeles (dir.), Stvdia Historica, Historia Contemporánea. Cárceles de Mujeres., Salamanca, vol. 29, Universidad de Salamanca, 2011, p. 119-137.

    27  Prada Rodríguez Julio, Franquismo y represión de género en Galicia, Madrid, Catarata, 2013.

    28  Cordero Inmaculada y Lemus Encarnación, «La malla de cristal: actividad política y vida de las comunistas andaluzas en la clandestinidad de los años cuarenta», Spagna Contemporanea, 8, 16,1999 , p. 101.120.

    29  Véase la página www.todoslosnombres.org en su sección «micro biografías», que promueve la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia y la CGT y patrocina la Junta de Andalucía. Consejería de Justicia y Administración Pública.

    30  Maud Joly, Represión «sexuada» y memoria; las republicanas rapadas por los franquistas durante la guerra y el primer franquismo. Memoria de Licenciatura, Instituto Universitario Jaime Vicens Vives, de la Universidad Pompeu Fabra.

    31  Virgili Fabrice, «Víctimas, culpables y silenciosas: memorias de las mujeres rapadas en la Francia de la posguerra»; in Aróstegui Julio, Godicheau François, Guerra Civil. Mito y memoria, Madrid, 2006, p. 361-372.

    32  Fraser Ronald, Escondido. El calvario de Manuel Cortes, Barcelona, Contrastes, 2006.

    33  Archivo Histórico Provincial de Málaga (AHPM) Gobierno Civil, 12648 «Detenidos», 1939.

    34  AHPM, Gobierno Civil, 12650 »Detenidos», Negociado 3, 1939.

    35  AHPM, Estadísticas de suicidios, caja 13322.

    36  Cabana Ana, La derrota de lo épico, Valencia, Universidad de Valencia, 2013.

    Auteur

    • Encarnación Barranquero Texeira

      Universidad de Málaga
      Profesora de Historia Contemporánea en la Universidad de Málaga (España). Tras su tesis doctoral sobre la implantación del franquismo inició varios trabajos sobre la represión: fusilamientos, cárceles, depuraciones laborales o la gestión del hambre por parte de las autoridades. Otras líneas de investigación han sido la historia de las mujeres, los sindicatos y la oposición política al franquismo. Entre sus trabajos destacan: «Málaga entre la guerra y la posguerra: el franquismo», «Intelhorce. La fortaleza obrera entregada» o «Así sobrevivimos al hambre. Estrategias de supervivencia de las mujeres en la posguerra española». Forma parte del grupo de expertos en lugares de memoria de la Junta de Andalucía y participa en varios proyectos de investigación sobre la España del siglo XX.

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    1  Ramos Palomo María Dolores (dir.), Andaluzas en la historia. Reflexiones sobre política, trabajo y acción colectiva, Sevilla, Centro de Estudios Andaluces, 2012.

    2  González Duro Enrique, Las rapadas. El franquismo contra la mujer. Siglo xxi, Madrid, 2012.

    3  Vinyes Ricard, Irredentas. Las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas, Madrid, Temas de Hoy, 2002. Este autor intervino en una obra sobre la relación entre presas y sus hijos, segregados o perdidos, in Vinyes Ricard; Armengou Montse y Belis Ricard, Los niños perdidos del franquismo, Barcelona, Plaza & Janés, 2002, p. 227-232. Nadal Antonio, «Experiencias psíquicas sobre mujeres marxistas malagueñas. Málaga, 1939», BAETICA, 10, 1987, p. 365-383.

    4  Sobre todo, el Archivo militar Territorial 24 de Málaga, el de Sevilla y el de Almería. Sánchez Pura, La represión de las mujeres en Andalucía (1936-1949) «Individuas de dudosa moral». Aula para la Recuperación de la Memoria Histórica y Ayuntamiento de Sevilla, Patronato del Real Alcázar, Sevilla, 2008. Ruiz Expósito María Dolores, Mujeres almerienses represaliadas en la Posguerra española (1939- 1959), Almería, Universidad de Almería, 2008 (CD-rom). Prieto Borrego Lucía, «Mujer y Anticlericalismo. La Justicia Militar en Marbella, 1937-1939», Málaga, Universidad de Málaga, 2006. Sánchez Pura, La represión de las mujeres en Andalucía (1936-1949) «Individuas de dudosa moral», in Historia Actual Online, n° 12, 2007, p. 95-106. Prieto Borrego Lucía, «Procesos y procesadas. Mujer y justicia militar en la provincia de Málaga», in Barranquero Texeira Encarnación (dir.), Mujeres en la Guerra Civil y el Franquismo: violencia, silencio y memoria de los tiempos difíciles, Málaga, CEDMA, 2010, p. 47-72.

    5  barranquero texeira Encarnación, «El trabajo de la mujer en la nueva sociedad franquista en Andalucía: entre la represión y la supervivencia», in artacho Salvador, La mujer trabajadora en la Andalucía Contemporánea (1931-2007), Jaén, UGT-Andalucía, 2009, p. 91-116.

    6  de grazia Vittoria, «Patriarcado fascista: las italianas bajo el gobierno de Mussolini, 1922-1940» y bock Gisela, «Políticas sexuales nacionalsocialistas e historia de las mujeres», in duby Georges y perrot Michèle (dir.), Historia de las mujeres en Occidente. El siglo xx, Madrid, Taurus, 1993, p. 139-201.

    7  Guereña Jean-Louis, La prostitución en España contemporánea, Madrid, Marcial Pons Historia, 2003.

    8  Serrano Secundino, Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista, Madrid, Temas de Hoy, 2001, p. 221.

    9  Azuaga rico José María, Tiempo de lucha. Granada-Málaga: represión, resistencia y guerrilla, 1939-1952, Granada, Alhulia, 2013, p. 669.

    10  Rodríguez Padilla Eusebio, El ejército Guerrillero de Andalucía, 1945-1952, Almería, Arráez Editores, 2014.

    11  La Parrillera. Una maquis por amor, dirigida por Ángel Entrenas, producción de Foro Ciudadano para la Recuperación de la Memoria Histórica de Andalucía y colaboración de la Excma. Diputación de Córdoba.

    12  Moreno Gómez Francisco, Córdoba en la posguerra. La represión y la guerrilla, 1939-1950, Madrid, Francisco Baena editor, 1987, p. 473.

    13  Romero Navas José Aurelio Censo de guerrilleros y colaboradores de la Agrupación Guerrillera de Málaga-Granada, Cedma, Málaga, 2004.

    14  Sánchez Tostado Luis Miguel, La guerra no acabó en el 39: lucha guerrillera y resistencia republicana en la provincia de Jaén, 1939-1952, Jaén, Patronato Municipal de Cultura y Turismo, 2001, p. 482.

    15  García Márquez José María, Las víctimas de la represión militar en la provincia de Sevilla (1936-1963), Sevilla, Aconcagua, 2012.

    16  Romero Navas José Aurelio, Censo de guerrilleros y colaboradores de la Agrupación Guerrillera de Málaga-Granada, op. cit. p. 392.

    17  Prieto Borrego Lucía, Los días de la ira. Entre Mijas y el Guadiaro, de la República a la Sierra, Málaga Universidad de Málaga, 2013, p. 373.

    18  Archivo Militar Territorial 24 de Málaga. Causa 1044, Juzgado 11, 1946.

    19  Archivo Militar Territorial 24 de Málaga, Causa 11, juzgado 11.

    20  Testimonio de Laura Melgares, en Torrox el 14 de abril de 2002.

    21  Archivo Militar Territorial 24, de Málaga, Causa 96 de 1937, Caja500.

    22  Archivo Militar Territorial 24 de Málaga, Causa 2165, del Juzgado 7 de 1942, Caja51.

    23  Melero Vargas Miguel Ángel, «La represión franquista sobre la resistencia guerrillera en Andalucía. Un balance actualizado», in Martínez Fernando y Gómez Oliver Miguel, La memoria de todos. Las heridas del pasado se curan con más verdad, Sevilla, Fundación Alfonso Perales, 2014, p. 163.

    24  Acosta Bono Gonzalo et al., El Canal de los Presos (1940-1962). Trabajos forzados: de la represión política a la explotación económica, Barcelona, Crítica, 2004, p. 278-281.

    25  Barranquero Texeira Encarnación; Eiroa San Francisco Matilde y Navarro Jiménez Paloma, Mujer, cárcel, franquismo. La Prisión Provincial de Málaga (1937-1945), Málaga, Grupos Consolidados de Investigación de la Junta de Andalucía, 1994.

    26  Barranquero Texeira Encarnación y Eiroa San Francisco Matilde, «La cárcel de mujeres de Málaga en la paz de Franco», in Egido León Ángeles (dir.), Stvdia Historica, Historia Contemporánea. Cárceles de Mujeres., Salamanca, vol. 29, Universidad de Salamanca, 2011, p. 119-137.

    27  Prada Rodríguez Julio, Franquismo y represión de género en Galicia, Madrid, Catarata, 2013.

    28  Cordero Inmaculada y Lemus Encarnación, «La malla de cristal: actividad política y vida de las comunistas andaluzas en la clandestinidad de los años cuarenta», Spagna Contemporanea, 8, 16,1999 , p. 101.120.

    29  Véase la página www.todoslosnombres.org en su sección «micro biografías», que promueve la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia y la CGT y patrocina la Junta de Andalucía. Consejería de Justicia y Administración Pública.

    30  Maud Joly, Represión «sexuada» y memoria; las republicanas rapadas por los franquistas durante la guerra y el primer franquismo. Memoria de Licenciatura, Instituto Universitario Jaime Vicens Vives, de la Universidad Pompeu Fabra.

    31  Virgili Fabrice, «Víctimas, culpables y silenciosas: memorias de las mujeres rapadas en la Francia de la posguerra»; in Aróstegui Julio, Godicheau François, Guerra Civil. Mito y memoria, Madrid, 2006, p. 361-372.

    32  Fraser Ronald, Escondido. El calvario de Manuel Cortes, Barcelona, Contrastes, 2006.

    33  Archivo Histórico Provincial de Málaga (AHPM) Gobierno Civil, 12648 «Detenidos», 1939.

    34  AHPM, Gobierno Civil, 12650 »Detenidos», Negociado 3, 1939.

    35  AHPM, Estadísticas de suicidios, caja 13322.

    36  Cabana Ana, La derrota de lo épico, Valencia, Universidad de Valencia, 2013.

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    • Rubio-Milet, Emma. (2020) Perte, acquisition, transformations. e-Migrinter, 21. DOI: 10.4000/e-migrinter.2498

    Ce chapitre est cité par

    • Barranquero Texeira, Encarnación. (2023) Hambre en la posguerra española. Poder, estrategias de supervivencia y resistencias cotidianas a partir de un enfoque «micro» (Málaga, 1939-1951). Historia Y Memoria. DOI: 10.19053/20275137.n27.2023.14790

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    Barranquero Texeira, E. (2017). Mujeres y Guerrilla en Andalucía. In M.-C. Chaput, C. Llecha Llop, & O. Martinez-Maler (éds.), Escrituras de la resistencia armada al franquismo. Nanterre: Presses universitaires de Paris Nanterre. https://doi.org/10.4000/books.pupo.27611
    Barranquero Texeira, Encarnación. « Mujeres y Guerrilla en Andalucía ». In Escrituras de la resistencia armada al franquismo, édité par Marie-Claude Chaput, Canela Llecha Llop, et Odette Martinez-Maler. Nanterre: Presses universitaires de Paris Nanterre, 2017. doi:10.4000/books.pupo.27611.
    Barranquero Texeira, Encarnación. « Mujeres y Guerrilla en Andalucía ». Escrituras de la resistencia armada al franquismo, édité par Marie-Claude Chaput et al., Presses universitaires de Paris Nanterre, 2017, https://doi.org/10.4000/books.pupo.27611.

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    Chaput, M.-C., Llecha Llop, C., & Martinez-Maler, O. (éds.). (2017). Escrituras de la resistencia armada al franquismo. Nanterre: Presses universitaires de Paris Nanterre. https://doi.org/10.4000/books.pupo.23297
    Chaput, Marie-Claude, Canela Llecha Llop, et Odette Martinez-Maler, éd. Escrituras de la resistencia armada al franquismo. Nanterre: Presses universitaires de Paris Nanterre, 2017. doi:10.4000/books.pupo.23297.
    Chaput, Marie-Claude, et al., éditeurs. Escrituras de la resistencia armada al franquismo. Presses universitaires de Paris Nanterre, 2017, https://doi.org/10.4000/books.pupo.23297.
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