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    Plan

    Plan détaillé Texte intégral Fray Luis de León, modelo de los poetas españoles del siglo xix Rasgos luisianos en Carolina Coronado Rasgos luisianos en Gustavo Adolfo Bécquer Conclusión Bibliographie Notes de bas de page Auteur

    Pictavia Aurea

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    Presencia de la poesía de fray Luis de León en los poetas españoles del siglo xix

    José Servera Baño

    p. 1303-1314

    Texte intégral Bibliographie Referencias bibliográficas Notes de bas de page Auteur

    Texte intégral

    1Fray Luis de León tradujo a Horacio, no en balde la crítica en general lo considera el Horacio español por excelencia1. Algunos motivos horacianos llegaron a los poetas españoles del xix a través del agustino que, al mismo tiempo, fue seguido —más que emulado— en numerosas referencias. Así, Manuel de Cabanyes2 en «Mi navegación» dispone como autoridad inicial a Horacio y luego cita a fray Luis junto a otros dos personajes que también padecieron la Inquisición; en el texto se perciben los motivos luisianos de la tormenta marina y el naufragio.

    Fray Luis de León, modelo de los poetas españoles del siglo xix

    2Algunos poetas del inicio del Romanticismo tuvieron a fray Luis de León3 por modelo. Alberto Lista en «En la muerte de Jesús»4; José Joaquín de Mora en Meditaciones poéticas (1826)5 o Cabanyes en «A la luna», que se inicia con esa noche apacible, locus amoenus nocturno:

    ¡Cuán dulces llegan al alma
    tus rayos, o de la noche
    reina hermosa,
    mientras por el cielo en calma
    llevas tu argentado coche
    silenciosa!
    ¡Oh! la paz de tu reinado
    Ni el nombre a turbar se atreve,
    ni la fiera:
    el eco duerme callado,
    el céfiro no conmueve
    la pradera
    6.

    3Massanés en «La voz de Dios» invoca a Dios con palabras que evocan a fray Luis y san Juan de la Cruz7. Espronceda en «A la patria» sigue moldes clásicos de la oda y luisianos8. El motivo del sol, considerado fuente de fecundidad, se halla en «Carmen saeculare» de Horacio, en «El Orden del Universo» de fray Luis y en «Al Sol» de Espronceda9.

    4En muchas ocasiones, los poetas del siglo xix mezclaron referencias textuales de poesías religiosas del siglo áureo. San Juan, fray Luis, santa Teresa o Lope de Vega fueron admirados y seguidos en expresiones semejantes. Al respecto la crítica sobre Gómez de Avellaneda ha señalado el sincero sentimiento religioso que la llevó a manifestar cierto misticismo hondamente sentido. Entre otros, los poemas «Al nacimiento de Jesús», «A Dios», «A la Resurrección del Señor», «A la Ascensión», «Al Espíritu Santo», «Dedicación de la lira de Dios», etc., tienen un marcado acento místico. A pesar de que en la poesía decimonónica primó la búsqueda de la originalidad, abundaron en general las influencias clásicas y, en concreto, los himnos bíblicos cuyo modelo fue el agustino.

    5Entre los llamados poetas prebecquerianos, Ruiz Aguilera en El Museo Universal evoca la figura de «Fray Luis de León» y glosa una serie de «fáciles lugares de la poesía de fray Luis, narra su prisión, lo que le sirve al espíritu progresista de Ruiz Aguilera para ensartar una serie de diatribas contra la Inquisición»10. Arístides Pongilioni en Ráfagas poéticas crea un ambiente de serenidad, pleno de referencias ascéticas y místicas a través de locus amoenus, donde se halla Dios, la armonía, lo inefable, el misterio y otros elementos comunes en la mística y en el agustino:

    Yo escucho en el espacio torrentes de armonía;
    naturaleza me habla con su gigante voz;
    aliéntame potente y agita el alma mía
    el celestial impulso que nos acerca a Dios
    11.

    6En la etapa realista, «El fuego divino» de Juan Valera está escrito en liras, y «formalmente es fray Luis de León, sin duda, el modelo»12. Juan Luis Esterlich en Primicias (1883) también muestra rasgos luisianos. En el prólogo Alcover califica a Esterlich de poeta clasicista —corroborando a Menéndez Pelayo—, quien le escribe al autor: «Lo mismo que Alcover, prefiero a todas las composiciones de usted las que siguen la manera y estilo de fray Luis de León: Artá, Anhelo, A un poeta, y aún la oda A la música, son las joyas del tomo»13. Cossío añade que «A la música» es una imitación deliberada de la oda que fray Luis dedicó a Salinas y que Estelrich dedica al músico balear Pedro Miguel Marqués.

    7Marcelina Vinent, en Flores del alma (1888), utiliza algún motivo de fray Luis junto a ecos sanjuanistas. Así, el final de «Voces del alma»:

    Fuera el mundanal ruido
    Que con torpe zumbido
    Ahoga sin cesar la voz del alma.
    Vengan estos collados
    De lirios y de rosas perfumados
    Do el corazón que sufre halla la calma
    14.

    Profecía del Tajo

    8«Profecía del Tajo» fue un poema admirado e imitado por algunos poetas decimonónicos españoles. Entre ellos, Martínez de la Rosa en «La Boda de Portici», aunque es de factura sanjuaniana presenta reminiscencias de fray Luis:

    Cuando la ve su esposo,
    Y vuela presuroso,
    Y acude, acorre, llega,
    15

    9donde se imita el conocido asíndeton de «Profecía del Tajo»: «Acude, corre, vuela.»; también sugerido en la rima LXII becqueriana como expresión de luz mística: «luego chispea y crece y se dilata / en ardiente explosión de claridad»16. En «Florinda», el propio duque de Rivas17 anota que sigue «La profecía del Tajo» en la estrofa XXIII del Canto Quinto.

    10Domingo Ynduráin señala reminiscencias de «Profecía del Tajo» en «El Pelayo» de Espronceda —ambos ambientados en el mismo río—, así el verso: «Crímenes, sangre, asolación, ruina» recuerda a «llamas, dolores, guerras, / muertes, asolamientos, fieros males,»18. También observa las semejanzas entre el inicio del fragmento tercero de «El Pelayo», titulado «Batalla del Guadalete», con los versos 43-48 de «XXII. A D. Pedro Portocarrero»; o la deuda de las estrofas XVI, XIX y LI esproncedianas con los versos de «Profecía del Tajo» 31-45, 65-75 y 16-17 respectivamente19.

    11En «Al último rey moro de Granada, Boabdil el chico» de Zorrilla hay dos versos: «y el humo escurece el día/y roba a la tierra el sol.», que evocan la hipérbole agustina «el polvo roba el día y le escurece» y en general «el tono de apóstrofe también coincide con la oda luisiana»20. En la «Oda» de Arolas «Tiembla del mundo el polo»21 se usa un léxico y tono propio de «Profecía del Tajo». En poetas secundarios o desconocidos del siglo xix puede verse la huella del agustino, así Zacarías Acosta y Lozano, en la oda «En la guerra de África»22, también imita el poema «Profecía del Tajo»23.

    Aurea mediocritas

    12En «Égloga» del duque de Rivas aparece el tópico del aurea mediocritas luisiana de la «Oda I», donde se menosprecian los bienes perecederos, de forma similar a la idea bíblica del vanitas-tis:

    Vivía con reposo,
    Sin salir de mi esfera,
    Sin envidiar las refulgentes salas,
    Ni las costosas galas
    Con que abruman su cuerpo los señores,
    Sin hallar falsedades,
    Ni oír aduladores,
    Sin ver más que mi Ninfa y soledades
    24.

    13José Joaquín de Mora en «Meditación rural» desarrolla un ambiente idílico, un locus amoenus horaciano, en los márgenes del Jarama, alejado del mundanal ruido; también «Convite para ir al campo» es una alabanza de ese mundo y se cierra con un verso trimembre: «En ellos sin estorbo / la libertad divina, / triunfa, goza y domina»25.

    14Bermúdez de Castro en «El cenobita» de Ensayos poéticos plantea la renuncia de los bienes terrenales, en un canto a la vida retirada, en este caso, en el desierto26. De forma breve lo plantea Cabanyes en «A mi estrella»: «Yo lejos de los hombres / levantaré mi choza solitaria»27.

    15El desprecio por la ostentación y las riquezas se halla en El Diablo Mundo de Espronceda:

    El oro que famélico codicia
    El hombre, y en montones lo atesora, Alimento infernal de la avaricia,
    Que hambre más siente cuanto más devora
    28.

    16Ros de Olano en el segundo soneto de los reunidos bajo el título «En la soledad» plantea un aurea mediocritas a la manera del agustino:

    Más precio en este valle y pobre aldea,
    Términos de mi vida peregrina,
    Despertar cuando el aura matutina
    Las copas de los árboles menea;
    Y, al volver de mi rústica tarea,
    Hora, en la tarde, cuando el sol declina,
    Mirar desde esta fuente cristalina
    El humo de mi humilde chimenea,
    29

    17La denuncia de la avaricia, que encontramos en «A Felipe Ruiz. De la avaricia», es un elemento más del aurea mediocritas y de forma similar aparece en «Meditación» de Arolas. También en Romero Larrañaga: «Lejos de mí sospechas, / vanos deseos, sórdida avaricia»30. En Rosalía de Castro el motivo adquiere un sello propio en el que funde el deseo de vida retirada y la renuncia al éxito:

    Yo prefiero a ese brillo de un instante
    la triste soledad donde batallo,
    y donde nunca a perturbar mi espíritu
    llega el vano rumor de los aplausos.

    18Y en el siguiente poema insiste:

    ¡Oh gloria!, deidad vana cual todas las deidades
    que en el orgullo humano tienen altar y asiento,
    jamás te rendí culto, jamás mi frente altiva
    se inclinó de su trono ante el dosel soberbio
    31.

    Beatus ille

    19En «A Teresa» de Espronceda, al igual que en «Vida retirada» y «A nuestra Señora» de fray Luis, se presenta la imagen de la nave para mostrar la lucha de la protagonista contra una sociedad que le es hostil y acaba en el naufragio:

    ¡Y tan joven, y ya tan desgraciada!
    Espíritu indomable, alma violenta,
    en ti, mezquina sociedad, lanzada
    a romper tus barreras turbulenta;
    nave contra las rocas quebrantada, allá vaga a merced de la tormenta,
    en las olas tal vez náufraga tabla,
    que sólo ya de sus grandezas habla
    32.

    20En «Soledad del campo» de Zorrilla se describe un singular Beatus Ille horaciano y romántico:

    ¡Salve! Fértil colina y prado ameno,
    Crespo collado, y valle, y soto umbrío,
    Donde de cuitas e inquietud ajeno
    Libre vagaba el pensamiento mío
    33.

    21En «Victorino al amante de Célima», Juan Arolas toma prestado un heptasílabo de «Vida retirada»: «Del monte en la ladera»; de nuevo en «Égloga II» el verso «Con un manso ruïdo»34 es el verso 59 de «Vida retirada». Además, en Arolas se hallan diferentes locus amoenus que remiten a la vida retirada, la soledad, la renuncia de los bienes perecederos; así la «Égloga I»:

    Yo sé un lugar ameno y escondido,
    En donde bebe el ciervo fatigado;
    Hay en él una gruta que frecuentan
    Flora y cefirillo regalado;
    […]
    Por ti tengo yo en mucho la ignorada
    Soledad y quietud de esta pradera,
    Y por ti la ciudad en menosprecio
    35;

    22Campoamor imita diversos elementos del agustino. En Ayes del alma (1842) sigue el modelo luisiano con diversas liras36. La «Epístola moral a D. F. F. Golfín» es un elogio de la vida retirada, donde aparece el huerto plantado. Montolí37 indica «el uso combinado de la fraseología típica de la poesía pastoril (Garcilaso) y su reversibilidad a lo divino (fray Luis, San Juan de la Cruz): los valles amenos, la espesura de la selva, la noche oscura…» y también el pastor olvidado, ni envidiado ni envidioso, de fray Luis. En «La historia de muchas cartas», Campoamor cita al agustino y un verso muy conocido:

    amaba la moral que profesaban
    como buenos y conocidos varones
    los Horacio, los riojas y Leones.
    Iba por donde han ido
    los pocos sabios que en el mundo han sido
    38;

    23En Núñez de Arce aparecen pequeñas referencias luisianas, por ejemplo a la vida retirada: «Soy como el veterano que, en la aldea / donde ignorado vive y escondido» o la idea del vanitas-tis: «Viviré, ni envidioso ni envidiado, / En la quietud que el cielo me conceda» y el prado ameno es sustituido por el «jardín ameno»39.

    24Por el contrario, asimismo en el agustino se presentan espacios opuestos al locus amoenus. Antonio Arnao en «La felicidad» del libro Ecos del Táder sigue la descripción de la tempestad de la Oda X, «A Felipe Ruiz»:

    ¿No ves cuando en estío
    se nubla el sol, y se oscurece el suelo?
    Se agita el mar bravío,
    tiende el austro su vuelo,
    luce triste el relámpago en el cielo.
    Ígneo el rayo serpea;
    ronco retumba el trueno sin reposo;
    por las nubes pasea
    Dios su carro glorioso;
    tiembla el mortal, y humíllase medroso
    40.

    La armonía Luisiana

    25José Joaquín de Mora en «La noche» presenta una feliz y solitaria noche, donde la visión de las estrellas y el entorno, lejos de la opulencia mundana, forman la armonía:

    ¡Cuál placer más intenso
    que contemplar el orden, la armonía
    de aquel círculo inmenso,
    do en ausencia del día
    lanzan sus luces bellas,
    las cándidas estrellas
    41!

    26Apunta Marta Palenque42 que para García Tassara los poetas eran intérpretes de Dios, intermediarios divinos y la poesía era la voz del cielo. Así, en «Invocación» sigue la pauta del agustino y se inserta en una concepción lírica ascético-mística, de un neoplatonismo y otras corrientes filosóficas paganas, ahora, cristianizadas. Añade Palenque:

    son los ecos de Fray Luis de León los que encontramos en los versos de Tassara. La presencia del «arpa celestial», la «cítara divina» y el mundo de la «armonía celeste», relacionan la bella «Oda a Salinas» y la concepción pitagórica del mundo con algunos poemas del sevillano43.

    27En «Invocación», Tassara escribe: «Dios pulsó el arpa eterna y a sus sones / la nada ignota se pobló de creaciones»44 y en «Canto bíblico»:

    Suspenso entonces del profano oído
    Escucha el son del célico instrumento,
    Y en éxtasis divino adormecido
    Rodar a su compás las orbes siento
    45.

    28Según Cossío46 Manuel Reina en «La música» de Andantes y allegros (1877) sigue la oda «A Francisco Salinas»:

    el gigante concierto de los mundos;
    el son valiente de la trompa épica,
    y el ritmo eterno, armónico y grandioso
    de la máquina inmensa de la tierra
    47.

    Rasgos luisianos en Carolina Coronado

    29Es sabido que Carolina Coronado padecía de una afección de catalepsia crónica y que llegó a «morir» en varias ocasiones. Se obsesionó con poder ser enterrada en vida y todas estas circunstancias propiciaron un misticismo singular48. Se refugió, en cierto momento, en la lectura de los clásicos áureos y en la Biblia. No extraña, pues, la influencia de fray Luis y san Juan de la Cruz. «A la soledad» tiene como modelos al agustino, a Meléndez Valdés y a la tradición horaciana de la vida retirada49. «El amor de los amores» ha dado pie a numerosas observaciones sobre la religiosidad de doña Gertrudis. Torres escribe:

    Un análisis de ese sentimiento de fe, […], conduce a la poetisa, inexorablemente, a una serie de poemas finales, en los que la escritora extremeña se acerca a los aledaños de una lírica ascética (si no mística), que, desde la contemplación de la Naturaleza, como vía abierta y segura para tener testimonio de su Creador, le induce al deseo de abandonar el «paraíso terreno» del locus amoenus extremeño50.

    30El mismo crítico señala las tres fases del proceso místico en el poema citado. Muchos otros textos presentan rasgos luisianos. Entre otros, «La esperanza en ti» de «A Felipe Ruiz» (¿Cuándo será que pueda…?) como de «El Apartamiento»51. En «Porque es tu amor, amor de los amores» se menosprecia lo material y lo mundano frente a lo divino:

    ¡Ay del que tiene amor a la fortuna!
    Derríbanse los altos señoríos,
    bajan al fango los de ilustre cuna.
    ¡Ay del que tiene amor a los honores,
    Y desdeña el amor de los amores!
    52

    31En «Bondad de Dios», liras de factura luisiana, se canta la armonía y grandeza de Dios. En «Y llévame contigo a tu morada» Coronado desea el ascenso a la suprema esfera, al cielo, para entender la armonía del universo, como fray Luis en sus Odas. En «En un álbum que me presentaron cuando estaba contemplando una hermosa tarde» se reproducen algunos versos de «Noche serena»:

    porque estas horas tristes de la tarde
    a contemplar el cielo las dedico
    y el corazón amante mortifico
    con escribir aquí.
    53

    Rasgos luisianos en Gustavo Adolfo Bécquer

    32Es habitual asociar la mística a determinado romanticismo; en concreto aquél que concibe la poesía como revelación mística o en una vía ascética hacia la consecución de la belleza. Bécquer se inserta en esa línea. En otro lugar ya planteé su concepción y su deuda sanjuanista54. Sin duda Bécquer fue más sanjuanista que luisiano y en muchas ocasiones dichas influencias se fundieron. Martín Alonso55 afirmaba que en «Oda a la señorita Lenona, en su partida» (1852) se percibe el influjo de fray Luis y san Juan de la Cruz: «la música bellísima y sonora / la dulce melodía»56. En la rima LXII, al igual que en el agustino, la imagen de la luz (aquí amanecer) se opone a la de la noche, luz frente a sombra que, en Bécquer, se refieren al interior del poeta, y así cierra el poema: «¡Ay!, en la oscura noche de mi alma, / ¿Cuándo amanecerá?»57 La noche del alma es el símbolo de la oscuridad espiritual en la mística cristiana, que repite Bécquer: «Yo sé un himno gigante y extraño / que anuncia en la noche del alma una aurora»58; y otra referencia mística es el amanecer como símbolo de la iluminación espiritual, en medio de la oscura noche del alma:

    De la luz que entra al alma por los ojos
    los párpados velaban el reflejo;
    mas otra luz el mundo de visiones
    alumbraba por dentro
    59.

    33En la rima VIII (¡Cuando miro el azul horizonte / perderse a lo lejos) expresa ese algo divino que siente su alma y para ello se sirve de una técnica místico-ascética, la fusión —aquí— con la naturaleza divinizada, por ello se percibe cierto eco luisiano y sanjuanista. Así, también, en «Trozos poéticos de la adolescencia»: «el viento, que formaba, / en el vecino bosque dilatado, / un ruido manso, lento, compasado…»60. Bécquer usa los recursos expresivos propios de la ascética que desprecia lo mundano:

    Es un sueño la vida,
    pero un sueño febril que dura un punto.
    Cuando de él se despierta,
    se ve que todo es vanidad y humo
    61.

    34Sebold incide en la idea de camino ascético en Bécquer: «el fuerte tono ascético que tienen estos versos [rima LXVI]. […] el camino de la salvación se concebía como un continuo peregrinar subiendo por terrenos y cuestas pedregosos»62.

    Delecta iuventutis

    35Vicente Querol, al igual que fray Luis, resta mérito a sus poemas presentándolos como frutos de su adolescencia o juventud:

    Amigo, cedo al fin. Los que dispersos
    entregué al aire vano
    en mi edad juvenil fútiles versos
    63,

    36Este poema, «Carta al señor don Pedro de Alarcón acerca de la poesía», es una oda a la poesía, que es inspiración divina y, como muchos otros, se configura con fórmulas clasicistas:

    Valle escondido en la montaña umbrosa;
    llano cubierto con la mies dorada;
    pradera deleitosa;
    tarde apacible y soledad callada
    64;

    Conclusión

    37La presencia de motivos religiosos de fray Luis, junto a otros de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, fue más habitual de lo que cabría esperar de los poetas españoles del XIX, más dados a la originalidad que a la emulación de los modelos clásicos. Así, los tópicos místicos más conocidos fueron imitados con cierta asiduidad y simpleza, si exceptuamos a las primeras figuras, pero ello suponía un avance en la comprensión y asimilación de la mejor poesía mística, cuya esencia inefable tanto se valoraría posteriormente por el simbolismo, verdadero origen de la poesía contemporánea.

    Bibliographie

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    Format

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    Pedraza, Felipe y Milagros Rodríguez, Manual de literatura española. VI. Época romántica. VII. Época del realismo, Pamplona, Cénlit, 1982-1983.

    Pongilioni, Arístides, Ráfagas poéticas, prólogo Narciso Campillo, Cádiz, Librería de la Revista Médica, 1865.

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    Sebold, Russell P., «Introducción», en Bécquer, Gustavo Adolfo, Rimas, Madrid, Espasa Calpe (Clásicos Castellanos, nueva serie 22), 1991, pp. 9-157.

    Torres Nebreda, Gregorio, «La obra poética de Carolina Coronado», en Coronado, Carolina, Obra poética, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1993, vol. I, pp. 11-99.

    Vinent, Marcelina, Flores del alma, Mahón, Imprenta de B. Farregues, 1888.

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    —, Antología poética, ed. R. de la Fuente, Madrid, Espasa Calpe, 1993.

    Notes de bas de page

    1 Véanse, entre otros, Menéndez Pelayo, 1885 y Bocchetta, 1970.

    2 Cabanyes, Poesía.

    3 Alborg, 1988, p. 177, indica que Eugenio de Ochoa publicó tres tomos titulados Tesoro de escritores místicos españoles (1847) donde aparece fray Luis de León.

    4 Reyes, 1996, p. 443.

    5 Cannavagio, 1995, p. 41.

    6 Cabanyes, Poesía, p. 58.

    7 Navas Ruiz, 1991, p. 41.

    8 Pedraz y Rodríguez, 1982, p. 520.

    9 Marrast, 1970, p. 179.

    10 Cossío, 1960, p. 125, indica, en la cita, que la fecha de publicación de la revista era 1860 y la página 122.

    11 Pongilioni, Ráfagas poéticas, p. 17.

    12 Cossío, 1960, p. 689.

    13 Cossío, 1960, p. 716. Cossío reproduce a su vez la cita de Epistolarios, 1950, p. 120.

    14 Vinent, Flores del alma, p. 47.

    15 Martínez de la Rosa, Poesías, p. 83.

    16 Bécquer, Rimas, p. 308.

    17 Rivas, Obras completas, p. 305.

    18 Ynduráin, 1992, p. 99.

    19 Ynduráin, 1992, pp. 109,114-116 y 125.

    20 Fuente, 1993, p. 153.

    21 Arolas, 1982, vol. II, pp. 135-136.

    22 El Museo Universal, 1860, IV, no 5.

    23 Cossío, 1960, p. 730.

    24 Rivas, Obras completas, p. 12.

    25 Mora, Poesías, p. 100.

    26 Bermúdez de Castro, Ensayos poéticos, pp. 192-195.

    27 Cabanyes, Poesía, p. 31.

    28 Espronceda, El Diablo Mundo. El Pelayo. Poesías, p. 355.

    29 Ros de Olano, Poesías, p. 39.

    30 Romero Larrañaga, Poesías, p. 55.

    31 Castro, 1997, pp. 187-188.

    32 Espronceda, Obras completas, p. 101.

    33 Zorrilla, Antología poética, p. 156.

    34 Arolas, 1982, pp. 9 y 31 respectivamente.

    35 Arolas, 1982, p. 26.

    36 Pedraza y Rodríguez, 1983, p. 83.

    37 Montolí, 1996, p. 129.

    38 Campoamor, Obras completas, p. 342.

    39 Núñez de Arce, Poesías completas, pp. 218 y 223 respectivamente.

    40 Arnao, Ecos del Táder, pp. 46-47.

    41 Mora, Poesías, p. 111.

    42 Palenque, 1986, p. 45.

    43 Palenque, 1986, pp. 45-46.

    44 García Poesías, 1872, p. 59.

    45 García Poesías, 1872, p. 175.

    46 Cossío, 1960, p. 1292.

    47 Aguilar Piñal, 1968, p. 116.

    48 Véanse Coronado, 1993, pp. 15-16. Gómez de la Serna, Ramón, Mi tía Carolina Coronado, Madrid, Aguilar, 1953, «Biografías Completas», p. 921.

    49 Torres Nebreda, 1993, p. 58.

    50 Torres Nebreda, 1993, p. 63.

    51 Torres Nebreda, 1993, p. 296.

    52 Coronado, Obra poética, p. 299.

    53 Coronado, Obra poética, p. 317.

    54 Servera Baño, 1993, pp. 449-464.

    55 Alonso, 1972, p. 126.

    56 Bécquer, Páginas abandonadas, p. 61.

    57 Bécquer, Rimas, p. 309.

    58 Bécquer, Rimas, p. 183.

    59 Bécquer, Rimas, p. 328.

    60 Bécquer, Páginas abandonadas, p. 73.

    61 Bécquer, Rimas, p. 363.

    62 Sebold, 1991, p. 315.

    63 Querol, Poesías, p. 3.

    64 Querol, Poesías, p. 99.

    Auteur

    • José Servera Baño

      Universidad de las Islas Baleares

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    1 Véanse, entre otros, Menéndez Pelayo, 1885 y Bocchetta, 1970.

    2 Cabanyes, Poesía.

    3 Alborg, 1988, p. 177, indica que Eugenio de Ochoa publicó tres tomos titulados Tesoro de escritores místicos españoles (1847) donde aparece fray Luis de León.

    4 Reyes, 1996, p. 443.

    5 Cannavagio, 1995, p. 41.

    6 Cabanyes, Poesía, p. 58.

    7 Navas Ruiz, 1991, p. 41.

    8 Pedraz y Rodríguez, 1982, p. 520.

    9 Marrast, 1970, p. 179.

    10 Cossío, 1960, p. 125, indica, en la cita, que la fecha de publicación de la revista era 1860 y la página 122.

    11 Pongilioni, Ráfagas poéticas, p. 17.

    12 Cossío, 1960, p. 689.

    13 Cossío, 1960, p. 716. Cossío reproduce a su vez la cita de Epistolarios, 1950, p. 120.

    14 Vinent, Flores del alma, p. 47.

    15 Martínez de la Rosa, Poesías, p. 83.

    16 Bécquer, Rimas, p. 308.

    17 Rivas, Obras completas, p. 305.

    18 Ynduráin, 1992, p. 99.

    19 Ynduráin, 1992, pp. 109,114-116 y 125.

    20 Fuente, 1993, p. 153.

    21 Arolas, 1982, vol. II, pp. 135-136.

    22 El Museo Universal, 1860, IV, no 5.

    23 Cossío, 1960, p. 730.

    24 Rivas, Obras completas, p. 12.

    25 Mora, Poesías, p. 100.

    26 Bermúdez de Castro, Ensayos poéticos, pp. 192-195.

    27 Cabanyes, Poesía, p. 31.

    28 Espronceda, El Diablo Mundo. El Pelayo. Poesías, p. 355.

    29 Ros de Olano, Poesías, p. 39.

    30 Romero Larrañaga, Poesías, p. 55.

    31 Castro, 1997, pp. 187-188.

    32 Espronceda, Obras completas, p. 101.

    33 Zorrilla, Antología poética, p. 156.

    34 Arolas, 1982, pp. 9 y 31 respectivamente.

    35 Arolas, 1982, p. 26.

    36 Pedraza y Rodríguez, 1983, p. 83.

    37 Montolí, 1996, p. 129.

    38 Campoamor, Obras completas, p. 342.

    39 Núñez de Arce, Poesías completas, pp. 218 y 223 respectivamente.

    40 Arnao, Ecos del Táder, pp. 46-47.

    41 Mora, Poesías, p. 111.

    42 Palenque, 1986, p. 45.

    43 Palenque, 1986, pp. 45-46.

    44 García Poesías, 1872, p. 59.

    45 García Poesías, 1872, p. 175.

    46 Cossío, 1960, p. 1292.

    47 Aguilar Piñal, 1968, p. 116.

    48 Véanse Coronado, 1993, pp. 15-16. Gómez de la Serna, Ramón, Mi tía Carolina Coronado, Madrid, Aguilar, 1953, «Biografías Completas», p. 921.

    49 Torres Nebreda, 1993, p. 58.

    50 Torres Nebreda, 1993, p. 63.

    51 Torres Nebreda, 1993, p. 296.

    52 Coronado, Obra poética, p. 299.

    53 Coronado, Obra poética, p. 317.

    54 Servera Baño, 1993, pp. 449-464.

    55 Alonso, 1972, p. 126.

    56 Bécquer, Páginas abandonadas, p. 61.

    57 Bécquer, Rimas, p. 309.

    58 Bécquer, Rimas, p. 183.

    59 Bécquer, Rimas, p. 328.

    60 Bécquer, Páginas abandonadas, p. 73.

    61 Bécquer, Rimas, p. 363.

    62 Sebold, 1991, p. 315.

    63 Querol, Poesías, p. 3.

    64 Querol, Poesías, p. 99.

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    Servera Baño, J. (2013). Presencia de la poesía de fray Luis de León en los poetas españoles del siglo xix. In A. Bègue & E. Herrán Alonso (éds.), Pictavia Aurea. Toulouse: Presses universitaires du Midi. https://doi.org/10.4000/books.pumi.3348
    Servera Baño, José. « Presencia de la poesía de fray Luis de León en los poetas españoles del siglo xix ». In Pictavia Aurea, édité par Alain Bègue et Emma Herrán Alonso. Toulouse: Presses universitaires du Midi, 2013. doi:10.4000/books.pumi.3348.
    Servera Baño, José. « Presencia de la poesía de fray Luis de León en los poetas españoles del siglo xix ». Pictavia Aurea, édité par Alain Bègue et Emma Herrán Alonso, Presses universitaires du Midi, 2013, https://doi.org/10.4000/books.pumi.3348.

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    Bègue, A., & Herrán Alonso, E. (éds.). (2013). Pictavia Aurea. Toulouse: Presses universitaires du Midi. https://doi.org/10.4000/books.pumi.2505
    Bègue, Alain, et Emma Herrán Alonso, éd. Pictavia Aurea. Toulouse: Presses universitaires du Midi, 2013. doi:10.4000/books.pumi.2505.
    Bègue, Alain, et Emma Herrán Alonso, éditeurs. Pictavia Aurea. Presses universitaires du Midi, 2013, https://doi.org/10.4000/books.pumi.2505.
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