1 Véanse a propósito del concepto de las supersticiones en la Edad Media y la temprana Modernidad Bailey (2007), Blázquez Miguel (1985), Cardini (1982); Garrosa Resina (1987), Harmening (1979), Schmitt (1992: 84-85), Tuczay (2012), Vickers y Vigil Rubio (1990).
2 Véase para los «malos saberes» en el siglo XVI María José Vega (2015: 13): «En los catálogos de libros prohibidos que se promulgan y publican en Europa durante el siglo XVI, son varios los saberes malos, nocivos y dañosos que se mencionan expresamente por su nombre. Los índices romanos de 1557 y 1559 recogían en varios de sus asientos la interdicción in globo de la adivinación a partir de los cuatro elementos (la geomancia, la hidromancia, la piromancia, la aeromancia), al igual que de la onomancia, la quiromancia, la necromancia y la astrología judiciaria».
3 Véanse al respecto Boureau (2004) y González Fernández (2015: 117-128).
4 Véanse las ediciones bilingües de la Ciudad de Dios de Santamarta del Río & Fuertes Lanero (2006) y de Morán & García (1958) así como para la magia en la obra de san Agustín Graf (2002: 87-103).
5 Véase la edición bilingüe de las Etimologías de Oroz Reta y Marcos Casquero (2004).
6 Véanse las ediciones de la Suma teológica de Francisco Barbado Viejo et al. (1951-1955); la Suma contra los Gentiles de Francisco Barbado Viejo et al. (1952) y de la Opera omnia de Robert Busa (1980) así como sobre la magia en Tomás de Aquino Linsenmann (2000).
7 Sobre fray Martín de Castañega véanse Darst (1979: 298-322), González Amezúa (1958: 308-317), Granjel (1953), Ruiz de Larrínaga (1952: 97-108), Tausiet (1992: 139-148) y Zamora Calvo (2014: 185-200). Ediciones recientes del Tratado de las supersticiones y hechizerias son la de Muro Abad (1994) y la de Campagne (1997).
8 Véase Vitoria (1960).
9 Véanse para las Disquisiciones mágicas de Del Río (1612), la traducción por DuChesne (Del Río 1611), la traducción del Libro II al castellano por Jesús Moya (1991) y el estudio de Maxwell-Stuart con fragmentos traducidos al inglés (Maxwell-Stuart 2000).
10 Véanse Ayala Martínez (2004: 157-172), Ebersole (1962: 430-437), Flórez Miguel et al. (1990), García Castillo (1998: 363-370), Garma (1992: 547-560), Morgado García (1999: 13-14), Tausiet (1992: 139-148), Zamora Calvo (2005a: 77-80 y 2008: 781-797).
11 Véanse para la nigromancia Boudet (2006), Ogden (2001), Ogden (2010) y Tropper (1989).
12 Ejemplos paradigmáticos son las nigromantesas Medea de la Odisea homeriana y Ericto de la Farsalia de Lucano.
13 Véanse para la nigromancia en el teatro áureo Alonso Asenjo (1991: 91-105) y Lara Alberola (2014: 367-432).
14 Con respecto a la lengua de aquellos tratados se puede constatar que la mayor parte estaba redactada en latín –como correspondía a una materia de difusión restringida–, pero que sobre todo en el siglo XVI surgen cada vez más textos en lengua vernácula. Confirma María Jesús Zamora Calvo (2005b: 454): «Paulatinamente se percibe cómo los tratados que versan sobre la magia comienzan a redactarse en castellano, francés, portugués, italiano, alemán, etc.; con ello lo que se pretende es acercar el contenido de dichos libros a un número más amplio de lectores, donde quedan ya incluidos los comerciantes, los banqueros y las mujeres, es decir, estamentos sociales ajenos a la nobleza y al clero que sienten inquietud cultural; de ahí que decidan hacerse con una serie de conocimientos para opinar por sí mismos».
15 El método de Isidoro, analizado por Merrills (2013: 301-324), propio del mundo clásico, resulta interesante como resumen del conocimiento clásico sobre la materia, pero no incorpora reflexiones o creencias contemporáneas.
16 «[...] cuando se emplea la sangre y se interroga a los infiernos, se llama en griego νεκρομαντεία. Bien se llame hidromancia, bien necromancia, es lo mismo, porque en una y otra aparece la adivinación por los muertos» (Agustín de Hipona, «Libro VII. La teología civil y sus dioses», eds. José Morán y Felix García 1958: 506).
17 Véanse para la biografía de Ciruelo Delgado (2005: 37-49), Delgado y Lauble (2008: 11-12) y Zamora Calvo (2014: 188-190).
18 Véanse para los textos matemáticos y lógicos Ayala Martínez (1993: 89-99) y Lorente y Pérez (1921).
19 «El prestigio del maestro Pedro S. Ciruelo fue enorme entre sus compañeros y discípulos, a juzgar por los actos de responsabilidad académica que le confiaron las autoridades académicas. Estas le encargaron la Oración fúnebre en las exequias del Cadernal [sic] Cisneros (1517) y, posteriormente, en las de Antonio Nebrija. En el año 1527 asistió a las Juntas teológicas de Valladolid convocadas por el Emperador Carlos V para discutir la ortodoxia de Erasmo de Rotterdam» (Ayala Martínez 1993: 88-89).
20 Véase Herrero Ingelmo (2003: 191-193).
21 «Prueba temeraria de su inocencia que hacía alguien exponiéndose a un grave peligro, en la confianza de que Dios lo salvaría» (DLE).
22 Se imprime en 1491 en las prensas burgalesas de Fadrique Alemán. Acerca de los manuales de confesión véanse Blanco (2014: 43-56), Framiñán de Miguel (2005: 247-268), Morgado García (1997: 119-148) y Vanina Neyra (2006: 215-226).
23 La crítica en varias ocasiones ha señalado que el libro rápidamente se convirtió en una forma de ‘vademecum’, véase Delgado (2008: 13): «Obwohl Ciruelos Traktat weniger gelehrt und weniger reich an Informationen als das umfangreiche Werk von Martín del Río ist, gibt es für Menéndez Pelayo in Spanien kein anderes Buch zu diesem Thema, das einen solchen historischen Wert hat: erstens weil es in der Volkssprache geschrieben ist und darin ausschließlich die Situation in Spanien behandelt wird. Zweitens weil es ausdrücklich den Prälaten sowie den kirchlichen und weltlichen Richtern gewidmet wurde, um ihnen zu bedeuten, dass Wachsamkeit nötig sei und Handlungsbedarf bestehe; Kleriker und Laien, die von Amts wegen mit Aberglauben und Zauberei befasst waren, benutzten es daher als eine Art Vademecum».
24 Véase Ciruelo, ed. Herrero Ingelmo (2003: 72-73).
25 Véase a propósito de la legitimidad de la quiromancia Gernert (2014: 105-128).
26 Ciruelo cesa la primera parte de su tratado con la afirmación de que las supersticiones se pueden dividir en cuatro manifestaciones principales (Ciruelo 2003: 73).
27 Véase Ciruelo, ed. Herrero Ingelmo (2003: 76-77).
28 Se aproxima a una postura escéptica que Cervantes presenta en alguna de sus obras y comienza a difundirse por autores como Pedro de Valencia; véase el artículo de García López (2015: 129-139).
29 Para la relación entre tratados antisupersticiosos y literatura contemporánea, véanse Delgado (2005: 37-49), Lara Alberola (2015) y Ortiz y Rodríguez (2007).