El documental La memoria rebelde (2012) de Julio Diamante y la reescritura de la historia
p. 155-165
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Palabras claves : Cine, Documental, Memoria, Guerra Civil, Franquismo, Democracia
Texte intégral
1Al ser entrevistado por el director José Luis Peñafuerte en el documental Los caminos de la memoria (2009) que evocaba la localización y la excavación de las fosas del franquismo, Jorge Semprún señalaba que España seguía siendo un país curioso y bastante esquizofrénico. A pesar de la normalidad de la vida política según los valores democráticos que eran los valores de los vencidos de la Guerra Civil, los vencedores, los franquistas, dominaban todavía la memoria colectiva. El viejo luchador antifranquista lamentaba que quedase todavía «un rescoldo, un recuerdo de la dominación absoluta sobre la memoria del pueblo».
2Él mismo, a finales del franquismo, con Las dos memorias (1972), documental en el que daba la palabra a los sobrevivientes de los bandos enfrentados en la guerra, había intentado avanzar en el conocimiento de la verdad histórica. Fue seguido por el ingente trabajo de Jaime Camino con La vieja memoria (1979) y si nos limitamos a otros documentales que expresaban en el mismo título la preocupación por aspectos olvidados del pasado, podemos citar La memoria del horror (Más allá de la alambrada) (2005) de Pau Vergara sobre el exterminio de miles de republicanos en Mauthausen, o La memoria perdida (2008) de Albert Solé, una obra maestra ganadora, en enero de 2009, del Goya al mejor largometraje documental.
3La ambición de Julio Diamante Stilh, compañero de lucha, entre otros, de Jorge Semprún, se inscribe en la misma perspectiva. A partir de la propia experiencia y los testimonios de compañeros de la lucha antifranquista, de su «quinta», algunos ya fallecidos desde el momento del rodaje (Santiago Carrillo, Rafael Azcona, José Antonio Labordeta, Jorge Semprún, Javier Pradera), ha tratado de elaborar una memoria crítica, una memoria «rebelde» de los acontecimientos que marcaron la historia de su país desde la proclamación de la Segunda República hasta la Transición Democrática. Se trataba de reescribir la historia desde la perspectiva de los defensores de la democracia y así se expresaba en la presentación, en mayo de 2011, de lo que era todavía «un trabajo en proceso», en DOCUMENTA, el Festival Internacional de Documentales de Madrid:
Es necesario un revivir de la memoria ya que durante cuarenta años nuestra historia fue escrita casi exclusivamente por los golpistas vencedores que se encargaron de disfrazar y tergiversar los hechos. Pero, incluso después de la muerte de Franco, plumas y voces simpatizantes de la dictadura nacional-catolicista han continuado alimentando una versión deformada y deformante de la República, de la Guerra Civil y de la era franquista.
4Veremos que los ejes que estructuran la película son esencialmente la reivindicación de los valores de la Segunda República y la denuncia del «auténtico genocidio que significó el triunfo de los golpistas1». También se acusa duramente a la Iglesia católica de haber sido cómplice de los crímenes de la Dictadura y se recuerda que la Monarquía que se impuso a la muerte del Caudillo carece de toda legitimidad democrática.
1 Una película coral
5Conviene precisar que La memoria rebelde tiene dos versiones. Existe una versión larga, como serial, dividida en cuatro capítulos de algo más de una hora cada uno:
1—La Segunda República y la Guerra Civil (14 de abril de 1931-1° de octubre de 1939)
2—Los primeros años de la posguerra (1939-1956)
3—La posguerra continúa (1956-1975)
4—La Transición (1975…)
6Estos cuatro episodios han sido resumidos en la película prevista para la proyección en los cines que tiene una duración de un poco más de dos horas (127 minutos), y que es la que se presentó en la Filmoteca Nacional en Madrid en febrero de 2013. Se ha respetado la progresión cronológica y Julio Diamante, con un minucioso trabajo de montaje, ha ido engarzando los fragmentos de las entrevistas grabadas con diecinueve testigos de los hechos que comentan y cuya lista por orden de aparición se proyecta después del título: Carlos Jiménez Villarejo, José Antonio Martín Pallín, Rosa Regás, Santiago Carrillo, Marcos Ana, Gonzalo Puente Ojea, José María Díez-Alegría, Rafael Azcona, Armando López Salinas, Nicolás Sartorius, Luis Otero, José Antonio Labordeta, Pilar Bardem, Ana María Matute, Jorge Semprún, Javier Pradera, Alberto Iniesta, Francisco García Salve y Ramón Valcárcel.
7Se dice que todas estas personalidades «conversan» con Julio Diamante cuyo nombre se destaca en letras rojas en la pantalla, y este verbo que implica la familiaridad en el trato expresa perfectamente el tono de esta película coral en la que el director, que también aparece en la pantalla, sea solo, sea en compañía de sus interlocutores, se pone a su nivel rechazando todo protagonismo.
8En la presentación de la película en la Filmoteca de Madrid, el director declaró que todos intervenían «con sus recuerdos, pensamiento y sentimientos». El respeto por el interlocutor se traduce en la manera de filmar ya que siempre se escoge un ángulo de toma que sitúa al que habla con el director al mismo nivel, huyendo de todo contrapicado enfático o al contrario de un picado «miserabilizador», según la expresión del maestro Berlanga. Aunque aparece en la pantalla, más o menos brevemente a lo largo de toda la película, Julio Diamante no se sitúa aquí en la línea de los documentales en primera persona que se centran principalmente en la figura del propio director. Sabemos que se trata de una corriente actual y que últimamente son numerosos los cineastas que ya no respetan la vieja regla que dictaba que debían permanecer detrás de la cámara. En España, el primer documental histórico y verdaderamente autobiográfico en el que coinciden el director, el narrador y el personaje parece ser Bucarest, la memoria perdida (2008) de Albert Solé. También aparece esta dimensión autobiográfica en el primer film de Luis Miñarro, Family Strip (2009), y en algunos de los últimos trabajos de Lorenzo Soler como, por ejemplo, El poso de los días (2009), un documental experimental, de carácter fragmentado y en el que ha reunido, a modo de diario, una mezcla de pensamientos y observaciones personales.
9Motivos hubiese tenido Julio Diamante para evocar su propia vida que empezó prácticamente con la Segunda República, en diciembre de 1930, y que muy pronto le situó en el bando de los defensores de la libertad. Ya de niño —tenía nueve años cuando terminó la Guerra Civil— sabía muy bien cómo eran las cárceles del franquismo ya que iba con su madre a visitar al padre, Julio Diamante Cabrera, y al abuelo, Julio Diamante Menéndez. Ambos habían defendido la legalidad republicana y fueron condenados, según la terminología de los tribunales de la época, por «auxilio a la rebelión». El abuelo murió en la cárcel en 1945 y el padre que era Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y que había participado en la batalla del Ebro como Mayor Jefe del Batallón de Puentes, fue, en ese mismo año, puesto en situación de «libertad vigilada». Separado del cuerpo de ingenieros no fue reintegrado hasta 1971.
10Más tarde el propio Julio Diamante Stilh también estuvo en la cárcel durante los años de la Universidad, en 1956, a consecuencia de su papel en la organización de las manifestaciones de febrero contra el Sindicato Español Universitario. En la película el director concede una gran importancia a estas manifestaciones estudiantiles en las que afirma haber desempeñado un papel fundamental al haber sido, ya en 1954, uno de los organizadores, al margen del SEU, el sindicato oficial dominado por la Falange, del Congreso Universitario de Escritores Jóvenes que debía celebrarse en noviembre de 1955. Nunca se celebró, pero sirvió de pretexto para que los estudiantes más inquietos pudiesen reunirse. Lo que sí se montó fue un homenaje laico a José Ortega y Gasset, fallecido en octubre de 1955. En enero de 1956 Julio Diamante fue uno de los firmantes de una carta dirigida al Ministro de Educación pidiendo la convocatoria de un congreso nacional de estudiantes formado por delegados libremente elegidos lo que hubiese provocado la desaparición del SEU. El Ministro no se dio por enterado pero, después de los incidentes del 9 de febrero, se desencadenó la represión y se encarceló a los dirigentes del movimiento estudiantil.
11La importancia concedida por el cineasta a estos incidentes se traduce en la estructura misma del documental. En la versión como serial, en cuatro capítulos, la fecha de 1956 aparece como un hito en la evolución del franquismo y es la que separa el segundo capítulo, titulado Los primeros años de la posguerra (1939-1956) del tercer capítulo, La posguerra continúa, que abarca el período que va de 1956 a la muerte del Caudillo en 1975. Una explicación convincente de la importancia de los acontecimientos de 1956 la pone Julio Diamante en boca del abogado de origen aristocrático Nicolás Sartorius, cofundador del sindicato Comisiones Obreras y excompañero de la Universidad:
Fue la reconciliación en la calle entre los hijos de los vencedores (como yo) y los hijos de los vencidos. [...] La reconciliación en términos sociales de la gente que empieza a enfrentarse a la Dictadura fue en el 56, en la calle San Bernardo. [...] Estábamos codo con codo, luchando contra lo mismo, que era la Dictadura.
12Otro detalle que confirma la importancia concedida a 1956 es la inclusión en la película de un fragmento filmado en otro contexto, probablemente en el acto organizado en febrero de 2006 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de Madrid para celebrar el 50 aniversario de los movimientos estudiantiles de 1956. Jorge Semprún, que fue quien pronunció la conferencia inaugural, aparece en la imagen con una camisa blanca y se refiere, entre otros, a Julio Diamante Stilh que está entre el público, sentado en una de las primeras filas, recordando su papel. Inmediatamente después de estas imágenes de archivo, Julio Diamante, por primera vez, se filma frontalmente a sí mismo, mirando a la cámara y alternando unos planos medios con primeros planos en los que su rostro ocupa toda la pantalla como si quisiera dar más credibilidad, más fuerza a su discurso:
El año 56 fue un año fronterizo dentro de la posguerra española y lo fue en buena parte por los graves incidentes ocurridos en la Universidad de Madrid. Incidentes de tal gravedad que provocaron que se decretara por primera vez en el franquismo el estado de excepción. Los sucesos de 1956 están originados en gran medida por la creación, en 1954, del Congreso Universitario de Escritores Jóvenes que fue la plataforma legal que inventamos los estudiantes para combatir el Sindicato Español Universitario, el SEU, que era el instrumento que el régimen había inventado para el control de la Universidad.
13En este fragmento se establece cierto distanciamiento con el espectador al mostrar el dispositivo de «fabricación» de la película dejando ver, por ejemplo, otras pantallas con imágenes de otras entrevistas ya grabadas y a la espera de la fase de montaje. Pero al mismo tiempo y de manera opuesta, Julio Diamante, que también es un hombre de teatro y un excelente actor ocasional, tiende a acercarse al espectador, cuidando la dicción y hablando con una voz pausada y cálida, en tono ameno. Podría decirse que esta elocuencia se basa en lo que el teórico francés Michel Chion ha llamado «la voz yo» («la voix ‘je’»), es decir
[...] no sólo la voz que dice yo como en una novela... sino que, para conseguir la identificación del espectador, es decir para que éste la haga más o menos suya, debe encuadrarse y grabarse de manera que pueda funcionar como eje de identificación2.
14Bien sabe por otra parte el director que, como dijo Agnès Varda, «si uno quiere mirar a los espectadores, hay que mirar a la cámara3». Julio Diamante ha vuelto a filmarse a sí mismo, de manera más breve en otros momentos. Por ejemplo, ya hacia el final, después de una secuencia que recoge un largo parlamento de Ramón Sáez Valcárcel contra la monarquía, aparece en la pantalla para resumir la intervención de su interlocutor: «Como la República fue el último gobierno legítimo, parece que hubiera sido necesario plantear la alternativa: República/Monarquía».
15Más tarde, ya en los últimos momentos de la película, vuelve a hablar a la cámara, filmado de tres cuartos y dirigiéndose a un interlocutor que a posteriori resultará ser Pilar Bardem. Se nota que le mueve la indignación: «Recuerdo las palabras de Manuel Azaña diciendo ‘Paz, Piedad, Perdón’. Contrasta la humanidad con la que se expresaban los republicanos con la ferocidad con que se expresaban los golpistas.»
16En cualquier caso, Julio Diamante es muy discreto en el uso de su propia imagen. Salvo los pocos momentos en los que aparece solo en la pantalla para dar su opinión, apenas se le ve en unos planos breves, casi siempre silencioso, como contrapunto visual a la persona a la que está escuchando. El uso de planos de conjunto en las largas conversaciones con Santiago Carrillo (el entrevistado al que más tiempo se dedica en la pantalla) donde aparecen los dos sentados en sendos sillones puede ser una manera de expresar, por la escala del plano escogida, su proximidad y cierta familiaridad. Esta familiaridad también aparece con Marcos Ana, con el guionista Rafael Azcona y con la actriz Pilar Bardem, que son hasta cierto punto compañeros de profesión. Con Rafael Azcona es, por otra parte, el único momento en el que no puede dejar de sonreír el director al recordar el disparate de las consignas que se encontraban en los libros de formación política y religiosa. Filmándose a sí mismo con un libro del bachillerato, lee entonces las recomendaciones que se daban a los jóvenes para que se alejaran del pecado. Parte del texto que va leyendo aparece al mismo tiempo en la pantalla en un primer plano de la página donde se puede leer que conviene alejarse de las malas compañías, de los bailes inmodestos y también de los espectáculos. El teatro moderno se define como «escuela de profunda depravación» y el cinematógrafo como «todavía más peligroso» por ser «más sugestivo».
17Si nos fijamos ahora en la lista de las diecinueve personalidades que intervienen en esta película coral además del propio director, podemos ver que la mayoría son aproximadamente, como ya se dijo, de su «quinta». Como él mismo, nueve nacieron en los años treinta [el sindicalista y excura obrero Francisco García Salve (1930-2016), el cofundador de la Unión Militar Democrática, Luis Otero (1933-2018), la escritora Rosa Regás (1933), el editor y periodista Javier Pradera (1934-2011), el exfiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo (1935), el cantautor y político José Antonio Labordeta (1935-2010), el magistrado del Tribunal Supremo, José Antonio Martín Pallín (1936), el abogado y cofundador de Comisiones Obreras Nicolás Sartorius (1938) y la actriz Pilar Bardem (1939)].
18Nueve nacieron antes de 1930. El más anciano es el jesuita expulsado de la orden, José María Díez-Alegría (1911-2010), seguido del exsecretario general del PCE, Santiago Carrillo (1915-2012), el poeta Marcos Ana (1920-2016), Monseñor Alberto Iniesta (1923-2016), el escritor y político Jorge Semprún (1923-2011), el diplomático y exembajador en el Vaticano, Gonzalo Puente Ojea (1924-2017), la escritora Ana María Matute (1925-2014), el escritor Armando López Salinas (1925-2014) y el guionista Rafael Azcona (1926-2008). Únicamente el magistrado de la Audiencia Nacional Ramón Sáez Valcárcel es claramente más joven. Todas estas personas que han aceptado participar en la película «en un intento de colaborar a un conocimiento más auténtico de ese largo y esencial período de la vida de España que va de 1931 a la actualidad», son personas afines al director que han luchado contra el franquismo para tratar de alcanzar una auténtica democracia.
2 La reivindicación de los valores de la Segunda República
19Las dos personalidades que aparecen primero defendiendo la excelencia de la Segunda República son los dos juristas, Carlos Jiménez Villarejo y José María Martín Pallín, que presentan la Constitución de la República Española de 1931 como «uno de los modelos más avanzados en la Europa de la época» e «impecablemente democrática». Toda la película se basa en un riguroso esfuerzo de documentación y en la selección de imágenes (generalmente fotos) que apoyan el discurso de los personajes y le dan una mayor credibilidad. La brevedad de los planos interpolados permite mantener un ritmo ágil y lograr que la película, siendo didáctica en el mejor sentido de esta palabra, no sea nunca aburrida.
20Por ejemplo, mientras se oye en los primeros minutos a Carlos Jiménez Villarejo y luego a José María Martín Pallín afirmar la excelencia de la Constitución de 1931, «como reconoce cualquier constitucionalista imparcial», aparece, ocupando toda la pantalla, la cubierta de un ejemplar del libro que reproduce los colores de la bandera republicana. Luego se abre en la primera página y se puede leer en la pantalla, en un primer plano, el «Título preliminar» y las «Disposiciones generales». El artículo 1º reza por ejemplo que «España es una República democrática de trabajadores de toda clase que se organizan en régimen de Libertad y de Justicia».
21Inmediatamente y por contraste, en cuanto José María Martín Pallín evoca el «Golpe Militar», se suceden varias fotos en blanco y negro de los sublevados, mostrando a Franco con los generales sediciosos primero, y luego con Hitler y haciendo el saludo fascista. En la banda de sonido se confirma que Franco tenía ideas fascistas y era un admirador de Hitler y Mussolini. Cuando se vuelve a la República, ensalzada por Carlos Jiménez Villarejo que recuerda en un denso parlamento todo lo que aportó (el progreso social, el progreso cultural y el progreso económico, y la generalización de derechos civiles que hasta ese momento no existían en España), se muestra la primera foto en la que se ve a mujeres votando. En efecto, conceder el derecho de voto a las mujeres fue una de las medidas emblemáticas de la Segunda República y Julio Diamante ha querido hacer hincapié en ello. Por eso muestra luego más fotos de las mesas electorales con una presencia masiva de mujeres, entre ellas algunas monjas. En la banda de sonido se recuerda que luego vino también «el reconocimiento del divorcio y del aborto en determinadas circunstancias».
22Con una capacidad de síntesis sorprendente, la tercera que toma la palabra es Rosa Regás, filmada en la Biblioteca Nacional, en su despacho de directora, para afirmar que con la República tuvo España «la mejor escuela pública en toda su historia» y demostró la firme voluntad de llevar la cultura «a los lugares más escondidos de la geografía española». Para apoyar esta afirmación se muestran fotos de varias aulas e incluso una con un maestro montado en un mulo que se refiere sin duda a la labor de las Misiones Pedagógicas. También, sin que se indique su procedencia, se muestran fotos de una de las giras de la Barraca que con Federico García Lorca dio funciones de teatro en los pueblos. Más tarde, cuando habla Marcos Ana de su participación, muy joven, en la guerra, no puede dejar de recordar la impresión que recibió al ver la labor cultural que se llevaba hasta en el frente, donde Rafael Alberti iba a leer sus poemas y María Teresa León impulsó y participó en Las Guerrillas del Teatro, que desarrollaron una intensa labor de agitación y propaganda en los frentes y en la retaguardia.
23Conviene tener presente que, en esta película, se pretende desmontar el relato del franquismo que se ha impuesto durante demasiados años y por eso es importante también la reflexión de Rosa Regás, quien recuerda que «en los años de la Dictadura se intentó sepultar en el olvido los logros de la Segunda República, en aras sobre todo de justificar su propio golpe de Estado». La misma idea defiende, hacia el final, el brillante magistrado Ramón Sáez Valcárcel cuando afirma que el relato del franquismo
[...] engarza la República, vista como un período de caos, con la guerra como un hecho terrible, pero como un enfrentamiento fratricida y que, por lo tanto, oculta que hubo un golpe de Estado de gran parte del Ejército, de los aparatos policiales, con la complicidad de la oligarquía y de la Iglesia. Fue un hecho criminal, fue el hecho fundante del Estado.
3 Los crímenes de la Dictadura con la complicidad de la Iglesia Católica
24Conforme a la progresión cronológica que sigue la película, después de la evocación de la Segunda República se pasa a la de la Guerra y la Dictadura con la primera intervención de Santiago Carrillo. El viejo militante recuerda que procedía de una familia socialista y que, con sólo diecinueve años, llegó a ser, en 1934, Secretario General de las Juventudes Socialistas. Como miles de jóvenes de aquella época, entre ellos Marcos Ana, se hizo del Partido Comunista cuando la situación se radicalizó. Durante la República, el máximo representante de la oligarquía era Juan March, que conspiraba descaradamente y fue quien financió el vuelo famoso del Dragón Rapide, el avión histórico que llevó al general Francisco Franco desde la base de Gando (Canarias) a Marruecos, al inicio de la Guerra Civil. Armando López Salinas, diez años más joven que Carrillo, recuerda la terrible represión cuando cayó Madrid en manos de los golpistas, la llegada de los moros, las cárceles, la prostitución por hambre, etc. Es el único que se refiere a los anarquistas al recordar que su padre era amigo de Durruti y de los Ascaso.
25La tesis defendida en la película es que, acabada la guerra, nunca vino la paz. Afirma Martín Pallín que se persiguió «un refinado propósito que era el aniquilar físicamente a la mayor parte de los enemigos políticos posibles y al mismo tiempo crear un clima de terror entre los vencidos». José Antonio Labordeta recuerda que su padre entonces lo matriculó en un colegio alemán que había en Zaragoza y sobre el cual ondeaba una bandera nazi para que se olvidaran de que procedía de una familia de izquierdas. Nicolás Sartorius define la «llamada paz de Franco como la guerra por otros medios». Recuerda que «es un régimen que empieza fusilando y termina fusilando. Es decir, siempre fusiló. En septiembre de 1975, cuando quedaban dos meses para el fallecimiento del dictador fusiló otra vez». Entre los crímenes que tuvieron una gran repercusión mediática están las muertes de Julián Grimau y de dos anarquistas: Francisco Granado y Joaquín Delgado, a los que dieron garrote vil sabiendo que eran inocentes. Como símbolo siniestro de esta terrible represión franquista que sigue matando muchos años después del final de la guerra, se muestra entonces una foto del garrote vil que estaba en los sótanos de la cárcel de Carabanchel.
26Como buen jurista Carlo Jiménez Villarejo afirma que era tal la ausencia de garantías que «todas las sentencias que dictaron los tribunales militares se deben considerar como nulas, nulas de pleno derecho, radicalmente nulas» ya que no eran verdaderos tribunales, sino «órganos de represión al servicio del poder militar faccioso». Por eso se extraña de que al cabo de tantos años «todavía sigan conservando validez las sentencias dictadas por esos consejos de guerra».
27Las tres únicas mujeres entrevistadas por Julio Diamante, Rosa Regás, Pilar Bardem y Ana María Matute, denuncian también la violencia que se cebó especialmente en ellas. Rosa Regás cuenta que se dio cuenta del papel que debía representar la mujer en aquella sociedad cuando hacía el Servicio Social: «Estábamos hechas para obedecer, consentir en todo lo que el marido quisiera, incluso las brutalidades que nos pudiera pedir en la cama. Si nos pegaba, teníamos que tener paciencia, santa paciencia». Al no existir el divorcio, la mujer sólo podía separarse, pero los hijos se quedaban con el padre, y no con la madre, como le pasó a Ana María Matute que por ello confiesa haber sufrido mucho. En cuanto a Pilar Bardem, lamenta que para conseguir la separación eclesiástica, tuviese que pasar por «un interrogatorio morboso, sucio, basado en el sexo, en cosas de su intimidad sexual que no tenía por qué contar». Rafael Azcona también denuncia la obsesión de la Iglesia con el sexo considerado como algo diabólico y habla de un clima «morboso, sucio, obsceno» con unas confesiones terribles que atemorizaban a los niños. Rosa Regás acusa duramente a la Iglesia católica «que compartió el poder fascista de una manera total» y dio a los niños de su generación «una infancia de tortura, una infancia con la que los libros de Dickens se quedan cortos». Rafael Azcona vuelve sobre el tema y recuerda a unos curas esperpénticos que en la posguerra recorrían los pueblos que ellos consideraban como «tierra de misiones», amenazando a la gente con todos los males posibles.
28El primero que en la película arremete de manera vehemente contra la Iglesia católica es Gonzalo Puente Ojea, que la acusa de haber traspasado a los golpistas «su ideología brutal de verdad absoluta» decretando que «todos los demás no tienen derecho a la vida». Después de una serie de fotos de archivo en blanco y negro que delatan la complicidad de los obispos con los militares, vuelve a denunciar que fue la Iglesia «un condicionante y un elemento decisivo desde el punto de vista de la conformación ideológica». La Iglesia fue, según él, la que «azuzó las ansias de revancha, el aplastamiento total de la libertad de todo, de expresión, de cátedra, de prensa».
29La misma vehemencia muestra Carlos Jiménez Villarejo al declarar que «eso que se llamó nacionalcatolicismo fue en definitiva el componente esencial de la Dictadura e incluso de su justificación y supervivencia». Recuerda también que hay testimonios documentados de que «la Iglesia participó activamente en la represión mediante delaciones, mediante colaboración con patrullas y con milicias para situar a las personas fieles a la República ante los pelotones de fusilamiento».
30Otra manera de reprobar el papel nefasto de la Iglesia durante la Guerra y la Dictadura es dando la palabra a algunos disidentes que tuvieron el valor de oponerse a la jerarquía. El primero es el jesuita José María Díez-Alegría, ya muy mayor cuando conversa con Julio Diamante, que reconoce que el conjunto de la jerarquía era demasiado conservador: «En lo social era una Iglesia muy favorable a los ricos, una calamidad desde el punto de vista del Evangelio.» Más tarde interviene Alberto Iniesta, «el obispo de Vallecas», que recuerda que por irse a vivir con los más humilde recibió el apodo de «obispo rojo», calificativo negativo entonces para muchos católicos que lo consideraban como ateo y comunista. En cuanto a Francisco García Salve, excura obrero que estuvo preso en la Prisión Central Provincial de Zamora, destaca que esta «cárcel concordatoria» ideada por la jerarquía fue la primera cárcel en el mundo, sólo para curas.
31Por otra parte, el director también muestra muy claramente que, a medida que iba pasando el tiempo, se distanciaba cada vez más esta jerarquía de la Iglesia que apoyó a Franco hasta el final, de los movimientos cristianos de base que llegaron a colaborar en la oposición con el Partido Comunista. Santiago Carrillo recuerda que hubo una corriente cristiana en el interior del Partido, simbolizada, entre otros, por el famoso Padre Llanos que llegó a ser un activista con carné en el Pozo del Tío Raimundo.
32Si hubo eclesiásticos disidentes como los tres que fueron entrevistados por Julio Diamante, está claro que en el Ejército no se toleró la más mínima divergencia. Como lo explica el coronel Luis Otero Fernández, cofundador de la Unión Militar Democrática, ésta sólo pudo nacer cuando ya se estaba acabando la Dictadura y siguiendo los pasos de las fuerzas armadas portuguesas después del 25 de abril de 1974.
4 Con la muerte de Franco no acabó la Dictadura
33El guionista Rafael Azcona no recuerda muchas muestras de alegría cuando murió el Dictador. Por una parte, piensa que fue porque la gente estaba ya cansada de tanto esperar y, por otra, porque no quedaba claro que eso significase el final del franquismo.
34Nicolás Sartorius, que sí reconoce haberse alegrado y mucho, insiste en puntualizar que «con Franco no acabó la Dictadura». Se tardó hasta abril del 77 para la legalización del Partido Comunista y hubo un período muy duro con el gobierno de Arias Navarro primero, y luego Adolfo Suárez, con represión violenta de las manifestaciones y muchas detenciones. Ramón Sáez Valcárcel resume la situación en una frase lapidaria: «Muerto el Dictador, la represión continúa». Se recuerda la matanza de los abogados laboralistas en enero de 1976 y poco después, en el mes de marzo, otro crimen que quedó impune, el asesinato de varios obreros que se habían encerrado en una iglesia de Vitoria. Santiago Carrillo, acompañado por su eterno cigarrillo, defiende la transición que se hizo entonces «buscando un compromiso con los reformistas del franquismo» y piensa que, de lo contrario, se hubiera vuelto a crear «un bloque franquista» y «las fuerzas reaccionarias hubieran continuado a perpetuarse». Se le nota emocionado cuando evoca la larga entrevista (seis horas) que tuvo con Adolfo Suárez y sorprende que declare haber notado entonces que éste «tenía una cierta debilidad por la izquierda y que era más bien un hombre de centro izquierda».
35La tesis que se defiende en la película no parece coincidir con la opinión del viejo militante que sigue declarándose satisfecho del Pacto de la Moncloa, «fundamental para la consolidación del proceso político de transición». En efecto, se oye luego la opinión totalmente contraria de Gonzalo Puente Ojea, quien afirma que «fue todo menos una transición democrática» y que «ha sido el gran fraude nacional de cómo tenían que resolverse cuarenta años de Dictadura». Afirma que «en vez de nombrar a dedo una ponencia constitucional de siete personas» se debiera haber elegido unas Cortes Constituyentes y prever un referéndum sobre la forma de gobierno. Subraya que no se trataron dos temas básicos: el de la Jefatura del Estado y el del estatuto de la Iglesia y considera que «la continuidad de la monarquía viciaba todo el proceso».
36La misma idea defiende Ramón Sáez Valcárcel afirmando que «la monarquía no es un deseo del sujeto colectivo, sino que es impuesta por el aparato ilegal del Estado franquista». En una breve intervención frente a la cámara, Julio Diamante recuerda que «hubiese sido necesario plantear la alternativa República/Monarquía».
37Otro tema polémico que surge hacia el final de la película es el de la validez de la Ley de Amnistía para los crímenes de la Guerra y la Dictadura. Ramón Sáez Valcárcel opina que se puede impugnar y que, frente al relato que se ha impuesto, «la democracia la trajeron los demócratas que lucharon por los derechos y por las libertades». Insiste en dejar bien claro que, en nada se corresponde con la historia, el relato que habla de «un viejecito autoritario y cascarrabias que propició el sistema democrático en que vivimos y la prosperidad en la que estamos». Por eso, Nicolás Sartorius insiste a su vez en la importancia de la memoria y lo nocivo que sería el olvido de la tragedia que fue la Dictadura: «la cultura democrática se hace sobre el conocimiento de lo espantosas que son las dictaduras».
38Ese espanto saludable se apoya en cifras terribles con la intervención de Carlos Jiménez Villarejo, quien afirma que
[...] según datos obtenidos de fuentes oficiales del Estado franquista, en el año 40, había en las prisiones españolas cerca de 300.000 presos políticos y que, del 39 al 44, murieron fusilados o murieron en las cárceles, cerca de 200.000 personas.
39Se trata en su opinión de un delito de genocidio «según el convenio de 1948 que entró en vigor en 1951», es decir de un crimen que no prescribe. Piensa por consiguiente que es una página que no se ha cerrado y que debe abrirse otra etapa de recuperación de la memoria histórica y de rehabilitación de las víctimas.
40Tampoco podían, afirma el exfiscal, entrar en la Ley de Amnistía las 30.000 personas que según cálculos del Consejo de Europa fueron ilegalmente detenidas y de cuya suerte no se ha sabido nunca más, y recuerda que «no se ha hecho la reparación de tanta represión, de tanto genocidio en definitiva».
41No deja, pues, de ser chocante que se siga exaltando a criminales de guerra en el callejero de ciertas ciudades y que siga existiendo en el Valle de los Caídos un monumento funerario al Dictador «causante de una de las mayores tragedias de la historia española y responsable directo del genocidio que se produjo durante la Guerra Civil y luego durante la Dictadura». Piensa que es simplemente «una bofetada directa al sistema democrático».
42La película acaba con el Himno de Riego cantado magníficamente por la soprano Gema Scabal en el Ateneo de Madrid, en «el 80 aniversario de la República y el 75 del Golpe de Estado».
43Como puede verse, esta «memoria rebelde» es, como dijo el crítico del País, Diego Galán, a propósito de otro documental, Los caminos de la memoria4, una «memoria caliente», es decir una memoria viva que no se limita a recordar lo espantoso que fue el pasado reciente de España sino que señala algunos problemas que quedan hoy por resolver para mejorar la democracia.
44Como lo afirma la «toná» que se oye al principio, el director, Julio Diamante, sigue siendo un militante que nada ha perdido de su espíritu combativo, que prefiere «no ser prudente, no callar» y demostrar con esta bella y rigurosa película que la memoria es efectivamente, como se anuncia, «un fruto agridulce que enriquece la historia» e influye sobre el futuro «que no puede ser ajeno a ella».
Notes de bas de page
1 Ésta es la expresión empleada por el cineasta en la sinopsis que acompañó la proyección de la película en el Cine Doré de la Filmoteca Española el 22 de febrero de 2013.
2 Michel Chion, La voix au cinéma, Paris, Éd. Cahiers du Cinéma-Éditions de l’Étoile, 1982, p. 48.
3 Agnès Varda, Varda par Agnès, Paris, Éd. Cahiers du Cinéma et Ciné Tamaris, 1994, p. 95.
4 Diego Galán, «Cámara oculta», El País, 30/04/2010.
Auteur
-
Emmanuel Larraz
Université de Bourgogne EA 4182 TIL
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Jade, or, porcelaine...
Objets précieux dans le monde chinois d’hier et d’aujourd’hui
Solange Cruveillé et Félix Jun Ma (dir.)
2021
Défense du statut de Tolède
Defensio statuti Toletani (1575)
Diego de Simancas Fabrice Quero (trad.)
2021
Figures de l'errance et du labyrinthe
Le mythe revisité
Myriam Carminati et Marie-Jeanne Verny (dir.)
2022
Parole démoniaque, discours diaboliques et vertige herméneutique dans l’Occident médiéval et moderne
Catherine Nicolas et Fabrice Quero (dir.)
2024
La Méditerranée et l’Espagne des frontières
Ruptures, transferts et passages (xve-xxie siècle). Hommage à la professeure Anita Gonzalez-Raymond
Léa Benichou, Raphaël Carrasco et Fabrice Quero (dir.)
2024
La memoria rebelde
El siglo xx español a la luz de los valores democráticos (1931-2013)
Adeline Chainais et Florence Belmonte (dir.)
2024
