Patrimonio y políticas de memoria en Cataluña: la memoria republicana de las izquierdas catalanas (2006-2011)
p. 61-80
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Palabras claves : Historia XX, Cataluña, Memoria, Patrimonio, Republicanismo, Izquierda
Texte intégral
Introducción
1Las memorias de un territorio son múltiples e interactúan, pueden solaparse, ser o no compatibles entre ellas y también combatirse o ser combatidas. La memoria es plural, aunque selectiva, eminentemente subjetiva, y no ajena a intereses varios, por lo que el riesgo que sufren de ser instrumentalizadas es evidente. La memoria colectiva no se destina únicamente al recuerdo del pasado sino también a la comprensión del presente y la construcción del futuro. Aunque el siglo XXI se ha impuesto como el siglo de recuperación de la «memoria histórica», la memoria ya había irrumpido en el terreno de la historia precedentemente, como objeto de esta1.
2Las políticas de memoria, por su parte, son intrínsecas a cualquier colectivo humano establecido en un territorio e influyen en su identidad y en aquello que definen como su patrimonio histórico. Las conmemoraciones, los museos, las exposiciones, la nomenclatura de calles y plazas, los homenajes, los monumentos, los memoriales, los premios, entre otras múltiples manifestaciones, participan en la recuperación y reelaboración de una memoria colectiva a la vez que, en la construcción identitaria de una comunidad en clave habitualmente nacional, puesto que todo proyecto se constituye a partir de una lectura del pasado y de la transmisión de unos valores determinados. En el ámbito hispánico, la relación entre memoria e historia, que se impone sobre todo a partir del cambio de siglo2, se integra en los debates que tienen lugar en Europa, América Latina o África, vinculados a la interpretación de los regímenes autoritarios del siglo XX y a las experiencias traumáticas de las guerras (civiles y mundiales). En España, tres décadas después de finalizada la dictadura franquista, se inició un proceso de revisión del pasado reciente y de reinterpretación del período de la Transición que remontaba hasta los años de la Guerra Civil (1936-1939) y del franquismo y que, en definitiva, lo que llevaba implícito era un cuestionamiento de la calidad democrática de España. Las instituciones públicas debían ofrecer respuestas a la creciente demanda social.
3Cataluña no estuvo al margen del proceso de reivindicación de una política de memoria más acorde con los valores de un Estado democrático homologable a nivel europeo: al contrario, fue pionera en el desarrollo de unas políticas rupturistas e incorporó, además, importantes particularidades vinculadas, sobre todo, a la propia identidad cultural y a la voluntad de incluir a la reivindicación memorialista los valores republicanos. Este artículo tiene como objeto analizar la presencia de la memoria republicana en las iniciativas de las políticas públicas de memoria en Cataluña. Para ello se analiza la labor desarrollada fundamentalmente por la Generalitat —en buena medida a través del Memorial Democrático, institución adscrita desde 2007 a la Consejería de Interior, Relaciones Institucionales y Participación, pero también desde la vicepresidencia del gobierno catalán—, así como desde el Ayuntamiento de Barcelona, por un lado, bajo el timón del Instituto de Cultura (ICUB) y, por otro, desde el área de Urbanismo. El estudio se centra en el período 2006-2011, en el que coinciden la presencia de gobiernos de izquierda tanto en la alcaldía de Barcelona como en el gobierno de Cataluña y en el de España, lo que se acompaña de la aprobación de toda una legislación de carácter memorial sobre la cual fundamentar las acciones. Esta investigación se cuestiona en torno al porqué de la relativa pérdida de la memoria republicana y a su encaje en el conjunto de memorias de Cataluña, en particular la de las víctimas del franquismo. Una de las principales aportaciones del estudio es poner de relieve que hubo significativas discrepancias en la construcción de una memoria histórica dentro de las instituciones catalanas.
4Tras hacer un breve repaso del modelo de Transición a la democracia en España y evocar la legislación sobre la que se apoyó la política de memoria de Cataluña en el periodo 2006-2011, abordaremos el espacio ofrecido a la recuperación de la memoria republicana, cómo esta fue rápidamente puesta fuera de juego y, para terminar, su relativo rescate, fundamentalmente desde la vicepresidencia del gobierno catalán.
1 Una Transición cuestionada, una legislación sobre la memoria
5El debate en Cataluña y España en torno a la recuperación de la memoria histórica no es ajeno a la revisión del proceso de Transición presentado durante tiempo como pacífico y modélico. La politóloga Paloma Aguilar defiende la tesis de que el recuerdo traumático de la guerra y de la represión había llevado a las élites políticas a erigir un régimen institucional alejado tanto del régimen republicano como de la dictadura, con el propósito de poner punto final a cualquier vestigio de enfrentamientos entre unos y otros. Se impuso el consenso y se instauró una monarquía parlamentaria que permitió la transformación —radical, pero sin ruptura— del régimen franquista en un régimen democrático3.
6Una de las consecuencias fue el mantenimiento de un patrimonio en el que seguían siendo visibles monumentos, nombres y espacios con referencias explícitas y de exaltación de la dictadura. Se ha escrito mucho sobre «memoria histórica» en contexto español, refiriéndose explícitamente a la memoria que emana de la represión ejercida por la dictadura franquista y que el proceso de Transición (1975-82/86) obligó al olvido. El nuevo contexto político y social, el interés por la revisión del pasado en países limítrofes y vecinos, la presencia de una generación crecida ya en democracia, etc., todo ello llevó a una demanda social de recuperación del pasado reciente y dignificación de las víctimas del franquismo. En esta revisión del pasado las políticas públicas de memoria debían cubrir lo que Ricard Vinyes define como el «gran vacío ético» promocionado por el Estado de derecho que no habría marcado una frontera neta entre democracia y dictadura, entre aquellos que habían luchado en el periodo precedente por defender la primera y aquellos que lo habían hecho desde el lado opuesto4.
7En Cataluña, tras más de dos décadas de gobierno de centro-derecha catalanista al frente de la Generalitat a través de Convergència i Unió, en 2003 se impone un gobierno de izquierdas, conocido como el Tripartito, fruto del pacto entre los tres partidos progresistas del territorio y que llevará a una ruptura con las políticas precedentes: los socialistas catalanes del Partit dels Socialistes de Catalunya, federado al PSOE; la izquierda independentista de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC); y la izquierda radical y ecologista de Iniciativa per Catalunya-els Verds (ICV), heredera del comunismo en Cataluña. De aquí surgirá el Memorial Democrático, vinculado a ICV, que dependía de la Consejería de Interior, Relaciones Institucionales y Participación5, en manos de Joan Saura, con el propósito de desarrollar las políticas públicas del Gobierno catalán y de recuperar, conmemorar y fomentar la memoria democrática. La vicepresidencia del gobierno, por su parte, quedaba en manos de la izquierda independentista (ERC), desde donde algunas iniciativas permitirían la proyección de una memoria más particularmente vinculada al catalanismo y a la cultura republicana.
8En Barcelona las cosas son algo distintas: la ciudad condal nunca había sido, como la Generalitat, feudo del centro-derecha catalanista, y desde las primeras elecciones democráticas de 1979, el consistorio había estado en manos de los socialistas del PSC, que rápidamente habían iniciado el proceso de desmantelamiento de la memoria franquista del espacio público. La simbología más visible directamente vinculada al franquismo fue suprimida en los primeros años de ayuntamiento democrático, pero este abandonó las propuestas iniciales de recuperación de la memoria republicana de la ciudad a través de la formación de los centros cívicos, concebidos como la restauración de los ateneos de tradición republicana6. La nueva legislación, en particular catalana, a partir de 2006 favorecerá la intensificación de la política precedente pero también introducirá algunos cambios importantes. El principal organismo del que emanan los proyectos memorialistas del ayuntamiento es el citado Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB), creado en 1993 y que una década después incorpora una «comisión de memoria histórica» encargada de proponer y organizar los proyectos de cultura más vinculados a la cuestión memorial. El nuevo Plan estratégico de cultura de 2006 introducía en su amplio panorama de objetivos la voluntad de recuperar la memoria histórica reciente, llevar a cabo proyectos de museización y adecuar los espacios de memoria con elementos conmemorativos a partir de la señalización, el impulso de una Comisión de la Memoria Histórica y la creación y desarrollo de itinerarios, programas y actividades conmemorativos7. La gestión del patrimonio monumental, por otra parte, queda en manos del área de urbanismo del ayuntamiento, desde donde se gestiona parte de la política memorialista.
9En el ámbito estatal, los socialistas también ocupan la presidencia del gobierno español en este periodo. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de José Luis Rodríguez Zapatero gana las elecciones en junio de 2004, lo que marca una ruptura con la etapa del conservador José María Aznar, pero también con la precedente del socialista Felipe González, presidente del gobierno entre 1982 y 1994. El cambio es en parte generacional: Rodríguez Zapatero tiene 44 años y representa a una generación de políticos que ya no había participado en el proceso de Transición.
10El nuevo contexto político se acompaña de una legislación en Cataluña y España que se preocupa por establecer el marco legal que permita el despliegue de iniciativas vinculadas a la recuperación y proyección de la memoria. La legislación catalana en esta materia es pionera y va más allá en sus reivindicaciones de lo que lo hará la legislación en el conjunto del territorio español. El nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña (2006) establece que
La Generalitat y los demás poderes públicos deben velar por el conocimiento y el mantenimiento de la memoria histórica de Cataluña como patrimonio colectivo que atestigua la resistencia y la lucha por los derechos y las libertades democráticas
11e impone el objetivo de lograr «el reconocimiento y la rehabilitación de todos los ciudadanos que han sufrido persecución como consecuencia de la defensa de la democracia y el autogobierno de Cataluña» (art. 54). También es su deber
[...] velar para que la memoria histórica se convierta en símbolo permanente de tolerancia, de dignidad de los valores democráticos, de rechazo de los totalitarismos y de reconocimiento de todas aquellas personas que han sufrido persecución debido a sus opciones personales, ideológicas o de conciencia8.
12Al Estatuto de Autonomía le sigue en breve la Ley del Memorial Democrático, aprobada en octubre de 2007 en Cataluña y que tiene por objeto desplegar las políticas públicas del Gobierno de Cataluña dirigidas a la recuperación, conmemoración y fomento de la memoria democrática, subrayando que impulsará el conocimiento de la
Segunda República, de la Generalitat republicana, de la Guerra Civil, de las víctimas del conflicto por motivos ideológicos, de conciencia, religiosos o sociales, de la represión de la dictadura franquista, del exilio y la deportación, del intento de eliminar la lengua y la cultura catalanas, de los valores y las acciones del antifranquismo y de todas las tradiciones de la cultura democrática9.
13El Memorial Democrático, en tanto que institución, fue el instrumento para llevar a cabo los objetivos de la Ley10. Pocos meses después de aprobada esta, el gobierno español aprobó la Ley de Memoria Histórica (diciembre de 2007), «por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura», una ley que incluye el reconocimiento de todas las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura de Franco, y que obligaba a retirar todos los símbolos franquistas del espacio público.
14Las principales particularidades de la ley catalana con respecto a la española son tres. La primera: la legislación catalana incorpora la cuestión de la identidad nacional. La recuperación y la promoción de la cultura y la lengua catalanas están en el epicentro de la vida política, institucional y social del territorio. La reconstrucción de una identidad históricamente reprimida/represaliada y sin estructuras de estado influye en los debates de memoria, y la Ley del Memorial Democrático hará referencia explícita a ello. En segundo lugar, se incorpora el concepto de «memoria democrática» que sustituye al de «memoria histórica», algo que tampoco pasó desapercibido y que rápidamente llevó a cuestionarse en torno a qué se entiende por recuperar, conmemorar y fomentar la «memoria democrática». Se objeta a esta idea que puede resultar problemático incorporar en esta memoria a sectores que en su momento no defendían un proyecto democrático11. Para quienes defienden el uso del concepto, sin embargo, la memoria histórica democrática consiste en construir y difundir el relato (o relatos) de los hechos del pasado. Jordi Borja, desde su compromiso político forjado en la lucha contra el régimen franquista y sus conocimientos de geógrafo urbanista y sociólogo, define el concepto como sigue:
supone la lectura crítica de la dictadura y la valoración de la resistencia democrática, sin silenciar ni perdonar nada, ni la violencia planificada del golpe militar y el Estado dictatorial ni los atentados contra los derechos de las personas realizados en nombre de la República o de la libertad12.
15En la misma línea, el historiador Ricard Vinyes afirma que la memoria democrática se nutre de la oposición de las clases subalternas a la dictadura, insistiendo en que pocas cosas hay más fuertemente inscritas en las memorias de estas que «los actos contra las tiranías, o la sucesión de rebeliones, o los esfuerzos contra las distintas opresiones e injusticias», para concluir: «Todo eso constituye la memoria democrática [...]13.»
16En tercer lugar, la ley catalana no revisita únicamente la guerra y la dictadura como lo hace la Ley española, sino que remonta al periodo republicano y a los valores democráticos defendidos por este. El Memorial Democrático recupera en su enunciado el régimen de los años treinta, que se impone como génesis de la democracia española tanto por lo que el régimen significó en sí mismo como porque la derrota republicana se acompañó de la imposición de una dictadura. El entonces director del Memorial Democrático, el politólogo Miquel Caminal, afirmaba taxativamente que la democracia solo podía defenderse desde la memoria republicana14.
17La legislación catalana en materia memorial va más allá y en 2009 se aprueba la Ley sobre la localización e identificación de las personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista (más conocida como Ley de fosas) que legisla en torno al proceso de exhumación e identificación de las fosas comunes y convierte estos lugares en «espacios de memoria», con objeto de evitar que las víctimas asesinadas y enterradas sin sepulcro cayeran en el olvido.
2 2006: conmemorando la República. Acciones y conmemoraciones
18Las acciones llevadas a cabo tanto desde el Ayuntamiento de Barcelona como por la Generalitat se pueden seguir a través de la documentación elaborada por los distintos organismos, edición de noticias institucionales, prensa, catálogos, etc. Todo permite afirmar que el despliegue de iniciativas en este periodo es realmente vasto: incluye conmemoraciones, señalización de espacios de memoria, exposiciones temporales, proyectos museísticos y un largo etcétera. El periodo invita, además, a la conmemoración de grandes efemérides: la celebración del 14 de abril como día clave de proclamación de la Segunda República, pero también los aniversarios de final del régimen republicano, los de la Guerra Civil o aun el de los bombardeos de Barcelona, el de la Batalla del Ebro o el del inicio del exilio español o del holocausto en Europa.
19En un primer momento la celebración de la República parece marcar el tono de las políticas de memoria. El punto de partida es la celebración en el 2006 de un acto institucional de conmemoración del 75 aniversario de la Segunda República, organizado por el gobierno catalán a través de la Dirección General de la Memoria Democrática en el que el socialista Pasqual Maragall (PSC), entonces presidente de la Generalitat y precedentemente alcalde de Barcelona, ensalzaba en el Teatro Nacional de Cataluña los valores republicanos como pilares de la actual democracia. Acompañaban al Presidente, el Consejero de Relaciones Institucionales y Participación, Joan Saura (ICV) y el Consejero Primero Josep Bargalló (ERC), representando una imagen de unidad de los tres partidos en el gobierno. Sonaron el Himno de Riego y la Marsellesa, y se vinculó la República a la memoria catalanista al revivirse la proclamación de la República que hizo Francesc Macià en 1931 y recordarse que esta permitió a Cataluña la recuperación de las instituciones de autogobierno más de doscientos años después de la instauración de la monarquía borbónica con la consiguiente abolición de sus instituciones y la creación de un Estado liberal español de carácter centralista. En los discursos se relacionaban valores actuales (sobre educación y salud públicas, igualdad de género, reconocimiento de sindicatos, una cultura al servicio de la ciudadanía, etc.) con el periodo republicano, en un proyecto truncado cuando el general Francisco Franco se rebeló contra la legalidad democrática15.
20En julio de ese mismo año se inauguró en el Palau Robert de Barcelona, organizado por el Departamento de Relaciones Institucionales y Participación de la Generalitat a través del programa Memorial Democrático —recordemos que la Ley no se aprueba hasta unos meses después, ya en 2007—, la exposición-homenaje a la «Olimpíada Popular de 1936», juegos alternativos a los organizados en Berlín por el régimen nazi que el golpe de Estado en España del 18 de julio, un día antes de su inauguración, forzó a anular. La exposición, comisariada por los historiadores Carles Santacana y Xavier Pujades se organiza integrándola a la otra gran efeméride de 2006, el 70 aniversario del estallido de la Guerra Civil, pero se plantea todavía en el marco de democratización de la práctica deportiva y la proyección de una imagen de los valores republicanos que el régimen defendía, como el pacifismo, la solidaridad y la justicia social, la vitalidad de las organizaciones deportivas populares y obreras o la unión entre cultura y deporte16.
21El Ayuntamiento de Barcelona, a través del Instituto de Cultura, también abre las puertas a la República. Lo hace a partir de acciones organizadas por los museos y archivos históricos que de él dependen. Bajo el título «A 75 años de la IIª República: los grandes debates» y en el marco del tradicional ciclo de conferencias Conversaciones en Barcelona, el ICUB organiza en el Palacio de la Virreina unas sesiones de reflexión acerca del significado y la importancia del periodo. Participaban historiadores de diversas universidades españolas y catalanas, y destaca que buena parte de los investigadores catalanes —entre ellos el coordinador de los actos, Manel Risques, de la Universidad de Barcelona—, eran miembros del Centro de Estudios sobre el Franquismo y la Democracia (CEFID), grupo vinculado a la Universidad Autónoma de Barcelona y en quien había recaído mayoritariamente la parte científica del proyecto del Memorial Democrático17.
22A caballo entre 2006 y 2007, también el Museo de Historia de la Ciudad, vinculado al ICUB, presentó la exposición «La Primavera Republicana», que en este caso ponía el acento en la fiesta y el ocio, en la cultura, en la nueva proyección social de la mujer y en la escuela, todo ello como proyectos republicanos para construir una sociedad más libre, justa e igualitaria, aunque también el miedo, el hambre y la destrucción provocados poco después por la guerra, estaban presentes. El comisario de la exposición en este caso era Francesc Vilanova, miembro del CEFID y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona18. En fin, desde el Archivo Histórico de la Ciudad, uno de los principales archivos municipales, también se quiso recordar la República y se organizó un curso de carácter divulgativo sobre Barcelona 1931-1934, así dos exposiciones19: «Entre la crónica y el imaginario. Fotografías de la Segunda República», una exposición sobre el imaginario republicano a través de la fotografía, puesta esta ya sea al servicio de la crónica ciudadana o al servicio de una cultura política; y «14 de abril de 1931. 75 aniversario de la proclamación de la República en Barcelona», que reunía textos, fotografías y documentos hemerográficos del día en que se proclamó el nuevo régimen20. Más allá de un documento histórico, la fotografía se convierte aquí en transmisora de valores.
23De los distintos actos de recuerdo y reivindicación republicana surgía la imagen de un pueblo victorioso y las esperanzas que el nuevo proyecto democrático republicano había despertado en la sociedad, las nuevas formas de hacer política, el compromiso social, las esperanzas de los ciudadanos por ver mejorar sus condiciones de vida y el valor que se ofrecía a la cultura, y la promoción de una nueva mujer, más libre, en una sociedad más igualitaria. Eran unos valores, y una memoria, proyectados en positivo, donde el compromiso popular contra el Alzamiento Nacional también estaba presente, más allá de que la guerra y la derrota republicana se vislumbraran como desenlace del proceso.
3 Enterrando la memoria republicana
3.1 En la cuneta del Memorial, la República
24Sin embargo, pronto se hizo evidente el poco interés o, cuanto menos, la dificultad por recuperar la memoria del régimen republicano. Prueba de ello es que los actos dedicados a la conmemoración de la República o de referencia explícita al republicanismo son muy inferiores en número a los referidos a la memoria bélica o a la memoria de las víctimas de la guerra y de la posterior represión franquista21. Sorprende en particular la poca visualización de la Generalitat republicana en las iniciativas programadas por el Memorial Democrático, a pesar de que su restauración había significado un logro sin precedentes en el autogobierno de Cataluña y en el desarrollo de políticas modernizadoras y de promoción de la cultura y la lengua catalanas. Es evidente que la labor que la Generalitat llevó a cabo en el corto periodo republicano es remarcable, sin olvidar que se trata de la única institución restablecida tras la muerte del dictador, después de haber sobrevivido simbólicamente en el exilio durante los años de dictadura franquista. Esta escasa presencia de la etapa republicana en la propuesta del Memorial Democrático puede explicarse, en parte, por el poco interés tanto por subrayar las particularidades de la política republicana en Cataluña con respecto a la de España, como por el desinterés por establecer una relación genealógica entre aquella Generalitat y la de principios del siglo XXI. No podemos ignorar tampoco los debates todavía abiertos en torno al periodo republicano y el menor consenso social que este genera con respecto a los tiempos de la lucha antifascista en España. Desde el Memorial Democrático también se optó por equiparar las políticas públicas de Cataluña a las del resto de Europa, menos preocupadas por reivindicar las democracias de los años treinta —en decadencia en la Europa continental— como por poner énfasis en la resistencia antifascista y sobre todo en el reconocimiento a las víctimas. Desde esta perspectiva, desde el Memorial Democrático no se insistió en que la Segunda República hay que entenderla como la primera experiencia democrática del siglo XX en España, de ahí el interés en reivindicarla. En fin, tampoco podemos desdeñar el potencial simbólico universalizador que de por sí contiene el drama de las víctimas.
25Sea como sea, la memoria republicana quedará oculta bajo la memoria traumática de las víctimas de la guerra y del franquismo y, más allá de algunas excepciones, lo que al final sobresale de la República es su fracaso —o la sangre que se derramó para derrotarla. Desde 2007 la memoria que se proyecta desde el Memorial Democrático es una memoria vinculada a la guerra y la represión, enfatizando su vinculación con el conflicto de la IIª Guerra Mundial y por lo tanto de lucha contra los regímenes fascistas. El despliegue de esta política memorialista incluye infinidad de actos institucionales, exposiciones, señalización de espacios de memoria, programas de rehabilitación de refugios antiaéreos, de placas conmemorativas en honor a las víctimas. En 2008 se conmemoró el 70 aniversario de los bombardeos sufridos por más de 140 municipios catalanes durante la Guerra Civil y que provocó más de 4.700 muertos. Se inicia con ello un amplio programa de acciones que acaba enterrando bajo los escombros de las bombas el recuerdo del periodo que le había precedido. En 2009 se conmemora también el 70 aniversario del final de la Guerra Civil y del inicio del exilio, y la actividad del Memorial Democrático se hace frenética: el Museu Memorial del Exilio (MUME) inaugurado el año anterior en localidad fronteriza de La Jonquera, organiza siete exposiciones y una veintena de actos, incluido algún congreso, para recordar la Retirada. La georeferenciación de fosas comunes y la identificación de símbolos franquistas en espacios públicos son labor esencial de la institución, y se impone una estrategia de patrimonialización que lleva a la señalización y dignificación de una red territorial de espacios de memoria. En toda Cataluña se señalizan o museizan numerosos itinerarios vinculados a la guerra y al exilio, en colaboración con los distintos ayuntamientos y administraciones locales22.
26La memoria bélica y de las víctimas está tan presente que incluso los actos de conmemoración de la proclamación de la República sirven para recuperar la experiencia más traumática de la guerra, lo que lleva a reflexionar en torno al interés de recuperar los espacios bélicos para convertirlos en memoriales democráticos. No cabe duda de que el horror de la guerra y la lucha contra el fascismo, representado en la guerra por el bando nacional, eran casi los únicos aspectos que generaban consensos entre los distintos partidos políticos del gobierno y las organizaciones de defensa de la memoria histórica. Así pues, la sociedad catalana y sus representantes habían consensuado el mito de la República, pero cuando era el momento de desplegarlo no se ponían de acuerdo en su significado. La conmemoración del 14 de abril de 2008 consiste en la inauguración de una exposición itinerante sobre «teatro en tiempos de guerra y revolución (1936-1939)23». La memoria republicana también podría haber encontrado refugio en alguna de las acciones que parecían dedicársele, como en el Premio «14 de abril» de teatro que se otorga entre 2008 y 2010. Hubiera sido este un lugar privilegiado para dejar resurgir la voz de la esperanza republicana, pero en las tres ediciones que se celebraron el galardón fue a parar a obras que trataban la violencia de la guerra y el exilio, sin que el periodo que le había antecedido fuera protagonista24. En 2010, bajo el título «Un abril republicano», también se organizan una serie de actos que podrían haber servido para compensar la poca visibilidad del período, pero una vez más observamos que solo tres de los diez actos abordan el periodo de la Segunda República25. En fin, ese mismo año se inaugura en Barcelona, en la céntrica calle de la Vía Layetana, el Espacio Memorial Democrático, un espacio abierto a la ciudadanía y que se propone como espacio de reflexión sobre la memoria, abierto a exposiciones temporales y talleres pedagógicos. Aun así, el Espacio es presentado como un memorial para recordar el dolor de la Guerra Civil, un lugar de homenaje a sus víctimas26. Contaba con un auditorio y un centro de documentación y se dividía en cinco ámbitos. Entre otros, se proponía sociabilizar el legado del pasado y reflexionar sobre el futuro del concepto «memoria democrática», partiendo del principio de que la memoria democrática es un elemento en construcción permanente. El Espacio Memorial Democrático tuvo además una vida corta. El cambio de gobierno en 2011, con la vuelta del centro-derecha catalanista (CiU) al gobierno de la Generalitat, llevó a su cierre. La proyección del Memorial Democrático decae entonces rápidamente, aunque se mantengan las actividades ya programadas vinculadas, mayoritariamente, al exilio y a la experiencia en los campos de refugiados o en los de concentración.
27Una excepción, aunque de limitada proyección social, es la edición del primer volumen —pero también el último— de la colección «Debat Democràtic», que reedita la obra de Antoni Rovira i Virgili, Defensa de la democràcia, que había sido editada por primera vez en 193027. La perspectiva de género también se incorpora en algunos de los proyectos de 2010 y en este caso, aunque discretamente, la memoria de la Segunda República logra filtrarse entre las fisuras que deja el recuerdo de la barbarie de la guerra y del franquismo. Así, en Solsona primero y en Gerona después, se inaugura una exposición sobre las mujeres durante la Segunda República, la guerra y el franquismo28; una de las secciones se refiere a «La Segunda República», una oportunidad, donde se insiste en la adquisición de nuevos derechos por parte de las mujeres en estos años.
28Una de las grandes apuestas del Memorial Democrático en sus años de mayor actividad es el ya citado Plan de los Espacios de Memoria, que propone una red de itinerarios y de lugares de memoria por toda Cataluña, en su mayoría vinculados a la guerra y a la Retirada (rutas del exilio o de evasión, trincheras, fosas, etc.) pero que en principio no olvida el periodo republicano29. Es una red que se amplía progresivamente, impulsada por la Dirección General de Memoria Democrática pero también desde los municipios y comarcas catalanes. La página web del Memorial Democrático presenta un mapa interactivo en el que se proponen cuatro ámbitos temáticos: los espacios de la Guerra Civil; los espacios de lucha antifranquista y recuperación democrática; los espacios de frontera y exilio y los espacios de la Segunda República. Sorprende que solo cinco de los 90 espacios de memoria que se proponen se refieran a la República: a la guerra se le dedican sesenta y cuatro, nueve a la lucha antifranquista y doce a la frontera y el exilio. Más aún, de los cinco dedicados a la República, uno de ellos es el refugio antiaéreo construido en una escuela republicana de Palamós (Escuela Ruiz-Giménez), en Gerona, con lo que la República se inscribe una vez más en toda la simbología de la violencia. En esa misma localidad, se encuentra otro de los espacios de memoria republicanos: un parvulario que se inauguró ya en plena guerra aunque, esta vez sí, lo que se pretende es poner de manifiesto el esfuerzo institucional republicano en la escolarización de niños y niñas y su compromiso educativo. El tercero de los espacios es la ruta de la memoria de los mineros de carbón en el Berguedà, a unos cien kilómetros de Barcelona: es un itinerario que recorre distintos municipios y en el que se señalizan espacios significativos vinculados con el proceso de industrialización durante la Segunda República y las reivindicaciones de los obreros. El cuarto espacio es el de la Federación Obrera de Molins de Rei, donde se pone especial énfasis en la actividad cooperativa de las clases obreras en el periodo republicano. El centro actúa hoy en día como centro cívico, aunque acoge una exposición permanente sobre la Federación que incluye el periodo republicano e incorpora un centro de interpretación del movimiento obrero que, según la página web de la institución, actúa como punto de información de toda la red de Espacios de Memoria Democrática de Cataluña y programa, junto al Memorial Democrático, las actividades sobre memoria democrática organizados por el Ayuntamiento de Molins de Rei30.
29El quinto espacio reservado a la memoria republicana es más relevante y se encuentra en Les Borges Blanques, municipio de la provincia de Lérida. Se trata del Centro de interpretación de Francesc Macià31, que no pudo ser inaugurado hasta el año 2011 y no en 2009, como se había proyectado inicialmente para hacerlo coincidir con la celebración del Año Macià de la que hablaremos más adelante. Francesc Macià (1859-1933), el 14 de abril de 1931, había proclamado la República catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica. Restaurador de la Generalitat, fue su primer presidente hasta su muerte, y un claro transmisor de una memoria catalanista, progresista y republicana.
30El Centro no debe interpretarse como resultado de una acción del Memorial, sino que este lo reconoce en sus espacios de memoria. La gestión de la institución depende del Ayuntamiento de Les Borges Blanques y la financiación del proyecto estuvo en gran medida a cargo de la Generalitat. El centro incluye una exposición permanente y en él se organizan actividades de carácter diverso. Su ubicación, por otra parte, responde a la vinculación de Francesc Macià con la localidad, tanto por lazos familiares —su padre había nacido y vivido allí—, como por ser diputado por aquella circunscripción en distintas legislaturas del Congreso de Diputados entre 1907 y 1923. Detrás de la elección de construir el centro también había sin duda la voluntad de extender la memoria republicana al conjunto del territorio catalán. El Espacio Macià propone una lectura en positivo de la figura del primer presidente de la Generalitat republicana y lo proyecta como referente simbólico de un pensamiento catalanista fundamentado en conceptos como libertad y progreso. La memoria catalanista más vinculada a la Segunda República parece, a pesar de todo, trasladarse al ámbito local.
3.2 La República en el consistorio barcelonés
31En Barcelona, la gestión municipal de la política memorial del pasado reciente recae, como se ha indicado, en el Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB), que depende del área de cultura, así como del área de urbanismo, de la que depende la gestión del patrimonio monumental. Uno y otra se organizan para llevar a cabo proyectos de monumentalización y de creación de espacios de memoria. Tanto la política monumental como la de creación de espacios memoriales participan en el complejo proceso de transmisión de la memoria, de construcción identitaria y de transformación urbana. Conviene precisar, sin embargo, que los espacios de memoria van más allá en su función memorial de los monumentos, puesto que los primeros abarcan unas funciones conmemorativas que no poseen los segundos, de dignificación, señalización y visibilización social y política32. Una mirada global a las acciones propuestas en el periodo abordado nos permite afirmar que tampoco en este caso la memoria republicana aflora con vigor, aún más si lo comparamos con el esfuerzo en torno a la recuperación de la memoria del antifranquismo.
32Se aprovecha la nueva legislación, en 2009 a través del Museo de Historia de Barcelona (ICUB-MUHBA) y el Instituto de Cultura de Barcelona firma un acuerdo de colaboración con el Memorial Democrático33 para impulsar proyectos de investigación y difusión de la memoria histórica en Barcelona, y este incluye la elaboración de un inventario de los espacios de memoria en la ciudad con objeto de catalogarlos y señalizarlos. Estos espacios son fundamentalmente espacios relacionados con la Guerra Civil.
33En cuanto a los monumentos, desde los años 80 el consistorio barcelonés optó por suprimir del espacio público los monumentos de propaganda franquista. Esta política de desmantelamiento de la presencia de símbolos franquistas en el espacio público crecerá a partir de la legislación memorial. Antoni Remesar y Núria Ricart Ulldemolins, profesores de la Universidad de Barcelona y especialistas en patrimonio urbano, establecen tres grandes ejes de actuación en la política de monumentalización del ayuntamiento de Barcelona desde 1979: la recuperación de monumentos republicanos eliminados o modificados durante el franquismo; la eliminación o sustitución de símbolos y monumentos franquistas; y el homenaje desde la democracia. Se trataba tanto de dejar de transmitir una determinada ideología como de demostrar la oposición a esta. La política de supresión de monumentos franquistas por parte del consistorio, según estos autores, acabó sin embargo dejando vacíos de memoria espacios significativos de la ciudad. La política municipal no siempre supo cómo gestionar el espacio recuperado, desvirtuando a veces el sentido original o sencillamente designificándolo. Remesar y Ricart defienden que en los años en los que la legislación más apoyó las políticas de memoria es cuando las estrategias de la alcaldía de Barcelona se atascaron, incapaces de proponer un proyecto claro que no convirtiera en espacios vacíos y sin memoria los espacios desmonumentalizados, algo que no sucedió en los proyectos del Memorial34. Es este, probablemente, uno de los puntos clave donde la estrategia política a escala local se distancia de la autonómica.
34Volvamos a la cuestión republicana: la política de monumentalización tampoco mostró excesivo interés por la recuperación de la memoria de la Segunda República. Por un lado no se devolvieron al espacio público algunos monumentos simbólicos republicanos que habían sido retirados por el franquismo, como una pequeña obra, El 6 de octubre, que conmemoraba a las víctimas de los «hechos de octubre» de 1934, de referencia claramente republicana: fue retirada y destruida en 1939 y no ha sido restaurada como sí lo fueron otras como la dedicada al abogado sindicalista Francesc Layret, inaugurada en 1936, retirada en 1939 y restaurada en 197735. En algún caso, las estructuras han vuelto al espacio público, pero han sufrido un proceso de adulteramiento de su significado: es el caso del monumento La República, ejemplo claro de resignificación de una obra escultórica. El monumento a la República de Josep Viladomat había sido inaugurado en 1936 en homenaje a Francesc Pi i Margall, segundo presidente de la Primera República (1873-1874) y representante del republicanismo federal más obrerista. La escultura se integraba en un conjunto monumental formado por un obelisco y un medallón dedicado al político republicano en la plaza del Cinco de Oros que ha sufrido varios cambios de nombre y que desde el pasado 23 de septiembre de 2016 ha vuelto a su antigua denominación. En abril de 1939, ya bajo el régimen franquista, fue sustituido por el monumento a la Victoria de Frederic Marés, en clara referencia a la victoria franquista. La República de Viladomat volvió a la calle en 1990 pero en vez de emplazarse en la plaza Juan Carlos I, nombre por aquel entonces de la plaza (tal vez porque no hubiera pasado desapercibido que un monumento de Homenaje a la República fuera instalado en una plaza dedicada a un monarca en pleno reinado), lo hizo en la menos céntrica Plaza Llucmajor36, en el distrito de Nou Barris37. Además, lo hacía sin incorporar ningún tipo de placa o inscripción explicativa, lo que de algún modo equivalía a silenciar su significado. No fue hasta mediados de 2010, en el contexto de recuperación de la memoria histórica y democrática, que se incorporó un cartel explicativo: «En memoria dels lluitadors i lluitadores de la Segona República a Nou Barris» («En memoria de los luchadores y luchadoras de la Segunda República en Nou Barris») lo que, como bien indica Ricard Vinyes,
[... ] modifica sustancialmente el sentido original del monumento, que en 1936 había sido inaugurado como homenaje a la República y que se transforma ahora en homenaje a los vecinos de un barrio que no existía en los años treinta38.
4 El refugio de la memoria republicana, en el entorno de la izquierda independentista
35La recuperación de la memoria republicana escapa a las prioridades del Memorial Democrático, pero encontrará algún refugio en actos institucionales vinculados preferentemente a la vicepresidencia de la Generalitat, de la cual también depende la Secretaría de Asuntos Exteriores, en manos de la izquierda independentista. El color político de sus respectivos responsables proyecta unas memorias que si bien deberían ser compatibles acaban proyectándose como memorias independientes y extranjeras entre ellas. La memoria catalanista reivindica aquí sus fundamentos republicanos, pero va más allá de estos.
36Es así como en octubre de 2007, coincidiendo con el aniversario de la ejecución de Lluís Companys en 1940, Josep-Lluís Carod-Rovira, vicepresidente de la Generalitat, reivindica la figura de quien fuera el segundo presidente de la Generalitat republicana, subrayando la defensa que hizo Companys de los derechos nacionales de Cataluña desde la izquierda y el republicanismo. Companys se erige de este modo en referente de la defensa de Cataluña y de la justicia social, subrayándose su actividad legislativa «de profunda significación social y creadora de espacios de soberanía» y concluyéndose que «Companys simboliza la Cataluña de izquierdas, progresista, laica y catalana, ligada a los intereses de los sectores populares39».
37La memoria de la República también se exilia a Francia. Fuera de las fronteras catalana y española, la Generalitat abre la puerta al período republicano no bélico en el país vecino cuando su Oficina en París, que depende de la Secretaría de Asuntos Exteriores adscrita a su vicepresidencia, acoge aquel octubre de 2007 en la ya desaparecida Maison de la Catalogne un ciclo de conferencias sobre la Segunda República, organizado y coordinado por la hispanista francesa Phryné Pigenet (octubre 2007) y en el que participan académicos de un lado y otro de la frontera. Los temas tratados son variados, abarcan desde la economía hasta la religión, pasando por el movimiento obrero, la patronal, la literatura o la industria de guerra, entre otros40.
38Un apartado especial merece la celebración en Cataluña del Año Macià en 2009, en honor al primer presidente de la Generalitat republicana, Francesc Macià. Para ello será necesario remontar al año 2005, cuando una serie de decretos habían ido legislando la política conmemorativa de la Generalitat, que quedaba en manos de la vicepresidencia. En 2005 se creó una «Comisión Catalunya 2014» integrada por distintas consejerías pero también entidades municipalistas y representantes del mundo académico41 con el propósito de preparar los actos de recuperación y divulgación de la memoria de la Guerra de Sucesión (1701-1714) en el marco del tricentenario de la caída de Barcelona (11 de septiembre de 1714) bajo las tropas borbónicas y de sus consecuencias en la organización política e institucional de Cataluña, pues la derrota supuso el fin de las instituciones políticas catalanas y la supresión de la Universidad en Barcelona. Aquella conmemoración emergía como un referente fundamental del catalanismo ya que, desde la restitución de la Generalitat en 1977, el 11 de septiembre se había erigido en Diada Nacional de Cataluña, la fiesta nacional. A la vez, la Comisión debía encargarse de la conmemoración de aniversarios de hechos relevantes y personajes singulares de la historia del territorio, como es el caso de Francesc Macià.
39En 2008 una serie de decretos establecieron los criterios que debían regir la política conmemorativa del Gobierno de Cataluña y se creó una Comisión de Conmemoraciones Históricas y Culturales42, siempre en la misma línea de impulsar iniciativas de conmemoración relacionadas con la historia cultural y política de Cataluña. La Comisión estaba bajo la presidencia del vicepresidente del Gobierno catalán —recordemos que en manos de Esquerra Republicana—, y estaba integrada por cinco representantes de otros cinco departamentos (Presidencia; Vicepresidencia; Interior, Relaciones Institucionales y Participación; Cultura y Medios de Comunicación; Educación) en los que estaban representados todos los partidos del gobierno aunque prevalecía el sector independentista, quien detentaba la vicepresidencia y la consejería de Cultura y Medios de Comunicación y la de Educación.
40Mientras se llevaban a cabo los preparativos del Tricentenario, no podía rehusarse la celebración vinculada al principal referente del gobierno democrático catalán, la Generalitat republicana, y de su primer presidente, Francesc Macià, por lo que se previó celebrar el Año Macià en 2009, coincidiendo en 2008 con el 75º aniversario de su muerte y en 2009 con el 150 de su nacimiento. La intención era organizar actos diversos, conferencias y mesas redondas, en colaboración con ayuntamientos y entidades locales, y publicar textos sobre quien fuera primer presidente de la Generalitat restaurada, pero cabe reconocer que la repercusión de la celebración fue limitada y a pesar de toda la labor legislativa que hubiera permitido celebrar el Año Macià con gran pompa, finalmente pasó bastante desapercibida. La celebración coincide con el año en que se aprueba la Ley de Fosas, 2009. La abundancia de iniciativas vinculadas a las víctimas y represaliados ahoga una conmemoración ya de por sí pobre en acciones. Más allá de algunos actos institucionales y alguna que otra publicación, no hubo grandes eventos y no se implicó a la ciudadanía en ninguno de ellos. El Espacio Macià, de no haberse retrasado en su construcción, hubiera debido inaugurarse en ese momento, pero tuvo que esperar un par de años más.
41El acto institucional de apertura del Año Macià tuvo lugar en el Centro de Historia Contemporánea de Cataluña, el cual a finales de 2006 se había vinculado directamente a la vicepresidencia de la Generalitat. La conmemoración fue de carácter institucional, con parlamentos del Presidente de la Generalitat, el socialista José Montilla —que había sustituido a Pasqual Maragall después de las discrepancias de este con el partido socialista catalán al final de su mandato y antes de los comicios electorales—, del vicepresidente Josep Lluís Carod-Rovira (y presidente de la Comisión de Conmemoraciones Históricas y Culturales), y del Consejero de Interior y Relaciones Institucionales, Joan Saura, quien de modo poco convincente enmarcó el Año Macià en los actos de recuperación de la memoria histórica. Hubo una última y breve intervención del director del Centro de Historia Contemporánea de Cataluña y de uno de los principales especialistas de la figura de Macià, el profesor de la Universidad Rovira y Virgili, Josep Maria Roig Rossich43.
42En torno al 14 de abril se celebró en el auditorio del Palacio de la Generalitat otro acto conmemorativo organizado una vez más desde la vicepresidencia sobre «El legado de Francesc Macià», en el que de nuevo Roig Rossich impartió una conferencia con motivo de la aceptación de la donación de una serie de documentos de los herederos de Macià al Centro de Historia Contemporánea de Cataluña. Y el mismo Roig Rossich, ese mismo día, intervino en la Universidad Autónoma de Barcelona con otra charla, organizada ahora por el grupo de Investigación de Estudios de Historia Social y Cultural (GREHSIC). La clausura del Año Macià, en diciembre de 2009, tuvo lugar en Vilanova i la Geltrú, localidad donde había nacido Macià y donde residió durante su infancia, enmarcada en un ciclo de conferencias organizado por el Institut d’Estudis Penedesencs y una exposición en el Foment Vilanoví sobre la figura de Macià, y una vez más se caracterizó por su carácter institucional, con las intervenciones del presidente y del vicepresidente de la Generalidad de Cataluña y del alcalde socialista de Vilanova y la Geltrú, Joan Ignasi Elena44.
A modo de conclusión
43En el periodo 2006-2011, las políticas públicas de Cataluña intentan adaptarse a las demandas sociales, pero también a las distintas sensibilidades ideológicas y al contexto político tanto español y europeo como específicamente catalán. Desde la Generalitat de Cataluña las consejerías se reparten las memorias, debilitando su proyección como referente común: de la memoria de las víctimas del franquismo se ocupa la Consejería de Interior, Relaciones Institucionales y Participación, en manos de ICV, mientras que la memoria republicana queda en manos de la vicepresidencia del gobierno y de ERC. No son memorias incompatibles entre ellas, pero no se respeta el equilibrio y una memoria oculta a la otra. Cuando coinciden, avanzan en paralelo, sin apenas buscar espacios comunes. En cuanto a la política memorial del Ayuntamiento de Barcelona, a pesar de las complicidades ideológicas con el gobierno autonómico, se distingue en sus estrategias de acción y le cuesta adaptarse a la nueva legislación.
44Que el régimen democrático establecido tras el fin de la dictadura fuera una monarquía parlamentaria comportó sin duda que la memoria republicana resultara incómoda a algunos, y que las lecturas que se hicieran de esta no fueran siempre en clave positiva. Para determinados sectores, la memoria republicana podía incluso parecer innecesaria, puesto que el nuevo Estado de derecho contenía, a su parecer, todos los principios necesarios para construir la democracia.
45Si la particularidad de la legislación catalana recaía en su carácter pionero y en su interés por la memoria republicana, esta acaba velada por la memoria de las víctimas de la represión franquista. Por un lado, la República había tenido una vida corta y complicada. Por el otro, también es cierto que el dolor y el trauma pueden actuar como motores de lucha y resistencia por la tensión en la que se siembran, y acabar siendo más fuertes que el proyecto de un régimen progresista y modernizador como fue el de la República. El legado y la huella dejados por la represión fue mayor que el de la libertad, aunque el proyecto republicano hubiera podido ser un referente a recuperar en tiempos de democracia, aún más teniendo en cuenta el significado que el republicanismo cobraba en el espíritu y el proyecto catalanista. No hay que olvidar que parece instalarse un relativo consenso en Europa en torno a la idea de que la democracia puede reforzarse a partir del encaramiento con el pasado conflictivo.
46La memoria republicana que irrumpe es una memoria sesgada, puntual, más vinculada al ámbito local que al regional, vinculada al catalanismo y al autogobierno, que ni siquiera pone énfasis en el proyecto federal, y de poca inclusión ciudadana. El poco interés institucional fue consecuencia también de la poca demanda ciudadana, más interesada ya sea por la recuperación de la memoria de las víctimas, ya sea por el encaje de Cataluña en España y la cota de autogobierno. Sea como sea, el gobierno catalán se mostró dividido en la formulación de cuál era su genealogía democrática: mientras unos se vinculaban a la lucha contra el fascismo y la dictadura —una política de la memoria que se impone en la mayoría de países europeos, identificándola como democrática—, otros preferían rescatar el proyecto político catalanista de la Segunda República como el primer hito del autogobierno democrático catalán, que a pesar de algunas sombras pone de relieve cómo la democracia en Cataluña se vinculó a la hegemonía del catalanismo. Por lo tanto, detrás de las políticas conmemorativas de la Segunda República en Cataluña se fortalecía el desarrollo del modelo de autogobierno catalán que había sido ampliado a través de la aprobación del Estatuto de Autonomía de 2006.
Notes de bas de page
1 Imprescindible citar aquí los trabajos de Pierre Nora, Tzvetan Todorov o Paul Ricœur. Algunos de los títulos más influyentes son: Pierre Nora, Les lieux de mémoire (7 vol.), Paris, Gallimard, 1984; Tzvetan Todorov, Les Abus de la Mémoire, Paris, Arléa, 2004 [1998] ; Paul Ricœur, La mémoire, l’histoire, l’oubli, Paris, Le Seuil, 2000.
2 Entre otros, véase Juan Sisinio Pérez Garzón, La gestión de la memoria: la historia de España al servicio del poder. Barcelona, Crítica, 2000; Francisco Sevillano Calero, «La construcción de la memoria y el olvido en la España democrática», Ayer: Revista de Historia Contemporánea, n.o 52, 2003, p. 297-319.
3 Paloma Aguilar Fernández, Políticas de la memoria y memorias de la política. El caso español en perspectiva comparada, Madrid, Alianza Editorial, 2008. Ver también, entre otros, Carme Molinero (ed.), La Transición, treinta años después, Barcelona, Península, 2006; Carme Molinero, «La transición y la ‘renuncia’ a la recuperación de la ‘memoria democrática’», Journal of Spanish Cultural Studies, 2010, vol. 11, n°1, p. 33-52; Santos Julià, Memoria de la guerra y del franquismo, Madrid, Taurus, 2006; Ferran Gallego, El mito de la transición: la crisis del franquismo y los orígenes de la democracia (1973-1977), Barcelona, Crítica, 2008; Santos Julià, «Cosas que de la Transición se cuentan», Ayer: Revista de Historia Contemporánea, n.o 79, 2010, p. 297-319; Sophie Baby, Le mythe de la transition pacifique: violence et politique en Espagne, 1975-1982, Madrid, Casa de Velázquez, 2012; Conxita Mir Curco y Josep Gelonch Solé, Duelo y memoria. Espacios para el recuerdo de las víctimas de la represión franquista en la perspectiva comparada, Universitat de Lleida, 2013.
4 Ricard Vinyes, «La buena memoria. El universo simbólico de la reconciliación en la España democrática. Relatos y símbolos en el texto urbano», Ayer: Revista de Historia Contemporánea, vol. 96, n°4, 2014, p. 155-181. La bibliografía reciente en torno a las políticas públicas de memoria en España y Cataluña es muy abundante. Del mismo autor citemos también Ricard Vinyes, Asalto a la memoria. Impunidades y reconciliaciones, símbolos y éticas, Barcelona, Los libros del lince, 2011. Para el caso catalán, ver: Jordi Guixé Coromines y Montserrat Iniesta (eds.), Polítiques públiques de la memòria: I Col.loqui Internacional Memorial Democràtic, Barcelona, Eumo, 2009; Maria Llombart Huesca, «Los historiadores y la memoria: debate en torno al Memorial Democràtic (2007-2011)», Pandora: revue d'études hispaniques, n°12, 2014, p. 99-114; Raúl Digón Martín, Les polítiques públiques de memòria en els debats del Parlament de Catalunya (1980-2015), Activitat parlamentària, n.o 29, p. 89-114, www.raco.cat/index.php/ActivitatParlamentaria/article/viewFile/312668/402752, consultado el 16/06/2016.
5 La gestación del proyecto del Memorial Democrático entre 2003 y 2006 estuvo vinculada a la Consejería de Relaciones Institucionales y Participación de la Generalitat de Cataluña, todavía independiente de la de Interior. Es en la segunda legislatura del Tripartito cuando la Consejería de Interior y la de Relaciones Institucionales y Participación se funden en una sola.
6 Jordi Roca Vernet, «La memòria de la sociabilitat popular al barri de Sants a través dels espais», en Montserrat Duch, Xavier Ferré y Ramon Arnabat (eds.), Memòria i la història de la sociabilitat popular a Catalunya, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2015, p. 283-326.
7 Plan estratégico de Cultura de Barcelona 2006: www.bcn.cat/plaestrategicdecultura/pdf/Plan_Estrategico_CulturaBCN.pdf, consultado el 16/06/2017.
8 Ley orgánica 6/2006 de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña.
9 Ley 13/2007, del 31 de octubre, del Memorial Democrático.
10 Ver Maria Llombart Huesca, «Los historiadores y la memoria: debate en torno al Memorial Democràtic (2007-2011)», op. cit.
11 Ser antifranquista no implicaba por definición ser demócrata. Josep Benet, historiador, político y testigo directo de la Guerra Civil, atacó duramente el proyecto del Memorial Democrático. Defendía que los políticos trabajaran por el presente y el futuro, y que la historia quedara en manos de los historiadores. Cuestionaba el concepto de ‘memoria democrática’ desde el recuerdo de la violencia cometida también en el lado republicano. Josep Benet, «Pròleg», Memòries, Barcelona, Ed. 62, 2008, p. 11.
12 Jordi Borja, «Espacio público, patrimonio histórico y memoria democrática», presentado en el VI congreso DOCOMOMO IBERICO dedicado a «La fábrica, paradigma de la modernidad», Oviedo 14-17 de abril de 2010, texto en línea: www.jordiborja.cat/espacio-publico-patrimonio-historico-y-memoria-democratica/, consultado el 16/06/2017.
13 Ricard Vinyes, «Hacer las paces. Sobre símbolos y monumentos: la construcción del museo sincrético», Clepsidra: revista Interdisciplinaria de Estudios sobre Memoria, vol. 1, n.o 2, 2014, p. 12-27.
14 Miquel Caminal, «Drets humans, democràcia i memoria», Quaderns del Memorial Democràtic, vol. 1, Memorial Democràtic / Generalitat de Catalunya, 2010, p. 5-9.
15 «El Govern català homenatja els valors de la II República com a pilars de l'actual democràcia amb un acte al TNC», Sala de prensa, Generalitat de Cataluña, 4/05/2006. http://premsa.gencat.cat/pres_fsvp/AppJava/notapremsavw/76666/ca/govern-catala-homenatja-valors-ii-republica-pilars-lactual-democracia-acte-tnc.do, consultado el 16/06/2017; Memòria del Departament d’Interior, Relacions institucionals i Participació, http://interior.gencat.cat/web/.content/home/010_el_departament/publicacions/memories_del_departament/memories_anteriors_del_departament/memoria_del_departament_d_interior_2006/memoria_dirip_06.pdf, consultado el 16/06/2017.
16 http://palaurobert.gencat.cat/ca/exposicions/historic/historicSala4/2006/l_olimpiada_popular_del_36/, consultado el 16/06/17; Xavier Pujadas y Carles Santacana, L'altra Olimpíada: Barcelona'36, Barcelona, Llibres de l'Índex, 2006.
17 Intervinieron Josep Fontana, Joan B. Culla Borja de Riquer, Julián Casanova, Santos Julià, Ricard Vinyes, Enric Ucelay da Cal. Memòria de l’Institut de Cultura de Barcelona / ICUB, 2006. http://lameva.barcelona.cat/barcelonacultura/sites/default/files/MemoriaICUB06_0.pdf, consultado el 16/06/2017.
18 La exposición tuvo lugar en la Casa Padellàs, del 9 de noviembre de 2006 al 20 de mayo de 2007: Memòria de l’Institut de Cultura de Barcelona / ICUB, 2006. http://lameva.barcelona.cat/barcelonacultura/sites/default/files/MemoriaICUB06_0.pdf, consultado el 16/06/2017, Catálogo: La primavera republicana. Miradas a la proclamación de la República. Barcelona. 1931-1939, MHCBn Ajuntament de Barcelona-Institut de Cultura, 2006.
19 «Entre la crònica i l’Imaginari. Fotografies de la Segona República i 75è aniversari de la proclamació de la República a Barcelona», Memòria de l’Institut de Cultura de Barcelona / ICUB, 2006. http://lameva.barcelona.cat/barcelonacultura/sites/default/files/MemoriaICUB06_0.pdf, consultado el 16/06/2017.
20 Memòria de l’Institut de Cultura de Barcelona / ICUB, 2006. http://lameva.barcelona.cat/barcelonacultura/sites/default/files/MemoriaICUB06_0.pdf, consultado el 16/06/2017.
21 Maria Llombart Huesca, «Estudio de un repertorio bibliográfico: estado de la cuestión de la edición sobre exilio catalán», Pandora: revue d'études hispaniques, n°7, 2007, p. 129-142.
22 Sobre esta cuestión, véase entre otros: Jordi Guixé, «Memorial Democràtic. Un patrimoni col·lectiu en construcción», en Miquel Caminal i Badia (dir.), Quaderns del Memorial Democràtic, vol. 1, 2010, Memorial Democràtic/Generalitat de Catalunya, p. 10-14.
23 La muestra participa en el proyecto «Barcelona, capital de la República (1938)», que conmemora la triple capitalidad de Barcelona durante el año 1938, en el que confluyen tres gobiernos: el de la República, el vasco y el catalán. El proyecto es una propuesta del Centro de Estudios sobre el Franquismo y la Democracia de la UAB, con la colaboración de la Fundació Carles Pi i Sunyer.
24 Peus descalços sota la lluna d’agost, de Joan Cavallé (2008); Apatxes, d’Helena Tornero (2009); Zoom, de Carles Batlle (2010).
25 Las conferencias de Juan Goytisolo sobre «la celebración del 14 de abril», de Julián Casanova sobre «Historia y memoria de la Segunda República» y el preestreno del documental «Manuel Azaña, una vida por la República» de Neus Vila. «El Memorial Democràtic organitza deu actes per ‘Un abril republicà’ i presenta la sèrie televisiva ‘Espais de memoria’», http://premsa.gencat.cat/pres_fsvp/AppJava/notapremsavw/32984/ca/memorial-democratic-organitza-actes-un-abril-republica-presenta-serie-televisiva-espais-memoria.do, consultado el 16/06/2017.
26 Es como un espacio para recordar el dolor de las víctimas de la guerra que los medios de comunicación lo presentan. Ver por ejemplo: «Inaugurada la sede del Memorial Democrático», El País, 21/03/2010; o «Catalunya inaugura el primer memorial de l’Estat per recordar el dolor de la Guerra Civil», Noticies, ccma.cat, 21/3/2010.
27 A. Rovira i Virgili, Defensa de la Democràcia, Barcelona, Pòrtic, 2010.
28 Folleto de la exposición: http://dones.gencat.cat/web/.content/03_ambits/docs/exposicio_lluita_viure_fulleto.pdf; Catálogo: Isabel Segura, La lluita per l’oportunitat de viure. Les dones durant la Segona República, la guerra, el franquisme i la construcció de la democracia, Generalitat de Catalunya/Institut de les Dondes, Barcelona, 2010, en línea: http://dones.gencat.cat/web/.content/03_ambits/docs/exposicio_lluita_viure_cataleg.pdf, consultado el 16/06/2017.
29 http://memorialdemocratic.gencat.cat/ca/espais_de_la_memoria/xarxa_espais_catalunya_cat/, consultado el 16/06/2017.
30www.molinsderei.site/federacio/historia/, consultado el 16/06/2017.
31www.espaimacia.cat/, consultado el 16/06/2017.
32 Régis Debray, «Trace, forme ou message ? », La confusion des monuments, Cahiers de la Médiologie, n° 7, 1989. p. 27–44, citado en Noelia Paz, «Memoria Histórica y Arte Público», On the w@terfront, n° 47, 2016, p. 7-46.
33 «El Memorial Democràtic i l’Ajuntament de Barcelona treballaran junts per a la recuperacio de la memoria histórica», Sala de prensa, Generalitat de Catalunya, 6/10/2009: http://premsa.gencat.cat/pres_fsvp/AppJava/notapremsavw/92702/ca/memorial-democratic-lajuntament-barcelona-treballaran-junts-recuperacio-memoria-historica-ciutat.do, consultado el 16/06/2017.
34 Núria Ricart Ulldemolins, «2000-2011: El lugar de la memoria», On the w@terfront, n°22, 201, pp. 25-46, p. 39. Antoni Remesar y Núria Ricart Ulldemolins, «Estrategias de la Memoria. Barcelona, 1977-2013», Scripta Nova: revista electrónica de geografía y ciencias sociales, n° 18, 2014.
35 Antoni Remesar y Núria Ricart Ulldemolins, «Estrategias de la Memoria. Barcelona, 1977-2013», op. cit.
36 En julio de 2016 la Plaza Llucmajor se convierte en Plaza de la República.
37 Noelia Paz, «Memoria Histórica y Arte Público», op. cit.
38 Ricard Vinyes, «La buena memoria. El universo simbólico de la reconciliación en la España democrática. Relatos y símbolos en el texto urbano», op. cit.
39 «El vicepresident del Govern reivindica Lluís Companys com a referent en la defensa dels drets nacionals i la justícia social», Sala de prensa, 04/10/2007. http://premsa.gencat.cat/pres_fsvp/AppJava/notapremsavw/12022/ca/vicepresident-govern-reivindica-lluis-companys-referent-defensa-drets-nacionals-justicia-social.do, consultado el 16/06/2017.
40 Intervenían Gracia Dorel, Soledad Bengoechea, Javier de Madariaga, Himari Raguer, Pere Gavriel Sirvent, Yves Dénechère, Ángel Duarte, Eliseo Trenc, María Campillo.
41 Sintesi, mensual dels diaris oficials DOGC, BOE, DOCE. www.upf.edu/sintesi/2005/dj115.htm, consultado el 16/06/2017.
42 Sintesi mensual dels diaris oficials DOGC, BOE, DOCE. DECRET 67/2008, d'1 d'abril, pel qual s'estableixen els criteris que han de regir la política commemorativa del Govern i es crea la Comissió de Commemoracions Històriques i Culturals. DOGC n.o 5103, 03/04/2008. www.upf.edu/sintesi/2008/da67.htm, consultado el 16/06/2017.
43 «El president Montilla reivindica el ‘catalanisme d'arrels populars’ de Francesc Macià», Nota de prensa, 24/12/2009. www.president.cat/pres_gov/AppJava/president/notespremsa/84773/president-montilla-reivindica-catalanisme-darrels-populars-francesc-macia.html, consultado el 16/06/2017.
44 25 anys de la creació del Centre d’Història Contemporània de Catalunya, 1984-2009, Barcelona, CHCC, 2009, http://chcc.gencat.cat/web/.content/0-web_aec_chcc/chcc/document/25_anys_llibre.pdf, consultado el 16/06/2017.
Auteur
-
Maria Llombart Huesca
Université Paul-Valéry Montpellier 3, UR 4582 ReSO
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2024
La Méditerranée et l’Espagne des frontières
Ruptures, transferts et passages (xve-xxie siècle). Hommage à la professeure Anita Gonzalez-Raymond
Léa Benichou, Raphaël Carrasco et Fabrice Quero (dir.)
2024
La memoria rebelde
El siglo xx español a la luz de los valores democráticos (1931-2013)
Adeline Chainais et Florence Belmonte (dir.)
2024
