1 Muchos términos que hacen referencia a la noción de persona o a las partes del cuerpo van siempre acompañados del prefijo que corresponde al pronombre posesivo de la tercera persona, va -. Este fenómeno ocurre en muchas lenguas. El término vani sin este prefijo pasa a ser kanich (el sufijo -ich es el pronombre para una persona indeterminada), pero prácticamente no se utiliza nunca para nombrar este principio.
2 Por otra parte, este pudor, como su corolario, el desinterés mostrado por cosificar culturalmente el proceso físico que desemboca en la formación de un ser humano, lo comparten plenamente los diferentes grupos del conjunto jíbaro (Descola, 1993a: 399-400; Taylor, 1993a).
3 La palabra víipasa (esperma) procede de la palabra víipa, término genérico para designar la descendencia directa. El sentido de víipasa sería así lo que permite tener una descendencia.
4 Salvo indicación contraria, todos los mitos y los cantos presentados en este trabajo han sido grabados con los candoshi en la casa del narrador o del cantor, transcritos en la lengua candoshi y traducidos al español gracias a la ayuda de candoshi bilingües.
5 De hecho, el término que designa la sangre, koráassi, tiene una raíz común con términos que están relacionados con el calor, como por ejemplo koráamaama, verbo que significa quemar, o bien koráapa, que quiere decir fiebre. Es así como el pensamiento candoshi atestigua la cadena asociativa entre la sangre, el calor y el esperma, cadena extendida a través de las culturas más diferentes y más alejadas del planeta (Héritier, 1996: 133-151).
6 Copular se dice ibagartamaama, aunque también se emplea a menudo el verbo yágamaama que significa «sumergirse». En efecto, el conjunto formado por los órganos sexuales femeninos se concibe como una especie de bolsa que contiene el líquido amniótico (ókósana) y la placenta (págo) en el útero (vaníta) en el que el hombre se sumerge en la penetración sexual. Del sexo femenino, los candoshi designan igualmente los labios vaginales, kóko, literalmente boca o discurso, el meato urinario, shosho y el clítoris, shipa. Según los candoshi, es justo al final de la regla cuando hay que copular para engendrar. En todo caso, la cópula no se produce nunca durante las reglas pues éstas son el paradigma de la impureza. El verbo mántsamaama significa menstruar pero también deshacer, aniquilar. Pertenece al conjunto de palabras –cuyo radical es mánts— que expresan lo negativo como mántsiri (feo, malo y falso) o mántsamo (no comestible). El radical mánts- es en cierto modo el antónimo del radical van. Si este último expresa la idea de generación, la raíz mánts sugiere en cambio una noción vaga de entropía y, más particularmente, de degeneración orgánica.
7 Hay que añadir que las jóvenes reciben una educación que fomenta el temor hacia los extraños. Así las madres candoshi poseen un repertorio de relatos en los que el argumento es siempre el mismo. Es la historia de una joven que se deja penetrar por una lombriz mientras toma un baño en el río. A consecuencia de esta relación sexual queda embarazada y engendra un ser mitad humano/mitad lombriz, lo que le acarrea graves inconvenientes. Estas historias aluden indirectamente a una práctica todavía en vigor entre los candoshi: el infanticidio de los «hijos del viento», es decir, de los hijos que son fruto de una aventura pre-conyugal.
8 La existencia de la esterilidad masculina sigue siendo muy hipotética, como por otra parte suele ser norma en otras sociedades (Héritier, 1996: 95-100). Además las mujeres disponen de métodos para provocar voluntariamente su infertilidad con el fin de espaciar los nacimientos. Cultivan cerca de la casa diversas plantas de uso medicinal cuyo nombre genérico es piripiri (lo más corriente es que sean gramíneas), de las que dos sirven para regular la concepción. El píripiri míipshispani es una planta anticonceptiva cuyo jugo se ingiere cinco días después del parto en un tazón que hay que guardar al revés. Si la mujer desea tener hijos de nuevo tiene que beber durante la menstruación el jugo de píripiri víparizpani con el mismo tazón que, esta vez, se mantiene al derecho. Tiene que repetir la operación en cada menstruación hasta quedar embarazada. Poner un recipiente al revés para marcar la no-receptividad no es un gesto exclusivo de la anticoncepción. Si las grandes tinajas que contienen normalmente masato se vuelven, eso indica al visitante eventual que la familia no quiere o no puede recibirle. Igualmente, una vez que se termina el masato preparado en honor del invitado, el orificio de estas tinajas se orienta hacia el destino tomado por el visitante en señal de amabilidad y hospitalidad renovadas.
9 En cuanto al parto, los aguaruna tienen prácticas similares desde todos los puntos de vista (Brown, 1984: 182-186).
10 Los achuar, más explícitos a propósito de la magia de los huertos, pueden ayudarnos a entender semejante temor hacia este cultígeno. Para ellos, la mandioca tiene en efecto la fama de chupar la sangre de los humanos, y muy especialmente la de los lactantes. Igualmente, creen que la cantidad de sangre que posee un individuo es limitada y no se puede renovar. Así, cada punción es un paso hacia la anemia (putsumar en lengua achuar) que al final conduce a la muerte. Los huertos son, pues, para los achuar un sitio peligroso pese a su apariencia tranquila (Descola, 1986: 253). Este temor existe también entre los candoshi.
11 De hecho, kadashi es un nombre genérico que se da a tres especies de peces de la familia Cichlidae: kadashi kollomi (Ciprinus nigris), kadashi masorashi (Heros appendiculatus) y kadashi tarikamashi (Satanoperca jurupari).
12 Este término se compone de la raíz yása, que sugiere la idea de asimilación de los conocimientos —con frecuencia en relación con el aprendizaje de los encantamientos mágicos— y del sufijo ma que remite a la idea de persistencia. Así, yásamamaama se puede traducir por «soplar en el espíritu de alguien conocimientos que deben permanecer mucho tiempo».
13 Aunque hay excepciones, como entre los matis para los que existe mayor libertad en el uso de la onomástica (Erikson, 1993)
14 Incluso cuando subsiste una duda sobre la muerte real de una persona, se emplea el sufijo mencionado en caso de ausencia prolongada. Este uso concuerda con la idea candoshi de la muerte, percibida más como una desaparición progresiva que como una ruptura. Más adelante volveremos sobre esta cuestión. Este sufijo se utiliza de la misma manera con los términos de parentesco.
15 Sin embargo, este nombre se emplea en otras partes del territorio candoshi. Incluso está extendido entre los shapra a pesar de todo.
16 De donde quizá proceda el parecido léxico con la palabra vanóosi que significa «fruto» o «corazón de palmera» (a partir del cual crecen las palmas), pues las dos nociones expresan la realización de un proceso autogenerado que marca la victoria de la presencia sobre la ausencia. La similitud terminológica entre estas dos palabras está atestiguada en otros sitios. Por ejemplo, en la cultura de los antiguos náhuatl donde el término empleado con más frecuencia para referirse al cuerpo en su conjunto, tonacayo, designa también los frutos de la tierra y especialmente el maíz (López Austin, 1989: 172).
17 La etnología del continente señala, en efecto, que los amerindios reconocen una uniformidad básica de los cuerpos (Viveiros de Castro, 1996: 128).
18 Excepcionalmente, ocurre que, pese a las grandes similitudes, una parte del cuerpo sea nombrada por términos diferentes según las especies. Por ejemplo, las nalgas de los humanos se llaman chachi mientras que las de los otros mamíferos se llaman maziri.
19 Ver Descola (1992; 1993a); Fausto (1997; 2000); Overing (1993); Surrallés (2000); Taylor (1985; 1994; 2000); Vilaça (1992); Viveiros de Castro (1992; 1993).
20 Esta distinción entre «animado» y «dotado de alma» está lejos de ser exclusiva de los candoshi. El mismo principio existe entre los yagua para los que toda materia está dotada de vida, animada por una misma energía vital. Para ellos, el criterio de diferenciación entre los grandes ámbitos de los seres vivos se explica partiendo de las formas de distribución de esta energía vital: «generalizada e indiferenciada en el reino mineral, diferenciada por especie en el reino vegetal y la fauna inferior, individualizada (con la aparición de almas) en la fauna superior y en el hombre. Así se pasa del concepto muy abstracto de energía vital como principio generalizado, al de alma como entidad más individualizada» (Chaumeil & Chaumeil, 1992: 26; Chaumeil, 1989).