• Contenu principal
  • Menu
OpenEdition Books
  • Accueil
  • Catalogue de 16595 livres
  • Éditeurs
  • Auteurs
  • Facebook
  • X
  • Partager
    • Facebook

    • X

    • Accueil
    • Catalogue de 16595 livres
    • Éditeurs
    • Auteurs
  • Ressources numériques en sciences humaines et sociales

    • OpenEdition
  • Nos plateformes

    • OpenEdition Books
    • OpenEdition Journals
    • Hypothèses
    • Calenda
  • Bibliothèques

    • OpenEdition Freemium
  • Suivez-nous

  • Lettre d’information
OpenEdition Search

Redirection vers OpenEdition Search.

À quel endroit ?
  • Institut français d’études andines
  • ›
  • Travaux de l'IFEA
  • ›
  • El siglo XIX: Bolivia y América latina
  • ›
  • Proyectos nacionales
  • ›
  • Propuestas de identidad política para lo...
  • Institut français d’études andines
  • Institut français d’études andines
    Institut français d’études andines
    Informations sur la couverture
    Table des matières
    Liens vers le livre
    Informations sur la couverture
    Table des matières
    Formats de lecture

    Plan

    Plan détaillé Texte intégral Vínculos y solidaridades criollas Comunidades indígenas La pertenencia local La identidad religiosa Primera propuesta de identidad política: Ciudadanos libres, neogranadinos La reformulación liberal Segunda propuesta de identidad política: los ciudadanos de la república cristiana Notes de bas de page Auteur

    El siglo XIX: Bolivia y América latina

    Ce livre est recensé par

    Précédent Suivant
    Table des matières

    Propuestas de identidad política para los colombianos en el primer siglo de la República

    Margarita Garrido

    p. 605-618

    Texte intégral Vínculos y solidaridades criollas Comunidades indígenas La pertenencia local La identidad religiosa Primera propuesta de identidad política: Ciudadanos libres, neogranadinos La reformulación liberal Segunda propuesta de identidad política: los ciudadanos de la república cristiana Notes de bas de page Auteur

    Texte intégral

    1Para pensar los procesos de construcción de la identidad política de los colombianos nos situamos en el campo de la cultura política, es decir en el espacio en el que cultura y política sostienen relaciones de competencia, de préstamo, de conflicto y de sintonía. La cultura política, de acuerdo con D. McKay, “abarca el patrón dominante de creencias y valores los cuales son adquiridos, y se modifican y cambian como resultado de un complejo proceso de socialización desde el sistema político”1. Para aceptar esta definición debemos aclarar que entendemos el sistema político como el todo de relaciones y no como el aparato de gobierno. Debe entenderse además en una dimensión histórica, como noción de construcción de un credo (creencias, nociones y valores) común a toda la sociedad, en el tiempo y contexto. Además debe matizarse, teniendo en cuenta que las experiencias, la memoria colectiva, las expectativas y sentimientos de los diferentes grupos determinan formas diferentes de participación en lo público y matices en su representación2.

    2Las formas discursivas son parte de la cultura política. Las propuestas de identidad nacional realizadas de manera expresa generalmente por la élite política pueden ser entendidas como lo que D. Lacapra llama “artefactos de las élites culturales”3. Y como tales son modos de ver y búsquedas de seguridad simbólica.

    3Tratar de confrontar las identidades culturales de grupos construidas en tiempos y espacios dados con las identidades políticas propuestas desde arriba implica poner en relación dos tendencias historiográficas que generalmente se excluyen: la historia de la 'gente corriente' y la historia del arte de gobernar4.

    4De un lado, tenemos identidades de grupo, de comunidad, y de vecindad; que compiten entre sí, se hacen reclamos unos a otros y al todo. Esas identidades se forjan con base a los vínculos de hecho y con vínculos adquiridos en las experiencias colectivas y se dicen en los discursos de solicitud, de queja o de reclamo que generalmente obedecen a expectativas heredadas y adquiridas, se moldean en la convivencia de hombres y mujeres en un tiempo y espacio dados y se expresan en formas culturales. La construcción de identidades es básicamente la construcción de pertenencias. De otro lado, las propuestas de una identidad política son hechas por uno de los grupos, que teniendo acceso al poder, busca lograr el consenso general para su propia representación de la nación y de los nacionales. Sus discursos (propuestas de identidad) conllevan su modo de verse y ver a los demás tanto como la búsqueda de seguridad simbólica.

    5En esta ponencia trataremos de poner en relación las identidades construidas y las propuestas de identidad con un desplazamiento en el tiempo. En primer lugar nos preguntamos por lo que unía a la gente en la sociedad colonial y en segundo lugar analizamos dos propuestas de identidad nacional hechas por las élites para todos los colombianos durante el siglo xix. Asumimos que el patrón dominante de pertenencias y valores sobre lo público adquirido en tres siglos de colonia es sometido a un complejo proceso de socialización desde el nuevo sistema político que busca modificarlo. Aunque las propuestas mismas están profusamente atravesadas por el mismo entramado colonial de pertenencias e identidades, hay matices muy importantes en la construcción de una comunidad imaginada a la cual se pertenece, por la cual se puede morir con gloria y contrarrestar en algo la aparente contingencia de la vida5.

    6Asumimos como conocidos los eventos que separan colonia y república y los períodos del primer siglo republicano. En ocasiones ellos contribuyeron a cambios de actitudes de larga duración.

    7Hay evidencia que permite decir que existían vínculos y solidaridades compartidas por los criollos, otros compartidos por los indios, y un fuerte sentido de pertenencia local más o menos urbana que ataba a muchos “libres”. Aunque con sincretismos de muchos tenores la mayoría de la población compartía en alguna medida la pertenencia religiosa cristiana.

    Vínculos y solidaridades criollas

    8Varios autores coinciden en ver a la sociedad hispanoamericana como una organización basada en ciertos principios tomados de la sociedad ibérica: la agrupación por posición económica entre encomenderos que tendían a tomarse el cabildo, entre comerciantes que se reunían en los Consulados y entre artesanos asociados en los gremios; el principio corporativo que separaba a la iglesia, al ejército, a la nobleza y a los comunes determinando deberes y privilegios, fueros, títulos y carreras tanto como actitudes y maneras para cada cuerpo; y el principio de la organización patriarcal que regía unidades de individuos, familiares o no en una escala ligando a todos a una gran figura de la que emanaba protección y cualquier beneficio posible individual o colectivo.

    9Ese modelo ha sido probado en diversos análisis en los que, a pesar de una cierta adecuación, siempre se llega a concluir que no hay líneas divisorias definitivas en las agrupaciones por oficios ni por corporaciones, sino más bien una sobreposición y combinación de ellos en los grupos. La descripción de unidades familiares y patriarcales, hasta hace poco menos frecuente en trabajos, apunta hacia mirar las familias a partir de mediados del siglo xviii como grupos que van ganando de generación en generación diversificación económica y mayor poder6.

    10Se trata de vínculos muy perceptibles. Desde la temprana colonia la sociedad estaba organizada con un sentido patrimonial. En Nueva Granada como en las demás colonias españolas, los criollos habían gozado de prerrogativas y privilegios como estrato social colonial alto y de prevalencia para todos los cargos la cual les fue reconocida desde el siglo xvi. Lo que ha sido llamado el criollismo tiene sus raíces desde la temprana colonia en un sentimiento y una conciencia que Juan Friede denominó “de antiguos de la tierra”.

    11En ese discurso inicial ya está implícita su ambigüedad como sujeto colonizador y colonizado: es colonizador frente al indio y manifiesta rebeldía de colonizado frente al colonizador recién llegado7. El criollo es parte de ambos pero está disociado de ambos. Esta ambigüedad define su identidad durante todo el período colonial y va a aflorar durante la Independencia.

    12La forma básica de agrupación criolla era la del parentesco familiar en términos relativamente amplios. Los vínculos de parentesco y sus solidaridades pasaban de generación en generación lo mismo que los deberes y derechos de sus miembros hacia los amigos más cercanos a la familia, hacia los dependientes y la servidumbre. Algunos se reforzaban como parentescos espirituales por medio de compadrazgos los cuales conllevan significativos intercambios reales y simbólicos.

    13Muchos de los colegios, las agrupaciones profesionales y las corporaciones tenían como requisito las declaratorias de “limpieza de sangre”, reforzaban el sentimiento de los criollos sobre bases patrimonial y estamental.

    14No obstante no debemos olvidar que la base de esta identidad es la representación que los criollos tienen de sí mismos como grupo étnico diferente, blancos nacidos en América, herederos de los méritos de sus mayores. Se diferencian de españoles peninsulares y de las castas. Los estudios de élites sobre Popayán, Cali, Medellín, Tunja y Santa Fé nos dejan ver las solidaridades entre familias atravesando las agrupaciones por oficios o corporaciones.

    Comunidades indígenas

    15Los indios, étnica y culturalmente diferentes del resto de la población, eran conscientes de su otredad en el conjunto de la sociedad colonial. A fines del siglo xviii los pueblos indios hispanizados tenían una vaga conciencia de haber sido los habitantes originales de América y poseedores de la tierra. De acuerdo con la versión oficial ellos habían recibido los resguardos de la Corona. La pertenencia a la comunidad era una conditio sine qua non para el acceso a la tierra; la desintegración de la comunidad significaba la pérdida del acceso a las tierras del resguardo y la posibilidad de que los miembros restantes de ésta fueran trasladados y agregados a otro pueblo. Por ello el mantenimiento de la unidad y la estabilidad demográfica eran prioritarias para su sobrevivencia como tal. A pesar de la pobreza, la ignorancia y la humildad, los indios, demostrándose respetuosos de Dios, el Rey y la ley, clamaron misericordia más que justicia, contra los abusos y maltrato de los gobernantes locales y los intrusos. En cierta medida estas comunidades hispanizadas asumieron la identidad atribuida de pobres indios.

    La pertenencia local

    16A la lista de principios de agrupación arriba mencionada debe agregarse el principio de la jerarquización de las poblaciones en un orden, que más allá de determinar jurisdicción y gobierno, tenía que ver con la calidad de los vecinos.

    17Si algo se encuentra cada vez que se emprende un estudio serio sobre cualquier grupo de españoles en las Indias, es el lugar donde nació la mayoría aunque no se encuentre nada más. Los mismos españoles daban tal importancia a los orígenes regionales como elemento principal de su vida política y social que insistían en la declaración de su origen en cada ocasión8.

    18En la sociedad colonial cada población tenía un lugar en un orden jerárquico, que ascendía de viceparroquia a parroquia, y de ésta a villa o ciudad. El ser vecino de un sitio, de una villa o de una ciudad era un elemento importante en la definición del status de cada persona y familia. La relación era recíproca: la decencia y decoro de sus gentes mejoraba la imagen del lugar. La vida en sitios, parroquias, pueblos, villas y ciudades, siempre con pretensiones urbanas constituyó un marco de referencia para todos. Para los denominados “libres de todos los colores”, es decir, para los blancos pobres, los mestizos y las castas residentes de un lugar, su pertenencia a éste fue definitiva para su identidad.

    19En virtud de la creencia en que el lugar del poblado en la jerarquía de ciudades estaba intrínsicamente unido a la posición de sus habitantes, los vecinos se embarcaban en la construcción de las obras públicas que marcaban las diferencia de los lugares: iglesia, cárcel, caminos y acequias y sobre todo la traza del asentamiento siguiendo el patrón de damero. Así mismo se comprometían con los costos de fiestas patronales para el mayor brillo de su vecindario. Ello sostenía a la población en su lugar o contribuía a su promoción en la jerarquía jurisdiccional y por tanto a la de sus habitantes.

    20Los sentimientos de honor, la dignidad y la deferencia de los habitantes se extendían a su población y lo ganado por todos revertía de nuevo en los individuos. Lo mestizo así, se diluía en lo urbano, que en la tradición hispana era considerado como forma de organización civil más adecuada.

    La identidad religiosa

    21La colonización fue un gran proyecto de evangelización, una colonización del imaginario. Es tan difícil separar lo que en el orden colonial se inspira en lo religioso de lo que es el orden gubernamental monárquico, como separar lo que hay de ambos en los papeles desempeñados por los curas. Ellos fueron los rectores de la cultura intelectual de los criollos educados que fue básicamente clerical y los poseedores de los medios de castigo y de perdón para las conciencias. Los curas reemplazaron al estado donde éste era más débil, hicieron peregrinajes de parroquia en parroquia para sus carreras, y dijeron sermones al servicio del orden público en diversas ocasiones. La misa precedía las elecciones, los días de tributo y aún los entrenamientos de milicias. La presión y coerción religiosa mayores se ejercieron sobre los indígenas al punto que algunos libres acentuaban su diferencia con el dicho de “cura mande indio”. Por encima de los matices los curas fueron los proveedores de elementos de fantasía y resignación, los vulgarizadores de los modelos culturales coloniales. La religión era a fines del período colonial, indiscutiblemente, un elemento de cultura compartido de alguna manera por todos.

    22Aunque relaciones como la del Padre Joseph Palacios de la Vega a fines del siglo xviii o informes como los recolectadas en 1802 a solicitud del Marqués de San Jorge sobre la vida en las poblaciones, dejan ver las enormes fisuras de una evangelización e hispanización imperfectas, el discurso religioso cristiano tenía una presencia visible en la vida de la mayor parte de los habitantes del Nuevo Reino de Granada9.

    23Cualquier testamento colonial y aún del primer siglo republicano mostrará los tres elementos señalados como referentes de identidad: pertenencia a familia (alegando méritos y blancura si era el caso), lugar de origen y declaración de ser cristiano. Su vigencia es duradera. Algunas solicitudes de cacicazgos, aún en el siglo xviii, clamaban pureza de sangre indígena y descendencia de caciques.

    Primera propuesta de identidad política: Ciudadanos libres, neogranadinos

    24Hemos presentado en otras partes lo que entendemos por comunidad imaginada de los criollos neogranadinos y la evidencia documental de sus prácticas y discursos, por lo demás bastante conocida por los historiadores nacionales tradicionales y modernos. Esa noción está hecha del viejo criollismo -basado en el sentimiento de “antiguos de la tierra”-, del conocimiento útil -debatido en los Colegios Mayores y experimentado en la Expedición Botánica- para dar lugar al patriotismo científico, y de teorías económicas y administrativas ilustradas que, confrontadas con la situación de la colonia dan pie a la “crítica ilustrada de la realidad”. Se alimentó de y alimentó a la naciente prensa10.

    25También me ha parecido importante señalar que el nuevo credo profesado por los criollos a fines del siglo xviii incluía una mirada ambigua al pueblo. Por un lado le atribuía una consistencia débil, influenciable y variable, con mayor inclinación a los vicios que al trabajo. Por otro reconocía que con una política adecuada se podía encauzar su actividad hacía la agricultura, la industria, el comercio y por tanto la “felicidad de los pueblos”11.

    26Los criollos habían construido tanto en el discurso como en la práctica una relativa conciencia de pertenencia a una comunidad. Las formas de sociabilidad que los vinculaban eran las tradicionales (familia, compadrazgo, lugar de origen, asociaciones de oficio y devoción) pero también las más modernas de la Universidad, y de la formación de opinión respecto a la realidad en que vivían. La red de criollos educados compartía en alguna medida un sentido del orden, expectativas y una visión de sí mismos y de “los otros”. Aunque la diferencia con las castas era muy clara, existían vínculos de sociabilidad verticales, especialmente los propios de las unidades patriarcales, y de la subordinación estamental. La agudización de las tensiones con las autoridades españolas bajo los Borbones fortalecieron la representación criolla del español como “el otro”, el altivo y ávido de poder.

    27Los alcances de la red criolla - a la cual podemos llamar comunidad imaginada de los criollos neogranadinos - y su uso político fueron claros en las elecciones a Cortes de 1809 cuando los nombres de los candidatos a delegados elegidos en la provincias se repetían en varias de ellas sin quedar ninguna de las que hoy conforman Colombia por fuera de esa red de nombres superpuestos y entrelazados. En cambio entre los candidatos de las provincias que hoy corresponden a Ecuador, a Venezuela y a Panamá no aparecían estos nombres.

    28El discurso de la soberanía popular y el de la oposición al tirano propios del Siglo de Oro, sirvieron a los criollos para convocar al pueblo contra los mandatarios españoles y legitimar su toma de los cargos de autoridad12. Los vecinos convocados en las plazas de Cali, Pamplona, Socorro, Mompox, Cartagena y Santa Fé reconocieron a los criollos ilustrados como los jefes, tal como lo habían hecho en las poblaciones santandereanas en el movimiento de Los Comuneros, pues en una sociedad de estamentos la subordinación social se traduce en subordinación política.

    29Desde ese lugar, los criollos hicieron la primera propuesta formal de identidad política: la representación de todos los habitantes de la jurisdicción de la Audiencia de Santa Fe como ciudadanos libres y autónomos de la nación neogranadina. Se trataba de una identidad política que incluía a todo el mundo, sin distinciones sociales ni étnicas. Se trataba de la primera proclamación de igualdad y de libertad. No obstante, de acuerdo con su representación del orden y de su lugar en la sociedad, los criollos asumen que deben actuar en nombre del pueblo y controlar la situación.

    30Hans-Joachim Kónig ha explicado brillantemente cómo las formas de utilización del término ciudadano están asociadas a los objetivos de libertad y autodeterminación y aún a las posibilidades de desarrollo económico, insatisfechos por España. Al mismo tiempo el concepto de ciudadano resultaba muy útil para integrar una sociedad con fuertes diferencias étnicas y sociales13. La concesión de ciudadanía a los indígenas fue un gesto confirmatorio de esta comprensión de la igualdad ciudadana como integradora. En este caso era claro que se buscaba borrar en el largo plazo la diferencia, permitiendo a los no indios vivir en las comunidades, decretando la parcelación de los resguardos en un plazo de cinco años y poniendo a las comunidades bajo los mismos gobernantes que los libres y las mismas leyes14.

    31En los días que siguieron a la formación de las primeras Juntas de Gobierno aparecieron las disensiones entre las expectativas y actitudes de los diversos grupos. El significado de ser ciudadanos, de ser libres y autónomos variaba. Muchas poblaciones, parroquias, villas y ciudades entendieron que la libertad era la autonomía local; la posibilidad de independizarse del cabildo de la ciudad, bajo cuya jurisdicción estaban, para nombrar su propio gobernante, para unirse a otro cabildo o, en muchos casos, directamente a Santa Fe. La libertad fue entendida como la posibilidad de hacer sus alineaciones y reordenar sus lealtades, las que precisamente tenían que ver con el status de su población y por tanto con su identidad. A las personas o gobierno locales que quisieron oponerse a las opciones tomadas por los notables de los pueblos se les llamó “tiranos”. Estas expectativas de los pueblos, aunque no fueron en definitiva desalentadas, van a ser luego estigmatizadas como fruto de las pasiones que, desatadas, han conducido al caos, a la anarquía contra la razón.

    32A pesar de que muchos criollos no comparten formalmente las soberanías locales, la dinámica de las autonomías termina involucrándolos en el rediseño del mapa de lealtades. Los conflictos alrededor de los alineamientos los dividen profundamente hasta llegar a la confrontación bélica en la cual el mismo credo de la libertad y la anti-tiranía se usa para enfrentarse entre ellos y legitimar el enfrentamiento de los pueblos. Las pertenencias locales, las lealtades basadas en vínculos tradicionales resultaron determinantes en los enfrentamientos de la Patria Boba. La identidad política por encima de ellos se desmoronó.

    33En su discurso la dirigencia criolla proclama la necesidad de tener cierta tolerancia de las pasiones, desde una postura ilustrada, del lado de la razón, y la de luchar contra todos esos males que consideraban parte de la herencia colonial, de los siglos de esclavitud y servidumbre.

    34En La Bagatela (1811-1812), como en casi todos los discursos revolucionarios, se encuentra el constante recurso a las grandes virtudes y principios que deben legitimar los cambios y representarlos con las imágenes fundantes de un nuevo orden. Nariño propone las virtudes públicas que deben cultivar los neogranadinos y los defectos que deben combatir para hacerse merecedores de la libertad. Se expresa en un lenguaje mucho más moral que político.

    35En su afán pedagógico y en su lucha contra las “ideas viciadas que deja una larga esclavitud”, el autor de La Bagatela explica con detalle, define conceptos, establece diferencias, advierte y amonesta15. Es la actitud del ilustrado como lo es la de Lozano y Caldas cuando redactan el Diario de la Independencia.

    36La conciencia de que el país es observado por el mundo europeo y la necesidad de ser aprobado por éste también hace su temprana aparición en los escritos de Nariño: ¿Seremos por fin libres? ¿Habremos adquirido este don precioso sólo para perderlo? ¿Qué dirá el mundo de nosotros? Tengamos vergüenza“16.

    37En 1810, en muchos pueblos de indios la lectura del primer decreto que los consideraba hombres libres sujetos a las mismas leyes que los blancos dio lugar a borrachera, desobediencia y aún abierta rebeldía contra curas y corregidores. En otros dieron lugar a un cambio de lenguaje y de tono en sus solicitudes. A los criollos estas reacciones los tomaron por sorpresa. Algunos de ellos se reafirmaron en los prejuicios sobre la malicia y el malentendimiento de los indios, los cuales habían sido momentáneamente desplazados por la imagen de un solo pueblo sometido a tres siglos de opresión17.

    38A pesar de que hay indicios para demostrar que se trató más bien de una inclusión abstracta y formal que de una real, la proclamación de la identidad de ciudadano libre abrió un espacio jurídico e ideológico determinante para la trayectoria del país. Sin embargo también es cierto que desde esa primera propuesta apareció claramente la distancia entre el discurso liberal y la realidad de una sociedad colonial y étnicamente estratificada.

    39La proclamación de la nación de ciudadanos y de la identidad de ciudadano libre y autónomo implicaba la igualdad de los diferentes. Se trataba del derecho a la igualdad tal como se entendía (y se estrenaba) en el siglo xviii, la de la no-diferencia. No se trataba de la no-desigualdad de los Derechos Humanos de hoy que busca precisamente el reconocimiento a la diferencia (de género, de étnia, de sexo, etc.) y a que ésta no sea entendida como desigualdad.

    40La Reconquista acaba violenta y discriminadamente con los más connotados representantes de esa primera red de criollos que les permitió imaginarse como comunidad y proponer una identidad general.

    41Fue un comienzo azaroso el del nuevo país. La primera propuesta de identidad nacional, se encontró con un abanico de conflictos que abierto durante los años iniciales prefigura matices muy importantes de la política del primer siglo de república. La limitada inclusión del pueblo en política, su vinculación a ésta a través del alineamiento de las localidades en facciones o partidos, el localismo expresado en autonomías y rivalidades, la existencia de credos más que idearios, la solución de conflictos políticos por la vía del enfrentamiento armado de civiles, son algunos de ellos.

    42Se encuentran muchas voces como un coloquio de diversos aspectos mal articulados de identidades étnicas, geográficas y religiosas. La identidad política propuesta por los criollos como de ciudadanos libres neogranadinos es híbrida. Se nutre de la Ilustración y de la teoría de la soberanía popular. Los líderes criollos y el pueblo se encontraron atrapados en un lenguaje cuyas significaciones se intersectaban y coincidían sólo parcialmente debido a que en el interior de un mismo sentido del orden habían tenido diferentes experiencias y abrigado expectativas diversas.

    La reformulación liberal

    43La constitución de 1821 será una solución jurídica en la que las localidades de todo el territorio constituyen instancias directamente unidas a la entidad mayor llamada la Gran Colombia. Disuelta esta entidad aparecen los tres estados semejantes a lo que hoy son las repúblicas de Colombia, Ecuador y Venezuela. Los cabildos que son la institución de gobierno local por excelencia desempeñan ahora un papel muy importante. La destrucción causada por las guerras de independencia lleva al regreso de los propietarios a sus haciendas que, aunque golpeadas también, ofrecen una forma de vida más económica, dando lugar a una cierta ruralización de la sociedad. Alrededor de localidades y haciendas se fortalecen los poderes de señores que presiden unidades patriarcales las cuales serán al tiempo bases de gamonalismo y posteriormente de reclutamiento faccioso-caudillista y aún partidista. Se trata pues de partidos basados en sociabilidades más tradicionales que modernas. No obstante comienzan a representar ”colectividades“ que hacen una convocatoria amplia.

    44La religión, base identataria bastante fuerte por el legado colonial, va a ser usada políticamente sobre todo por el partido conservador. Aunque a mediados del siglo xix la Iglesia fue fuertemente cuestionada por los liberales radicales, al final del siglo fue reivindicada por los conservadores.

    45La propuesta liberal de identidad como ciudadanos nacionales fue en cierta medida, la misma primera propuesta criolla acentuando más los elementos de ruptura con la colonia, planteando las reformas como modernas e insistiendo decididamente en la educación. La mirada al pueblo como plebe, ”vil canalla“, “vasta masa parda y cobriza” se alterna con su representación como “pobre pueblo”. Los liberales decimonónicos también se debatirán entre la inclusión del pueblo en sus planes y su exclusión por temor y menosprecio. La educación y transformación de las costumbres fueron los medios que se pensaron como adecuados para convertir a ese pueblo en ciudadanos18.

    46Las proclamas que se hacen para conseguir que una población se involucre en la guerra civil apelan precisamente a estos elementos, el religioso y el patriotismo local, lo cual es una muestra de su vitalidad y cobertura. El patriotismo tiene como modelos a los héroes de la Independencia. Los partidos y las guerras civiles obraron como generadores de otras lealtades, que sin romper las originales, lograron ampliar el horizonte de pertenencia de los hombres comunes a unas unidades mayores identificadas en algunos casos con provincias, en muchos con localidades y con lealtades de tipo patriarcal a los caudillos. El federalismo institucionalizado en 1863 ratificó un paso intermedio de unificación: los llamados estados soberanos. Como subconjuntos de localidades, la provincias, aunque con una existencia aún precaria, eran más fuertes que la unidad mayor centralista que había tenido tan solo una existencia burocrática sobre un conjunto atomizado de localismos, de la cual aparece como que se hubieran fragmentado.

    47La literatura costumbrista va a jugar un papel muy interesante al ser realmente el primer intento de decirnos nosotros mismos o, como ellos decían “pintar nuestras costumbres”. Aunque no totalmente liberada de estereotipos está en ello mucho más adelante que los trabajos historiográficos que bien calificó Colmenares como escritos con Convenciones contra la Cultura. Esta literatura nos deja ver la política y los procesos de identidad en la vida cotidiana. Las pertenencias locales, las diferencias regionales, la diferenciación campo-ciudad, y en ésta la de gente de tono y gente corriente. La mirada a los caudillos, al reclutamiento y a las guerras, a los partidos, a la educación, a las creencias, a las fiestas religiosas y civiles y aún a las epidemias nos ofrece un mapa muy abigarrado e híbrido.

    48A lado está la prensa liberal y conservadora empeñada en civilizar a toda costa. Con matices su discurso era el de la reforma de las costumbres para la utilidad pública y por ello preconizaban ideas y valores “conducentes a la práctica de las virtudes burguesas y del buen comportamiento ciudadano”19.

    Segunda propuesta de identidad política: los ciudadanos de la república cristiana

    49La crisis mundial de precios de 1875 dejó ver a las claras la vulnerabilidad de las economías exportadoras regionales y la necesidad de construir un mercado nacional al tiempo que poner las bases para un sistema exportador fuerte.

    50La Regeneración fue el nombre político de un proyecto nacional-estatal abanderado por Rafael Nuñez y respaldado por la Iglesia, el ejército conservador y el partido nacional. “Regeneración administrativa fundamental o catástrofe” fue la frase con la que se planteó la disyuntiva entre el orden y el caos. La sociedad federada apareció como carente de recursos de gobernabilidad y el régimen centralista y fuerte como el portador del orden que tan urgentemente se necesitaba. En el discurso autoritario regenerador confluyen cómodamente los elementos de jerarquía y orden de la tradición española y católica y el elemento de autoridad de raíz liberal ilustrada. Nuñez pensó que su proyecto pondría al país de regreso a lo que él consideraba “el cauce natural de los acontecimientos” y se sintió él mismo como instrumento escogido por designio de la Providencia para salvar a la patria de la aniquilación. Esta legitimación providencialista fue producida por y para creyentes y fue relativamente eficaz20.

    51En este programa la cuestión de identidad de los nacionales estaba en primer plano. Se hizo una propuesta oficial de identidad colombiana la cual debía ser formada en los aparatos religioso y educativo. Ellos debían adelantar unas tareas de resocialización en la ética cristiana y en la memoria colectiva oficial para convertirse en ciudadanos de la república cristiana21.

    52De lo colonial se rescata lo que se señala como la “profunda esencia católica de la sociedad” la cual lleva a la obediencia y al respeto de las instituciones sociales, de las autoridades y de la ley; de lo republicano se rescata la gesta patriótica de la Independencia y los héroes como fundadores de la República. Con estos elementos se trató de producir un sentimiento de destino compartido, doble, como cristianos en peregrinaje por el mundo y como connacionales que comparten una memoria colectiva. Es el momento en que se hacen más esfuerzos para producir una religión cívica con base en los héroes, en sus fechas, hechos y sueños. Otro santoral. Textos, didácticas, celebraciones y símbolos serían transmitidos en las escuelas, “Dios y Patria”. El himno nacional, escrito por el mismo Nuñez documenta los lineamientos con los cuales se busca producir colombianos. La religión (sin importar todos sus sincretismos) y el pasado heroico se amalgaman, casi tanto como en la colonia “las dos Majestades” -Dios y el Rey. Así se intenta producir pertenencias que engloben a todos por encima de localidades, de etnias, de regiones, facciones o partidos. Los curas representarán de nuevo un importante papel político.

    53Los territorios habitados por las comunidades indígenas serán objeto de una avalancha civilizadora en virtud del Convenio de Misiones. Se busca realizar la resocialización del indígena con un ímpetu que recuerda la conquista22.

    54En primer lugar, la Regeneración fundamenta la nacionalidad en los elementos religioso y heroico, los cuales como elementos constitutivos de una cultura común, debían producir cohesión y homogeneidad23. En segundo lugar la Regeneración trata de resignificar aquellos conceptos popularizados por la retórica republicana. Es el caso del concepto de libertad que, como principio tutelar del liberalismo, era entendido por los radicales como libertades absolutas de expresión, reunión, imprenta, producción, comercio y hasta de libre porte de armas. Ahora es propuesta como libertad del alma, la que sigue los Diez Mandamientos. La libertad de los liberales queda señalada como “un estéril y peligroso espejismo”, sobre todo para las muchedumbres24. En tercer lugar la Regeneración intenta extirpar aquellos rasgos que siendo constitutivos de la cultura política de la mayoría de las regiones del país, eran considerados negativos, desagregadores, perversos. Se trata del localismo y el regionalismo, del gamonalismo, las elecciones fraudulentas, de los llamados círculos políticos y las guerras civiles...

    55Todos estos factores producidos por la herencia colonial y por las combinaciones de sociabilidades tradicionales y los discursos modernos, marcaron, sin embargo, los límites del la política cultural regeneradora. Su proyecto desconoció los conflictos y las diferencias. Esa identidad pretendía homogenizar las diversidades y los mestizajes constitutivos de la sociedad moldeándolos a todos como ciudadanos de la república cristiana. Los mestizajes desde el biológico hasta el cultural no han sido asumidos positivamente sino más bien negados o cargados con signo negativo, asociados a lo impuro, a lo obscuro, a lo bajo; tratados como periféricos siendo centrales.

    56De nuevo en ese final de siglo xix se sigue buscando por encima de todo el reconocimiento internacional. Nuñez insistirá frecuentemente en sus artículos en la necesidad de entrar en el concierto de naciones. En una forma al parecer ingenua, el “Papel Periódico Ilustrado” de Alberto Urdaneta había formulado en su proyecto editorial de 1881 la imagen que se quería proyectar: el conocimiento de las bellezas del suelo de Colombia, de su historia, de su naturaleza, de su progreso, de sus aspiraciones, de su movimiento intelectual y de sus glorias“ (no. l : 3).

    57Las dos propuestas analizadas son formulaciones de un deber ser y de una política cultural para alcanzarlo. Ambas desconocen la rasgos básicos de la sociabilidad y de la cultura política del país. Son como muchas otras, procesos de encubrimiento de lo que no queremos ser. La imagen especular de lo que queremos, y de lo que sí nos dará el reconocimiento por los otros no deja ver las potencialidades alternativas, las posibilidades de la otredad del país, y de lo que en su interior nos une y nos diferencia.

    58En el siglo xix no existía la posibilidad de producción de identidad nacional que incluyera las diferencias. Las naciones del mundo occidental se ocupaban de producir sus ciudadanos e inventar su tradición como dijera Hobsbawm. La homogeneidad era el requisito de la inclusión. Y Colombia era altamente heterogénea.

    Notes de bas de page

    1 D. McKay, American Politics & Society. (Oxford, 1987), p. 24.

    2 E. P. Thompson. “La sociedad inglesa del siglo xviii: lucha de clases sin clases?” en Tradición, revuelta y conciencia de clase. (Barcelona, 1989).

    3 D. Lacapra, “Is everyone a Mentalité case? Transference and the 'culture'concept?”, en History and Theory. 23(3), (1984): 298: “High or elite culture generally refers to the artefacts of cultural elites in the arts and sciences. novels, poems, paintings, philosophical treatises. scientific discoveries and so forth... High culture also refers to the culture of other elites, political. socioeconomic, military, bureaucratic. academic and so forth...”

    4 Ver R. Samuel, “¿Qué es la historia social?”, en Historia Social 10, (Valencia, primavera-verano 1991): 135-149.

    5 Benedict Anderson, Imagined Communities. Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, Londres. 1983.

    6 Diana Balmori et al. Las alianzas de familias y la formación del país en América Latina, (México: Fondo de Cultura Económica, 1990).

    7 Rolena Adorno, “El sujeto colonial y la construcción cultural de la alteralidad”, Revista de crítica literaria latinoamericana 24. (1988): 55-68.

    8 James Lockhart, Los hombres de Cajamarca, (Lima: ed. Milla Batres, 1972), tomo 1, pp. 41 y 121.

    9 Diario de viaje del padre Joseph Palacios de la Vega entre los indios y negros de la provincia de Cartagena en el Nuevo Reino de Granada, 1787-1788. editado por Gerardo Reichel Dormatoff. Bogotá, 1955. Los informes de 1802 se pueden ver en V. Gutiérrez de Pineda. La familia en Colombia. (Bogotá. 1963), vol. 1.

    10 Margarita Garrido. “Precursores de la Independencia”, en Gran Enciclopedia de Colombia, vol. 1, (Círculo de Lectores. Bogotá, 1991): 211-222: y capítulo primero de Reclamos y representaciones. Variaciones sobre la política en Nuevo Reino de Granada, 1770-1815, (Bogotá: Banco de la República. 1993). La expresión “crítica ilustrada de la realidad” es de Juan Carlos Chiaramonte, Pensamiento de la Ilustración, economía y sociedad iberoamericana en el siglo xviii, (Barcelona. 1979), pp. xxii-xxiii.

    11 El tema ha sido tratado en Margarita Garrido, “Convocando al pueblo, temiendo a la plebe”, en Historia y Espacio 14, (Universidad del Valle, Cali, 1992): 79-97.

    12 Para la presencia de las ideas políticas españolas en las colonias ver, Rafael Gómez Hoyos, La revolución granadina de 1810. Ideario de una generación y de una época 1781-1821, tomo 1. (Bogotá. 1982).

    13 Jans-Joachim König, En el camino hacia la nación, Nacionalismo en el proceso de formación del Estado y de la Nación de la Nueva Granada, 1750-1856, (Bogotá: Banco de la República, 1994), pp.338.

    14 König (1994), p. 350.

    15 La Bagatela, no. 16, 20 de octubre de 1811.

    16 La Bagatela, no. 10. 15 de septiembre.

    17 Ver Garrido (1993), pp.298-312.

    18 Ver Margarita Pacheco. La fiesta Liberal en Cali, (Cali: Universidad del Valle, 1992).

    19 Margarita Pacheco, “Escribiendo para el pueblo: la prensa en Cali 1848-1854”, en Historia y Espacio 15, (1994): 27-48.

    20 Rafael Nuñez. La reforma Política, (Bogotá, 1944-50). Recopilación de artículos desde 1880. Esta sección de la ponencia se basa, en parte, en mi monografía “La Regeneración y la Cuestión Nacional-Estatal en Colombia”, 1984, inédita.

    21 Sobre el concepto de memoria colectiva oficial ver Osear Landi, “Lenguajes, identidades y ciudadanías políticas”, Norbert Lechner (comp.), Estado y política en América Latina, (México, 1981).

    22 Ver Victor Daniel Bonilla, Siervos de Dios y amos de indios, 2a edición autorial, (Bogotá, 1969); Elias Sevilla Casas. “Nacionalidad y Regionalidad”, mimeo. Universidad del Valle. Informe de Comisiones: Exposición de motivos y Ley 104 de 1919, Bogotá, 1920.

    23 El concepto de cultura común es tomado de Jacques Le Goff, “Cultura clerical y tradiciones folklóricas en la civilización merovingia”, Luis Bergeron (ed.) Niveles de cultura y grupos sociales, (México, 1977).

    24 Rafael Nuñez, Discurso en Cartagena con motivo de los 400 años del Descubrimiento de América, Epistolario de Rafael Nuñez a Miguel Antonio Caro, (Bogotá, 1977).

    Auteur

    • Margarita Garrido

      Universidad del Valle, Cali-Colombia

    Précédent Suivant
    Table des matières

    Cette publication numérique est issue d’un traitement automatique par reconnaissance optique de caractères.

    Le texte seul est utilisable sous licence Licence OpenEdition Books. Les autres éléments (illustrations, fichiers annexes importés) sont « Tous droits réservés », sauf mention contraire.

    Voir plus de livres
    Las confesiones de don Juan Vazquez

    Las confesiones de don Juan Vazquez

    Con el apéndice documental

    Luis Millones

    2002

    Sociedad y gobierno episcopal

    Sociedad y gobierno episcopal

    Las visitas del obispo Manuel de Mollinedo y Angulo (Cuzco, 1674-1694)

    Pedro Guibovich Pérez et Luis Eduardo Wuffarden

    2008

    Política y burguesía en el Perú

    Política y burguesía en el Perú

    El Partido Civil antes de la Guerra con Chile

    Ulrich Mücke

    2010

    Indigenismo y nación

    Indigenismo y nación

    Los retos a la representación de la subalternidad aymara y quechua en el Boletín Titikaka (1926-1930)

    Ulises Juan Zevallos Aguilar

    2002

    Los Andes y el reto del espacio mundo

    Los Andes y el reto del espacio mundo

    Homenaje a Olivier Dollfus

    Jean-Paul Deler et Évelyne Mesclier (éd.)

    2004

    Memorias en conflicto

    Memorias en conflicto

    Aspectos de la violencia política contemporánea

    Raynald Belay, Jorge Bracamonte, Carlos Iván Degregori et al. (éd.)

    2004

    De los Andes hasta Pará

    De los Andes hasta Pará

    Ecuador - Perú - Amazonas

    Marcel Monnier Edgardo Rivera Martínez (trad.)

    2005

    Del trono a la guillotina

    Del trono a la guillotina

    El impacto de la Revolución Francesa en el Perú (1789-1808)

    Claudia Rosas Lauro

    2006

    Ladrones de sombra

    Ladrones de sombra

    El universo religioso de los pastores del Ausangate (Andes surperuanos)

    Xavier Ricard Lanata

    2007

    La educación de las elites indígenas en el Perú colonial

    La educación de las elites indígenas en el Perú colonial

    Monique Alaperrine-Bouyer

    2007

    Textos en diáspora. Una antología sobre afrodescendientes en América

    Textos en diáspora. Una antología sobre afrodescendientes en América

    Elisabeth Cunin (éd.)

    2009

    Una historia de la presencia francesa en el Perú, del Siglo de las Luces a los Años Locos

    Una historia de la presencia francesa en el Perú, del Siglo de las Luces a los Años Locos

    Pascal Riviale

    2008

    Voir plus de livres
    1 / 12
    Las confesiones de don Juan Vazquez

    Las confesiones de don Juan Vazquez

    Con el apéndice documental

    Luis Millones

    2002

    Sociedad y gobierno episcopal

    Sociedad y gobierno episcopal

    Las visitas del obispo Manuel de Mollinedo y Angulo (Cuzco, 1674-1694)

    Pedro Guibovich Pérez et Luis Eduardo Wuffarden

    2008

    Política y burguesía en el Perú

    Política y burguesía en el Perú

    El Partido Civil antes de la Guerra con Chile

    Ulrich Mücke

    2010

    Indigenismo y nación

    Indigenismo y nación

    Los retos a la representación de la subalternidad aymara y quechua en el Boletín Titikaka (1926-1930)

    Ulises Juan Zevallos Aguilar

    2002

    Los Andes y el reto del espacio mundo

    Los Andes y el reto del espacio mundo

    Homenaje a Olivier Dollfus

    Jean-Paul Deler et Évelyne Mesclier (éd.)

    2004

    Memorias en conflicto

    Memorias en conflicto

    Aspectos de la violencia política contemporánea

    Raynald Belay, Jorge Bracamonte, Carlos Iván Degregori et al. (éd.)

    2004

    De los Andes hasta Pará

    De los Andes hasta Pará

    Ecuador - Perú - Amazonas

    Marcel Monnier Edgardo Rivera Martínez (trad.)

    2005

    Del trono a la guillotina

    Del trono a la guillotina

    El impacto de la Revolución Francesa en el Perú (1789-1808)

    Claudia Rosas Lauro

    2006

    Ladrones de sombra

    Ladrones de sombra

    El universo religioso de los pastores del Ausangate (Andes surperuanos)

    Xavier Ricard Lanata

    2007

    La educación de las elites indígenas en el Perú colonial

    La educación de las elites indígenas en el Perú colonial

    Monique Alaperrine-Bouyer

    2007

    Textos en diáspora. Una antología sobre afrodescendientes en América

    Textos en diáspora. Una antología sobre afrodescendientes en América

    Elisabeth Cunin (éd.)

    2009

    Una historia de la presencia francesa en el Perú, del Siglo de las Luces a los Años Locos

    Una historia de la presencia francesa en el Perú, del Siglo de las Luces a los Años Locos

    Pascal Riviale

    2008

    Voir plus de chapitres

    Libres de todos los colores en Nueva Granada: Identidad y obediencia antes de la Independencia

    Margarita Garrido

    Voir plus de chapitres

    Libres de todos los colores en Nueva Granada: Identidad y obediencia antes de la Independencia

    Margarita Garrido

    Accès ouvert

    Accès ouvert freemium

    ePub

    PDF

    PDF du chapitre

    Suggérer l’acquisition à votre bibliothèque

    Acheter

    ePub / PDF

    1 D. McKay, American Politics & Society. (Oxford, 1987), p. 24.

    2 E. P. Thompson. “La sociedad inglesa del siglo xviii: lucha de clases sin clases?” en Tradición, revuelta y conciencia de clase. (Barcelona, 1989).

    3 D. Lacapra, “Is everyone a Mentalité case? Transference and the 'culture'concept?”, en History and Theory. 23(3), (1984): 298: “High or elite culture generally refers to the artefacts of cultural elites in the arts and sciences. novels, poems, paintings, philosophical treatises. scientific discoveries and so forth... High culture also refers to the culture of other elites, political. socioeconomic, military, bureaucratic. academic and so forth...”

    4 Ver R. Samuel, “¿Qué es la historia social?”, en Historia Social 10, (Valencia, primavera-verano 1991): 135-149.

    5 Benedict Anderson, Imagined Communities. Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, Londres. 1983.

    6 Diana Balmori et al. Las alianzas de familias y la formación del país en América Latina, (México: Fondo de Cultura Económica, 1990).

    7 Rolena Adorno, “El sujeto colonial y la construcción cultural de la alteralidad”, Revista de crítica literaria latinoamericana 24. (1988): 55-68.

    8 James Lockhart, Los hombres de Cajamarca, (Lima: ed. Milla Batres, 1972), tomo 1, pp. 41 y 121.

    9 Diario de viaje del padre Joseph Palacios de la Vega entre los indios y negros de la provincia de Cartagena en el Nuevo Reino de Granada, 1787-1788. editado por Gerardo Reichel Dormatoff. Bogotá, 1955. Los informes de 1802 se pueden ver en V. Gutiérrez de Pineda. La familia en Colombia. (Bogotá. 1963), vol. 1.

    10 Margarita Garrido. “Precursores de la Independencia”, en Gran Enciclopedia de Colombia, vol. 1, (Círculo de Lectores. Bogotá, 1991): 211-222: y capítulo primero de Reclamos y representaciones. Variaciones sobre la política en Nuevo Reino de Granada, 1770-1815, (Bogotá: Banco de la República. 1993). La expresión “crítica ilustrada de la realidad” es de Juan Carlos Chiaramonte, Pensamiento de la Ilustración, economía y sociedad iberoamericana en el siglo xviii, (Barcelona. 1979), pp. xxii-xxiii.

    11 El tema ha sido tratado en Margarita Garrido, “Convocando al pueblo, temiendo a la plebe”, en Historia y Espacio 14, (Universidad del Valle, Cali, 1992): 79-97.

    12 Para la presencia de las ideas políticas españolas en las colonias ver, Rafael Gómez Hoyos, La revolución granadina de 1810. Ideario de una generación y de una época 1781-1821, tomo 1. (Bogotá. 1982).

    13 Jans-Joachim König, En el camino hacia la nación, Nacionalismo en el proceso de formación del Estado y de la Nación de la Nueva Granada, 1750-1856, (Bogotá: Banco de la República, 1994), pp.338.

    14 König (1994), p. 350.

    15 La Bagatela, no. 16, 20 de octubre de 1811.

    16 La Bagatela, no. 10. 15 de septiembre.

    17 Ver Garrido (1993), pp.298-312.

    18 Ver Margarita Pacheco. La fiesta Liberal en Cali, (Cali: Universidad del Valle, 1992).

    19 Margarita Pacheco, “Escribiendo para el pueblo: la prensa en Cali 1848-1854”, en Historia y Espacio 15, (1994): 27-48.

    20 Rafael Nuñez. La reforma Política, (Bogotá, 1944-50). Recopilación de artículos desde 1880. Esta sección de la ponencia se basa, en parte, en mi monografía “La Regeneración y la Cuestión Nacional-Estatal en Colombia”, 1984, inédita.

    21 Sobre el concepto de memoria colectiva oficial ver Osear Landi, “Lenguajes, identidades y ciudadanías políticas”, Norbert Lechner (comp.), Estado y política en América Latina, (México, 1981).

    22 Ver Victor Daniel Bonilla, Siervos de Dios y amos de indios, 2a edición autorial, (Bogotá, 1969); Elias Sevilla Casas. “Nacionalidad y Regionalidad”, mimeo. Universidad del Valle. Informe de Comisiones: Exposición de motivos y Ley 104 de 1919, Bogotá, 1920.

    23 El concepto de cultura común es tomado de Jacques Le Goff, “Cultura clerical y tradiciones folklóricas en la civilización merovingia”, Luis Bergeron (ed.) Niveles de cultura y grupos sociales, (México, 1977).

    24 Rafael Nuñez, Discurso en Cartagena con motivo de los 400 años del Descubrimiento de América, Epistolario de Rafael Nuñez a Miguel Antonio Caro, (Bogotá, 1977).

    El siglo XIX: Bolivia y América latina

    X Facebook Email

    El siglo XIX: Bolivia y América latina

    Ce livre est cité par

    • Sznajder, Mario. Roniger, Luis. (2007) Political Exile in Latin America. Latin American Perspectives, 34. DOI: 10.1177/0094582X07302891
    • La Guerre du Chaco dans la littérature bolivienne : un siècle de (dé)configuration esthétique au service d’un projet national (1933-2018). DOI: 10.70675/30a073c6z4337z42ecza1f4zdd9228e3c9a3

    Ce chapitre est cité par

    • Alonso Espinal, Manuel Alberto. (2014) Ensamblajes institucionales y guerras civiles en la Colombia del siglo XIX. Co-herencia, 11. DOI: 10.17230/co-herencia.11.21.7

    El siglo XIX: Bolivia y América latina

    Ce livre est diffusé en accès ouvert freemium. L’accès à la lecture en ligne est disponible. L’accès aux versions PDF et ePub est réservé aux bibliothèques l’ayant acquis. Vous pouvez vous connecter à votre bibliothèque à l’adresse suivante : https://freemium.openedition.org/oebooks

    Suggérer l’acquisition à votre bibliothèque Acheter ce livre aux formats PDF et ePub

    Si vous avez des questions, vous pouvez nous écrire à access[at]openedition.org

    El siglo XIX: Bolivia y América latina

    Vérifiez si votre bibliothèque a déjà acquis ce livre : authentifiez-vous à OpenEdition Freemium for Books.

    Vous pouvez suggérer à votre bibliothèque d’acquérir un ou plusieurs livres publiés sur OpenEdition Books. N’hésitez pas à lui indiquer nos coordonnées : access[at]openedition.org

    Vous pouvez également nous indiquer, à l’aide du formulaire suivant, les coordonnées de votre bibliothèque afin que nous la contactions pour lui suggérer l’achat de ce livre. Les champs suivis de (*) sont obligatoires.

    Veuillez, s’il vous plaît, remplir tous les champs.

    La syntaxe de l’email est incorrecte.

    Référence numérique du chapitre

    Format

    Garrido, M. (1997). Propuestas de identidad política para los colombianos en el primer siglo de la República. In R. Barragán & S. Qayum (éds.), El siglo XIX: Bolivia y América latina. Lima: Institut français d’études andines. https://doi.org/10.4000/books.ifea.7456
    Garrido, Margarita. « Propuestas de identidad política para los colombianos en el primer siglo de la República ». In El siglo XIX: Bolivia y América latina, édité par Rossana Barragán et Seemin Qayum. Lima: Institut français d’études andines, 1997. doi:10.4000/books.ifea.7456.
    Garrido, Margarita. « Propuestas de identidad política para los colombianos en el primer siglo de la República ». El siglo XIX: Bolivia y América latina, édité par Rossana Barragán et Seemin Qayum, Institut français d’études andines, 1997, https://doi.org/10.4000/books.ifea.7456.

    Référence numérique du livre

    Format

    Barragán, R., & Qayum, S. (éds.). (1997). El siglo XIX: Bolivia y América latina. Lima: Institut français d’études andines. https://doi.org/10.4000/books.ifea.7381
    Barragán, Rossana, et Seemin Qayum, éd. El siglo XIX: Bolivia y América latina. Lima: Institut français d’études andines, 1997. doi:10.4000/books.ifea.7381.
    Barragán, Rossana, et Seemin Qayum, éditeurs. El siglo XIX: Bolivia y América latina. Institut français d’études andines, 1997, https://doi.org/10.4000/books.ifea.7381.
    Compatible avec Zotero Zotero

    1 / 3

    Institut français d’études andines

    Institut français d’études andines

    • Plan du site
    • Se connecter

    Suivez-nous

    • Flux RSS

    URL : http://www.ifea.org.pe

    Email : ifea.secretariat@cnrs.fr

    OpenEdition
    • Candidater à OpenEdition Books
    • Connaître le programme OpenEdition Freemium
    • Commander des livres
    • S’abonner à la lettre d’OpenEdition
    • CGU d’OpenEdition Books
    • Accessibilité : partiellement conforme
    • Données personnelles
    • Gestion des cookies
    • Système de signalement