1 Volveremos sobre esta ortografía y falsa etimología.
2 Sinaqara es también el nombre del valle que se extiende al pie del glaciar.
3 Sobre este punto ver las informaciones que no da Robert Randall: «Sinakara is a smaller peak and therefore not as powerful as Colquepunku. Many such smaller mountains are identified with femenine deities» (1982: 45, nota 15).
4 «Su ocupación especializada es la de tutelar la salud de las gentes, vela por ella y es profundo conocedor de la etiología de las enfermedades» (Núñez del Prado B., 1970: 78).
5 Seguimos el resumen proporcionado por Flores Ochoa (1990: 78-79). Se puede encontrar la versión completa, copiada de los archivos de la parroquia de Ocongate, en el libro de Carlos Flores Lizana (1997: 30-36), y también en el artículo pionero del padre Juan Andrés Ramírez (1969: 62-68).
6 Para una exposición clara de las diferentes procesiones, ver Flores Lizana (1997: 43 sq).
7 Ver Molinié (2005: 75): «Transforman el glaciar en capilla ardiente decorada con velas».
8 Citado por Flores Lizana (1997: 48). Él remite a un manuscrito no publicado del padre Ramírez.
9 En efecto, es la tesis que defiende Antoinette Molinié en su artículo intitulado «La transfiguración eucarística de un glaciar: una construcción andina del Corpus Christi» (Molinié, 2005).
10 «Taytacha Qoyllurit’i. El Cristo de la nieve resplandeciente». In: Flores Ochoa (1990: 73-94).
11 Flores Ochoa (1990: 76) habla de blancura «inmaculada». Nosotros emplearemos uniformemente las tres traducciones: «nieve blanca-centelleante», «nieve blanca-resplandeciente», o «nieve blanca-inmaculada». César Itier sugiere también «nieve blanca-brillante» (Itier, 1997a: 141).
12 Después de la publicación del artículo de Flores Ochoa, cuyas conclusiones son inapelables, a pesar de ello, la Iglesia no ha renunciado a su ortografía y a su glosa errada (ver sobre este punto el libro del cura Carlos Flores Lizana, 1997).
13 El texto oficial del cura Mujica data de 1932 (ver Flores Lizana, 1997: 30; Ramírez, 1969: 68). Una inscripción en la iglesia de Ocongate, que data de 1785, menciona ya al Señor de Tayankani (Ramírez, 1969).
14 «La diferencia más importante entre las versiones campesinas de la leyenda y la versión ‹oficial› reside en el hecho de que en las primeras todo está centrado sobre la roca y en la segunda sobre la cruz» (Gow, 1974: 55).
15 K’uchu: el término significa «rincón»: es decir, en general, el fondo de un valle.
16 Ver por ejemplo el diccionario de Domingo de Santo Tomás (Szeminski ed., 2007).
17 Para un estudio de este tema folklórico, ver Morote Best (1988: 241-282). Nosotros mismos hemos recogido numerosas versiones de este cuento.
18 Andrés Merma, Ausangate, 240501, /9/ (In: Ricard Lanata, 2004b, anexo 2: 17).
19 Ver Andrés Merma, Ausangate, 240501 (In: Ricard Lanata, 2004b, anexo 2: 17 sq.), y Andrés Merma, K’ulli kiwi, 240501 (In: Ricard Lanata, 2004b, anexo 2: 25 sq.).
20 Tapkay: quedarse inmóvil.
21 Para un análisis del sistema de clasificación de los animales que emplean los pastores de las Tierras Altas, ver Flores Ochoa (1975; 1978).
22 Deste este punto de vista, es sugerente observar que la roca de la iglesia también ofrece similitudes formales con una khuya rumi, la «piedra de compasión» sagrada que se encuentra dentro del recinto del canchón o muyu cancha y que propicia la multiplicación de los rebaños del pastor. Véase nuestro capítulo sobre los ritos propiciatorios.
23 El texto quechua dice: contraykipaq, lit. «para tu contra». Pero habida cuenta del contexto, podemos traducir para contrariar «sus proyectos».
24 Las crónicas de Guamán Poma y de Cieza de León, por ejemplo, son muy claras sobre este punto (ver Sánchez Garrafa, 1995: 170).
25 Ver Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo, Francisco Mateos (ed.), Madrid: Biblioteca de autores españoles, 1964 [1653]. In: Gow (1974: 56-57). Véase también Bauer (2000).
26 Gary Urton efectúa una buena síntesis de las diferentes versiones de estos mitos, según los cronistas (Urton, 1999: 34-37).
27 Randall (1982: 44): «The rock in which is located the niche of the Virgen of Fátima is worshipped by Indian women because they say it is the Virgin who taught them how to spin weave [...]. Since this is not an orthodox catholic function of the Virgin Mary, we might view the rock of the Virgin as a pre-catholic huaca».
28 Como lo recuerda Randall (1982: 4).
29 Se encontrará una lista de estos relatos en Efraín Morote Best (1953). Gow interpreta esta «cristianización» como un intento, coronado de éxito, de los campesinos para legitimar un antiguo culto ante los ojos de la Iglesia Católica: «a successful attempt by the peasants to legitimize one of their sacred places in the eyes of the catholic church» (1976: 245). Nosotros pensamos, con Robert Randall, que es exactamente lo contrario que se ha producido, es decir que la Iglesia se ha apoderado de alguna manera del santuario, y lo ha cristianizado, para desposeer de él a los peregrinos.
30 «Arte de resistencia en vasos ceremoniales inka, siglos xvii-xviii». (In: Flores Ochoa, 1990: 15-72).
31 En esa época, seguramente el glaciar llegaba hasta la ubicación actual de la capilla.
32 Emplearemos la mayúscula para designar a los danzantes, por oposición a los qulla, habitantes del Qollao en general.
33 Emplearemos la mayúscula para distinguir a los danzantes de los «salvajes» en general.
34 También se dice wari pakuri (ver Flores Ochoa, 1990: 57).
35 La identificación con el salvaje está claramente establecida en un artículo de Josafat Roel Pineda que hace alusión a otra fiesta, la de la Virgen del Carmen, que tiene lugar todos los años, en el mes de julio, en Paucartambo. Los danzantes Ch’unchu participan igualmente en esta fiesta. Ellos simulan un ataque de «salvajes» contra la Virgen, en recuerdo de un mito según el cual la estatua habría sido atacada, durante una procesión, por tribus «salvajes» de la jungla. Ver Roel Pineda (1950: 61).
36 La versión Q’ero, es la que nos interesa más particularmente porque pertenece a la provincia de Paucartambo. Ver Oscar Núñez del Prado (1958) y Efraín Morote Best (1958).
37 Esta historia es relatada por Cobo (1964 [1653], cap. VIII: 71), y comentada por France-Marie Renard Casevitz (1986: 95).
38 Las plumas son aquí un significante polisémico.
39 Tenemos otro ejemplo de la rivalidad entre los habitantes de la región del Ausangate y los Qulla en otra danza, no representada en Quyllurit’i pero de la cual Jorge Lira nos ha dado una descripción: la danza de los «Kanchis» (Qanchis). Los danzantes se pasean con un rehén Qulla, «que recuerda la invasión del altiplano o Qollao por los kkanchis» (Lira, 1949:168).
40 Durante un tiempo se representó esta guerrilla en Ocongate, el último día de la fiesta de Quyllurit´i. Pero al parecer, esta innovación, inspirada por un alcalde de Ocongate de origen paucartambino, no prosperó.
41 «Desde entonces, la mujer nunca puede ir como nuera al qollao, jamás puede ir como nuera, más bien puede venir del lado del qollao. Los hombres de este lado pueden traer una mujer qolla, pero nunca una mujer de este lado puede ser llevada por un qolla» (Valderrama & Escalante, 1979: 128).
42 Los informantes de David Gow dicen: «en todas las rinconadas se establecieron los qollas» (Gow, 1974: 78).
43 Cf. Octavio Qanqere, 280601. In: Ricard Lanata, 2004b, anexo 1: 493-501. Gow (1974) y Randall (1982) afirman la misma cosa.
44 Las versiones de esta leyenda son innumerables (cf. Morote Best, 1988; Robin, 1997, por ejemplo). Pero la mayor parte del tiempo, el chiquillo se llama Juan Oso, y nunca Pablo. Las versiones que nosotros hemos recogido provienen del macizo del Ausangate y del piedemonte (Marcapata), es decir de las regiones en donde se concentraban, originalmente, los peregrinos de Quyllurit’i. Es probable que el nombre «Pablo» que se le da a los danzantes Ukuku venga de estas versiones del mito del uña-ukumari. Si es el caso, habríamos resuelto el misterio del apelativo Pablucha, que taladra desde tiempo atrás a los etnólogos.
45 Ver por ejemplo Lucho Waywa, ukuku, 060701. (In: Ricard Lanata 2004b, anexo 2: 120 sq.).
46 Nota sobre la ortografía. Ukuku es un término ambiguo, porque designa a la vez a los danzantes de la fiesta de Quyllurit’i, y al oso de anteojos (también denominado ukumari, Tremarctros ornatus: Robin, 1997: 374; Morote Best, 1988: 179), cuyo hábitat está situado en el piedemonte, y que en parte sirve de inspiración al traje de los danzantes. En el primer caso, se trata de personajes híbridos; en el segundo, de un mamífero perfectamente identificado. Para distinguir las dos acepciones, emplearemos la mayúscula para designar a los danzantes, y al ser híbrido del cuento del uña-ukumari. Ukuku es entonces sinónimo de Pablucha. En ausencia de mayúscula, el término designará al animal.
47 Éste es el análisis que Valérie Robin hace de este cuento (Robin, 1997).
48 En la grabación, interviene aquí la narración del cuento del ukuku (ver B. Cccarita, Ukuku, 170603. In: Ricard Lanata, 2004b, anexo 2: 39 sq.).
49 Es la pérdida del himen.
50 Randall ve ahí una etimología posible del nombre Qulqipunku, literalmente: «la puerta de plata» (1982: 44).
51 Ver Andrés Choqueluque, Ukuku, /18/, ya citado (In: Ricard Lanata, 2004b, anexo 1: 6).
52 Según Jorge Flores Ochoa: «los Pauluchas representan a las alpacas arquetípicas, generadores de los actuales animales de la puna. Su disfraz está hecho de pieles de alpacas o llamas; su máscara es tejida con fibra de los mismos animales y emiten sonidos propios de llamas» (Flores Ochoa, 1990: 56).
53 «El alpaca de wasi sajsa sirve para llamar el ánimo de las alpacas en Carnavales y en Santiago. Queremos que represente a nuestros animales como recuerdo», y también «El wasi sajsa, al igual que los inkaychu, representa el ánimo o fuerza vital de las alpacas» (Gow, R. & Gow, D., 1975: 150).
54 Gow, R. & Gow, D. (1975: 143).
55 Gow, R. & Gow, D. (1975: 143).
56 Gow, R. & Gow, D. (1975: 143).
57 «El oso no sólo tiene un solo abrigo grueso como la primera alpaca — Ese alpaca tenía mucha lana pesante —, sino que también la reputación sexual de ser viril, y por lo tanto está estrechamente asociado con la fertilidad» (Gow, R. & Gow, D., 1975: 143).
58 Ver comentarios de los esposos Gow sobre el gorro de los danzantes Ukuku: ellos hablan de «yuxtaposición de una cabeza humana sobre el cuerpo de un animal [la alpaca]» (Gow, R. & Gow, D., 1975: 145).
59 Antiguos ritos de iniciación de los Ukuku exigían enterrar al recién iniciado bajo el hielo, en las entrañas mismas de la montaña (Olinda Celestino, comunicación personal).
60 Jean Giono, Un roi sans divertissement; Paris: Gallimard.
61 El indio de los Andes, por oposición al misti, el mestizo.
62 Sobre este punto ver Benjamín Orlove (1979).
63 Sobre quien recae la responsabilidad global de la fiesta, es un insigne honor ser escogido cargoyuq, también una inmensa carga financiera.
64 Cf. sobre este punto Margit Gutmann (1993).
65 «La fiesta del ganado se hace durante la semana de Carnavales: cada jefe de familia escoge el día que más le convenga. Todos no la hacen» (Merelle & Roy, 1971: 163).
66 Braulio Ccarita me dijo un día: «chay templo, Ukukuq sacrifición»: esta iglesia es [con] el sacrificio de los Ukuku [que ha sido construida].