Capítulo 4. Afirmación y reproducción rituales de la comunidad
p. 249-272
Texte intégral
1Las relaciones sociales, económicas y políticas que constituyen la comunidad son objeto de mecanismos de afirmación y reproducción que se inscriben tanto en la cultura imaginaria y ritual como en la historia social concreta. Los actos ceremoniales traducen la representación ideal que los habitantes se hacen de su sociedad y, especialmente, de su comunidad y son llamados a asegurar la reproducción de estas instancias sociales y, más particularmente, en la celebración ritual de los santos y ciertas prestaciones sociales y simbólicas que la acompañan. Por tanto, el culto a los santos desborda ampliamente la devoción individual y la sumisión a instituciones eclesiásticas centrales.
2Al mismo tiempo también, después de haber definido las entidades específicas que en San Carlos mantienen el culto a las entidades espirituales que constituyen los santos -personajes tomados de la mitología cristiana-, así como la identidad local atribuida a estos últimos, conviene interrogarse sobre la significación que los actores sociales dan a su acción. Desarrollaremos, al mismo tiempo, la manera por la cual este culto refleja y construye en San Carlos una relación social particular entre las entidades sociales que la ponen en práctica, y en especial en el ámbito de la comunidad, que es donde el culto a los santos es más elaborado y sistemático. La preparación y el desarrollo de la celebración, la participación en esta de los miembros de la comunidad y de sus diversos componentes, así como el proceso de transmisión del culto de un representante de la comunidad a otro, deben conducirnos en seguida a delimitar más precisamente el significado de la celebración y la dinámica social que conlleva en la comunidad. Pero, al mismo tiempo, conviene percibir cómo la celebración de los santos, en sus manifestaciones concretas, reproduce, ocultándolas, ciertas contradicciones sociales y cómo otros niveles de relaciones sociales son movilizados para la ocasión al interior de la comunidad y eventualmente, en las relaciones intercomunitarias.
1. LOS SANTOS, LA IDENTIDAD Y LAS DIFERENCIAS SOCIALES
3Los santos son considerados en la región como entidades espirituales, pero tienen, igualmente, una naturaleza muy material. Esta doble naturaleza se traduce por una identificación estrecha de las entidades espirituales con su imagen respectiva. Además, estas entidades representan, potencialmente, todas las personalidades del mundo espiritual cristiano y no solamente las santas personas en el sentido más estrecho de la liturgia católica romana. Así, la representación de la cruz y diversas imágenes de Dios, lo mismo que diferentes imágenes de un mismo santo son, cada una, el objeto de celebraciones propias en el seno mismo de un mismo conjunto jerarquizado y en el marco de lo que constituye una suerte de panteón. Por otra parte, un santo particular se inscribe estrechamente en la historia del grupo, al destino del cual está fuertemente asociado.
4Los santos no pueden ser devueltos a su función oficial de ejemplaridad individual y de intermediarios ante una divinidad superior, y no están necesariamente reconocidos por una autoridad religiosa institucional central como la iglesia católica oficial. Más bien forman parte de un orden social específicamente autónomo.
5El nivel supracomunitario no constituye en San Carlos, ni en la región, un lugar de identificación con santos propios como en otras regiones de los Andes, donde son objeto de grandes peregrinajes regionales. Existe, sin embargo, una cooperación ritual intercomunitaria hasta la mitad del siglo veinte. Así, los santos de diferentes comunidades vecinas eran transportados de una comunidad a otra y celebrados juntos. Era la ocasión para que dos o varias comunidades vecinas celebraran una identidad y una solidaridad compartidas con relación al mundo exterior, afirmando cada una su solidaridad interna y su identidad, separadas cada una con respecto a la otra.
6Los santos constituyen, sobre todo, puntos de referencia esenciales en la identificación autóctona de la comunidad aldeana y de sus miembros. Ellos están ligados por los habitantes a la historia y, por algunos de ellos, a la fundación de la comunidad, atestiguando la especificidad de esta. Cada comunidad de la región se identifica con ciertos santos diferentes que celebra de manera autónoma, y uno de estos es considerado como el santo patrón de la comunidad.
7La identificación con un santo en particular puede igualmente efectuarse en las divisiones internas de la comunidad, es decir, a nivel de los barrios. Estos estaban tradicionalmente -lo hemos visto en el curso de la segunda parte- más o menos implícitamente asociados con una cierta ascendencia, diferenciada según una sucesión de padres a hijos, y con espacios residenciales transmitidos en general de padres a hijos. Hoy día, estos espacios son ampliamente disociados de la ascendencia. Cada barrio tenía, en principio, una capilla que albergaba su propio santo. He encontrado esta división de barrios por capillas en el valle vecino del alto Imaza. Pero este culto separado de barrio ha caído en desuso. En San Carlos como en este valle vecino, se encuentran cuatro barrios. Estos sirven de criterios de repartición de tareas con motivo de ciertos trabajos colectivos y se manifiestan como tales -lo hemos visto en la segunda parte- con motivo de celebraciones rituales. Pero ellos no están asociados a uno u otro santo específico.
8Por otra parte, ciertos santos son objeto de un culto separado por unidades domésticas, y los celebran cada uno con su entorno próximo, según un rito similar, pero más reducido que el de las grandes celebraciones comunitarias analizadas más adelante en este capítulo. Sin embargo, un mismo santo puede ser celebrado paralelamente por entidades situadas en los diferentes niveles del conjunto social, pero más particularmente en el de la comunidad.
9Así, a través del culto de los santos aparece la importancia —como en otras partes en los Andes, pero en forma más debilitada- del conjunto social y del equilibrio ideal entre un todo social y sus partes, del nivel regional al nivel familiar. En este marco, la comunidad y la entidad doméstica siguen siendo puntos de-referencia predominantes de la identidad y del sentimiento de solidaridad, que se expresan a través de las prácticas de redistribución. De esta manera, los santos constituyen emblemas de los grandes grupos sociales que los veneran, y eso, al menos teóricamente, en diferentes niveles del conjunto social, pero con un fetejo muy particular a nivel de la comunidad. Por esto, ellos parecen tener la función de-ancestros tutelares de los grupos que los veneran1. Por otra parte, las diferentes comunidades de la región atribuyen a sus santos roles de fundadores o de actores importantes de su historia. Los santos de un grupo constituyen el cimiento social del grupo, aseguran su perpetuación y lo ligan a la tierra.
10Dos santos, Santa Rosa, anualmente celebrada a nivel de una unidad doméstica particular con el aval de la comunidad, y la Santísima Cruz, directamente celebrada cada año a nivel comunitario, pero mediante una celebración de importancia secundaria, residen en su propia capilla situada, cada una, en un extremo opuesto del pueblo en el eje norte-sur. Ellas se encuentran sobre cada una de las dos porciones de territorio del centro residencial. Los sectores son llamados bandas según la terminología local y estan separados por un riachuelo. Esta localización de capillas separadas corresponde a una división dual de riberas izquierda-derecha de un cauce de agua, conforme a un modelo dual antiguo que comprende una parte derecha (allauca) y una parte izquierda (ichoc), tal como es relatado por un etnólogo historiador acerca del comienzo del período colonial en La Jalea Grande, una comunidad de la región.2 Esta misma oposición se encuentra hoy en día, con motivo de las celebraciones de las fiestas de Carnaval y con motivo de la organización de equipos deportivos. Sin embargo, no se puede considerar a los santos mencionados como emblemas de mitades, en la medida que su celebración los asocia a otras entidades sociales, en este caso, una unidad doméstica y la comunidad, que constituyen los dos niveles de identidad exclusivos en la región. Las otras relaciones sociales dependen de sistemas abiertos, evolutivos y en red que, lo hemos visto en la segunda parte, se confunden parcialmente.
11De hecho, son los santos directamente asociados a la comunidad en su conjunto, los que establecen el motivo de las celebraciones más importantes y las más ostentosas. Uno de ellos, San Carlos, fue instaurado como el santo patrón de la comunidad, a la que da su nombre, en el momento de la fundación de esta a partir de la fragmentación, a fines del siglo dieciocho, de la antigua entidad aldeana de Corobamba, ella misma el producto de una concentración colonial o reducción del siglo dieciséis, cuyo santo patrón fue Santo Domingo. Por su lado, San Pablo llegó a ser el santo patrón de otra comunidad salida de la misma fragmentación.3 Se debe precisar que el culto de San Carlos desapareció en el transcurso de la historia para ser reactivado en 1970 por iniciativa de algunos comuneros. La mayor parte de los otros santos importantes celebrados en el lugar, incluido el antiguo patrón Santo Domingo de Corobamba -pero igualmente la virgen Purísima, Niño Jesús, San Antonio y la Virgen del Carmen, que son hoy día objeto de importantes ceremonias colectivas-, han sido llevados fuera de Corobamba por los habitantes de este lugar cuando los abandonaron. Por otra parte, recordemos que esos santos ofrecieron, según la leyenda, una resistencia a este desplazamiento antes de finalmente asentarse en el pueblo actual de San Carlos. Hoy, ellos están colocados en un nicho del gran altar de la iglesia de San Carlos, con los otros santos de adopción más reciente celebrados por la comunidad, mientras que algunos santos que no son celebrados por la comunidad son relegados a otros altares laterales. La Virgen Auxiliadora, que es igualmente venerada en San Carlos por toda la comunidad, habría sido importada de Lima por un grupo de trabajadores del lugar, la sociedad, institución que ha sido tratada en la parte anterior de este libro. La Virgen habría sido adoptada enseguida por la comunidad, lo que refleja, de esta manera, lazos nuevos entre la comunidad y la región de la costa.
2. LA CELEBRACIÓN RITUAL DE LOS SANTOS
12La celebración de un santo particular no puede estar aislada del conjunto de las celebraciones de los otros santos venerados en la comunidad o, inclusive, entre comunidades vecinas. Por consiguiente, conviene situar esta celebración en relación con el orden social y simbólico del conjunto comunitario de las celebraciones de santos, después de haber analizado una celebración particular-tipo.
A. RESPONSABILIDADES Y DISPOSICIÓN ESPACIO-TEMPORAL DE LA CELEBRACIÓN DE LOS SANTOS
13Cada santo o entidad espiritual de la comunidad tiene su tesorero o guardián permanente. Este está encargado de mantener y acondicionar la imagen de la entidad, así como de velar por la perpetuacíon del culto que a él se dirige. Para hacer esto, el tesorero de un santo recibe el apoyo de personas voluntarias designadas de manera permanente que llevan el nombre de “novenantes”. Los “novenantes” ayudan de manera colectiva al tesorero a asumir los gastos de las festividades ligadas a la ceremonia religiosa, en el caso excepcional de que faltara la persona responsable, llamada mayordomo, a una celebración anual del santo en el seno del ciclo general de las celebraciones.4
14El cargo de la celebración anual de cada uno de los santos es transmitido ritualmente de un miembro de la comunidad a otro. El mayordomo ocupa este cargo en el transcurso de un año, en el marco de una rotación de este cargo entre todos los miembros de la comunidad. El mayordomo está obligado a someterse a fuertes gastos de energía y de bienes, por los cuales moviliza su red de relaciones sociales, semanas e incluso meses antes de la fecha de la celebración central de la fiesta. La toma de responsabilidad de la fiesta es una obligación social que se impone a todos los miembros de la comunidad, aunque cada uno es más o menos libre de escoger el momento de su prestación.
15El lugar de la celebración de cada uno de los santos está asociado a las entidades sociales que representan, ya sea que se trate del domicilio doméstico, de una capilla de barrio o, inclusive, de la iglesia y de la plaza al lado de la cual se encuentra. En el caso de celebración de un santo comunitario en San Carlos, es alternativamente la plaza central de la comunidad y el domicilio del mayordomo los que cumplen la función del lugar central y el santo es transportado ceremonialmente de un lugar a otro en el curso de la celebración. Por otra parte, la celebración de los santos sigue un calendario anual, en el cual los días atribuidos a cada uno de ellos sirven de puntos de referencia para fijar las fases claves del ciclo agrícola. En muchas comunidades de la región, jimio y diciembre son los momentos por excelencia de concentración de celebraciones de los santos comunitarios. Así, estos son festejados cada uno un día diferente, en el transcurso de una semana determinada de uno de esos dos meses. Jimio es un momento privilegiado, en la medida en que ese mes marca el término de la cosecha de varios productos de estación. Diciembre, por su lado, marca una pausa en la sucesión de las operaciones en la tierra: no hay más siembras, pero todavía no se cosechan los productos de estación, aunque se comienza a escardar estos productos, en particular el maíz y los frejoles, que constituyen alimentos de base de la comunidad. En San Carlos, como es el caso en toda la región, el calendario de las celebraciones de las fiestas se extiende más allá de los meses de diciembre y junio.5 Las celebraciones de los santos particulares de la comunidad de San Carlos se reparten de la manera siguiente durante el año: Todos los Santos y Día de los Difuntos el primero y dos de noviembre, San Carlos el 4 de noviembre, la Virgen Purísima el 8 de diciembre, el Niño Jesús el 25 de diciembre, 1 y 6 de enero con motivo de tres fiestas sucesivas, las celebraciones ligadas a la cuaresma y a la Semana Santa alrededor del mes de marzo, la Virgen Auxiliadora el 25 de mayo, San Antonio el 13 de junio y la Virgen del Carmen el 16 de julio.
B. LA PREPARACIÓN Y LA CELEBRACIÓN DE SANTOS PARTICULARES
16Las acciones rituales de la celebración anual de un santo determinado comienzan en realidad cuando una persona acepta públicamente la responsabilidad de esta y se convierte en el nuevo mayordomo o encargado de la fiesta. Ello se produce al final de la celebración anterior del santo cuya celebración toma a cargo, es decir, un año antes de la celebración.
17En el curso del año que precede a la celebración propiamente dicha de la fiesta del santo, el futuro mayordomo debe pensar en la siembra en las parcelas de ciertos productos que dedicará a este efecto, cuyo ciclo de crecimiento no sobrepasa un año como el maíz, los frejoles y las papas, que cosechará poco a poco, antes de la fiesta, para colocarlos en su granero. Igualmente, sembrará legumbres para cogerlas los días inmediatamente anteriores a la celebración. Durante los meses que anteceden a la fiesta, velará al engorde de uno o dos bóvidos, uno o dos cerdos, uno que otro cordero y abundantes aves. Con varios meses de anterioridad, debe contratar una orquesta en la región para los días que corresponden a la celebración de la cual está a cargo. Si es posible, contactará al sacerdote para que venga a celebrar la misa por este motivo. Sin embargo, esta no es considerada como un elemento de la fiesta. En efecto, la misa puede ser y es, a menudo, reemplazada por cantos y rezos en la iglesia con la dirección del maestro de capilla, a quien se ha solicitado para esto algunas semanas antes de la fiesta. Igualmente, con algunos meses de anticipación, el mayordomo debe juntar la cera necesaria para fabricar las velas que servirán para honorar la imagen santa. Esta cera proviene de la región vecina de Mendoza, donde es preciso aprovisionarse por intermediarios, para completar eventualmente la cera de las velas que se quedan de la fiesta precedente y que son entregadas por el antiguo mayordomo. Para todas estas tareas, el mayordomo actúa solo con su unidad doméstica y sus parientes próximos. Igualmente, en esta misma época, el encargado de la fiesta debe hacer derribar árboles, transportar los troncos y cortar la leña que deberá servir de combustible para la cocina. Toda la leña será amontonada en un rincón de su patio para que se seque bajo un techo construido para este efecto.
18Para el corte de la leña y para la construcción de su almacén, el mayordomo solicita la ayuda de personas de su entorno en el curso de una comida en su casa. Pero para estas operaciones, que requieren una inversión particular en energía, el mayordomo recibe, igualmente, la ayuda espontánea de otros miembros de la comunidad, advertidos de oreja a oreja de la operación. Estos últimos vienen a ofrecer voluntariamente, y de manera benévola, sus servicios en un momento u otro de las jornadas de trabajo previstas para la operación, haciéndose invitar a beber y a comer por el mayordomo.
19El futuro mayordomo debe asegurarse con varias semanas de anticipación del concurso de cocineras, de sirvientes y de un pirotécnico, así como de la mano de obra para los últimos preparativos materiales de la fiesta, ordenamiento de la casa, elaboración de la bebida alcohólica, cosecha, acondicionamiento, transporte y almacenamiento de los productos alimenticios. El mayordomo se asegura de estas diversas contribuciones en el transcurso de una nueva comida que ofrece previamente en su casa a las personas elegidas por sus conocimientos o en función de los lazos sociales particulares que el mayordomo mantiene con ellas. En esta oportunidad, el mayordomo designa responsables para cada uno de los grupos de tarcas. Los cocineros deben entrar en función en el curso de la semana que precede a la fiesta para preparar la comida de las personas que serán reunidas en torno del mayordomo, en la elaboración de las últimas tareas preparatorias de la celebración. Siempre, durante el período de algunas semanas que preceden la fiesta, el futuro mayordomo adquiere en el mercado, con la ayuda de portadores solicitados de su entorno familiar, alimentos no perecibles, arroz, pastas, harina de trigo, aceite y, eventualmente, grasa vegetal o animal, que junta a los productos locales durables, como el maíz, los frejoles, las papas y el café, ya depositados en su granero. Igualmente, se procura de querosene, fósforos, sal, cohetes, así como ropas nuevas para la familia y para la imagen santa que será celebrada. Con la ayuda de algunas personas especialmente solicitadas para este efecto, confecciona en ese momento las velas de cera para las celebraciones religiosas.
20En el transcurso de la semana que precede a la celebración, el mayordomo hace efectuar una serie de tareas a personas voluntarias a las cuales hace un llamado en su entorno. Sin embargo, Varios otros habitantes de la comunidad van a ayudar espontáneamente al encargado de fiesta en estas tareas. Se trata, en este caso, de cortar y moler la caña de azúcar para elaborar la chancaca, el guarapo o bebida de caña fermentada y, eventualmente, el aguardiente o alcohol de caña, si este último no ha sido comprado en el mercado, así como asegurar el transporte de estos productos al domicilio del mayordomo. Igualmente, es preciso terminar de cortar la leña, matar una cabeza de ganado y uno que otro cerdo o cordero, amasar la pasta de trigo y de maíz, dándole formas especiales de muñecos, animales y plantas, y luego cocerla al horno para elaborar el pan que será distribuido entre los visitantes en el momento de la fiesta y que servirá para constituir el voto, la ofrenda ritual central que será ofrecida al santo en la Plaza Central. Asimismo, el mayordomo debe asegurar la cosecha en sus campos y el transporte de los productos alimenticios perecibles y, en particular, las bananas y la yuca o comprarlas en la aldea o en los alrededores después de haberlas encargado en los meses anteriores. Estos productos son depositados en su granero que sirve de reserva para la fiesta y lo pone bajo la responsabilidad de la cocinera jefe. También pide prestados diferentes utensilios para la cocina, como ha pedido en préstamo, las semanas precedentes, un trapiche o un molino en dónde muele su caña durante esa semana, en el caso, bastante raro, de que no lo tuviera él mismo. Eventualmente, pide prestados los animales y los depósitos que no tuviera a disposición, los primeros para activar el trapiche y los dos para transportar el producto. Por último, se impone la construcción de un techo anexo a la casa y, eventualmente, uno que otro último arreglo al domicilio que va a servir de lugar a la celebración.
21En el transcurso de los días que preceden inmediatamente a la fiesta, los pirotécnicos contactados con anticipación entre la población local, preparan los globos en papel ligero comprados en Pedro Ruiz o en Chachapoyas. Allí, se representan en dibujos, escenas de la vida del mayordomo. Estos globos están destinados a ser propulsados en el aire por el calor que se desprende de las hojas secas de caña de azúcar encendidas en su base con ayuda de alcohol. Eso se realiza en la plaza, la víspera del día central de la fiesta.
22También en el curso de la semana que antecede la celebración, el encargado de la fiesta o mayordomo invita personalmente a numerosas personas que encuentra o busca en sus casas. Por otra parte, durante los nueve días que preceden a la fiesta, los nuevos novenantes, asistentes del tesoro de la imagen celebrada, cada uno en su día, organizan oraciones y cantos en la iglesia delante de la imagen del santo que va a ser celebrado, bajo la dirección del maestro de capilla.
23Por último, el día antes de la víspera de la celebración, el mayordomo envía a los sirvientes, a los que ha solicitado sus servicios para la fiesta, para que traigan a las autoridades civiles y religiosas a su domicilio para tomar un copioso desayuno. En esta oportunidad, les ofrece de manos de sus sirvientes el once o regalo de recepción de la fiesta, en este caso dos panes especiales, uno salado y uno azucarado, dos plátanos, así como mazamorra, un plato de mermelada de-melaza de caña y de frutos, todo rociado de café y de alcohol de caña de azúcar. En el transcurso de esta recepción llamada participación, el mayordomo no solamente rinde homenaje a las autoridades, sino que se hace reconocer por ellas como responsable de la fiesta y pide su colaboración para asegurar su buen desarrollo y prevenir cualquier discordia que podría surgir en esa oportunidad. Esta recepción constituye, igualmente, un llamado a la población a través de las autoridades para asociarse a la celebración. En la tarde, el mayordomo y sus familiares y sirvientes van a recibir ceremonialmente, a la entrada del pueblo con -bebidas como apoyo- a la orquesta especialmente contratada para la ocasión, a menudo en otro pueblo de la región, incluso de la ciudad, para llevarla con música, y al son de los cohetes, al domicilio de la celebración.
24La víspera misma del día de la celebración, los cocineros preparan los alimentos para las comidas de la fiesta, mientras los sirvientes reciben a los primeros visitantes que se presentan. Estos últimos le llevan al mayordomo un pequeño regalo llamado hinche, compuesto de alimentos crudos o de alcohol y, a veces, un poco de dinero. Los sirvientes reciben el regalo y hacen don, en reciprocidad, de los dos panes y de los plátanos tal como los recibieran con anterioridad las autoridades de manos del mayordomo. El mismo intercambio de regalos tendrá lugar con motivo de toda visita ulterior a la fiesta. Durante este tiempo, el tesorero, ayudado por los novenantes, viste de ropas limpias, incluso de ropas nuevas ofrecidas por el mayordomo, particularmente devoto, al santo que se encuentra a la vista sobre su pedestal en la iglesia. El tesorero y los cantores, bajo la dirección del maestro de capilla, llevan enseguida la imagen del santo sobre un pedestal y precedidos por santilleros, las palmatorias de la iglesia, al domicilio del mayordomo. Ellos son acompañados por mayordomo y los miembros de su familia, y caminan al son de la campana de la iglesia, de la orquesta contratada por el encargado de fiesta y del estallido de los cohetes. Después de que algunos voluntarios solicitados por el mayordomo hayan avudado al tesorero y al maestro de capilla a adornar las palmatorias de papel de color, la imagen del santo es instalada sobre su pedestal con las palmatorias decoradas y flores. El pedestal se coloca enseguida sobre una mesa en la sala principal de la casa del encargado de fiesta, en donde la imagen santa recibe los saludos de los primeros visitantes al son de músicos locales tradicionales que tocan la flauta y el tamborín, y son relevados después por los violinistas, más específicamente ligados a los cantos religiosos de iglesia. Durante este tiempo, los sirvientes ofrecen a los visitantes los alimentos de bienvenida antes mencionados. En los momentos en que se desarrollan estas primeras actividades de la fiesta, los cohetes lanzados por los sirvientes al domicilio del mayordomo estallan de vez en cuando en el cielo, rompiendo la relativa quietud del pueblo e invitando la población a llegar a la casa del mayordomo, en donde los visitantes comienzan a afluir.
25Conviene hacer notar que en el transcurso de ciertas celebraciones y en función de la voluntad particular del mayordomo, al traslado del santo al domicilio de este puede haber tenido lugar, no la víspera, sino el día anterior a la víspera del día principal. En este caso, el santo es velado toda la noche con cantos y oraciones por algunos visitantes voluntarios al domicilio del mayordomo.
26Al finalizar la tarde de la víspera de la celebración, el mayordomo y la asistencia reconducen en cortejo la imagen santa sobre su pedestal a la iglesia. Una autoridad del pueblo que lleva el estandarte que simboliza la autoridad de la iglesia, abre el cortejo seguido por el mayordomo y sus familiares que llevan la imagen santa, así como los candelabros. Ellos son encuadrados o seguidos por los músicos de iglesia tocando el violín, así como, con motivo de las fiestas de fin de año, bailarines y músicos tradicionales autóctonos que tocan la flauta y el tambor. La orquesta de instrumentos de cobre, contratada para la parte profana de la fiesta, sigue y toca en alternancia con los otros músicos, mientras numerosas personas, advertidas por el mido del cortejo, se juntan con los primeros visitantes que llegaron al domicilio del mayordomo. El orden precisado aquí varía un poco según las celebraciones. El estandarte de la fiesta y el santo se quedan, sin embargo, en el grupo de cabeza con los músicos religiosos y el mayordomo. El desplazamiento del cortejo está regularmente puntuado por el estallido de los cohetes, hasta llegar a la plaza principal delante de la iglesia. Una vez en la iglesia, la imagen es instalada delante el altar principal. Ella es el objeto de oraciones y cantos religiosos dirigidos por el maestro de capilla y, para ciertas fiestas, de danzas delante de la multitud reunida, mujeres por un lado y hombres por el otro.
27Una danza ejecutada con motivo de la celebración del Niño Jesús y de las fiestas de fin de año, expresa la afirmación de la comunidad en su relación autónoma con su medio ambiente, paralelamente a las ceremonias litúrgicas católicas dirigidas por los representantes de la institución religiosa exterior y oficial que constituye la Iglesia. Un hombre llamado el “danzante”, con canillera de frutos del monte que suenan como una matraca, danza con algunas personas cubiertas de pieles y representando los pumas, animales no domesticados del campo. El “danzante” baila al son de una música presentada como prehispánica e interpretada por un especialista de esta tradición, con instrumentos considerados como autóctonos. Se trata, en este caso, de una flauta sin pico y de un tamborín, fabricados en el pueblo. Esta danza declarada “típica” por los habitantes, se realiza al exterior, sobre el atrio de la iglesia, en oposición a la inspirada en relatos evangélicos y que se desarrolla al son de los violines al interior de la iglesia. Esta última prestación, aunque perfectamente integrada sobre un modo dual en el mundo autónomo, es considerada perteneciente al dominio del cura, él mismo asociado al mundo extranjero. Por otra parte, igualmente es la ocasión para los representantes eclesiásticos, preocupados de integrar el mundo local al suyo, de denunciar y fustigar las prácticas paganas y las escenas de embriaguez que se desarrollan al exterior de la iglesia con motivo de las fiestas.
28Mientras se desarrollan las ceremonias al Niño Jesús en la iglesia, el pirotécnico continúa enviando cohetes en la plaza. La ceremonia interior de la iglesia es interrumpida por la procesión de la imagen de Jesús alrededor de la plaza en la noche, a la luz de lámparas de petróleo.6 Después de finalizadas las ceremonias de iglesia, el responsable pirotécnico hace volar los globos de papel por sus asistentes ante la multitud de los participantes. Enseguida, el mayordomo hace distribuir bebida en la misma plaza: café preparado en el mismo sitio, guarapo o cerveza artesanal de caña y alcohol de caña. Con motivo de las ceremonias de Cuaresma, las devociones de iglesia son seguidas de la distribución de la mazamorra, melaza de caña, elaborada a base de harina de maíz y de plátanos o de papaya. Este plato es preparado y consumido en el lugar. Cuando las ceremonias de la plaza finalizan, el mayordomo invita a la asistencia a bailar en su domicilio al son de la orquesta de diversión que ha contratado. Eso dura a menudo hasta el amanecer y los ayudantes del mayordomo sirven sucesivamente, en el transcurso de la noche, una comida liviana, café y sopa de cebollas.
29Al despuntar el día central de la celebración, el mayordomo se presenta con sus allegados, los músicos religiosos y su orquesta profana en la iglesia, para allí recogerse ante la imagen santa: Es el alabazo. Después, el mayordomo acoge en su domicilio a los primeros visitantes del día y les ofrece desayuno, bebida, así como la ofrenda de bienvenida hecha de panes, de plátanos y de mermelada, después de haber recibido él mismo el obsequio que le han hecho del huiche ritual. Entonces, los visitantes bailan al son de la orquesta profana en la pieza principal de la casa del mayordomo y en su patio, en parte cubierto por un techo provisional para la circunstancia. En otra parte de la casa, igualmente, las cocineras se afanan en preparar el gran almuerzo del medio día, comida principal de la fiesta. Durante ese tiempo, un pariente próximo del mayordomo, algunas mujeres especialmente solicitadas para hacer esto en el transcurso de las semanas precedentes, montan en un armazón de caña las piezas rituales y principales del voto, o sea, la ofrenda ritual, que será entregada más tarde en la plaza al futuro mayordomo y, a través de él, al santo.
30Al final de la mañana, el mayordomo y su familia van de nuevo a la iglesia con los músicos de los actos religiosos, la orquesta profana y sus visitantes, para repetir allí su devoción al santo en compañía de la comunidad. Cantos y oraciones y, en ocasión de ciertas celebraciones, igualmente danzas, alternan allí bajo la dirección del maestro de capilla y al son alternado de los músicos religiosos y dela orquesta profana. Como por motivo de la ceremonia religiosa nocturna, la ceremonia diurna de la iglesia incluye la procesión de la imagen santa alrededor de la plaza según modalidades similares, mientras que estallan en el cielo los cohetes. La estatua o la imagen es llevada por voluntarios, a menudo familiares del mayordomo, especialmente mujeres para el Niño Jesús y hombres para Cristo y los Santos. La procesión da la vuelta por las cuatro esquinas de la plaza en sentido contrario de las agujas de un reloj. Ella es precedida por un voluntario que extiende un tapiz de pétalos de flores. Está compuesta por una autoridad local que lleva el estandarte de la iglesia a la cabeza de la procesión, seguida por mayordomo y algunas personas notorias del pueblo, músicos violinistas que en ese momento son los únicos en ejecutar sus instrumentos, de la imagen santa y sus portadores, portadores de candelabros y de la asistencia, a menudo mujeres. La mayor parte del tiempo, los hombres se contentan en observar la procesión aparte, en el perímetro de la plaza, mientras que durante toda la ceremonia que tiene lugar en la iglesia, permanecen al exterior de esta bebiendo lo que les ofrecen los sirvientes del mayordomo. Cuando se terminan los cánticos de la iglesia que siguen la procesión, el tesorero, eventualmente reemplazado por el maestro de capilla y en presencia del juez de paz, hace un llamado en la iglesia a una persona voluntaria para comprometerse a retomar la fiesta a su cargo el año siguiente. Si una persona tal se presenta ante la asistencia, ella recibe simbólicamente y públicamente el estandarte de la iglesia de manos del juez de paz, o en su ausencia, de otra autoridad local, y es felicitada por los responsables de la iglesia y las autoridades presentes. A menudo, el futuro mayordomo se dará a conocer más tarde, en el día de la entrega de la ofrenda al santo sobre el atrio de la iglesia. Después de la ceremonia que se desarrolla en la iglesia y en la plaza por la mañana, la asistencia invade esta última donde se encuentran ya numerosas personas. La orquesta profana contratada para la fiesta toma, entonces, resueltamente el relevo de los músicos religiosos y se dirige siguiendo al mayordomo hacia el domicilio de este. Durante este tiempo, algunos sirvientes invitan individualmente a los miembros de la asistencia a visitar al mayordomo en su domicilio, ofreciéndoles de beber guarapo y alcohol de caña de azúcar.
31En el domicilio del mayordomo, precisamente, mientras que la orquesta hace bailar a una parte de la asistencia, los convidados se relevan por turnos y grupos para tomar, bajo el techado especialmente construido para la ocasión en el patio o en el espacio verde que se yuxtapone a la casa, la comida que distribuyen personalmente los sirvientes del mayordomo. Esta comida se compone de varios platos sucesivos, generalmente constituidos por los siguientes componentes: sopa de vacuno y pasta de trigo, carne de vacuno hervida con cebollas fritas y arroz, estofado con papas, zanahorias, repollos, yuca, hierbas diversas y carne hervida de vacuno y de cerdo, sopa de papas, después café, todo rociado de guarapo y de alcohol de caña. Los invitados deben vaciar completamente los platos, distribuidos repletos, eventualmente recuperando el contenido en recipientes o en sacos traídos para la ocasión. Toda restitución de alimentos es normalmente considerada como una ofensa al dueño de casa. Los participantes son invitados a tomar la comida en un orden en el que se suceden, primero los músicos y los ejecutantes especializados en danzas rituales particulares, después las autoridades y los notables presentes del pueblo, seguidos del resto de la asistencia en un orden decreciente de su respetabilidad y de la estima en que los tiene personalmente el mayordomo y, en último lugar, la familia misma del mayordomo. Las personas que se presentan sin aportar su huiche no son normalmente objeto de ninguna invitación para compartir la comida, ni reciben los regalos alimentarios de bienvenida. Sin embargo, los sirvientes los invitan imperativamente a beber con los otros visitantes. Después de la comida, la orquesta profana hace bailar a una parte de la asistencia en la casa o en el patio, mientras que otros participantes conversan sentados o de pie en la pieza principal, bajo la baranda o en el patio, incluso al lado de la casa, bebiendo lo que les ofrecen abundantemente los sirvientes.
32Durante la tarde, el mayordomo, la orquesta profana que ha contratado, parientes del mayordomo y varios voluntarios llevan en procesión hacia la plaza el voto u ofrenda ritual de alimentos que está ligada a la celebración. Entretanto, los componentes de esta ofrenda han sido reunidos por la familia del mayordomo. Las piezas del voto son, entonces, depositadas en ofrenda al santo sobre la mesa. Una mesa ritual que se instala delante del portal de la iglesia y frente a la plaza. Estas ofrendas esperan allí ser llevadas ceremonialmente por el nuevo mayordomo, el del año entrante. El voto reproduce el que ha sido ofrecido el año anterior. El tesorero del santo venerado verifica, en presencia del juez de paz, la conformidad del contenido del voto con la lista de las piezas del voto que han sido entregadas y después llevadas el año anterior y que han sido anotadas en el libro de inventarios de la fiesta. El tesorero establece, por escrito, el acta de la nueva entrega y su contenido exacto, tolerando, sin embargo, algunas pequeñas variaciones.
33El voto constituye, a la vez, la ofrenda ritual de la comunidad representada por el mayordomo al santo venerado y el lazo de transmisión del cargo principal de la celebración de esta imagen de un mayordomo al otro. Así, la ofrenda con la imagen santa sirve de lazo ritual entre todos los que toman sucesivamente el cargo de su fiesta, es decir, en un largo período, el cimiento de la comunidad misma la cual, suponen los habitantes, el santo asegura la reproducción y el bienestar.
34El contenido del voto, casi cualitativa y cuantitativamente idéntico de un año a otro para un mismo santo, varía poco de un santo al otro. Es, incluso, según las observaciones que he podido hacer, bastante poco diferenciado de un pueblo a otro en la región. Se trata de diversos figurines de pan que tienen diferentes formas y dimensiones. Algunos de ellos son elaborados sobre la base de harina de trigo y constituyen la parte central llamada jarra de la ofrenda. Esta parte central está rodeada de figurines más pequeños y más nimerosos que tienen la forma de bebés, de toros y de flores, todos elaborados a base de harina de trigo, producto tradicionalmente importado de una región vecina. Otros figurines de pan, numerosos igualmente, llamados figurines de mesa, son más pequeños y de forma abstracta. Estos últimos están hechos a base de harina de maíz. El voto comprende igualmente plátanos, una o dos piñas, yuca, papas, huevos, una o dos aves, uno o dos cochinillos, bombones o caramelos comprados en el mercado, uno o dos platos de mermelada de plátanos o de papayas, elaborada con chancaca o azúcar de caña, un balde de guarapo o cerveza de caña de azúcar, así como una o dos botellas de aguardiente o alcohol, también de caña de azúcar. Una constante aparece en San Carlos, como en toda la región, en la elección de los elementos que componen el voto. Son todos elementos que, ya sea por el sector de su producción, o por circunstancias de su uso, o por su aspecto, salen de lo ordinario. La mayoría proviene del temple, sector ecológico que constituye tradicionalmente el objeto de la mayoría de las codicias de los habitantes. Los que no son productos de este sector se consumen en ocasiones especiales, los otros presentan un aspecto extraño por su dimensión o forma poco ordinaria. Es preciso observar que ningún elemento del voto constituye o es elaborado a partir de un producto que no es cultivado. De este modo, ellos parecen traducir una ofrenda de la actividad de los habitantes, ofrenda que estos últimos estiman necesaria no solamente para asegurar la fecundidad de sus empresas, sino para garantizar sus derechos sobre el bien producido.
35Se nota la dualidad inherente a la parte central y principal del voto. Esta misma dualidad predomina en otros aspectos del ritual y particularmente, en las relaciones entre los espacios religiosos católicos y profanos autóctonos de la fiesta, entre la iglesia y la plaza, entre la colectividad y cada uno de sus componentes y, sobre todo, en las relaciones de estricta reciprocidad formal que se manifiestan entre el mayordomo y su sucesor, xsí como entre el mayordomo y cada uno de sus visitantes.
36Observamos que no hay proceso de enriquecimiento, como tampoco de empobrecimiento en la constitución del voto. En efecto, no está en cuestión el hacer de ello un objeto de competencia y de sobrepuja del estilo potlach7. Por otra parte, las autoridades locales han intervenido contra algunos mayordomos que intentaban orientar la transmisión del voto en ese sentido, con la idea mal recibida de colocarse por encima de los otros. Así, las autoridades prohibieron explícitamente todo aumento de los elementos del voto, tanto para asegurar la estricta reciprocidad entre los participantes como para evitar que los nuevos candidatos potenciales al cargo de fiestas se desanimen y se abstengan de todo compromiso a este respecto. En efecto, de esta manera, amenazarían no solamente la reciprocidad diferida entre los diversos responsables de la fiesta, sino también la supervivencia del ritual y los lazos de solidaridad que este último se supone que representa y reproduce.
37Después de la recepción y la instalación del voto sobre el atrio de la iglesia, el tesorero, el mayordomo y una asistencia de voluntarios esperan que se presente voluntariamente el nuevo mayordomo para el año siguiente. Este es el mismo que se comprometió por la mañana en la iglesia o, en su defecto, otro que deberá presentarse durante la tarde en la plaza. La orquesta del mayordomo interpreta durante la espera de la toma del voto, mientras que los sirvientes dan de beber a la asistencia, a que, a menudo animado por el alcohol, se presente el futuro mayordomo para tomar sus responsabilidades del ritual. Durante la espera, ciertos jóvenes menos inclinados a las veneraciones, se entregan a sus deportes favoritos en la plaza8, fútbol para los muchachos, voleibol para las muchachas. Los equipos que se enfrentan se organizan por barrios que, de este modo, se manifiestan con motivo de una actividad secundaria de la fiesta.
38Normalmente, el candidato a la sucesión del mayordomo se compromete a retomar la responsabilidad de todos los actos de la fiesta. En el caso en que nadie se manifieste como voluntario principal, varias personas pueden entenderse para tomar la fiesta a su cargo colectivamente. Estos son los pujantes. A falta de estos, el tesorero llama a sus acólitos permanentes, los novenantes, en la toma del cargo colectivo de la celebración. En una época anterior, en tiempo de la juventud de mis informantes ancianos, el voto era depositado de autoridad en el domicilio de la persona a la cual la comunidad estimaba que le había llegado el turno para asumir el cargo de la celebración, cargo que estaba obligada a cumplir si quería continuar formando parte de la comunidad. Hoy día, la transmisión del cargo se hace voluntariamente, aunque la asistencia estimula a la persona que estima apropiada, no dudando en empujarla al consumo de bebidas alcohólicas. En el caso de ciertas celebraciones colectivas que siguen el modelo redistributivo de la celebración de un santo y, en particular las celebraciones del Carnaval o del Año Nuevo, la elección del responsable no se efectúa por simple declaración al tesorero y ante la autoridad civil. Como lo hemos visto, es el que durante la danza efectuada alrededor de la umisha, árbol plantado ceremonialmente sobre el lugar de la fiesta, es el último a haberle dado un golpe de hacha antes de que el árbol sea derribado.
39El que se presenta públicamente y ante las autoridades de la comunidad como el nuevo mayordomo lleva el voto a su casa con la ayuda de parientes y voluntarios y, acompañado de la orquesta contratada, después de que el tesorero haya anotado su compromiso en el libro de actas de la fiesta. Así, el nuevo mayordomo recibe en su casa a los que han ayudado a llevar los componentes del voto y distribuye los que están listos para el consumo, comprometiendo en eso, a cada uno personalmente, con la manera de prestarle ayuda al año siguiente para cumplir sus obligaciones. Por otra parte, les recordará este compromiso en las semanas que precederán a la nueva celebración. El nuevo mayordomo estará, de esta manera, obligado a restituir el voto de la fiesta, lo mismo que deberá, a su vez, asumir todos los gastos ceremoniales ligados al ritual que acaba de tomar a cargo. Mientras tanto, después de haber hecho bailar un momento a la asistencia donde el futuro mayordomo, menos numerosa que donde el mayordomo, la orquesta va terminar sus prestaciones donde este último. Se encuentra allí una asistencia más escasa que la víspera o al principio de la jornada. En el caso de que sean pujantes los que llevan el voto, no hay recepción donde ellos.
40Al día siguiente, después de haber convidado a una ceremonia de agradecimiento, donde invita a beber y a comer los restos de la fiesta, a todos los que han ejercido funciones de responsabilidad en el cumplimiento de su cargo, el mayordomo reconduce ceremonialmente a la orquesta contratada a la salida del pueblo. Los músicos, a quienes los sirvientes ofrecen lo que queda de los regalos alimentarios de bienvenida, proporcionan entonces sus últimos esfuerzos en la práctica de su arte bebiendo en compañía del mayordomo, de su familia y de sus ayudantes. Dos días después del día principal, el mayordomo y su familia, con la ayuda de uno u otro voluntario de paso, ponen la casa en orden y van a entregar los diversos instrumentos y utensilios que pidieron prestados para la fiesta, y terminan juntos los últimos restos de alimentos y de bebida. Estos últimos deben ser consumidos en el mismo sitio de la celebración o regalados a los parientes, amigos y vecinos del mayordomo.
3. REPRESENTACIÓN, AFIRMACIÓN Y REPRODUCCIÓN DE LA COMUNIDAD A TRAVÉS DE LA CELEBRACIÓN DE LOS SANTOS
41La misma secuencia de actos que acaba de ser analizada, se repite cada año para cada santo, en las mismas fechas, de generación en generación. Así, el culto de cada una de las imágenes es celebrado y transmitido de un año a otro y de una familia a la otra. Igualmente, el conjunto de las fiestas reúne, en el curso de un mismo año, a diferentes grupos y redes sociales que componen la comunidad y que cooperan todos en los compromisos de cada uno de los mayordomos a cumplir una carga ritual. De este modo, una misma fiesta y, en una duración más corta, el conjunto de las fiestas, reúnen alrededor de ellas, en una duración intergeneracional, la totalidad de los diferentes grupos y redes sociales que construyen la comunidad. Esta integración ritual por participación a través del tiempo y el espacio social, se efectúa por la toma del cargo rotativo de la fiesta de cada santo, para cada uno de los miembros de la comunidad, y por las colaboraciones diferenciadas que se organizan alrededor de cada uno de ellos. Así, la sucesión de un año a otro con cargos de responsabilidad en los gastos realizados con motivo de la celebración de cada uno de los santos o sucesos religiosos festejados, compromete idealmente al conjunto de los miembros de la comunidad. De esta manera, se construye, en permanencia, un espacio redistributivo y solidario en ese nivel.
42Una persona determinada, miembro real o potencial de la comunidad, en el curso de su vida de adulto, está llamada a ocupar un número de cargos principales de celebraciones de imágenes santas conforme a sus posibilidades. Por otra parte, está llamada a secundar a sus parientes próximos que sean responsables de celebraciones. Efectivamente, una persona no consolida su estatus de miembro de la comunidad frente a otros miembros, sino dando pruebas de responsabilidad y generosidad. La toma a cargo de las celebraciones de los santos es a los ojos de la población la marca más valorizada y más ostentosa de tales cualidades en una persona. El compromiso ritual de una persona en la celebración de los santos determina su capacidad social para ser investida de las funciones de autoridad en el nivel comunitario local, tanto más cuanto en su integración social en la comunidad, la toma a cargo de puestos de responsabilidades públicas es considerada como una obligación comunitaria.9
43El ciclo anual de las celebraciones de imágenes santas, la continuidad plurianual de la celebración de cada una de ellas y el compromiso repetido decada uno de los miembros de la comunidad en el cumplimiento del ritual, suponen reproducir y representar permanentemente la comunidad. El conjunto de las fiestas de los santos de la comunidad se acomoda en el espacio y el tiempo reproduciendo la estructura ideal de esta, estructura de comunidad que cada una de las celebraciones tomadas aisladamente simboliza. Por último, cada uno de los miembros de la comunidad realiza su propio recorrido social en el transcurso de su vida, con su participación en las diferentes fiestas en diferentes puestos de responsabilidad.
44Con motivo de la celebración de los santos, se manifiesta una relación de reciprocidad colectiva entre la entidad que celebra, familia o comunidad, incluso barrio o conjunto supracomunitario en otras regiones o en otra época, y el santo del cual se espera ayuda y protección a cambio de las ofrendas que le son dirigidas en esa ocasión. Así, la celebración del santo asegura la reproducción y el bienestar del grupo que lo venera. Pero la celebración de los santos es, igualmente y al mismo tiempo, un medio de construir la solidaridad del grupo celebrante, familia, barrio comunidad o entidad supracomunitaria. Así, el lazo colectivo y redistributivo entre los participantes se articula al lazo dual y recíproco entre el santo y la colectividad. La comunidad misma se afirma más particularmente a través de los actos ceremoniales que se expresan con motivo de la preparación y de la celebración de los santos.
45Ella lo hace movilizando los lazos sociales que la componen como las unidades domésticas, pero también las redes de parentesco y de familiaridad en el amplio sentido, que se entrecruzan por medio de las alianzas, del parentesco ritual, de vecindades y de las experiencias comunes. Por tanto, el desarrollo de las fiestas simboliza y reactualiza idealmente la vida de la comunidad.10 Esta supone renacer indefinidamente a través de las celebraciones rituales que acaban de ser analizadas.
46Los gastos de energía que implican a la totalidad de la comunidad para el conjunto de las fiestas, expresan actos de reciprocidad desigual entre el mayordomo, él mismo al centro de un sistema de redistribución y cada uno de los participantes en la ceremonia. Estos últimos proporcionan una ayuda al mayordomo en la preparación y en el desarrollo de la fiesta o le ofrecen el huiche en el momento de su visita, en contrapartida de las prestaciones rituales y de la recepción social de parte del mayordomo. Sin embargo, el gasto superior de energía efectuado por este último no es comparable con los aportes menores de cada uno de sus colaboradores y de sus visitantes. Este gasto del mayordomo es simbólicamente representado al interior del conjunto del rito por el voto, que es, lo repetimos, una ofrenda al santo compuesta de un abanico de bienes alimenticios producidos polla interacción entre la actividad humana y la tierra. La asimetría, representada por esta reciprocidad entre el mayordomo y cada uno de los participantes a la fiesta, encuentra idealmente su corrección en la redistribución más amplia e igualitaria, que implica la sucesión, al menos teórica, de todos los miembros de la comunidad en los diferentes cargos de mayordomo, no solamente de los diferentes santos en el curso de un año, sino también de las diferentes celebraciones de un mismo santo en el transcurso de un ciclo plurianual. De esta manera, la reciprocidad asimétrica inmediata de una celebración se inscribe en un sistema idealmente repartido y simétrico a nivel de toda la comunidad en el largo plazo. El lazo colectivo al santo, y a través de él, al entorno, a la tierra y a sus productos, de los cuales se supone asegurar la reproducción en beneficio de la comunidad, prefigura las relaciones de la comunidad al activar los lazos redistributivos e igualitarios que constituyen su esencia a los ojos de los habitantes.
47La celebración de los santos comunitarios expresa, igualmente, una ocasión para que las personas al margen de la comunidad sean valoradas por ella. Así, los inmigrados venidos de otros pueblos entienden que asumir la carga de esta celebración es una manera de facilitar su integración Ala comunidad. Asimismo, numerosos inmigrados de San Carlos, principalmente a Lima, la capital nacional, no dudan en volver para cumplir sus obligaciones rituales en la materia, sin haber sido especialmente convocados para ello por los otros miembros de la comunidad. Así, ellos sienten que mantienen un cordón umbilical de identidad y de seguridad con el medio que los ha visto nacer. Muchos de ellos van al pueblo para visitar a su familia con motivo de las celebraciones del Niño Jesús que corresponden, a nivel nacional, a las fiestas y vacaciones de fin de año.
48Pero la aplicación de este modelo simbólico de comunidad en la realización concreta de las celebraciones particulares de los santos refleja, por otra parte, las relaciones sociales desiguales y las dependencias particulares que se desprenden de las relaciones idealmente redistribuidas e igualitarias. Las prestaciones proporcionadas a un mayordomo particular difieren, especialmente, en lo que respecta a su naturaleza y a su importancia, en función de los lazos sociales que unen a cada uno de los prestatarios al mayordomo y de las deudas particulares contraídas entre ellos por este último. Así, el mayordomo puede contar con la colaboración no solicitada y no contabilizada de parte de sus parientes próximos en la preparación y el desarrollo día a día de la celebración. Esta ayuda será más o menos consecuente, según las posiciones sociales eventualmente adquiridas al exterior por esos familiares. Por otra parte, el mayordomo solicita explícitamente la ayuda de ciertas personas exteriores a su entorno próximo, ya sea de parientes más alejados, de aliados y parientes rituales o de los amigos, así como de otras personas que han contraído una cierta deuda con él o con respecto de los cuales va a endeudarse para la ocasión. Su posición social particular le proporciona a este respecto un acceso diferenciado a los servicios y a los bienes. Esa influencia, igualmente le permite recibir la cooperación benévola, durante toda la fiesta, de ciertas personas con las que no mantiene un lazo particular, pero que son conocidas por sus competencias prácticas: cocineros, sirvientes o músicos. Son estas personas las que serán objeto de una recepción social de agradecimiento después de la celebración. Algunos servicios y bienes comerciales ligados a la diversión y a la alimentación y conseguidos del exterior con gastos del mayordomo, en esta ocasión pueden colocar, en primer plano, capacidades diferenciadas de consumo. Por último, el conjunto de los miembros de la comunidad es esperado sin que sean personalmente invitados por el mayordomo, para ciertas tareas ritualizadas de preparación de la fiesta, tales como el corte de leña para el combustible, la preparación de la bebida y, como fue el caso en otra época, el trabajo en un campo cuyo producto estaba destinado al consumo de la fiesta. En este nivel, la cooperación es más igualitaria.
49La atención del mayordomo con respecto a los que lo rodean con motivo de la celebración no es el mismo. Por esta razón, con motivo de la fiesta invita, personal y previamente, a ciertas personas a las que lo ligan afinidades sociales heredadas o constituidas, o frente a las cuales el se considera socialmente en deuda. Si los sirvientes, después de la ceremonia religiosa, se esfuerzan por invitar en la plaza a todo el mundo a ir a donde el mayordomo, intentando dirigirse personalmente a cada uno de ellos, la respuesta a la invitación depende de los lazos personales entre la persona invitada y el mayordomo. Igualmente, si todos los visitantes, incluyendo entre ellos a los forasteros, son los bienvenidos al domicilio del mayordomo, solamente serán invitados a compartir las comidas las autoridades y ciertos notables locales, así como las personas que hayan aportado su ayuda bajo una forma u otra, aunque sea por el don de un huiche. Por otra parte, el mayordomo recordará a los que se hayan mostrado más colaboradores con su cargo, cuando estos últimos asuman, a su vez, algunas responsabilidades rituales y tengan necesidad de su ayuda. Por otra parte, muchos jóvenes que no han cooperado en la fiesta y no tienen con qué aportar, se quedan en el umbral de la casa donde tienen lugar las festividades. La mayoría de ellos solo entran cuando llega la oscuridad y por la fiesta danzante que se desarrolla allí durante la tarde y en el transcurso de la noche.
50Por otra parte, la celebración de los santos en su conjunto no borra las desigualdades internas de la comunidad, como tampoco reduce las fracturas que implican la integración de la comunidad al Estado y a los mecanismos del mercado. El desarrollo de una fiesta aislada sirve, además, para ocultar estas realidades sociales y culturales que separan, incluso oponen, a los miembros de la comunidad.
51En efecto, la celebración comunitaria implica un nivel de gastos que varía relativamente poco de un santo al otro. Puede variar aproximadamente de simple ai doble. El número de fiestas tomadas a cargo en el curso de su vida por los diferentes miembros de la comunidad varía de uno a seis. Dada la variación máxima del costo de la fiesta y en el nombre de cargos asumidos, los gastos calculados sobre la base de una vida ritual son, entonces, de uno a doce. Ahora bien, se observan diferencias reales de riqueza entre los habitantes, principalmente en términos de cabezas de ganado, cuya reproducción puede ser importante en el curso de una vida. Igualmente en relación a la tierra que, sin embargo, no son fácilmente acumulables y están más condicionadas por el acceso a una mano de-obra cuya oferta es relativamente poco elástica. Las diferencias de riqueza de una familia a otra varían en efecto de uno a treinta en términos de ganado, del cual se puede obtener un beneficio rápido en los mercados, con una inversión en mano de obra menor que el que requiere la explotación de las tierras. Así, cuando la población espera de cada uno de sus miembros que su generosidad con respecto a los otros miembros sea, a largo plazo, proporcional a los haberes respectivos comparados, los miembros más acomodados de la comunidad, no efectúan más gastos rituales en el curso de su vida que los miembros más pobres, o no los efectúan en proporción a los medios de los cuales disponen.11 Por tanto, los gastos ligados a la aceptación del cargo de celebraciones de santos, no implican los mismos sacrificios para cada uno de los mayordomos en términos proporcionales de energía y bienes gastados en relación con sus capacidades personales.
52La celebración de los santos constituye un momento en el que, más allá de las escenas rituales, se asiste a ciertos comportamientos que se delimitan nítidamente de las normas de solidaridad redistributiva y de reciprocidad que esta celebración se supone que representa y reproduce. La comunidad es, entonces, ocasión de excesos diversos. En efecto, las escenas de ebriedad que acompañan inevitablemente una celebración, facilitan la explosión violenta de tensiones latentes que existen entre diferentes personas en el seno de la comunidad, incluso con personas del exterior. En cambio, su expresión pública y la manifestación en esta oportunidad de divisiones más amplias u ocultas llevan a los protagonistas y su entorno a buscar soluciones que, de otro modo, se habrían hecho esperar y, por tanto, a desactivar problemas hasta entonces contenidos. Estos estallidos y los excesos que acompañan la fiesta permiten, de este modo, el relajamiento de las tensiones y desempeñan un papel indirecto, pero importante en la reconstrucción del tejido social. Por otra parte, la ausencia de numerosas personas de su domicilio con motivo de las festividades constituye una excelente oportunidad para ciertos jóvenes -que por sus contactos con el mundo exterior tienden a encontrarse al margen de la comunidad- de robar en las casas y en las huertas. Así, de esta forma, ellos someten a ciertas familias más acomodadas a un tipo de redistribución informal al margen de la actividad ritualizada y ordenada, pero más simbólica que real, de la fiesta. El oportunismo sistemático del gesto parece, sin embargo, más destructor que los desbordamientos etílicos ocasionales que acompañan a las celebraciones.
53Así, a través de la celebración de los santos, la comunidad, al igual que realiza la alianza ritual de sus diversos componentes sociales, reconoce, reabsorbiéndolos como pueda, sus fragmentos y sus márgenes sociales. En parte imagen ideal y hasta un cierto punto motor de una cierta realidad solidaria, la celebración comunitaria de los santos se inscribe en una situación de crisis de la comunidad. Esta se asemeja a la crisis del Estado en el marco de la globalización neoliberal. En efecto, es de buen tono hoy día, en la comunidad y al exterior, desprestigiar tantos gastos que se consideran improductivos y la nivelación social realizada simbólicamente con motivo de la celebración del santo, en detrimento de inversiones más oportunas y en oposición a la valorización de la competitividad individual que inspira el mundo exterior contemporáneo. Por otra parte, se dibuja una tendencia a un repliegue de identidad sobre un círculo estrecho de relaciones de parentesco que traiciona el fundamento espiritual de generosidad y de apertura al otro que constituye, idealmente para sus actores, la fiesta tradicional de los santos. Esta representa, más allá de su significación estrechamente religiosa, el lugar de todas las contradicciones locales y globales. Blanco emblemático de las críticas con respecto de las instituciones comunitarias por aquellos que, sin embargo, no dudan en reivindicar para obtener un acceso prioritario a los recursos humanos y materiales de la comunidad, la celebración de los santos constituye para otros un objeto de valorización de identidad. Estos últimos, en oposición a los modelos impuestos del exterior, defienden un tipo de relaciones solidarias, pero tienen una práctica social cotidiana que se desvincula bastante a menudo de las relaciones idealizadas de la fiesta de la comunidad.
Notes de bas de page
1 Es la constatación que hace G. TAYLOR (1987: 93) en lo que respecta a los habitantes de la cordillera de Huarochirí a principios del siglo diecisiete. Estos últimos, al seguir, según él, el culto de sus ancestros a través de los santos, estiman asegurar su reproducción colectiva.
2 Ver P. LERCHE (1986: 49-50, 171 y siguientes).
3 Ver la respecto el primer capítulo de esta misma parte.
4 F. FUENZALIDA (1982: 295-298) particularmente ha subrayado el papel en la cordillera de la costa central del Perú de las asociaciones fundadas sobre el parentesco y encargados del culto de santos, a los cuales cada una de ellas están ligadas. Estas asociaciones son conocidas con el nombre de cofradías
5 Varios autores subrayan el carácter estratégico de las épocas del solsticio en los Andes más meridionales en donde estas constituyen articulaciones importantes del ciclo de producción: diciembre con el fin de las actividades de sembrío y; particularmente, los meses de mayo-junio con el fin de las actividades de cosecha y almacenamiento de productos. Estos últimos meses constituyen el momento de transición entre dos ciclos de estaciones naturales y agropecuarias. Las celebraciones de santos aparecen allí, entonces, como importantes marcadores rituales del calendario astronómico y económico. Ver especialmente sobre este tema, J. MALENGREAU (1972:157-177); M. E HOUDART (1976: 73); H. BUECHLER (1980: 39); A. CAMINO (1982: 19-30); A. MOLINIE (1985: 101-107) y N. WACHTEL (1990: 55-56).
6 Hasta 1996, cuando se instaló la luz eléctrica por medio de un motor local y luego por la red de distribución de una central hidroeléctrica regional.
7 Del nombre de las ceremonias en el curso de las cuales las poblaciones autóctonas de la Costa Noroeste de América del Norte efectúan gastos festivos considerables bajo una forma que ha tomado un aspecto competitivo de tipo excesivo y destructor, susceptible de comprometer la continuación de las ceremonias más allá de un cierto número de años, sin reajuste reglamentario del contenido de las ofrendas. I. SCHJELLERUP (1987: 4 9 ) , sin embargo, hace mención para Chuquibamba, un pueblo situado al sur de la provincia vecina de Chachapoyas, de la obligación en la cual se encuentra el mayordomo de restituir los elementos del voto con un ligero aumento. Esta exigencia parece contradecir las reglas de igualdad que defienden ritualmente los habitantes en los gastos del voto y compromete, en el largo plazo, la cadena rotativa de su transmisión.
8 Y desde 2 0 0 3 , año en que fue transformada la plaza en un parque con terreno encementado y plantas, en una cancha deportiva al lado de la plaza.
9 La ascensión sucesiva a diversos cargos religiosos jerarquizados como condición de ocupación sucesiva en diversos cargos políticos locales, situación habitual en los Andes, ha desaparecido en su automaticidad en el Perú con la reforma de 1970 que instaura un sistema de elecciones comunales (ver especialmente a este respecto, D. GUILLET, 1974: 143-159 y O. PLAZA y M. FRANCKE, 1981: 83). Pero se trata allí, quizás del retorno a una situación colonial de separación de los poderes. Así, K. SPALDING ( 1981: 12-19) hace mención de una rotación en el siglo dieciocho a nivel de las comunidades andinas de los cargos religiosos que implican ciertos sacrificios, bajo una forma clandestina de respecto del poder político colonial.
10 Particularmente he subrayado estas funciones, a la vez representativas y creativas, de la “fiesta” a nivel de la comunidad de Cusipata, en la región de Cusco (J. MALENGREAU, 1972 ob.cit. 253-259).
11 El aspecto no redistributivo de las prácticas rituales es subrayado en otras comunidades por M-FHOUDART(1976: 182); H. BUECHLER (1980: 100-101) y N. WACHTEL (1990: 146). Por otra parte, J. OSSIO (1992: 354-356) nos señala que en Andamarca, en la región de Ayacucho, solo los comuneros que han alcanzado un cierto nivel de acumulación pasan las fiestas más dispendiosas, mientras que el número de fiestas tomadas a cargo varía de una persona a otra, lo que iría en el sentido de una repartición. Sin embargo, el autor no pone estos gastos en relación con el nivel exacto de riquezas de sus autores. En Cusipata he constatado, alrededor de 1970, que las personas de cierras familias, de estatus más cómodo que se han beneficiado de una educación formal mas avanzada y que se colocan bajo la etiqueta de vecinos, no participan, sino muy accesoriamente, en las celebraciones comunitarias de sainos realizadas por otros habitantes, designados como indígenas, y celebran en familia sus propios santos (J. MALENGRAU, 1972: 264).
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