VIII. Formación y familia
p. 131-143
Texte intégral
1(Rosaldina Villasante de Benites). De toda la familia, yo he sido quizás la hija que más tiempo ha vivido con su padre. Me he casado ya profesional, todo por acompañar a mis padres. En un primer movimiento, pensaba hacerles compañía hasta el final de sus días, puesto que va mis cuatro hermanos se habían casado e ido a vivir a diferentes lugares. He tenido la suerte de que mis padres fallecieron acá, en mi hogar. Todo esto me da la oportunidad de hablar con propiedad y con veracidad de las inquietudes de mi padre.
2Debido a la fuerte influencia de carácter religioso, a mi papá le gustaba practicar la modestia y a nosotros, nos inculcó la humildad. Era demasiado modesto. La religión católica enseña muchos aspectos personales que están comprendidos como virtudes y que no lo son. Por ejemplo, enseñaba que seamos pobres. Mi papá, hasta que yo estuve en la universidad, me decía: “Oye, hijita, tú tienes que demostrar siempre a todos lo pobre que somos”. Claro, que en mi niñez, yo consideraba eso, que mi familia era muy pobre, hasta que me di cuenta de que no lo era tanto. Mi papá había recibido una educación tradicional, muy rígida. La palabra de mis padres —especialmente la suya, porque hasta mi mamá parecía su hija que le tenía que obedecer— era ley.
3Él ha estudiado en una época donde, por estos lares de Señor, muy poca utilidad se veía en la educación, sobre todo femenina. La educación estaba reservada solo para determinados estratos sociales, para gente que tuviera cierta vinculación social y cierta capacidad económica. En general, las personas no se instruían, sino que eran hombres de trabajo. Probablemente, en la familia de mi papá, tenían vinculación social y también, capacidad económica —a pesar de que él era huérfano de padre—, como para que le pusieran a un colegio regentado por españoles. Yo sé por mis tías que, en aquella época donde no se le daba ninguna importancia a la instrucción de las mujeres, ellas habían sido alumnas de los colegios que ahora son primerísimos: María Auxiliadora, Santa Ana. Esos colegios son escuelas privadas para los que tienen economías. Los hermanos mayores han estudiado en el Colegio Salesiano.
4En la secundaria, les enseñaban formación laboral; todo lo que se refiere al trabajo manual: El tallado, las artes, la música y el teatro. A esa introducción, mi papá puso su vocación innata. En segundo lugar, él era autodidacta. Ya desde niño, había aprendido a tocar al oído. No hizo toda su secundaria; cursando cuarto, se fue de profesor a Huayllati porque le ofrecieron los padres. Entonces, acá, en sus tres años de secundaria, hizo una introducción al pentagrama y a la vida de los grandes músicos. Esto también sirvió para acrecentar su vocación. Pero, él no quería tomarlo en cuenta para nada. Decía: “Yo no sé, yo no sé”.
5Me pasó a mí un chasco terrible cuando ingresé en la universidad. Era potestativo u opcional llevar inglés o francés. Yo, llevé tres idiomas: inglés, francés y quechua. Mi papá, que estaba por atrás de nosotros, nunca me había dicho que hablaba francés. Lo supe porque me corrigió. Parece que desde la primaria, acá, en el Cusco, había estudiado francés. Hizo quinto de primaria acá. Todo esto, para demostrar su exceso de modestia.
6Fue a visitarle a Paucartambo, el Director del Instituto Cultural Peruano Norte Americano. Mi papá le atendió; congeniaba mucho con ese señor. Y el Director comenzó a tratarle de “Doctor”. Entonces, mi papá le dijo: “Ya le he dicho, yo no soy Doctor. No tengo ningún título, ni estudio universitario. Yo soy simplemente un ciudadano común y corriente”. Esto fue durante una cena que el Director nos había invitado en el Hotel Savoy; un hotel de cinco estrellas. Entonces, delante de todos, él dijo: “Mire, señor David, para nuestra filosofía, el Doctor no es aquel precisamente que exibe diploma, un título bien colocado en un marquito y que le acredita como tal. No. Al menos, yo estoy seguro de que “Doctor” es aquella persona que, como usted, por sus conocimientos y su forma de ser, por la instrucción que tiene, por la calidad de hombre que es, realmente, usted es un Doctor. De tal modo que me va a permitir a mí llamarle Doctor”. Mi papá simplemente lo agradeció.
7Me acuerdo que una vez, un policía, un señor Alejandro Cantera, había escrito algo relacionado a mi papá donde ponderaba su obra. Le había dedicado toda una página del Sol o Comercio del Cusco. Y acá, la gente (al menos la mayoría) no quiere reconocer los valores de otras personas. A mi papá, lo habían abordado para decirle: “¿Cómo es posible, señor David, que usted había hecho tanta cosa y nosotros, no nos hemos enterado? Debía usted hacerlo conocer para que nosotros también le rindamos pleitesía”. Y cosas así. Mi papá se disgustó y me hizo llamar para suplicar a ese señor que saque otra nota declarando que él había publicado su apreciación y que ninguna información salió de mi papá.
8Y peor con eso, no quería dar a conocer a nadie. Por eso que se nota en la información que te ha dado y es necesario ponerte solo algunas partes que trasuntan en toda su extensión, esa personalidad.
9Al contrario del Municipio de Paucartambo, lo reconocía la Universidad de San Marcos, en Lima, en su Departamento de Antropología, Sociología y Folklore. Han sido ellos que, en cierta época, hace muchos años atrás, habían venido al Cusco y a Paucartambo, precisamente porque vieron allá una fuente de investigación de una riqueza bastante grande. En la Universidad del Cusco, les indicaron a ellos, mi papá. Entonces, se fueron a Paucartambo, en busca de él y él los acesoró, los atendió.
10Cuando estuvo integrando esta Universidad de San Marcos, el Doctor Morote Best invitó a mi papá, inclusive para que escribiera en la revista de la facultad. Entonces, mi papá comenzó escribiendo determinados artículos para la revista folklórica de esas facultades y de otras instituciones que funcionaban con ellas. Más o menos, sería por los años entre el cincuenta y el sesenta y cinco. Dos artículos, me los hizo ver. Con ellos, mereció una distinción de las autoridades. Después de instalarse en Ayacucho, el Doctor Morote Best (creo que ocupaba el decanato) fue Director del Departamento de Antropología. Le sustituyó, años después, el Doctor Josafat Roel Pineda, el cual tiene un recuerdo de mi papá6. En el pequeño museo privado que había armado mi papá, le encantó un conjunto de Q’ara Ch’unchu auténtico. Era la misma ropa, con su chonta, su chuku, todo completo. Cuando lo vio, le dijo: “Señor David, yo le ofrezco cualquier cantidad de dinero por este conjunto”. Entonces, como era tan atento e inclusive tenía oficios de felicitación y todas esas cosas de la facultad, mi papá le regaló.
11Así, en aquella época, la Universidad San42 Marcos fue aquilatando, en todo su valor lo que era mi papá. Por eso que, cuando llegaban estudiosos nacionales o extranjeros que quisieran conocer a fondo ese aspecto de la actividad humana, de San Marcos, les orientaban acá. De esa manera, muchos intelectuales, sociólogos, folkloristas, han venido a visitar a mi papá. El tenía muchos homenajes, muchos folklóricas): “Con la colaboración de David Villasante”. De todo eso, no te ha hablado tampoco, quizá por su exceso de modestia.
12La primera escuela de la vida es la familia. El ha pertenecido a mía familia en la cual se han dado las condiciones óptimas para desarrollar determinadas condiciones vocacionales o profesionales. Tanto que su bisabuela, por ejemplo, con primaria, había sido maestra. Por otra parte, en un estudio que ha realizado su sobrino Segundo Ortiz Villasante, él dijo que, a la casa de mis abuelos, llegaban todos los estudiosos de esa época. Allí, se alojaban. A mi hermana Guillermina, le ha tocado una fotografía de mi abuelo, parado en un ángulo de la casa: Se puede observar que es una casa hermosa, grande y decorada artísticamente. Segundo dijo que por esa clase de familia, casi todos los hermanos eran artistas. Mi tío Rafael (su papá) también tallaba y mi tío Mariano es un especializado: Trabaja en tallado y doraba en pan de oro.
13Mi padre se había iniciado en un hogar, en un medio donde se apreciaba mucho y se ejecutaba la música, pues sus hermanos mayores tuvieron profesores. Eso me contó él mismo y cómo, al final, se animó mi abuelo en comprarle el melodio. Esa vez, no había piano; había melodios, órganos, monocordios y pampa pianos. Lo cierto es que sus hermanos tocaban guitarra. Sus mayores y sus hermanas cantaban y teatralizaban. Como mi abuelo era tan dedicado al teatro, a la cultura, a las artes y al conocimiento, trató de inculcar en ellos estas dedicaciones. Por supuesto, como adornos personales, no con el criterio de que les sirviera como un medio de vida.
14Como antes Paucartambo era un pueblo donde no había instrumentos de adelanto como ahora y sin luz, la gente tenía una vida totalmente sedentaria. Prácticamnete, la única actividad era la agricultura. Comercio había, pero muy limitadamente. Ahora, hay bastante. Es que no existía carretera; todo lo hacían a caballo. Me contaba mi mamá lo que, a su vez, le había contado su mamá de las familias que pertenecían a mi estrato social, diremos, bajo-elevado. Tratando de trasladarnos a aquella época, aplicando un concepto sociológico actual, podemos hablar solo de estrato social bajo. Imagínate, sin medios de comunicación, sin esto, sin aquello... Pero, dentro de este estrato social, había gradaciones. Los que pertenecían a una clase más o menos media o superior, acostumbraban hacer teatro, música y danza. De familia en familia, se visitaban y hacían tertulia y es allí, donde se comentaba todo. Algunas personas siempre venían al Cusco, llevando noticias. Entonces, todos se reunían para enterarse, estar un poco al día y comentar. Era en esas reuniones donde se hablaba. Se invitaban cafés, ponches, almendrados y otras cosas. Eran consabidas esas reuniones y allí es donde cada quien contaba: “Dice que pasó esto, dice que pasó otro...”
15En mi niñez, he observado un poco esto porque, cuando estuve en la escuela, los primeros años, había una Directora, una Señora Laura Thibaut de del Castillo, que era violinista y cantaba con sus hijos. Nosotros congeniábamos e ibamos una vez a la semana, por la noche, a la casa de esa familia y hacíamos música clásica, toditos. También, los famosos Fox Incaicos gustaban mucho a mi papá. Tenía una creación que él llamaba así, para escuchar, no para bailar. Entonces, nosotros ibamos y cantábamos toda clase de música, inclusive la que estaba en apogeo en aquella época. A la noche siguiente, la familia del Castillo venía a nuestra casa y seguíamos haciendo la música. Parece que, en esto, seguía la tradición. Como a la casa de mis abuelos, llegaban los estudiosos, allí, era una fuente de información. En cuanto a las tradiciones (como la del Inca Yupanki que te contó mi papá), les gustaba en esas reuniones sacar lo que otros habían transmitido: Expresiones, historias y leyendas. Luego, allí se comentaba de todo porque ya había radio. Era lo más actualizado; se comentaba sobre cultura, noticias y todo lo demás. Ya estábamos entrando en un proceso de mayor instrucción, mayor culturización.
16Nosotros, los paucartambinos, justamente estamos preocupados porque ahora, en Paucartambo, solo vive gente comerciante; no hay ninguna persona respetable. Hay una despoblación de gente culta. No hay progreso, no hay nada, ni siquiera para el trabajo. Cuando la gente es culta, siquiera tiene iniciativa para un trabajo, para resolver un problema. Siendo limitada su instrucción, la gente perpetúa lo tradicional y de allí, viene la perennización de lo arcaico.
17Así que en la familia de mi papá, hacían música entre ellos. Por supuesto, mis abuelos se iban dando cuenta de que el más dedicado, el que tenía mayor vocación a la música era su pequeño David. Mi abuelo era tan organizado que, cuando los hijos mayores —por ejemplo, mi tía Mercedes; su hermana mayor o mi tío Javier— recibían clases con profesor de monocordio, de piano, etc., los menores no debían entrar a la sala. Pero mi papá se introducía furtivamente y aparecía tras el profesor, tras el hermano. Allí, quedaba quietecito, observando movimientos de dedos y cómo enseñaban. Así iba aprendiendo. Cuando ellos eran invitados y salían de casa, entonces él, en el silencio y solitario, ejecutaba las piezas que había escuchado al hermano mayor tocar por pentagrama. Él tocaba al oído.
18Una vez, yendo a una invitación, todos juntos, desapareció David. El se había ido colocando detrás, para entrarse a tocar. Como mi tío Javier quería dedicar la mayor parte del día para responder bien en su formación, mi papá tenía que aprovechar la ausencia de su hermano y eso, para el asunto. Entonces, se quedó. Llegó a la salita esa, donde estaba el monocordio y se puso a tocar. La familia se dio cuenta que faltaba David. Mi abuelo volvió a la casa; a medida que se acercaba, escuchaba la pieza que ejecutaba como lección, Javier. Entonces, quedó muy sorprendido: “No puede ser. Javier, ahorita, lo estoy dejando yéndose ya para entrar a la otra casa con puede ser. Javier, ahorita, lo estoy dejando yendóse ya para entrar a la otra casa con mi esposa. ¡Cómo es que él mismo está tocando? Es imposible”. Todo asustado, volvió y alcanzó cuando justo entraban a la casa:
- ¿Javier?
- ¿Papi?
- Ah, solo quería saber si estabas aquí.
19Más asustado, volvió y entró con el mayor sigilo y lo encontró a su hijito, todo pequeñito; tanto que se había acomodado para alcanzar al instrumento. Tocaba, pero correctamente, hasta mejor que Javier. Tenía como tres o cuatro años. Dice, su papá se emocionó tanto; lo agarró, lo abrazó, lo besó y le dijo: “Dedícame, a ver, otro”. Y él ejecutó. Se lo llevó en brazos a la invitación v fue desde esa fecha, cuando se había dedicado a buscarle un instrumento no más grande que el monocordio, exclusivamente para él. Por eso que ningún hermano tuvo derecho a ese instrumento. Lo compró de los dominicos de Llaychu.
20Entonces, era diferente la mayor dedicación, la vocación y, quizás, la disposición para la música de mi papá. Fue esc aspecto que le favoreció, o sea, fue un medio favorable para que hiciera brotar sus inclinaciones personales referentes a la música, al folklore, al arte y a la cultura en general. Nosotros, también tuvimos este marco que trascendía desde nuestros abuelos. Mi papá te dijo que él no llegó hasta la universidad por el hecho de haber perdido muy joven a su padre. Entonces, las condiciones variaron y comenzaron los problemas económicos. Sucedió lo siguiente y eso, mi abuelita se lo contó a mi mamá: Cuando falleció su esposo, todo el mundo vino con el propósito aparente de ayudar, pero en realidad, era para apoderasre de las cosas. Iban: “Présteme” y la señora, inexperta, tenía cosas de valor. Fueron así, descapitalizándoles.
21Por estas razones, mi papá ya no tenía posibilidades para continuar estudios, puesto que quedaban todavía después de él, Mariano y Lourdes. Eran los tres últimos. Las otras hermanas estaban en colegios. Ellas fueron concluyendo y dejaron porque no era factible económicamente mantenerles en ese plan de trabajo. Es por eso que le habían propuesto a mi papá para que fuera profesor en Huayllati. Allí, desde dondequiera que estaba, él siempre estaba con ojo visor -diremos así- sobre lo que era el folklore. En Huayllati, había aprendido la manera de tocar de allá, inclusive el tamborcito y este instrumento que se llama pinkuyllu.
22Con todo eso, se dedicó muchísimo a apreciar, en toda su significación, la ejecución de las danzas folklóricas de aquel entonces. Quizá más que a nadie, le perennizandas en su persona, esas manifestaciones que se iban traspasando de generación en generación. Valoraba mucho no solo lo que era folklore, sino que, en aquella época de su vida, había como una influencia de carácter europeo. Se bailaba solo en las fiestas y en los salones, la Cuadrilla Francesa. Tanto así, que mi papá la ha introducido; en parte, por supuesto, adaptándola, más o menos a lo que es el Conjunto de los Diablos. Era porque mis papás bailaban la Cuadrilla. Los Yábar y Ordoñez eran de la edad de sus abuelos. Entonces, mi papá, desde allí, vio. Iban como invitados sus mayores y él miraba. Parece que era un niño despierto, muy hábil y acucioso. Todo observaba. Después, él bailó cuando vino su generación.
23Nos enseñó a bailar la Cuadrilla. Yo acuerdo que, cuando mis hermanas mayores, Guillermina e Hilda tenían nueve o diez años y yo, unos tres, a ellas, mi papá les enseñaba y yo miraba. También, a mí, me hacía bailar. Me enseñó a tocar el piano. Precisamente, yo, por engreída —porque también tuve, como Hilda, profesora particular connotada— he dejado de estudiar. Entonces, así como sus papás pusieron profesor a sus hermanas, él nos puso.
24Cuando recién tenía unos dos o tres años, me enseñó a colocar papeles de colores en las teclas del melodio. El melodio se diferencia del piano en que es un aparato menos perfeccionado y tiene fuelles que se pisan, pero sus notas y sus sonidos son iguales. Entonces, mi papá ponía papel rojo al Do, un papel verde al Re; a los sostenidos, igualito. Así, me enseñaba: do, re, mi, fa, sol, la, si. Me hacía solfear, tocando el melodio. A los cinco o seis años, también me hacía actuar en teatro.
25Entonces, no es que tanto mi papá no tenía idea. En una parte, él te cuenta: “No sé leer música”, algo así. No, no era tanto. Lo que pasa es que, a él no le gustaba parangonarse con aquel músico que tiene su especialización y todo lo escribe por papel. Yo recuerdo que él, cuando componía, primero escribía unas letras y luego, les ponía la música. Armonizaba con las letras y lo pasaba al pentagrama.
26En algún momento de mis testimonios, dije que mi papá no había concluido la secundaria. Es que, erróneamente, estaba aplicando el sistema vigente ahora a lo de antes. Yo me preocupé por este hecho ya que, después, a mí misma, me pareció medio raro, porque sabía que él había terminado. Para mayor seguridad, pregunté a algunas personas de la época; entre ellas, a una prima de mi papá y me dijo que sí, que él había concluido la instrucción secundaria e, incluso, que era con el Doctor Santistaban Ochoa. Ese Doctor era un historiador connotado que residía en España. Con mi papá, se escribían frecuentemente. Tuvo en mente y se preparó para ingresar en la universidad. Mi papá probablemente habría querido ingresar en derecho. Eso fue lo que no cristalizó. Decía: “Si yo hubiera tenido el apoyo de mi padre, si él hubiera continuado viviendo, indudablemente yo hubiera concluido mis estudios” indudablemente yo hubiera concluido mis estudios”. Entonces, él quiso agenciarse por su propia cuenta y aceptó el trabajo en Huayllati porque, al parecer, tenía mucha vocación para ser docente. Le gustaba tanto enseñar, como estudiar. Con el proyecto de ingresar en la facultad, terminó sus estudios y fue cuando quiso estar solamente un tiempo corto en Paucartambo, para luego seguir estudios superiores.
27La historia de su salida de Huayllati, me la contó por primera vez cuando estuvimos acá, en sus últimos días. Él ha comenzado a recordar. Psicológicamente, sabemos que cuando uno tiene cierta edad, los años vividos afloran a la mente. El ha tallecido el 10 de octubre de 1988 y esto, me lo ha dicho cuando estuvo enfermo, más o menos en mayo o junio. Me asombro leyendo la versión que te ha comunicado. Son dos historias realmente diferentes.
28Mi papá me contó lo siguiente: Dice que cuando fue a Huayllati, como era prácticamente un artista —le gustaba hacer obras de teatro, verso, tocaba, cantaba y era un buen docente— rápidamente, un señor hacendado le ofreció su hija en matrimonio. Era uno de los muy buenos hacendados. Comenzó a invitarlo y no lo dejaba: “Que señor David por aquí, que señor David por allá”. Le atendía, le colmaba de atenciones, le brindaba comodidades. Lo dejaba con su hija y llegaron a enamorarse, Tanto que los padres de la señorita le habían dicho que mejor sería que se casen de inmediato. Antes, era así. Más era un convenio entre padres que el entendimiento entre los que se iban a casar.
29Entonces, él comunicó a los señores que él era un muchacho huérfano, que solo tenía a su madre y que si querían un arreglo, que fuera con ella. Incluso, escribió a mi abuela pero, al recibir la carta, ella se enfadó muchísimo y le constestó diciendo que no iría, mucho menos a esos lugares y que cuya señorita, por muy instruida, educada y hacendada que fuera, no le gustaría; no la iba a aceptar. Entonces, mi papá se sintió arrinconado y les dijo a los señores que su mamá, lastimosamente, estaba delicada de salud y que no podía ir a estos lugares a conceptar el matrimonio. Disimuló. Los señores habían dicho que, bueno, estaba bien, que aun en estas condiciones, ellos querían que fuese el esposo de su hija.
30Entonces, habiendo estado de novios, él se decidió a casar. El papá de la novia lo invitó a que fuera a Lima. Ellos viajaban por la cercanía porque, del Cusco a Lima, es mucho más lejos que de Abancay a Lima. Se fueron a Lima a traerle el traje de novia, todo para un matrimonio elegantísimo. Ya tenían todo arreglado: Traje, bebidas, padrinos, concertados, todo. En eso, de pronto mi papá había hecho un acto de análisis interior y había dicho: “Bueno, mi mamá me dice que no quiere. De todas maneras, iré a Paucartambo y le avisaré qué clase de gente son ustedes. De repente, ella se anima y viene a mi matrimonio”.
31Entonces, a los padres de la novia, les había informado que, su mamá estando delicada de salud, él iría unos días a saludarla. A lo peor, ella se agravaba y pasaba algo terrible. Se disculpó. En el fondo, él quería explicar a su mamá y dar en detalle cómo era esta familia y que, por favor, fuera a su matrimonio. Los señores le creyeron y le dijeron que vaya. Inclusive, toda la familia, incluyendo la novia, le había acompañado mía distancia bastante grande, ceremoniosamente.
32Mi papá llegó al Cusco, se encontró con sus mayores y les contó que estaba de novio. Ellos empezaron a renegar: “¡Que imposible, que cómo vas a estar allí! Mejor, David, anda y habla con mamá que verdad, está un poco delicada”. Se alistó para viajar a Paucartambo; regresando de muchos años. Fue a donde mi abuela y le dijo:
33-Pues, mamá, la persona con quien quiero casarme es muy buena, sus papás son hacendados...
34Pero mi abuela contestó: “Que aquí hay una diferencia notable. Ellos son hacendados, tú no lo eres. Y sabe Dios qué clase de gente será. Imposible, imposible”.
35Mi abuela se hechó a llorar y no lo quiso dejar salir para nada y al final, él comenzó a cambiar de opinión. Terminó por no volver. Pero, como él había solicitado un permiso por unos días, llegaron comunicaciones exigiendo su presencia para casarse porque él tenía un compromiso a! cual no debía faltar. Entonces, mi papá le dijo a mi abuela: “Ustedes me están poniendo en problemas. Estas personas se han portado muy bien conmigo y yo he dado mi palabra. Yo debo cumplir”. Pero, su madre y sus hermanos mayores no aceptaban por nada y es acá, cuando le hicieron volver al Cusco, a fin de que ya no hubiera ese nexo de Paucartambo, para que no recibiera las comunicaciones de Huayllati. De esa manera, retornó al Cusco y fue cuando retomó la preparación para el ingreso al colegio.
36Mi papá me decía que tenía azar por ese compromiso, por haber fallado a su palabra y que había venido con la sana intención de convencer a su familia para esa boda, para que aceptaran a la novia. Estaba completamente decidido a casarse. Había tomado la decisión porque era gente muy buena y la señorita también. Era simpática, tenía todo, muy buena familia, etc. Él había venido dejando todo listo, organizado, fecha establecida. Íntimamente, venía con la intención de convencer, si no es a sus hermanos, a su madre. Pero, como no le aceptaron, fue así cómo se desanimó y va no quiso volver. Yo le pregunté:
- Pero, papi: ¿y no te acordaste de la señorita?
- En eso pues, sucedió tanto tiempo... Fui y me escondí en Espinguni, pero me sentía muy mal conmigo mismo, por el hecho de haber abandonado un compromiso. Sin embargo, yo no tenía el menor deseo de volver a Huayllati. Mi mamá y mis hermanos, ¡felices! Sin embargo, cuando volví, después de tanto tiempo, averigüé en el Cusco, a través de unos familiares. Me dijeron que la familia de la novia me estuvo buscando, que después que desaparecí, perdieron mi ubicación y creo que mi mamá y mis hermanos (como coincidió con la fuga que hice por no ir al ejército) dijeron que me había hecho la noche. Probablemente por eso, la señorita se casó con otra persona. Recién me sentí bien; estaba muy preocupado porque era una especie de burla y eso me molestaba.
37También, recién me he enterado de aquello que figura en la información que te ha dado a ti, de que había ido a la selva. A mí, me dijo que la instrucción militar por entonces, tenía dos gradaciones: A los campesinos que no tenían ninguna educación, les cogían para soldados y a los que tenían educación, los llevaban para que ocupen una clase jerárquica superior, para que hagan carrera. Entonces, como mi papá era educado, podía realizar una carrera militar. Por esa razón, sus hermanos habían decidido que él fuera militar y justamente cuando él se fue de vacaciones, se habían comprometido con los jefes para entregarlo. Entonces, él, sin saber nada, fue a despedirse de su mamá, porque se iba a reiniciar el cuarto de secundaria y de pronto, cuando estaba llegando a Paucartambo, un criado de ellos le pasa el dato: “Niño, estos tus hermanos ya han hablado con el coronel no sé cuantos para que te vayas al ejército”. Él se molestó: “<Ah, sí? ¿Porque ellos me van a poner al ejército? Eso no es de mi voluntad. A mí, no me gusta ser militar”. Entonces, ya molesto, había llegado donde su mamá.
- Mamá, acaban de contarme que mis hermanos quieren que vaya a ser militar.
- Ay, hijito, yo también quería, porque tus hermanos me han hablado de las ventajas que tuvieras cuando seas militar y que acá, en Paucartambo, te han escogido y han dicho que muy bien, vas a ser militar.
- Que no, de ninguna manera, no quiero ser militar.
- Entonces, habla con tus hermanos. Haremos un consejo de familia y les vas a decir de frente que no quieres.
38El mismísimo día siguiente, fue cuando había ido al templo a tocar armonio y cuando, de repente, el sacristán se acerca y le dice: “Niño, te están buscando para llevarte de militar”. Fue ahí, cuando se escondió.
39Ahora, en la versión que te dio, yo he encontrado una discrepancia en relación a mi mamá. Me contó más o menos la versión que te había dicho. Pero, me dijo que no la conocía a mi mamá y mi mamá, tampoco a él, porque no vivían en Paucartambo. Ella también, estaba frecuentemente en el Cusco. Pero, a pesar de ello, no se conocían. Probablemente, mi papá estaba interno y mi mamá, con su familia. Él me dijo que, cuando estuvo escondido en el templo y que tuvo hambre, vio pasar a mi mamá y pensó: “¿Quién será esta señorita?”. Vio que entraba a la tienda (de sus papás) y como no salía, preguntó al otro joven:
- ¿Y quién es la señorita?
- María Valencia.
- Ah, ya.
40Entonces, comenzó a tirarle piedrecitas y luego, el papel y ella no quiso escucharlo, verlo, porque no le interesaba. Tanto que, por fin, después de horas y horas de intentar, había hecho alcanzar comunicación con ella. Con una piedra, le había hecho coger la espalda cuando ella regresaba. Entonces, ella volteó furiosa y él le señaló el papelito. Mi mamá leyó y entró a la tienda y dándole la vuelta por el otro lado, pasó las conservas y los panes. Eso, que sí coincide con la versión que te dio.
41Su familia era muy autoritaria. Parece que mi abuelo paterno era una persona drástica, rígida y que su palabra era ley. Era producto de una educación tradicional. Así era el sistema de entonces. Yo hablé al respecto con mi mamá y me dijo que antes, en su época, todo era vedado, especialmente para las niñas. Y tanto que ella, prácticamente, no dialogaba con sus padres. Los padres decidían. Si no había el padre, lo representaban los hermanos mayores. Yo no sé cómo mi papá había convenido casarse con mi mamá. Ella se ha casado bastante joven, menor que él. Iba a cumplir los dieciocho años y el tenía veintitres. Como ella era jovencita, todavía hija de familia, a cargo de sus padres y única hija, entonces arreglaban, convenían ellos. Era prohibidísimo que los novios conversaran, casi no se conocían.
42Mi papá tenía un hermano mayor que se llamaba Aurelio. A mí, me encantaba este tío porque le gustaba y me explicaba. Me bromeaba y era bastante comunicativo. Una vez, comenzó a contarme todos los rasgos de su vida, en la cual siempre dejaba traslucir que no era él que se había enamorado, sino que las familias se fijaron en él y le dijeron de frente: “Bueno, tú Aurelio, te vas a casar con mi hija. ¿Dónde están tus papás? Queremos concertar”. Y él, entonces, medio que no quería casarse y buscaba la oportunidad, llevaba el asunto sutilmente, como quien está de acuerdo, mientras que no hallaba la hora de salir del problema. Yo le encontré una identificación con el modo de ser de mi papá. Por ejemplo, en la hacienda Huakaka, en la selva, los hacendados tenían a su hija y cuando llegó mi papá, comenzaron a llenarle de atenciones: “Que señor David por allí, que señor David por allá, que acá, usted tiene que dirigir la hacienda, para quedarse, para esto, para el otro...”. Y de inmediato, le ofrecieron a la hija. ¡Y la hija que se le pegaba!
43Yo diría que mis papás se llevaron muy bien por la magnífica comprensión y el ser muy especial de mi madre. Se había adecuado tanto a él, que era casi como su hija. Era una de las tantas personas que a cualquier cosa decía: “Mejor que Dios lo resuelva”. Era de un espíritu bastante generoso, gentil, llena de muy lindos valores espirituales y morales y había tomado muy en cuenta su papel de madre. Yo creo que, con otra persona, mi papá no hubiera tenido la comprensión, la felicidad que tuvo con ella. Será por eso que yo lo vi sufrir tanto con el fallecimiento de mi mamá; tanto que le dedicó) algunas piezas. Tenía muchas creaciones para ella, que había hecho cuando ella estaba en vida. Que yo sepa, no era en forma tan abierta como lo que le dedicó el disco43. ¿Qué razones haya tenido para no hacerlas públicas esas creaciones? Cuando falleció mi madre, él le dedicaba todo.
44Cuando enviudó, él me habló de tres señoras que querían casarse con él. Una era una viuda también, de Carcaño. Tenía muy buenos hijos; entre ellos, un alto funcionario del Ministerio de Educación. Tanto que, estando mi papá en Lima, el hijo había ido a la casa de mi hermana Ausbertina, diciendo que su mamá lo mandaba. Ellos eran amigos cuando vivía mi mamá y congeniaban. Entonces, pensando que era ese vínculo amical el que debería dejarse traslucir, acudió a la cita de mi papá y la señora le salió con que a ella le gustaría casarse con él. Eran más o menos de la misma edad.
45La otra señora, también era una viuda. Tenía propiedades en Quillabamba y era vinculada con uno de mis primos hermanos. Con este motivo se conocieron, porque a mi papá siempre lo invitaban los de la familia. Aquí, subrayo otra faceta de su personalidad: Le gustaban las cosas legales. Tanto le interesaba interpretar las leyes, ser justo, correcto en sus actos, que esto se dejaba traslucir dentro de la vinculación familiar. Es así que la familia le nombró... ¡Ministro de Justicia! Andaba resolviendo de la mejor forma los problemas que podían surgir entre los familiares que ambas partes salieran satisfechas. Entendía bastante la interpretación de leyes y su ejecución. Tanto que, un tiempo, ejercía la defensa de otras personas, a pesar de no tener título de abogado. Interpretaba correctamente las leyes porque sabía mucho de ellas. Por eso que le hubiera gustado estudiar derecho. Una vez también, entre los cargos que tuvo, estuvo de Juez de Paz.
Notes de bas de page
42 Kukuli: La Paloma, película correalizada por Luis Figueroa (nacido y criado cerca de Paucartambo), Nishiyama y Villanueva, en 1961, en la parte durante la Fiesta de la Virgen del Carmen, en Paucartambo. Se inspiraba de una leyenda indígena que relata los amores de una joven pastora con un oso. Por primera vez, introdujo una lengua hasta entonces desconocida de los cinéfilos: El quechua.
43 Don David grabó un disco pequeño titulado «Armónica Paucartambo», con waynos de su composición. En la carátula se lo ve tocando armonio delante de una vista panorámica del Cusco.
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