Mestizos y salvajes: los desafíos del mestizaje en la frontera chiriguano (1570-1620)* (1982)
p. 185-205
Texte intégral
1La conquista de América en el siglo xvi conoció algunos itinerarios individuales excepcionales. Europeos, llevados por el azar de las circunstancias a vivir entre los indígenas de los llanos o del litoral atlántico, fueron cautivados –en todos los sentidos del término– por estas extrañas culturas que la etnología mucho más tarde calificaría como “salvajes” o “primitivas”.
2Algunos decidieron permanecer allí, como Andrés Guerrero en Yucatán; otros perecieron como Alejo García (quien acompañado de tropas tupí-guaraní fue el primer europeo en entrar al imperio inca, diez años antes que Pizarro); otros, como Hans Staden, entre los tupinambá, estaban destinados a una cruel muerte de la que escaparon por poco; otros partieron marcados de por vida, como Alvar Núñez Cabeza de Vaca en Florida y Paraguay; otros, por fin, fueron retirados a la fuerza y desde entonces no anhelaron más que regresar, como Francisco Martín en Venezuela. Sobre las costas brasileñas, franceses y portugueses rivalizaban en celo por obtener la alianza de grupos locales y no dudaron en instalarse con ellos, fundando una múltiple descendencia.
3Quienes regresaron quisieron dejar testimonio de su perturbadora fascinación hacia estas sociedades de tan fresca libertad. La mayoría de ellos alcanzó una cierta notoriedad, pero más a menudo suscitaron la desaprobación de sus contemporáneos.1
4Menos célebre es el caso de los mestizos, vástagos de padres europeos y madres indígenas, que decidieron unirse a la comunidad materna. No puede ser soslayada la importancia de estas elecciones que dejaron tan pocos rastros en los textos del siglo xvi, pues contrastan con la actitud mestiza más difundida: servir al grupo paterno, el de los poderosos amos seguros de su derecho. Si, en la América de las cordilleras (México, Andes), esta integración a la sociedad colonial planteó diversos problemas en razón de la rigurosa estratificación entre la gran masa indígena y el poco número de españoles –y aquí no nos ocuparemos de los mestizos andinos más que para evocar a quienes huyeron hacia los indómitos indígenas del piedemonte–, en la América de las tierras bajas (llanos, pampa, sertão) el mestizaje se convirtió, en cambio, en la modalidad básica de control y de poblamiento de las regiones conquistadas. Este fenómeno biológico y social da mejor cuenta de la formación de Brasil, de los países del Plata o los Caribes: sus mestizos –agresivos e inestables– fueron los campeones de las guerras indígenas y de la brutal penetración hacia el interior continental.2
5En este contexto, la adhesión mestiza al mundo indígena libre gana relieve. Así, en Chile meridional durante las guerras araucanas, volvemos a encontrar la oposición entre los mestizos que formaban los mejores elementos del bando colonial y aquellos que desertaron aportando al enemigo su ingenio y sus conocimientos.3
6Entrevemos la gravedad de estas rupturas en la historia de la América pionera, pero debemos confesar que ignoramos casi todo acerca de sus actores, sus motivos y su suerte ulterior. Si para los europeos, tan lejos de los suyos, la aventura en tierras americanas tenía todos los rasgos de lo maravilloso y lo exótico, para los mestizos el paso entre los indígenas comportaba otra dimensión existencial. En las fronteras, además (y a diferencia de lo que ocurría en México o los Andes), la elección para estos mestizos estaba planteada entre dos sociedades, la colonial y la salvaje, ambas igualmente independientes, igualmente seguras de sus valores y de su fuerza, y que constituían dos universos radicalmente contradictorios.
7Los azares de la documentación me han permitido conocer ciertos notables destinos mestizos en tierra salvaje, en los confines de los Andes y del Chaco. Permiten delinear sus rasgos, sus intereses y sus repercusiones.
1. Mestizaje y frontera: enfrentamientos en el piedemonte andino
8La colonización del hinterland ubicado entre el macizo de Charcas, las sabanas de la alta Amazonía y los desiertos del Chaco, en el corazón de la América meridional (sureste de la actual Bolivia), nació de una peculiar imbricación entre sueños indígenas y europeos, cuyos efectos sociopolíticos aún no han sido plenamente considerados. Conviene evocarlos brevemente, pues confieren al mestizaje local una tonalidad algo distinta a la que tuvieron los contactos en el conjunto de las laderas orientales de la cordillera andina.
9Estas tierras mediterráneas fueron alcanzadas simultáneamente por expediciones provenientes de las dos costas oceánicas, la atlántica y la pacífica. Esta convergencia, que ocurrió a mediados del siglo xvi y dio lugar a posteriores rivalidades, de hecho prolonga las migraciones indígenas que habían revolucionado el mapa étnico. Objeto de un antiguo y disputado enfrentamiento entre los campesinos montañeses del oeste y los grupos de los llanos del este, este piedemonte andino venía de soportar la conquista inca y luego la invasión guaraní. Partiendo de Paraguay, los guaraní intentaban alcanzar la alta Amazonía. En el camino se mestizaron con poblaciones locales y por eso recibieron el nombre de chiriguanáes –luego modificado a “chiriguano”–. Algunos años antes del desembarco de Pizarro en la costa peruana, parte de ellos consiguió tomar los fuertes inca y desde allí comenzaron la ocupación de todo el piedemonte entre los ríos Guapay y Pilcomayo, y se opusieron frontalmente a las tentativas de colonización realizadas desde Paraguay y Charcas.
10Debemos recordar que en Paraguay los guaraní no habían vacilado en aliarse con los españoles, a quienes ilusionaron con fabulosas expectativas para así vencer a sus antiguos enemigos del Chaco y descubrir “la tierra de la abundancia y la inmortalidad”, que rápidamente se volvió una promesa de oro y plata.4 Pero todas las expediciones fracasaron y la última, desilusionada, se instaló a mitad de camino entre el alto Paraguay y los Andes. Incluía ya a numerosos mestizos, productos del intenso concubinato entre españoles y guaraní. Cuando el gobernador de Paraguay le prestó refuerzos –ocasión del último lazo directo entre Asunción y Charcas (1565-1568)– los mismos incluían a
… ciento veinte españoles de guerra y treinta mancebos montañeses, que en otras partes de Indias llaman mestizos, pero son tan hombres de bien en aquella provincia que no conviene llamarles mestizos, sino del nombre de que ellos se precian, que es montañeses (Viaje de don Francisco Ortiz de Vergara, 1565, Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Madrid, col. Muñoz t. 88, A115: 212; subrayado mío).5
11Este juicio no era compartido por las autoridades de la Audiencia de Charcas, de la cual vino a depender esta joven colonia fundada en Santa Cruz de la Sierra que padeció así el paradójico destino de quedar subordinada (administrativamente) al Perú y al mismo tiempo aislada de su metrópolis –de la cual reproducía punto por punto la dinámica social y la agresividad anti-indígena–. A pesar de su papel central en las guerras chiriguano y la defensa de las fronteras orientales, los colonos cruceños nunca llegaron a vencer la desconfianza de los funcionarios de Lima y La Plata:
Respeto de ser aquella tierra [escribe el Presidente de la Audiencia de Charcas al rey] caja cerrada por estar tan lejos de ésta y tener tan dificultoso el paso y ser todos los que la poblaron gente inquieta y los criollos que allí han nacido ambiciosos y sin policía ni término de razón y ser los mestizos que hay muchos soberbios libres y desalmados (Lic. Cepeda, 13.I. 1588, AGI Charcas 16 r. 27, n. 143: 2r;6 subrayado mío).7
12A pesar de la desconfianza oficial sobre la calidad de este mestizaje, viejos conquistadores de Perú proponen colonizar el espacio intermediario entre Charcas y el río de la Plata llamando a los mestizos paraguayos (que estaban fundando los poblados de Santa Fe, Buenos Aires, Corrientes y otros), cuyas virtudes guerreras se alaban:
Tiene mucha gente que ha nacido en ellas [provincias] de mestizos, gente muy dispuesta para la guerra porque son grandes arcabuceros, buenos peones y gente de caballo, muy diestros en hacer todas las armas necesarias para la guerra excepto cotas (Carta de Diego Pantoja al rey, La Plata, 31.I. 1581, AGI Charcas 41; subrayado mío).8
13Un responsable militar de la frontera chiriguano, quien debió evacuar un fortín establecido en la Cordillera, sugiere por su parte utilizar el doble aporte de los mestizos e indios paraguayos, pues:
Estos indios [chiriguano] estuvieron primero poblados en el Paraguay que es su natural de donde cuarenta años a esta parte han venido retrayendo a la Cordillera donde están compelidos de los españoles que los más de ellos son mestizos hijos de españoles y yndias y éstos que son en cantidad son de la fortaleza y ligereza de los indios y con la parte que tienen de españoles de muchas más determinación y animo… [sigue una lista de armas necesarias] En el Paraguay y provincia de Santa Cruz de la Sierra hay muchos caballos que en el Perú valen mucho y en ella poco y la gente están expertos en la guerra por ser criados en ella y con los que han de pelear y con estos mestizos saldrán cantidad de indios sus parientes por parte de sus madres que los ayudarán mucho en la guerra por ser enemigos de los chiriguanaes y saber su manera de pelear y a éstos no se les ha de estorbar el ir con ellos porque de más de que pelean mantienen el campo de comidas (Carta de Pedro de Cuellar, Potosí, 8.II. 1588, AGI Charcas 42; subrayado mío).9
14Este plan de guerra para someter a los chiriguano resulta interesante por varios motivos. Evoca las hostilidades tradicionales entre éstos y los indígenas paraguayos –estos últimos íntimamente ligados a sus medio-hermanos, hijos de español o de otro mestizo–. Nos muestra también que se considera que los mestizos reúnen el vigor físico indígena y el carácter intrépido español; de hecho, han recibido la formación guerrera que hace famosos a los guaraní y a su vez se han convertido en verdaderos especialistas de la guerra. A esta herencia indígena agregan su destreza para fabricar y manejar las armas europeas.
15Eficaces guerreros, hábiles herreros, así se presentan los mestizos hispanoguaraní en el último tercio del siglo xvi. Comprendemos entonces la importancia de su actitud frente a los indígenas chiriguano, que encarnan la independencia y el rechazo a sujetarse a las exigencias coloniales. Si bien la gran mayoría formó el grueso de las milicias fronterizas contra estos últimos, también es cierto que otros mestizos se instalaron en los poblados indígenas de la Cordillera. ¿Quiénes son?, ¿qué hacen?
16Un primer nombre es provisto a través de García Mosquera, mestizo paraguayo de quien hablaremos luego. En 1573 supo que varios españoles vivían en la Cordillera y que además
… había un mestizo al que llamaban Chundi el cual entiende que es Solis un mestizo tuerto de un ojo al cual por otro nombre llaman los indios Sicrabaca y éste está en el pueblo del cacique Timbu (Declaración de Catalina negra que está sirviendo a un cacique (…) ante García Mosquera, Avatren, 17.X. 1573, AGI Pat. 235 r. 1; subrayado mío).10
17No menciona el origen del mestizo tuerto, pero deja entender que lo conoce y, a nuestro juicio, permite sospechar un origen hispano-guaraní. Además, el nombre indígena indica una integración completa dentro del grupo adoptivo.
18Pero ignoramos en qué circunstancias llegó a esto. En cambio, conocemos las que condujeron a una mestiza al poblado meridional de Tucurube, asaltado por un destacamento español durante la campaña de Toledo:
Y entre las mujeres vivía una mestiza que dijimos haberse quedado en los chiriguanaes cuando mataron al capitán Andrés Manso11 [...] la cual con las demás indias se huyó al monte y conocida por algunos, llamándola, no quiso volver, tiró su camino con las demás y hasta hoy se quedó hecha chiriguana (Lizárraga, 1968 [1603-1609]: 151; subrayado mío).
19Así, capturada por los indígenas diez años antes, esta mestiza prefirió permanecer con ellos cuando tuvo la posibilidad de dejarlos. Confirma el éxito de la asimilación de los mestizos entre los chiriguano.
20En 1601, el infatigable viajero fray Diego de Ocaña atraviesa la frontera, resulta herido en una emboscada de los chiriguano y denuncia la creciente amenaza que representan los mestizos:
Y algunos mestizos que se han pasado a ellos huyendo de las justicias de acá, malos cristianos, se los han ensenado a tirar y les hacen la pólvora que tiene mucho recaudo con que hacerlo por los muchos salitrales que hay. Y de esta manera de aquí a diez años será imposible poderlos conquistar (Ocaña, 1969 [1605]: 221; subrayado mío).
21Volvemos a percibir el papel de los mestizos en el manejo de las armas de fuego, pero esta vez al servicio de los “indios de guerra”. Más tarde, el corregidor de Chayanta corrobora la presencia de estos fugitivos entre los chiriguano: “están con ellos mestizos y mulatos huidos por delitos” (Miguel Ruiz de Bustillo, Chayanta, 1.III. 1614, AGI Lima 144: 144).
22Las informaciones concuerdan, pues, en cuanto a la actividad de un grupo mestizo que abandonó la sociedad colonial para ir a vivir entre los indios libres. Para que este paso fuera significativo, sería preciso identificar sus actores, sus motivos, sus efectos y su número –datos que ignoramos–. Confirma el creciente carácter de refugio que pudo tener la Cordillera chiriguano a ojos de todos los marginales del mundo hispano-americano durante la época colonial; pero se comprenderá fácilmente que sus efectos diferían según atrajera o no –y en qué proporción– a los mestizos hispano-guaraní que habitaban la frontera.12
23En efecto, estos últimos, por la intimidad de sus contactos con la comunidad indígena y por su potencial militar, podían, al tomar partido por el bando materno, modificar la relación de fuerzas entre colonos e indígenas y, así, todo el curso de su enfrentamiento. En ellos reposaba, ciertamente, la suerte del avance pionero y contienen para las investigaciones actuales la clave de la historia fronteriza. Debemos recordar aquí que, para ellos, las reglas de alianza indígenas poseían todo su vigor. Entre los chiriguano como entre los guaraní, la filiación era patrilineal y la residencia matrilocal. Estos mestizos, tal como fueron procreados (no sabemos si hubo uniones entre hombres indígenas y mujeres españolas) heredaron entonces el nombre español, pero si se casaban con una indígena (de preferencia la prima cruzada, aquí la hija del hermano de la madre), debían vivir con sus suegros e integrar su grupo doméstico (y ante todo combatir para él) junto con sus “cuñados” (tovaya en guaraní), es decir, los miembros de su misma generación.13
24El alcance de estas alianzas vuelve todavía más urgente nuestra pregunta original: determinar la identidad de estos mestizos llegados a la frontera chiriguano, las razones de su elección, las condiciones y los desafíos de su instalación en la Cordillera.
2. La ambivalencia de la sangre hispano-guaraní: cuatro recorridos mestizos en la Cordillera chiriguano
25Por suerte, la historia de la frontera ha conservado el rastro de ciertos mestizos hispano-guaraní enfrentados con el mundo chiriguano. Sus trayectorias permiten precisar tanto la extensión del dilema que debieron enfrentar, entre sus dos comunidades de origen como las modalidades de su presencia en la Cordillera.
26Estos cuatro protagonistas, nacidos todos en Paraguay, integran a grandes rasgos la misma generación (de mediados del siglo xvi al primer cuarto del siglo xvii). Dos de ellos, García Mosquera y Ruy Díaz de Guzmán, son hijos de importantes conquistadores; los otros dos, Bartolomé Sánchez Capillas y Sebastián Rodríguez, de padres desconocidos. Los dos primeros combatieron a los indígenas, mientras que estos últimos se pasaron a su bando. Pero las idas y vueltas entre las dos sociedades se suceden, y ningún compromiso está exento de ambigüedades.
27A través de estos cuatro casos es posible aproximarnos a la personalidad de los mestizos fronterizos (estatus, actividades) y explicitar sus elecciones que marcan todo el destino de la frontera chiriguano.
García Mosquera
28Hijo del capitán Ruy García de Mosquera, nació en 1538. A los 27 años acompañó al gobernador y al obispo de Asunción a Santa Cruz de la Sierra y luego a Charcas. En la misma expedición se encontraba el capitán Pedro de Segura, llegado a Perú durante las guerras civiles y que luego había pasado a Paraguay, donde contrajo matrimonio con una de las hijas (de madre indígena) del adelantado Domingo Martínez de Irala. En Santa Cruz, Segura recibió una encomienda de indios “pobres y de poco provecho”; luego se fue a La Plata y terminó por retirarse, “endeudado y cargado de hijos”, cerca de Tomina en las orillas del territorio chiriguano.14 No sabemos cuándo el joven García Mosquera desposó a una de las hijas de este último y se instaló en las mismas tierras. En todo caso, lo volvemos a encontrar en 1573 en La Plata, donde sirve como intérprete entre Francisco de Toledo y una embajada chiriguano. Las relaciones con el virrey del Perú, que se preparaba para combatir a los indígenas, fueron malas. Para empezar, bajo recomendación de la Audiencia se hace venir a Segura, “experto en guerras indias”, para confiarle el mando de las operaciones. Pero como solicita un “socorro” para su mujer y sus hijos, Toledo se indigna y lo envía de regreso. En cuanto a Mosquera, parte a reconocer la Cordillera y sondear las verdaderas intenciones de los indígenas. Se retrasa hasta el punto de que lo dan por muerto. Pero regresa justo a tiempo para oficiar de guía en la expedición militar, que se agota persiguiendo en vano al enemigo. Toledo le imputa los errores de orientación que contribuyen a esta lamentable derrota. Arrestado y prisionero en Potosí, Mosquera es liberado por intervención de la Audiencia e incrimina al virrey por no haber seguido sus consejos.15
29En 1582, Pedro de Segura es nombrado corregidor de Tomina. Luego de un ataque chiriguano, retiene como rehenes a los jefes indígenas que habían llegado a visitarlo, pero su resistencia cobra algunas víctimas. Durante la encuesta ordenada por la Audiencia, Mosquera se presenta como un vecino de Tomina, de 44 años de edad, que “conoce a los chiriguano desde hace más de diecisiete años”, y luego describe detalladamente sus costumbres (guerras, canibalismo, incesto) haciendo alusión en diversas ocasiones a su enorme crueldad.16 El año siguiente presenta ante la Audiencia el proyecto de fundar un poblado en la Cordillera por medio del cual “se recuperarán los daños de cada día [que] con sus desvergüenzas los dichos chiriguanaes van haciendo”, mientras que Segura propone recurrir a mestizos paraguayos (“mancebos muy cursados en la guerra”) para expulsar a los chiriguano devolviéndolos a su tierra de origen, asegurar la libertad de navegación del Pilcomayo y entonces una comunicación directa con Asunción.17
30Un año más tarde, sabemos que los dos hombres se han instalado en la Cordillera y trafican con indios. En particular
…García de Mosquera les daba pólvora y cuchillos y les decía que aquella pólvora les daba para que hiciesen guerra a los esclavos que ellos llaman que son los indios de los pueblos que no tienen conquistados y que los conquistasen con aquella pólvora y que se la llevasen para rescatarlos y que les daría más pólvora y caballos y capas y cuchillos (Confesión de Curici indio esclavo, fuerte de Santa Ana, 5.VIII. 1585, AGI Pat. 235 r. 9).18
31Esto echa una nueva luz sobre las relaciones entre el mestizo y los indígenas. No es tanto el tráfico de “esclavos” lo que sorprende –desde hacía largo tiempo, a pesar de las interdicciones oficiales, colonos españoles y mestizos venían a rescatar los prisioneros de guerra de los chiriguano, capturados en las etnias vecinas, para volverlos a vender a los chacareros y estancieros de los valles de Charcas, siempre necesitados de mano de obra indígena–, sino las circunstancias en las cuales este tráfico se lleva a cabo: la Audiencia acababa de proclamar la “guerra a fuego y sangre” contra los indígenas y de proscribir toda entrega de suministros que pudieran fortalecerlos.19 Apreciamos pues las consecuencias del tráfico establecido entre Mosquera y los chiriguano.
32Volvemos a perder su rastro por más de veinte años. En 1606, convertido en capitán y alcalde ordinario de Tomina, interviene en una consulta sobre el apoyo a ofrecer a un grupo local indígena; se pronunció contra el envío de una ayuda que –aun cuando fuera insuficiente– sería vista por los demás indígenas como una provocación, y su opinión recibe la adhesión de las autoridades locales.20 En cuanto a su suegro, habría sido asesinado por los chiriguano en 1611 ó 1612, junto a los cinco españoles que lo acompañaban.21
33El itinerario de García Mosquera por la frontera chiriguano no puede ser separado del de Pedro de Segura. En los tres episodios brevemente informados –el rechazo de Toledo, el plan de conquista, el tráfico de indios– adoptan una misma actitud. De hecho, ambos hombres forman un grupo familiar solidario e influyente, al cual las relaciones equívocas con los indígenas confieren un sitio a la vez primordial y singular en el universo fronterizo. Es un proyecto anónimo para conquistar a los chiriguano el que revela el potencial bélico y el prestigio de la “casa” de Pedro de Segura:
Ha mas de trece años que vive en el partido de Tomina y tiene su casa la primera por la parte de los chirigoanaes y por el aviso y cuidado que tiene y también porque a esta mujer de Pedro de Segura los caciques principales de los chirigoanaes reconociéndole por parienta vienen a ella a visitarla y hacerle amistad y además de esto por ser el dicho Pedro de Segura tan hombre de bien y que tan bien entiende la guerra de los indios y más la de los chirigoanaes como se ha de hacer. Son en su casa entre hijos y yernos ocho o nueve hombres de guerra y tienen más de cien indios chirigoanaes flecheros traídos del río de La Plata y habidos de acá tan buenos como los otros y entre sus yernos es uno García de Mosquera (Relación de la orden que se debe tener para la conquista de los indios chiriguanos, anónimo y sin fecha, BN Madrid ms. 3044: 316; subrayado mío).22
34En las márgenes de la Cordillera, los Segura forman un verdadero clan hispano-guaraní, de dimensiones respetables. Por desgracia, ésta es la única alusión que tenemos sobre esta extraña familia extensa, con rasgos mestizos e indígenas tan confundidos, ubicada entre las dos sociedades antagónicas, y que debió desempeñar un papel intermediario (negociaciones, tráficos, luchas) de primer orden.
35¿Cómo interpretar entonces los planes que presentaron Segura y Mosquera para someter a los chiriguano?, ¿son un simple subterfugio para contrarrestar las sospechas que pudieran guardar sobre sus tráficos las autoridades de la Audiencia (las cuales además prefirieron el proyecto de otro colono de Tomina)?, ¿o acaso un deseo real de aprovechar sus numerosos aliados indígenas para conquistar el conjunto de la Cordillera y encontrar una vía directa con Paraguay? Estas perspectivas no se excluyen. En efecto, según parece ambos hombres habían llegado a un entendimiento estrecho con los líderes chiriguano de la frontera del Chaco entre los ríos Parapetí y Guapay. Insertos de tal modo en las rivalidades interregionales, permanentes entre los chiriguano, buscan vencer a los adversarios situados fuera de su zona de influencia.23
36Esta eventualidad daría cuenta de la inexplicable dirección hacia la cual fue llevado el ejército español en 1574. Aquí las acusaciones de Toledo parecen fundadas: Mosquera llevó la tropa por los meandros y desfiladeros abruptos del Pilcomayo, mientras que la ruta del norte (por Tomina), la más directa y concurrida, no ofrecía ningún obstáculo. Da la impresión de haber querido alejar al cuerpo expedicionario del sector septentrional para no comprometer las buenas relaciones y las fructíferas operaciones de su clan con los indígenas aliados. Del mismo modo podría interpretarse su rechazo a socorrer a un grupo local chiriguano amenazado por otro dirigido por el mestizo Sebastián Rodríguez.
37El desvío de la campaña militar toledana, el rechazo a aplicar las consignas oficiales en plena guerra entre la colonización española y la sociedad chiriguano (prohibición de proveer armas a los indígenas) y los tráficos de todo tipo hacen de Mosquera y su familia política los representantes eficaces y muy emprendedores del grupo mestizo de origen hispano-guaraní en el Charcas oriental. Revelan un sólido sentido de los intereses del clan y un agudo espíritu de independencia. Los Segura forman una especie de colonia mestiza que aprovecha al máximo las libertades que les confiere su doble situación marginal –geográfica y social– en un contexto fronterizo de guerra abierta.
38Su comportamiento, tan poco conforme a los intereses de la política colonial, también podría responder a la creciente sospecha de los funcionarios de la Corona, apoyados por una legislación cada vez más restrictiva para los mestizos en el último cuarto del siglo xvi. Además, fuertemente marcados por su origen guaraní, estos mestizos que habitan el piedemonte andino y se hallan sometidos a una colonización en la que predominan los sujetos andinos –indios y mestizos venidos de Charcas, de Potosí y del Perú– se sienten todavía más aislados (de donde surge, tal vez, este deseo de abrir la ruta de Paraguay). El rechazo, por parte del virrey Toledo, de toda su experiencia como expertos en las guerras indígenas pudo también provocar su resentimiento hacia las altas instancias coloniales.
39A pesar de sus orígenes diversos (uno era un antiguo conquistador peruano, el otro un mestizo paraguayo), las biografías de Segura y Mosquera en el Charcas colonial coinciden exactamente. Instalados en la capital de la Audiencia, ninguno de los dos consiguió adquirir cargos o títulos que les permitieran tener una “casa”. Debieron convertirse en colonos agrícolas, relegados a los confines de la jurisdicción, allí donde el control oficial se atenuaba. Luego de muchas peticiones y la intervención en su favor de viejos conquistadores, Segura obtuvo un cargo de corregidor local. En cuanto a Mosquera, se convirtió en capitán, adoptó el “de” de los apellidos nobles y fue edil municipal. Así, luego de las notorias dificultades bajo Toledo, el reconocimiento público que les estaba reservado era más bien mediocre.
40No les quedaba más remedio, entonces, que explotar las ventajas de su posición geográfica y genealógica. Su parentesco con los guaraní les permite traficar con total impunidad con los chiriguano, todavía aliados a su comunidad de origen. Este desarrollo forzado de sus actividades como intermediarios tal vez los condujo también a negar públicamente sus inclinaciones indígenas. Sus declaraciones y escritos proclaman el salvajismo indígena y su deseo de reducirlo. ¿Simple sueño de apertura de tierras nuevas?, ¿arreglo de cuentas con una comunidad demasiado próxima?, ¿o deseo de ahogar la voz de una sangre demasiado pujante? No lo sabemos. Acaso miden la brecha que separa la nueva sociedad paraguaya, nacida del choque de la Conquista, del orden salvaje que la invasión chiriguana acaba de imponer en la Cordillera.
41En su testimonio de 1582, García Mosquera no dice palabra sobre un penoso episodio de su vida pasada: al parecer había sido capturado por los chiriguano, quienes lo cebaron con la intención de comerlo, pero pudo escapar.24 ¿Este incidente basta para explicar su animosidad hacia ellos? De intérprete a traficante: excluido de los dos bandos, está condenado a asumir su doble herencia en los márgenes.
Bartolomé Sánchez Capillas
42El destino de Mosquera se cruzó con el de Capillas. Ambos sirvieron de intermediarios a Toledo durante sus desafortunadas relaciones con los chiriguano, en 1573-1574. Cuando estos últimos vinieron a verlo en La Plata, el virrey
… mandó llamar un lengua y fue uno de dos, o Mosquera […] o aquel mestizo Capillas […] que junto a las casas de la morada del virrey vivía, y creo fue éste por estar más cerca (Lizárraga, 1968 [1603-1609]: 143).
43El cronista Lizárraga, que participó activamente de estas entrevistas, señala el dudoso papel que jugaron ambos intérpretes en el subterfugio elaborado por los emisarios indígenas. A pesar de esta oscura complicidad, Lizárraga los opone claramente: el primero es “un soldado, por nombre Mosquera, mestizo del río de la plata, hombre de bien” (Ibíd.: 142), mientras que el otro es
…un perro mestizo nacido en el río de la Plata […] gran oficial herrero llamado fulano Capillas, ladino como el demonio, y blanco, que no parece mestizo, casado y con hijos en la ciudad de La Plata: no sé por qué ocasión se fue o le envió la Audiencia, y esto fue lo más cierto, a tratar con ellos no sé qué medios de paz, y él decía no le enviasen, porque no le habían de dejar salir los indios; fue y quedóse con ellos; este maldito les hace unos casquillos de acero para las flechas [siguen detalles sobre su eficacia]. Vive […] con las mujeres que quiere; anda casi desnudo y por no ser conocido cuando sale a hacer daño en los nuestros, se embija como indio; dicen ha enviado a decir a la Audiencia que de buena gana dejaría aquella vida, porque es cristiano, si le perdonasen, pero que teme, si se reduce, le han de castigar por los daños que ha hecho (Lizárraga, 1968 [1603-1609]: 94; subrayado mío).
44Es una acusación bastante contradictoria la que realiza el severo dominicano: emisario oficial, Capillas habría presentido que los indígenas lo detendrían, cosa que hicieron; renegado arrepentido, permanece entre ellos donde fabrica puntas de flecha y participa de ataques contra la frontera. ¡Un extraño comportamiento! Las circunstancias de la entrada y de la estadía de Capillas en la Cordillera son por lo menos enigmáticas.
45El fundador de Tarija indica haber concedido un solar a Capillas, quien se habría fugado entre los chiriguano, donde habría alcanzado un puesto de mando, y haberle infligido luego una grave derrota. Otro testimonio afirma que el mestizo habría “pasado por su propia voluntad” con los indios.25 No podemos dirimir aquí este punto, pero las negociaciones oficiales para asegurar su retorno aportan algún esclarecimiento.
46En 1590, la Audiencia envió un emisario a la Cordillera con la expresa comisión de “sacar Bartolomé Sánchez Capillas tirano apóstata”, quien por cartas había manifestado su deseo de “salir a esta provincia a dar orden de cómo se conquistase y allanase aquella tierra”. Las negociaciones son delicadas en razón de la gran desconfianza que ambas partes manifiestan. Capillas reclama “un recaudo de seguridad” y el negociador convence a algunos líderes indígenas, entre ellos el “cacique llamado Mangure amo del dicho Capillas”, de acompañarlo a la frontera como “rehenes” en la entrega del mestizo.26 El asunto parece terminar ahí: por intermedio de Mangure, las autoridades fronterizas recuperaron dos jovencitas españolas y un joven mestizo, que habían sido llevados algunos años antes, pero ya no se habla de Capillas.
47Esta vana tentativa, sin embargo, confirma la paradójica situación del mestizo que describe Lizárraga, a mitad de camino entre el deseo y el miedo de regresar con los suyos, pero al mismo tiempo prisionero voluntario de los indígenas que no quieren perder un refuerzo tan precioso. Por otro lado, su estatus exacto resulta incierto, pues se lo presenta sea como “caudillo”, sea como propiedad de un líder indígena.
48La ambigüedad es despejada cinco años más tarde por dos misioneros jesuitas que, durante una gira exploratoria en los poblados del noroeste, son recibidos por Capillas. Éste interviene en su favor en una asamblea general de líderes indígenas, de la cual obtiene el acuerdo para su viaje. Los sacerdotes evocan la incómoda posición de su diligente protector:
Aunque los indios le respetan mucho y no se menean sino a su voluntad, pero con todo eso les estaba harta sujeto y vive con un miedo y artificio entre ellos; y aunque de parte del Rey, la Audiencia y don Pedro le han asegurado que salga, que no le harán mal, con todo teme y no osa salir y si quisiere, teme que le han de matar los indios; y él también tiene sus prendas allá como son casa, hijos y heredades y esclavos, etc. [...] y lo que responde cuando le tratan de esto [de su salida de la Cordillera] es que él aguarda ocasión y coyuntura cómo reducir los indios de la Cordillera ahora sea por bien, ahora por mal, y que el Rey se lo pague, porque tiene hijos acá en el Perú a que acudir (padre Vicente Yáñez, Potosí, 30.VIII. 1595 en Annua…, 1965 [1596]: 108; subrayado mío).
49Capillas es entonces un rehén de los indígenas. Un rehén privilegiado, ciertamente, escuchado y seguido, pero también obligado a tomar la cabeza en las expediciones armadas. No puede negarse, bajo pena de muerte, y depende siempre del amo encargado de su persona. Debido a su conocimiento del mundo blanco y sus técnicas, el mestizo se encuentra ocupando el liderazgo de un grupo indígena, que debe asesorar y conducir al combate. Pero, integrado en las alianzas de parentesco, es también su prisionero, bajo vigilancia colectiva. ¿No representa acaso la metáfora viviente del jefe privado de poder, bajo el control de todos?
50Finalmente, ignoramos en qué condiciones Capillas pasó hacia los chiriguano ni el grado de resolución personal, ni si el doble juego que pretendía volcar contra ellos fuera real. Las razones que ofrece a sus interlocutores españoles, aun sinceras, no bastan para justificar la prolongación de un viaje de varios decenios. Intermediario por nacimiento, prófugo más o menos voluntario, fabricante de armas, jefe a pesar de sí mismo, es una trayectoria muy singular la que ha llevado a Capillas desde Paraguay a la Cordillera, a través de Charcas.
51Su destino ya no le pertenece: no volverá con los blancos. En 1606 todavía se señala la amenaza que hace pesar sobre la paz de la Cordillera. Diez años más tarde, su hijo Pedro Sánchez Capillas guiaba a los indígenas del norte contra Ruy Díaz de Guzmán (Díaz de Guzmán, 1979 [1617]: 103).
Sebastián Rodríguez
52Mosquera se muestra como el mestizo que utiliza a los indígenas para su provecho. Capillas como el que es utilizado por los indígenas. Pero ambos manifiestan, cada quien a su modo, las mismas reticencias vacilantes frente a las autoridades coloniales a las que declaran su buena fe. El siguiente caso, en cambio, muestra una resolución más grande en su adhesión a los chiriguano:
[En 1596] de la dicha frontera se entró en la dicha cordillera el dicho Sebastián Rodríguez mestizo de nación paraguay que sabía hablar la lengua, oficial herrero y platero, con ánimo de vivir con ellos y capitanearlos, enseñarlos los dichos oficios como lo hizo enseñándoles a hacer casquillos y arpones para la flechería y […] a tirar arcabuces el cual […] se casó a su modo con una hija de un principal y con esto y su favor en diferentes tiempos los dichos indios hicieron algunos asaltos (Información de servicios del capitán Juan Ruffino, La Plata, 6.VI. 1610, AGI Charcas 81: 31; subrayado mío).
53Vemos todo lo que aproxima a Sebastián Rodríguez con el caso anterior: dominio del idioma y de las técnicas del metal puestas al servicio de los indígenas, e integración completa entre ellos. Pero, en ambos casos, seguimos ignorando las razones que los llevaron tan resueltamente a ello. Según el decir de un testigo:
Siendo casados [Capillas y Rodríguez] en el Perú dejaron sus mujeres e hijos y se fueron de su voluntad a la Cordillera. Tienen armadas ocho fraguas en ocho pueblos, y como esclavos del demonio se ocupan en enseñar a los Indios, y en agradarles (Relación de Diego de Contreras, 1609, ADI t. 5, doc. 72: 10; subrayado mío).
54Según el mismo informante (Ibíd.: 8v), el nombre indígena de Sebastián Rodríguez sería Charaguara, tomado del nombre del poblado en el que se instaló. Inquietos, sus adversarios de la Cordillera reclaman la ayuda de las autoridades de Tomina, y ante su rechazo –ya hemos notado la responsabilidad de García Mosquera en el mismo– recurren al gobernador interino de Santa Cruz, quien acepta socorrerlos. Sebastián Rodríguez envía mensajeros indígenas a Santa Cruz para comunicar sus buenas intenciones: “su intento no era ser contra los españoles porque era hijo serio”, pero en vano.27
55En agosto de 1607, los cruceños acompañados de 2.000 indígenas aliados llegan a sitiar Charagua, donde se han replegado Rodríguez y otro mestizo, negros fugitivos y entre 2.000 y 3.000 guerreros. Interpelan a los dos primeros,
… diciéndoles que para qué estaban entre aquellos bárbaros, que se viniesen, que el gobernador los recibiría bien, y a esto respondió el Sebastián Rodríguez: ‘antes cegaréis de ambos ojos que tal veáis’. Y tuvieron otras prácticas, y al cabo de ellas los despidió con otro arcabuzazo (Almendras Holguín, 1961 [1607]: 177; subrayado mío).28
56Los sitiados son derrotados y dispersos, pero aun entonces se resisten a entregar su precioso apoyo. Dos jesuitas de Santa Cruz viajan a Charagua sin resultado.
57Finalmente, el corregidor de Tomina es quien aprovecha los buenos oficios de los indígenas aliados: “me lo sacaron preso al valle de los Sauces”. El martes 18 de noviembre de 1608, a media legua de La Plata, el corregidor ponía en manos del oidor Francisco de Alfaro
… un mestizo que dijeron llamarse Sebastián Rodríguez y ser nacido en el Paraguay y haber como doce años que se había entrado entre los indios chiriguanaes y que residía entre ellos hallándose de su parte en las guerras contra otros indios y contra españoles y asimismo traía una india que dijeron ser de la cordillera y lo parecía en el vestido que traía que era tipoy de aquella tierra y venían tres mestizuelos dos varones y una hembra que el mayor sería como de ocho años que decían ser hijos del dicho Sebastián Rodríguez y de la dicha india y asimismo traía un indio que decían ser cristiano y un negro que se había entrado entre los dichos indios chiriguanaes.29
58Entregado de tal modo a los responsables de la Audiencia, Sebastián Rodríguez habría sido enviado a Lima. De ahí en más ya no será mencionado.
59¿Por qué la restitución de Rodríguez se llevó a cabo mientras que la de Capillas fracasó? Es que aquí los indígenas de Charagua tenían una urgente necesidad de ayuda española contra nuevos enemigos más amenazantes (sus vecinos del Palmar): no dudan en sacrificar al mestizo como prenda de la anhelada alianza.
Ruy Díaz de Guzmán
60El último protagonista hispano-guaraní no es un verdadero mestizo, sino un “cuarterón”, nacido de madre mestiza. Y si bien intervino muy tarde en la frontera, sus relaciones con el mundo chiriguano fueron bastante problemáticas. Por otro lado, ocupó un sitio público e intelectual de primera línea en la colonización de las provincias del río de la Plata. Se trata de Ruy Díaz de Guzmán, autor de una Historia del descubrimiento, conquista y población del Río de la Plata (título abusivamente simplificado a La Argentina - 1974 [1612]). Su padre, Alonso Riquelme de Guzmán, sobrino de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, debió desposar una de las hijas mestizas de Domingo de Irala para evitar su ejecución por rebelión, convirtiéndose así en concuñado de Pedro de Segura (ver fig. 1).
61Ruy Díaz, primogénito de esa unión, participó de varias fundaciones de pueblos y en todas las campañas contra los indígenas sublevados en el último tercio del siglo xvi. Como resultado de enemistades personales con el nuevo gobernador de Paraguay, pasó a Tucumán y luego a Charcas, donde terminó su crónica en 1612. En el primer libro encontramos una vigorosa condena de los chiriguano (1974 [1612]: cap. V), así como un brillante elogio de los mestizos paraguayos (“buenos soldados, y de gran valor y ánimo inclinados a la guerra, diestros […] buenos jinetes […] muy obedientes”, Ibíd.: cap. XVIII).
62Poco después solicitó y consiguió del virrey del Perú el título de “gobernador y capitán general de los llanos de Manso”, y reunió una expedición para conquistar a los chiriguano e instalarse en el corazón de su territorio. Éste no es el lugar para narrar las tribulaciones de su “entrada” (1616-1621), de la cual ha dejado un relato atento y apasionante: involucrado en las rivalidades regionales entre los indígenas, terminó por encontrarse aislado, con todos los indígenas en su contra, y apenas logró salvarse gracias al envío de auxilio por la Audiencia de Charcas.
63Sin embargo, podemos preguntarnos por qué, cerca de los sesenta años y sin dinero, Ruy Díaz se lanzó a una empresa semejante, en la cual antes que él habían perecido ya muchos otros capitanes más experimentados –siendo el último de éstos su propio tío político Pedro de Segura–. ¿Simple búsqueda de la consagración pública por la vía más caballeresca de las armas, ya que la pluma no le había aportado la gloria esperada?, ¿o acaso debemos inferir algún arreglo de cuentas con la comunidad materna? No lo sabemos.
64Una comparación nos ayuda a entender el periplo de este inquieto escritorguerrero. Más allá del parecido en cuanto a los orígenes, contemplamos la distancia que lo separa de un Garcilaso de la Vega frente a su doble herencia. Ambos aceptan el hecho del mestizaje, incluso se jactan de él y desean el reconocimiento de la sociedad colonial. Pero uno, exiliado en España, reivindica y resucita el mundo fabuloso del antiguo Perú inca, mientras que el otro no alcanza la metrópolis y choca con los suyos: verdadero “exiliado en el interior”, Ruy Díaz, empujado hacia el mundo indígena, lo niega y sólo enfoca los altos logros de la colonización española. Aquí, la dialéctica entre lo próximo y lo lejano se inclina por el último término: en el relato de sus altercados en tierra chiriguano revela ser un observador lúcido de aquellos a los que combate, hasta el punto de analizar las razones de su futura derrota. Hombre de pluma y de espada sin éxito, deja un testimonio esencial en la literatura de frontera para nuestro conocimiento de la política de los chiriguano.30
65Singular epopeya la de Ruy Díaz frente a las leyes de la guerra indígena: remite a la turbia y poderosa fascinación que ejerce el universo “salvaje” sobre aquellos que nunca se reponen al hecho de haberse separado de él.
Conclusión
66Mosquera, Capillas, Rodríguez, Díaz de Guzmán… estos cuatro protagonistas atravesaron todos la frontera, cada cual a su manera. Encarnan todas las actitudes posibles frente a los chiriguano: traficar, pasarse a su bando, combatirlos. Las modalidades propias de cada uno ponen en evidencia lo que los reúne y lo que los diferencia: por su origen social, dos descienden de conquistadores notables y dos son de extracción humilde (no resulta indiferente que justamente estos dos últimos hayan tomado partido por los indígenas y los dos primeros por los españoles); por sus actividades, dos fueron intérpretes oficiales en la Audiencia y los otros dos enseñaron a los indígenas el arte de trabajar el metal (instalando forjas en los poblados) y a usar armas de fuego; por su suerte ulterior, sólo uno permanece y fallece entre los indígenas, otro es devuelto contra su voluntad, uno queda en los límites de los dos mundos y apenas el último regresa a terminar sus días en la tierra original: Paraguay.
67En un nivel individual, ninguno de ellos parece realmente un marginal en ninguna de las dos sociedades: fundaron familias en los centros coloniales (ignoramos el caso de Ruy Díaz) y los dos que pasaron al mundo indígena fundaron otra allí; en cuanto a los dos que parecen más integrados al mundo español (poseen un título de capitán y cargos municipales) debemos oponer la solidaridad del clan Segura-Mosquera, especie de “comunidad” patriarcal hispano-guaraní, a la vez central (en el contexto fronterizo) y periférica (en relación con los dos polos de referencia), a los esfuerzos solitarios e inciertos de Ruy Díaz para ganar el reconocimiento de los suyos y sobresalir en el mundo colonial de inicios del siglo xvii (en este sentido, su equipo en tierra salvaje, que recluta a miembros del clan Segura, entre ellos su primo político Pedro “el joven” –comparten el mismo abuelo materno–, le permite volver a encontrar a la vez solidaridad y apoyo oficial).
68En cuanto a los motivos profundos de su comportamiento (sobre todo las elecciones de Capillas y Rodríguez), permanecen en el secreto de las biografías personales en las que el destino genético y la configuración social se entrecruzan de modo inextricable. Podríamos seguir multiplicando hasta el infinito estas combinaciones (ver cuadro 5) que dan cuenta de estos cuatro itinerarios hispanoguaraní en al Charcas oriental. No agregan nada a nuestra cuestión.
Cuadro 5
Comparación de las situaciones e itinerarios de cuatro mestizos hispano-guaraní

Los blancos indican una falta de información; el signo + indica una respuesta positiva y los signos entre paréntesis una duda.
69Del lado de los salvajes, el paso a la Cordillera cobra relieve tanto por sus implicaciones prácticas como por sus limitaciones efectivas. En efecto, habituados a recibir e integrar a todo individuo que se presente (más o menos voluntariamente) entre ellos, los chiriguano confían a los mestizos –huéspedes privilegiados– tareas destinadas a reforzar su potencial militar (adquisición de armas, de pólvora o de metal por trueque o fabricación artesanal). Entre estos últimos, algunos como Capillas ejercen una gran influencia en las asambleas indígenas e incluso toman la dirección de las operaciones militares. Pero su capacidad de iniciativa está siempre subordinada a las normas políticas tradicionales. En un nivel interno, no pueden imponer su punto de vista ni, ante todo, gozar de una libertad de movimiento total: insertos en las redes de parentesco (por alianza matrimonial y la concesión de un nombre indígena), son entregados a la discreta vigilancia de sus próximos, garantizada por sus “amos” (sea el autor de la captura, sea el jefe del poblado). En un nivel externo, nunca llegan a reunir o a unir bajo su tutela al conjunto de las comunidades indígenas. Resulta significativo que entre los chiriguano no hayan prosperado los intentos de un Pedro Bohórquez –aquel aventurero andaluz que se refugió en la cordillera del Tucumán y se convirtió, a mediados del siglo xvii, en el “Inca Rey” de los calchaquí a quienes sublevó contra el español– o de un Juan Santos Atahualpa –el mestizo quechua de Cuzco que, un siglo más tarde, confederó a los grupos campa de los Andes orientales y obligó a los españoles a abandonar la montaña peruana–. ¿Es que acaso los mestizos hispano-guaraní no disponían de una suficiente exterioridad (origen y estatus) que les asegurara, pretendiendo alguna filiación excepcional (dioses, héroes culturales o el Inca), el dominio de la totalidad de los chiriguano? Este importante punto merecería un examen más atento.
70Preferimos terminar considerando lo que ellos representan para la sociedad colonial iberoamericana. Estos cuatro casos son por supuesto extraordinarios – basta considerar los rastros documentales que han dejado en razón del interés de las autoridades oficiales–. Extraordinarios, pero sin duda no únicos. Si no podemos cuantificarlos (y con razón, ya que estamos en los márgenes del control colonial), si no podemos censar los otros casos semejantes y relacionarlos con el conjunto del mundo mestizo regional, no deja de ser cierto que ellos marcan los itinerarios posibles, muestras de las tentaciones permanentes que experimentaban sus semejantes.
71A finales del siglo xvi, un rasgo común los reúne: su insatisfacción frente a la sospecha de los funcionarios hispánicos. Animan diversas revueltas urbanas en el río de la Plata. Los mestizos de Santa Cruz de la Sierra no se quedan atrás: se sublevan en 1586-1587 y, un siglo más tarde, ¡dos de ellos realizan un pacto con los chiriguano para entregarles la ciudad!31
72La combinación del resentimiento mestizo y la agresividad chiriguano puede poner en cuestión la colonización hispánica de los confines orientales de Charcas. Sin embargo, a pesar de ser rechazados por la Corona, estos mestizos rechazan a su vez su comunidad materna: convertidos en “cazadores de indios”, entre los siglos xvii y xx integran las expediciones (“entradas”, “correrías”, “rancheadas”, “malocas”) para capturar “esclavos” (“sacar piezas”).
73Pero al mismo tiempo, su instalación en los márgenes de una sociedad “salvaje” independiente les ofrece notables posibilidades. Intermediarios naturales entre las dos humanidades antagónicas, explotan lo mejor que pueden el fantástico margen de maniobra resultante, escogiendo en los dos bandos sus aliados, sus cómplices del momento, sus enemigos, al ritmo de las coyunturas y las relaciones de fuerza. En este sentido, su conducta no se formula en términos de identidad o de etnicidad: no representa un problema, ni para ellos ni para los indígenas.
74En este “intermedio”, en esta suerte de no man’s land jurídico, estos mestizos de la frontera disfrutan de una libertad insólita para la América colonial. Que no nos sorprenda si estos “montañeses” que no aceptan el término “mestizo” se convirtieron más tarde en “montoneros”, esos guerrilleros patriotas del sur boliviano que lucharon por la independencia de sus tierras y fundaron, entre 1809 y 1825, diversas “republiquetas” liberadas de la autoridad colonial. Pero ya en el siglo xvii, estos “fuera de la ley” naturales, que se burlan abiertamente de los decretos y ordenanzas, ¿no constituyen a su modo una “sociedad contra el Estado”?
75¿Se puede vivir impunemente en contacto con los salvajes?
Figura 1
Cuadro genealógico. Parentesco de los mestizos paraguayos
Nota de la editora: este cuadro genealógico figura tanto en “Mestizos y Salvajes” como en el capítulo 2 de Ava y Karai que presentamos a continuación. La única diferencia entre ambos es la fecha probable de la muerte de García Mosquera: 1610/1615 en “Mestizos y salvajes” y 1620 en Ava y Karai. Hemos adoptado esta última fecha, que propuso Saignes en su último libro.

Notes de bas de page
1 Ver los relatos de los siguientes cronistas (en este orden): B. Díaz del Castillo, R. Díaz de Guzmán, H. Staden, A. Núñez Cabeza de Vaca y F. de Oviedo. Dos constituyen autobiografías (Staden, Cabeza de Vaca).
2 Para el río de la Plata (Paraguay, Uruguay y Argentina) que interesa directamente al tema de este artículo, ver los análisis (favorables) del mestizaje por Cardozo (1959: cap. 2), Salas (1960: cap. 6) y Furlong (1969: 11-12, 31-42).
3 En Mörner, 1969: 38. Resulta significativo que esta obra de síntesis, la única en su género, apenas consagre algunas líneas al caso de los mestizos que pasaron al bando de los indios llamados “de guerra” y, en cambio, dedique una página a los españoles en la misma situación (pp. 38-39).
4 Sobre las migraciones guaraní al piedemonte y/o a la alta Amazonía, ver el capítulo “Fronteras” de este mismo volumen (N.d.E.).
5 Sobre el proceso de colonización indígena e hispánica de este piedemonte, ver Saignes, 1981.
6 La referencia es otra carta de Cepeda del 3 de enero de 1588 (AGI Lima 30) en el texto original (N.d.E.).
7 Sobre el tono particular de la colonización cruceña, ver Vázquez-Machicado, 1956; y sobre su dinámica, Sanabria, 1958.
8 Publicada por Barnadas, 1973: 588.
9 La palabra “Cordillera”, usada con una C mayúscula, designa al territorio chiriguano.
10 Avatren es probablemente Abatire (actual Igüembe) (N.d.E.).
11 Se refiere al asalto en 1564 de Santo Domingo de la Nueva Rioja, o Condorillo, pueblo fundado por Andrés Manso en las orillas del Parapiti. La campaña de Toledo tuvo lugar diez años después, en 1574 (N.d.E.).
12 Estos fugitivos son presentados como delincuentes, lo que no parece correcto en todos los casos. Además de los casos expuestos más adelante, ver por ejemplo el siguiente: “se ha capturado al extranjero quien disfrazado de ermitaño se había entrado a la Cordillera” (carta del virrey, Lima, 20.XI. 1596, ANB CACh, leg. 7). Se han conservado rastros de la negociación llevada a cabo para rescatar al mestizo Domingo del Valle, “natural de Chuquiago” (La Paz, en el Collao), quien vivió treinta años entre los indígenas donde tenía su familia (caso descrito en la probanza de Marcos Ontón, sacerdote y capellán de la expedición de Ruy Díaz de Guzmán, 1616-1618. AGI Charcas 90).
13 Sobre los efectos del parentesco guaraní, ver Pierre Clastres: “Indépendance et exogamie” (1974: cap. 3). El padre Martín González temía un levantamiento de los mestizos paraguayos que asesinarían a sus padres “con intento de juntarse con los naturales que son sus tíos y parientes [...] con gran daño para las más provincias comarcanas porque ya saben el cómo los chiriguanaes de la sierra son sus tíos” (Madrid, 3.V. 1575, AGI Charcas 143, citado por Cardozo, 1959: 68). Sobre tovaya como término de interpelación entre indígenas y españoles en Paraguay, ver Ruy Díaz de Guzmán (1974 [1612]: lib. I, cap. XVIII) y Cardozo (1959: 74) que informa la expresión de un jesuita de la época: “conquista de cuñadazgo”. En cuanto a los chiriguano, según otro jesuita, “es esta gente […] más entendida que los demás indios y muy soberbia y así a todos los llama esclavos, si no es al español que dice es como ellos, y los llaman cuñados” (padre Samaniego, 1596, en Crónica Anónima, 1944 [c. 1600]: 485).
14 “Información de servicio del capitán Pedro de Segura Cavala”, La Plata, 9.XII. 1581, AGI Pat. 125 r. 4. Su suegra era, según el testamento de D. Martínez de Irala (Asunción, 1556) hija de un gran jefe guaraní.
15 “Relación de la jornada del virrey Toledo”, 1574, AGI Pat. 235 r. 1.
16 Tomina, 3.XII. 1582 (AGI, Pat. 235 r. 7: 52-55).
17 “Petición de G. Mosquera a la Audiencia” (La Plata, 14.VIII. 1583) y “Carta de Pedro de Segura a la Real Audiencia” (Tomina, 27.XI. 1583) en AGI Pat. 235 r. 8.
18 Sobre la designación de “esclavos” dada por los chiriguano a los indígenas no-chiriguano, ver supra la cita de la nota 13.
19 Auto de la Real Audiencia: “que a los dichos indios chiriguanos se les haga guerra y se publique y pregone a fuego y sangre…”, La Plata, 12.XI. 1583 (AGI Pat. 235 r. 10). Sobre la cuestión de la esclavitud y de los chiriguano, ver Zavala, 1977: 106-112.
20 “Junta de los capitanes y personas principales…”, Tomina, 16.IV. 1606 (ANB CACh 1009).
21 Díaz de Guzmán, 1979 [1617]: 79.
22 Ver también una carta del mismo Segura a la Audiencia: “A nadie tienen más respeto que a mi persona esta gente y quien en más riesgo tiene a su mujer e hijos soy yo y lo mismo los de mis yernos e hijos y a cuyas casas más veces vienen...” (Tomina, 1.X. 1582, BN Madrid ms. 3044: 319).
23 Según una información de 1585 (AGI Pat. 235 r. 9), trafican con los jefes de Saypurú y Cuevo. Un afluente izquierdo del río Guapay lleva el nombre de Mosquera, que podemos relacionar con nuestro personaje. En 1609, el procurador de La Plata, el capitán Diego de Contreras, llegado a Madrid para defender la causa de sus conciudadanos, sometió al Consejo de Indias un proyecto de conquista de la Cordillera que retoma el plan de Mosquera: “y el Capitán Garcia de Mosquera, vecino de Tomina, hombre de verdad, natural de las provincias del Paraguay, y muy práctico en aquella tierra, dice que [el río Pilcomayo] tiene cantidad [de agua], y que si tuviera licencia hiciera canoas en el mismo paraje, que le pasó el Virrey don Francisco de Toledo para ir a descubrir este camino y navegación, no lejos de los pueblos de Paspaya y Pilaya, y que llevará en ellas con un artificio que él hiciera caballos para descubrir la tierra y sólo con doce soldados amigos” (ADI t. 5, doc. 72: 2).
24 “Ha oído decir este testigo a un soldado que se llamaba Fulano Mosquera nacido en el Paraguay que habiéndole cautivado los dichos indios chiriguanaes a él y a otros soldados los engordaban para comerlos sino se les huyeron” (Sebastián Pérez Chamoso, Cuzco, 29.XI. 1571, AGI Pat. 235 r. 1).
25 Merced de tierras: “además de un solar que era de Bartolomé Sánchez Capillas mestizo del Paraguay que se me dio vuelta y a quien castigue en las cordilleras de los chiriguanaes donde apostaba con ellos y acaudillaba a los indios rebeldes contra los españoles” (carta de Luis de Fuentes, corregidor de Tarija, a Alvarado Miranda (1586), citada por Ávila, 1975: 163).
26 “Probanzas del capitán Pedro de Mendoza Quesada”, La Plata, 27.I. 1599 (AGI Charcas 80).
27 “Carta de Cristóbal Molina de Salazar, lugarteniente de Santa Cruz a la Real Audiencia”, Santa Cruz, 30.VIII. 1606, ANB CACh, leg. 6.
28 Documento original en ANB CACh 1055.
29 “Testimonio del escribano del rey...”, La Plata, 18.XI. 1601, en la probanza del cap. J. Ruffino, AGI Charcas 81: 60; subrayado mío.
30 Sobre Ruy Díaz de Guzmán y su Historia existe una buena presentación y edición crítica por Enrique de Gandia (librería Huemul, Buenos Aires, 1974). En cuanto al doble manuscrito dictado por él desde su fundación en la Cordillera, ha sido publicado bajo el título Relación de la entrada a los chiriguanos, Santa Cruz, 1979 (a partir de la tesis de maestría de Christine de Crozeton, universidad de París-X, 1970). Remito a mi reseña en Historia boliviana 2, Cochabamba, 1981: 129-133. Analizo la derrota política y militar de Ruy Díaz contra los chiriguano en mi artículo “Les guerres indiennes dans l’Amérique pionnière: le dilemme de la résistance chiriguano à la colonisation européenne, XVI-XIX”, Histoire, Economie, Société, París, 1982 (ver “Guerra e identidad” en el presente volumen. N.d.E.).
31 El virrey del Perú hace una alusión a una carta del gobernador de Santa Cruz (20.III. 1681) que anuncia haber descubierto “la conspiración que hicieron los indios fomentados de dos mestizos vecinos de aquella ciudad por invadirla” (AGI Charcas 416, cuad. de oficio nº 6: 335v). Por desgracia esto es todo lo que sabemos sobre aquel complot.
Notes de fin
* Título original: “Métis & Sauvages: les enjeux du métissage sur la frontière chiriguano (15701620)”. (Mélanges de la Casa de Velásquez XVIII (1), París, 1982: 79-101). Lo publicamos con la gentil autorización de la casa de Velásquez. La traducción fue realizada por Federico Bossert para la presente edición. La traducción del francés “enjeu” (literalmente “lo que está en juego”) se debe al mismo Thierry Saignes (artículo de 1989b en la bibliografía presentada al inicio de este volumen) (N.d.E.).
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