Olivier Dollfus, amauta y hombre de los Andes. Un recorrido entre los territorios, la cultura y la historia
p. 385-389
Texte intégral
1Conocí a Olivier Dollfus, hace más de 20 años, una mañana llena de sol en la ciudad del Cusco, esa ciudad que élama y quiere tanto. Él salía de la biblioteca del Centro Bartoloméde Las Casas donde había compartido la mañana —y tal vez muchos días— con otros estudiantes buscando la información necesaria para entender ese mundo tan fascinante y complejocomo son los Andes.
2Pasó un tiempo y lo vi nuevamente pero esta vez en el campo, en el Valle Sagrado de los Incas, conversando con las personas y con la naturaleza, compartiendo y aprendiendo, trasmitiendo y recibiendo, como hacen los grandes Runas (hombres del Ande). Con una memoria prodigiosa, nos hablabade los lugares, de la conformación geográfica, de la historia de esos pueblos, de los cambios que él había observado durantevarias visitas. En síntesis nos platicaba de la historia. Era un caminante excepcional: daba la impresión que frecuentabatodos “los rincones”, que escuchaba a las personas tratando decomprender la naturaleza y la complejidad de esos territorios tan diversos. Recorrió con abnegación los ancestrales caminos incas, observó con ojos críticos las vías construidas en elperiodo colonial y examinó los senderos complejos y llenos de incertidumbre levantados en el período republicano.
3No tuve la suerte de ser su alumno formal, en la universidad de París VII, a pesar de haber pasado mi vida universitaria en ese recinto, más bien soy su estudiante a través de la lectura de sus obras y principalmente a través de charlas y conversaciones. Cada plática era la síntesis de suslargas caminatas, era llegar a los espacios más recónditos, era encontrarse con el pasado, el presente y el futuro, era toparse con uno mismo. Por medio de sus apasionadas entrevistas, sus mágicas percepciones y sus rigurosas explicaciones, abría el debate serio, frente a los mitos y prejuicios que se habían construido, en el Perú, sobre las sociedades andinas.
4El mundo andino generaba debates encontrados y encendidos; se movía en los extremos, entre el desprecio y la admiración. El mundo andino era el lastre que tenía que ser erradicado para construir el futuro y, por el contrario, más bienera el depositario del saber y el conocimiento ancestral útil y fundamental para desarrollar el porvenir. Esta visión extremistaha marcado la vida política e intelectual desde la época colonial;y vale la pena recordar toda esa discusión en torno a si los indios tenían o no alma, si podían considerarse como sujetos deevangelización, que se dio en la época colonial. Estas tensiones marcaron también los movimientos sociales de los cuales nos hablaba Olivier Dollfus. Hubieron varias movilizaciones en función de un retorno al Tahuantinsuyo (volver a sus raíces) y también corrientes que se empeñaron en erradicar todo símbolo pasadista para la construcción de una patria moderna. Una dicotomía que fue parte también del breviario político y de la formación de los partidos los más importantes a inicios del siglo xx; las Derechas, el partido aprista y los partidos de orientación izquierdista (comunistas y socialistas) se movieron dentro de esta polarización.
5La rigurosidad y objetividad de Olivier Dollfus, tal vez sin pretenderlo, ayudó a analizar, repasar y comprender las sociedades andinas en general y el Perú en particular de manera diametralmente distinta. Construyó, con sus estudios, un espacio distinto de aproximación a ese complicado mundo que había generado encono y admiración. No conforme con serun investigador de gran calibre para el caso peruano, avanza suvisión para todos los países de la Comunidad andina. Cualidadque lo lleva a ser considerado como un andino o un andinista en la extensión del término.
6Según la tradición andina, toda persona, toda comunidady todo pueblo, para construir su grandeza, tiene que tener tres condiciones, aspectos, valores y dimensiones:
- el Munay: es el querer y desear aprender, el deseo de superarse y el respeto a los demás, la solidaridad y la integridad. Querer lo que se hace.
- el Yachay: es el Gobierno, el conocimiento, la sabiduría, entender e interpretar las leyes y los reglamentos.
- el Llankay: es el amor al trabajo, al esfuerzo, a la acción, la responsabilidad, el ahorro.
7Cada uno de estos principios está acompañado de dos conceptos adicionales: el primero, el Allinta ruay, que significa hacerlo bien, hacerlo coherentemente y el segundo que es el portavoz de esta actitud, el conductor, el líder, el cual tiene que tener sabiduría y carácter; a este se le llama el Amauta. El Amauta es el que quiere (Munay), el que conoce con voluntad (Yachay) y el que se esfuerza con voluntad (Llankay).
8Según esta tradición, la vida, los frutos y la trayectoria de las personas tienen que comprenderse en la complejidad de esas dimensiones, para que uno pueda ser considerado como un Amauta. Los hallazgos, las inquietudes, la pasión y la convivencia puestos en la obra y el itinerario de Olivier Dollfus lo ubican en esta condición. Como buen Amauta, caminó con voluntad, esfuerzo y cariño por el vasto y complejo mundo de lacivilización andina. Con esfuerzo sembró lentamente, usando las herramientas como la chakitaclla de la geografía, la semillade la historia y el riego de la sociedad para tratar de cosechar el perfil de las condiciones para su desarrollo.
9Su obra es un poncho tejido con paciencia. Allí están los hilos sobre los aspectos generales de la geografía de los Andes del Sur, del Centro y del Norte; las organizaciones regionales; los riegos naturales y sus limitaciones; las ocupaciones territoriales y los mercados; los movimientos y los conflictos; las perspectivas, etc. Todos estos hilos fueron planteados con extrema rigurosidad. En cada hilo uno podía distinguir su personalidad, su pasión y también la pasión de quienes habían vivido y construido esos espacios. En cada una de sus observaciones se descubría al poblador y al investigador. Nos hablaba no de causalidades convergentes sino de situaciones interactivas... Dime de donde vienes y cual es la naturaleza de tu país y yo te diré quien eres y lo que eres.
10Sin perder su dimensión de geógrafo, rompió los conceptos clásicos de la geografía entendida como mapas, cartas, aerofotografías y, a veces, muy distante de la sociedad y la historia. Nos ayudó a entender lo sorprendente de lageografía peruana que definía como un peine o rastrillo, apoyado en todo lo largo del Pacifico, con un pesado núcleo al centro que es Lima; explicó, con mucho cuidado, cada una de estas vertientes y como cada uno de los dientes del peine se redondea en sus extremidades, cuando acceden a una cuenca interna, como en el norte del Perú. Introdujo la noción deespacio construido, habló de la construcción histórica en mediode diferentes riesgos e introdujo su sentido crítico y reflexivo sobre las lógicas y las estrategias de sus pobladores. Podríamosdecir que por su dedicación y esfuerzo para comprender yexplicar la geografía y la historia de los Andes, él concluyó siendo parte de ello.
11No deseo ni pretendo ocuparme de la obra de este Amauta. Sólo quiero expresar mi gratitud, y también la de mis hermanos andinos, a un hombre que se ha ganado el llamarlo de “nuestras tierras”. La manera de recordarlo será a través de su inteligencia, su rigurosidad, su exigencia y su reflexión, de ese amor por lo Andes que compartía con sabiduría y esfuerzo. Olivier Dollfus ha trascendido, nos ayudó no sólo a comprenderestas vastas y complicadas montañas sino a amarlas y quererlas;a construir el territorio entre nosotros sobre la diversidad del paisaje, la diversidad de las sociedades y, por que no... desde la diversidad de las soluciones.
12Está aún presente en mí la última visita que le hice, hace casi un año, en su casa cerca de la Plaza de la Madeleine. Guardaré para siempre en memoria el gran cariño y la manera cómo me recibió. Lo volvía a ver después de muchos años: su memoria y su recuerdo estaban intactos, era sorprenderte escucharlo nombrar a pueblos y lugares que son extrañospara nosotros mismos, los andinos. Allí comprendí, aún más, la grandeza de este hombre sorprendente. Allí terminé de comprender algo más: en su pensamiento estaban las sociedades andinas, los hombres y las mujeres, así en plural y no en singular. Aprendí la necesidad de que, como peruanos, podamos sentirnos como hombres de montaña, hombres de cumbres y cerros, hombres de la cadena montañosa más poblada del mundo. Volvió hacia mí aquella frase suya: “en ninguna otra parte como en Perú y Bolivia se encuentra amillones de hombres establecidos a más de 3 500 metros sobre el nivel del mar... en los Andes, a diferencia de los Alpes que perdieron sus campesinos durante los siglos xix y xx, hay siempre campesinos y probablemente nunca ha habido tantos”. Me despedí, llevándome este recuerdo. Olivier Dollfus no solo es un gran especialista del espacio sino un gran amante de las sociedades andinas, un apasionado de las altas montañas... y sobre todo un gran profesor y un gran amigo.
Auteur
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Vidal Pino Zambrano
Asociación Inca
E-mail: mailto:pinovidal@hotmail.com
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