Capítulo I. El Paijanense: su industria
p. 353-364
Texte intégral
1Al terminar la descripción de los sitios de Cupisnique, podemos esbozar una definición del Paijanense en dos niveles, que son complementarios y pueden ser estudiados sucesivamente. El primero sería utilizar una descripción directa de los datos de campo y del material, la que será sobre todo cualitativa; también podemos intentar una definición cuantitativa, indirecta con relación al dato arqueológico de origen (Leroi-Gourhan et al. 1982), y que dará el estado actual de nuestros conocimientos sobre la composición del utillaje. Estos dos aspectos serán expuestos uno a continuación del otro.
Ensayo de definición
2El Paijanense, como industria, se caracteriza pues por la separación de una parte de equipamiento lírico, observado en talleres de fabricación pero no en su contexto habitual de uso. Las dos categorías así separadas son las puntas de proyectil y los unifaces. Es posible de reconocer el proceso de fabricación, definir la naturaleza del producto terminado, pero la utilización de estos productos se hace aparentemente fuera de los sitios conocidos y, en todo caso, fuera de los hábitats en que se les encuentra actualmente en la región. Podemos designar estas dos categorías de utensilios corno formando parte del equipamiento lírico de los Paijanenses, pero no podemos indicar en que proporciones ni de que manera participan en el resto de la industria.
3Las puntas de proyectil afectan una gran variedad de dimensiones pero todas se inclinen dentro de una morfología conteniendo un pedúnculo estrecho y alargado y una extremidad perforante muy aguda. Las formas alargadas son las más frecuentes y pueden alcanzar una longitud notable. Existe también un pequeño número de piezas fabricadas sobre lasca delgada por retoque marginal, pero también con un pedúnculo. Las rocas utilizadas para las puntas de proyectil son principalmente la riolita, la cuarcita y el cuarzo. La riolita extraída de los afloramientos de Cerro Tres Puntas dió lugar, en Pampa de los Fósiles, a una verdadera explotación industrial que comprende dos tipos de sitios de fabricación. En las canteras, la roca fue extraída bajo la forma de bloques o grandes lascas y trabajada con percutor de piedra en bifaces alargados idénticos a los de Cerro Chivateros (valle del Chillón). Ocasionalmente, los bifaces fueron adelgazados en el mismo sitio con percutor blando hasta la obtención de piezas foliáceas. En la mayoría de casos, la reducción en perspectiva de obtener piezas foliáceas fue hecha en los talleres, situados al pie de las colinas. Una vez obtenidas estas piezas foliáceas de dimensión y forma deseadas, fueron a su vez retocadas a presión para lograr las puntas pedunculadas va descritas.
4Los unifaces, que sólo se encuentran en gran número en los talleres de Ascope, están generalmente hechos sobre rocas más blandas, toba verdusca y tobas volcánicas de diversas calidades. Estas piezas tienen también una forma foliácea más o menos alargada, obtenida por retoque unifacial, sobre un bloque que tiene una cara plana o una gran lasca. Dos variedades principales se reconocen según que exista o no una extremidad puntiaguda. El cuidado con que se retoca el borde parece indicar que se trata de cuchillos o raederas. La técnica empleada es la percusión a percutor blando, razón por la cual, en Ascope, los unifaces están acompañados de una buena proporción de utillaje bitacial fabricado al mismo tiempo y posiblemente por las mismas personas. Esta asociación se vuelve a encontrar en los talleres de Pampa de los Fósiles, pero los unifaces aquí son escasos.
5Las unidades de vivienda encontradas en la región de Cupisnique poseen un utillaje muy diferente en el cual los bifaces y unifaces juegan un rol no muy claro. Para este utillaje se utilizaron los materiales más variados. Se trata de diversas clases de riolita, andesita, diorita, todas rocas estrictamente locales en Pampa de los Fósiles, pero también las tobas volcánicas, cuarcita o arenisca-cuarcítica y materiales raros, cuarzo, silex, jaspe en particular. Hay pues una mezcla en diversas proporciones de rocas tomadas en el mismo lugar y otras traídas a veces de bastante lejos, en todo caso de fuera de los límites prospectados.
6El utillaje ordinario se caracteriza a primera vista por su aspecto amorfo, en parte debido a las técnicas de débitage accidentales y no estandarizadas, pero también a una notable economía de medios y gestos para la fabricación de los utensilios de uso corriente. En particular, el retoque abrupto se reemplaza por las fracturas voluntarias o aún por simples planos naturales abruptos, elegidos sobre lascas de forma adecuada. Las combinaciones entre raederas, becs, escotaduras, denticulados, son frecuentes y a menudo es difícil separar los elementos constituyentes del utensilio. El paso de un núcleo a utensilio durante la vida útil del artefacto parece frecuente.
7El utillaje mismo comprende denticulados, a veces con pequeñas muescas, escotaduras y becs, y una gran abundancia de utensilios no retocados o apenas modificados: cuchillos de dorso natural, lascas utilizadas, chairas, piezas de filo usado y piezas machucadas. Las huellas de uso son visibles a simple vista o a la lupa en algunos de estos utensilios, pero no en todos. Los utensilios sobre guijarros a menudo son denticulados macizos; los verdaderos pebble-tools son raros, pero la morfología de la mayor parte de ellos revela un cuidado muy particular dado para la confección del filo (pebble-scrapers de Ossa).
8En comparación con otras industrias conocidas en el Perú, o en otras regiones de América del sur, observamos aquí la ausencia de raspadores, abundantes en los altos Andes, y buriles, escasos en el Perú pero numerosos y bien típicos en Ecuador, en particular en El Inga1.
9El equipamiento lítico del Paijanense comprende de igual manera utensilios no tallados, que a veces son de formas naturales, elegidas y utilizadas pero no trabajadas. Tales son batanes, percutores, gravillas, fragmentos de colorantes y «ralladores». Hay que notar la aparición de sólo un guijarro con surco, que podría interpretarse como un peso de red2. Si los batanes son bien conocidos, no es lo mismo para las manos de moler, o moleta, que son raras y poco características.
10Por las pocas experiencias realizadas, podemos deducir que los percutores blandos y los compresores habrían podido obtenerse del cerna del Algarrobo (Prosopis pallida) y que las piezas de filo usado hubieran podido producirse por un raspado sobre los batanes.
Aspecto cuantitativo
11La separación del Paijanense en facies de actividades distintas, impide dar una sola definición cuantitativa de la industria, que explicase en forma resumida y total la composición del equipo lírico. Toda descripción, sea cualitativa o cuantitativa, refleja pues fielmente las limitaciones del dato arqueológico. También reflejará el avance de las investigaciones, que es otra limitación. Hemos elaborado una descripción codificada para el conjunto del material de Cupisnique. Es completa solamente para el utillaje bifacial y los unifaces, pero hay un pequeño número de caracteres valido para todos los artefactos y que permitirá tratamientos estadísticos más complejos, aún no emprendidos en esta fase de nuestros trabajos.
12Sin embargo, no hay que olvidar que la calidad de los resultados de un análisis de este tipo estará esencialmente en función de los criterios de descripción que habrían servido a la constitución de los datos. Ahora bien, estos criterios son a veces poco fiables. La lista tipológica, que es el corazón de este dispositivo de descripción, fue elaborada sobre muy pequeños números y durante muy poco tiempo para constituir otra cosa que una primera aproximación al problema. Citemos algunos de estos problemas no resueltos.
- Los tipos de escotaduras y de denticulados constituyen variaciones morfológicas posiblemente resultantes de limitaciones materiales, sin relación con el intento del fabricante o la adecuación a una función. Por ejemplo, la forma del borde retocado puede resultar principalmente de la forma del borde de la pieza-soporte que el retoque siguió fielmente por un afán de economía.
- Los denticulados macizos pueden ser utensilios o núcleos y pudieran ser sucesivamente uno y otro durante la ocupación de una misma unidad.
- La división entre los denticulados ordinarios y micro-denticulados debería ser revisada a la vez bajo el aspecto de la conformidad de los atributos tipológicos en la definición y bajo él de la validez del criterio discriminante. Aún exceptuando el micro-denticulado de Bocquet (1980) donde las muescas son microscópicas, la dimensión límite de ésta categoría es claramente más pequeña en el Musteriense (A. Debenath, 1974 y comunicación verbal).
- En ausencia del examen sistemático de huellas de uso, es verosímil que los cuchillos de dorso natural no todos sean utensilios, puesto que esta forma puede producirse durante el débitage.
- Un caso célebre es el de la pieza esquirlada, objeto considerado tanto como utensilio, o como un núcleo, y que podría ser aquí uno u otro, según la unidad y probablemente el material sobre el cual fue hecho. Un artículo reciente (Chauchat et al., 1985) escrito a partir de observaciones hechas sobre material europeo, indica algunas posibilidades de estudio de este objeto.
13Para resolver estos problemas, no hay otra vía que estudiar siempre más en detalle los utensilios o categorías en cuestión y reunir una cantidad suficiente para asegurar mejor las conclusiones del estudio.
14La comparación de datos cuantitativos será pues aquí voluntariamente muy simple y no irá de ninguna manera más allá de la yuxtaposición de los resultados empíricos. Los porcentajes de la mayor parte de los tipos o clases de utensilios fueron reunidos en el cuadro 48. Hemos clasificado aparte, en este cuadro, las unidades con efectivos débiles, por debajo de los 70 utensilios. Estos totales son ligeramente diferentes para Ascope, en razón de la cantidad de unifaces presentes en las unidades y que no ha sido tomada en cuenta en estos cálculos. Para las otras unidades, donde los unifaces no intervienen sino excepcionalmente, los totales y porcentajes quedan inamovibles con relación a los que fueron dados en la parte descriptiva, con la reserva de una definición diferente de algunas categorías, que será indicado a continuación. Las raederas fueron separadas de los unifaces y se incluyeron en los totales, aunque no figuren en una categoría particular. Esto introduce evidentemente una variante de más, puesto que las raederas fueron igualmente numerosas en las unidades de Ascope.
15Este cuadro intenta reunir categorías morfológicamente homogéneas, calidad que es alcanzada al nivel del tipo para los utensilios a posteriori y al nivel de la familia tipológica para los otros. Los becs, sin embargo, no comprenden el tipo «pico». Los tipos que comprende el utillaje macizo han sido eliminados de las categorías a las cuales pertenecían para ser reintroducidos al final bajo la forma de un índice de utillaje macizo. Los núcleos están presentes en este cuadro pero sin los desechos, bajo la forma de un índice restringido de núcleos, calculado sobre el total, utillaje ordinario más núcleos en el sentido estricto.
16A partir de este cuadro, podemos intentar obtener una idea de la composición del utillaje ordinario del Paijanense, explicada por el promedio de porcentajes para cada una de las categorías acompañado de su desviación standard (cuadro 49). Al mismo tiempo que la abundancia promedio de cada una de las categorías definidas, este cuadro igualmente ofrece una idea de la variabilidad entre unidades. Sin embargo, hay que cuidarse que las categorías en las cuales el porcentaje promedio es más pequeño, tenderán hacia una desviación-estándar más pequeña por el sólo hecho que no puede haber aquí porcentaje negativo en los datos de origen. Estos promedios y desviación-estándar fueron calculados únicamente desde 9 unidades cuyo efectivo de utillaje es suficientemente abundante.

Cuadro 48.- Porcentajes de algunas categorías de utillaje ordinario, más indice restringido de núcleos; arriba, unidades cuya cantidad de utillaje es suficiente; abajo, unidades de utillaje inferior a 70 piezas.

Cuadro 49.- Medianas de porcentajes y deviaciones estándares de algunas categorías de utillaje ordinario, más los núcleos, calculados para las nueve primeras unidades del cuadro 48.

Cuadro 50.- Coefficientes de correlación lineal entre las categorías de utillaje ordinario de los cuadros 48 y 49.
17A partir de los porcentajes de estas 9 primeras unidades de! cuadro, igualmente se calculó el coeficiente de correlación lineal de Pearson entre cada pareja de categoría de utensilios. Los resultados se consignan en el cuadro 50.
18En la interpretación de estos resultados, hay que tener en mente cierto número de restricciones provenientes de los datos iniciales. Este coeficiente tan sólo es válido si las muestras a las cuales se aplica provienen de una población Gausiana, es decir, cuyas frecuencias se distribuyan siguiendo una curva en forma de campana. Para cada categoría, la curva de distribución tendría por media y por desviación-estándar los valores indicados en el cuadro 49. Sin embargo, toda distribución tiene una media y una desviación-estándar, sea Gausiana o no. Como la naturaleza de las categorías utilizadas no es bien conocida y como algunas de ellas están formadas de la suma de categorías más pequeñas, es posible que algunas distribuciones no sean Gausianas. Por otra parte, cada muestra no comprende sino 9 unidades, lo que es demasiado débil para poder estimar el valor del coeficiente obtenido con relación a él de la población ideal que se supone representa. Para que los coeficientes obtenidos de esta muestra sean una buena estimación de esta población, es decir para que la muestra sea representativa, se necesitaría que el tamaño de la muestra sea al menos igual a 50, es decir, que el cálculo se haga sobre 50 unidades o campamentos paijanenses. Esto está lejos de ser el caso.
19El cuadro 50 muestra, en la mayor parte de los casos, coeficientes de correlación muy próximos a cero, lo que indica que.las categorías de utensilios concernientes varían independientemente las unas de las otras. Existe solamente dos excepciones que hacen intervenir las piezas de filo usado, con relación a los micro-denticulados y el utillaje macizo, respectivamente. Estos coeficientes de correlación indicarían pues una relación a la abundancia de estas categorías de utensilios en los campamentos estudiados. La naturaleza de esta relación queda enteramente por dilucidar, a condición que esta correlación no se deba al tamaño pequeño de nuestra muestra. El único interés de este resultado, por el momento, es llamar nuestra atención sobre estas categorías.
20Sin recurrir a cálculos complejos, es posible ensayar una clasificación de las unidades del cuadro 48, utilizando diagramas polares (Rigaud 1970; Arambourou, 1973). Para esta comparación, hemos utilizado las categorías de utensilios de los cuadros 48 y 50 numerándolos en el orden de la lista y hemos agregado una unidad cuyos efectivos de utillaje está comprendido entre 60 y 70: Pampa de los Fósiles 13, unidad 1.
21Los diagramas polares permiten una diferenciación fina de las diversas composiciones del utillaje, en razón de que diferencias relativamente pequeñas hacen variar a la forma de la figura. Empero, esto implica una desventaja: cuando los efectivos totales no son muy grandes, se arriesga el diferenciar variaciones que son producto del azar. Es necesario distinguir en estos diagramas dos aspectos diferentes que pueden ser visibles: los valores absolutos de cada variable, que se traducen por alejamientos más o menos grandes del centro de la figura, y las relaciones entre estos valores, que producen la forma de la figura, pudiendo esta forma ser vecina con valores absolutos diferentes si se pasa de un diagrama a otro por adición o sustracción de un valor sensiblemente constante. La forma de dos diagramas corre el riesgo de ser menos parecida con valores absolutos vecinos pero que varían indiferentemente en un sentido o en otro.

Fig. 146.- Diagramas circulares de campamentos paijanenses; primer grupo.
22En este caso particular, las variables que figuran sobre estos diagramas son de dos clases. Las variables 1 a 9 son porcentajes con relación al total del utillaje ordinario. Toda variación en el sentido de una variable, provoca pues la variación en sentido contrario de una o varias más. Por el contrario, la variable 10 (índice de núcleos) concierne a una categoría que no forma parte del utillaje ordinario y el total está calculado sobre el utillaje ordinario, más los núcleos. Habrá en este caso independencia entre esta variable y las precedentes.
23Estos diagramas pueden ser separados en dos grupos principales cuyo carácter discriminante es el porcentaje de denticulados ordinarios (eje 7). Los valores de esta categoría parecen en efecto distribuirse en dos grupos distintos, un grupo débil, entre 6,5% y 12%, y un grupo fuerte, entre 16,5% y 21%. El primer grupo de diagramas corresponde a los valores fuertes de los denticulados ordinarios y comprenden las unidades siguientes (fig. 146):
- Pampa de los Fósiles 13, unidad 2.
- Pampa de los Fósiles 13, unidad 29.
- Pampa de los Fósiles 27, unidad 1.
- Quebrada de Cupisnique 62, unidad 1.
- Ascope 12, unidad 3.
24Este grupo puede ser dividido en dos: Pampa de los Fósiles 13, unidad 2 y Quebrada de Cupisnique 62, unidad 1, que poseen en promedio 5% de micro-denticulados contra valores superiores a 10% para las tres otras unidades.
25En general, este grupo se caracteriza por un alargamiento del diagrama sobre el eje 7 acompañado de una constricción transversal.
26El segundo grupo se caracteriza, por el contrario, por valores poco importantes de los denticulados ordinarios, acompañados por valores medios de los micro-denticulados y del utillaje macizo (fig. 147).
27Las unidades que pueden clasificarse en este grupo son las siguientes:
- Pampa de los Fósiles 12, unidad 22.
- Pampa de los Fósiles 13, unidad 1.
- Pampa de los Fósiles 14, unidad 2.
28Ascope 12, unidad 21.

Fig. 147.- Diagramas circulares de compamentos paijanenses; segundo grupo.
29En este grupo, los denticulados ordinarios se sitúan alrededor de 10%, a veces más. Las escotaduras (eje 6) tienen porcentajes de débiles a medianos, salvo en Ascope 12, unidad 21, donde están muy débilmente representadas. Los núcleos no tienen valores fuertes sino en Pampa de los Fósiles 14, unidad 2.
30Estas características dan al diagrama una forma rechoncha, debido principalmente a la ausencia de contraste entre los diversos ejes. El diagrama restante, Pampa de los Fósiles 27, unidad 3, es difícil de clasificar. A pesar de un cierto parecido con la unidad 1 del mismo sitio, se resaltan aquí algunas diferencias notables: rareza de cuchillos de dorso natural, en tanto que son casi constantes (alrededor del 10% en otras partes); predominancia absoluta de las escotaduras sobre el conjunto del utillaje ordinario. Un valor también fuerte no es excepcional pero su dominio sobre los denticulados y micro-denticulados es único.
31La clasificación de dos grupos propuesta aquí permite posiblemente ver más claro en la composición del utillaje del Paijanense, pero ella no solo contiene interés descriptivo y no explicativo. Comprobamos en la muestra disponible, que los denticulados ordinarios permiten esta división en dos grupos, pero no hemos avanzado mayormente sobre sus causas, es decir, sobre los comportamientos que produjeron diferentes utillajes. Por otra parte, existe la posibilidad que esta separación en dos grupos se deba probablemente tan sólo a la escasez de la muestra. No se puede excluir que nuevos utillajes proporcionen formas intermedias o variaciones inéditas. Además, esta separación no corresponde a ningún otro rasgo observado independientemente en las unidades en cuestión, lo que habría brindado posiblemente una pista para una explicación del fenómeno.
La función de las puntas de Paiján
32Bird (1948), seguido en particular por Lanning (1963,1967) y Ossa (1973), han insistido sobre el gran tamaño y el aspecto macizo de las puntas de Paiján, en comparación con las de la Sierra. Estos autores han sugerido igualmente de manera más o menos explícita la posibilidad de una utilización de estas puntas para la caza de gran fauna pleistocénica de la cual hemos enumerado sus principales representantes, tales como podrían hallarse en superficie, en Pampa de los Fósiles. Sin lugar a dudas es Ossa quien ha tratado más el tema, no solamente a propósito de la posibilidad de asociación entre la ocupación paijanense y las osamentas fósiles de La Cumbre, sino también examinando una posible adecuación de la punta de Paiján a la caza de grandes mamíferos.
33Los argumentos de Ossa (1973) están dados en diferentes ocasiones. p.105:
«Since the projectiles are large, we can further assume that some large game, as opposed to something in the order of rabbits and guinea-pigs, was being sought and that it was available in the area.»3
34p. 173:
«I would suggest, then, that Paijan points are heavy piercing instruments, designed to drive a substantial mass behind a fine tip. This would certainly be a useful function in hunting large, resistant animals. There is no reason why the points should be designed for reuse, especially if they are made to pierce deep.»4
35Estas consideraciones son fácilmente criticables. Las partes perforantes muy finas en que terminan las puntas de Paiján ciertamente es muy frágil; podemos sospechar de su eficacia sobre animales de cuero resistente. Para que la penetración de la punta sea segura, sería necesario, en efecto, que el impacto se haga de manera perfectamente ortogonal a la piel del animal: una ligera desviación, la más débil que sea con relación a este ángulo, conllevaría a una fractura por flexión y el extremo roto ya no tendría ninguna oportunidad de penetrar. Este riesgo también nos parece válido para las especies de piel relativamente suave, como los équidos o el Paleolama, y con mucha mayor razón para los Mastodontes, o aún los Edentados gigantes, algunos de los cuales poseen en la dermis nódulos óseos que forman un esbozo de caparazón.
36La morfología muy particular de la punta de Paiján exige un cuidado y una habilidad considerables en el retoque a presión. Esta dificultad de ejecución hubo de contrabalancearse con una ventaja funcional de importancia. El problema que se presenta es pues el del material al que la punta debía penetrar. Hemos visto que los restos de la mega-fauna pleistocénica estaban totalmente ausentes en los depósitos de desechos alimenticios paijanenses. Utilizar las puntas de esta morfología sobre los cánidos, roedores o lagartijas, parece técnicamente irracional: para ello sería suficiente simples palos, como lo vió muy bien Ossa.
37Esto nos ha obligado a interesarnos en los peces, algunos de los cuales, en particular los Sciaenidae, pueden alcanzar un gran tamaño, superior a 50 cm de largo. La carne de un pez es más suave que la de un animal terrestre y su piel, en la mayoría de los casos, igualmente es poco resistente. La penetración puede asegurarse pues sin dificultad mayor. Pero está fuera de cuestión el matar un pez alcanzando un órgano vital, así como se puede hacer con un animal terrestre. Por ello, es primordial el ensartarle para impedir que se escape el pez. Es por eso que la penetración profunda de la punta de Paiján era tan importante: lo ideal era de empalar el pez hasta atravesarlo. Entonces, debemos imaginar el uso de la punta de Paiján como un arpón.
38Este uso conlleva cierto número de consecuencias que será tratado más adelante.
Notes de bas de page
1 Nota 2005: Ver nota 6, página 25.
2 Nota 2005: este objeto siendo aún único en el Paijanense y su contexto también mal establecido, su pertenencia al complejo Paijanense es dudosa.
3 «Puesto que las puntas de proyectil son grandes, podemos además suponer que alguna presa de gran tamaño, opuesto a algo en el rango de conejos y cuyes, estaba siendo buscada y que estaba disponible en la zona» (Ossa 1973, pág. 105).
4 «Yo sugeriría, entonces, que las puntas de Paiján son instrumentos punzantes pesados diseñados para clavar (hundir) una masa de cierta importancia detras de una punta tina. Esto sería seguramente una función útil en la cacería de animales grandes, de cuero resistente. No hay ninguna razón para que las puntas estén diseñadas para usos múltiples, especialmente si tienen que penetrar profundamente» (Ossa 1973, pág. 173).
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