Los estudios sobre nombres personales
p. 21-32
Texte intégral
1Hacer un balance de los estudios sobre nombres personales, no solamente, permite evaluar las posibilidades de interpretación de un estudio de esta naturaleza, sino ubicar nuestro trabajo en el debate. Aunque es enorme la cantidad de títulos que se refieren a los nombres de las personas, la mayoría son de tipo etnográfico, aunque hay algunos otros sociológicos1. Publicado en el 2001, se encuentra un texto de corte histórico “El nombre propio”2 que abarca estudios de una amplia diversidad de culturas, desde el Egipto de los Faraones, pasando por Mesopotamia, China, los Mayas, el Islam y Europa Occidental en distintos periódos de la Historia. Esto nos remite a las innumerables posibilidades de investigaciones utilizando los nombres/apellidos como estrategia metodológica3.
2De una amplia lista de títulos, se han seleccionado aquellos cuyo enfoque se aproxima más al nuestro y se han ordenado de acuerdo al lugar de estudio, pues como veremos, las investigaciones sobre Europa y aquellas sobre Latinoamérica muestran preocupaciones y enfoques muy diferentes. Decir Europa y Latinoamérica en realidad es inexacto pues una vez realizado un sondeo de los estudios sobre nombres personales se eligieron dos grupos cuya evaluación consideramos central: los “andinos” y los “franceses”. El libro El Nombre Propio, si bien se refiere a muy diversas culturas y tiempos históricos, ha sido también trabajado por una amplia mayoría de estudiosos de centros de investigación de Francia. Los andinos, por razones obvias, de relación con nuestra región de estudio y los segundos por ser los que aportan mayores elementos metodológicos y sugerencias temáticas.
3En cuanto al resto de los trabajos, podemos hacer algunas referencias puntuales. Algunas investigaciones regionales en Italia, por ejemplo, (Sellan 1979) hacen una descripción de las normas de transmisión de los nombres que se encuentran mas bien a nivel etnográfico. Los españoles - cuyo estudio sería de primera importancia para esta investigación - se preocupan más bien de asuntos como el linaje (Maraval 1965)4. Sobre México - cuyos aportes nos hubieran permitido comparar dos grandes regiones colonizadas por los españoles - solamente hemos podido encontrar un trabajo específico (McCaa 19975), el que realiza un estudio estadístico enfatizando en la situación de las mujeres de lengua nahua, utilizando como fuente un censo del siglo xvi, y el de Garavaglia y Grosso (1988)6 que estudia los nombres personales de modo marginal.
4En conjunto, los estudios elegidos muestran algunas características en común: se han abordado a partir de diversas disciplinas como la antropología, sociología, historia y demografía. De este modo encontramos una aproximación lingüística en el trabajo de Szeminski (1995), preocupaciones “antropológicas” en los sistemas de parentesco de Zuidema (1989) y en los problemas de identidad (Zonabend en Levi Strauss 1981), una revisión de las propuestas sociológicas por parte de Besnard (1979) y una introducción a un libro que contiene trabajos de demografía histórica por parte de Dupaquier (1980). En este amplio panorama, nuestro trabajo pretende tener un enfoque de antropología histórica.
5Los trabajos sobre nombres en las investigaciones europeas plantean una problemática muy diversa. En general, responden a preocupaciones distintas que los andinos que, a nuestro modo de ver alcanzan niveles más sofisticados en su interpretación. De un amplio grupo7 hemos privilegiado solamente algunos para realizar esta evaluación
6El interés por el estudio de los nombres pasó, entre los “franceses”, del viejo tema de resaltar su valor moral a temas actuales como la difusión, relación instituciones-nombres y aspectos políticos de ellos. Posteriormente la preocupación se centró en conocer las estructuras familiares y el valor del nombre como modo de identificar a nivel personal, grupal o familiar (Dupaquier 1980). Por otra parte, está en debate la existencia de un sistema de clasificación y la evaluación del peso de la tradición frente a la innovación (ibid). Asimismo se encuentran presentes cuestiones como los conceptos de pertenencia; en este sentido la doble referencia a la filiación y a la residencia son aspectos de primer orden (Zonabend 1980).
7En un excepcional artículo, Besnard (1979) replantea teorías sobre la moda y la circulación de bienes simbólicos. Aquí rescatamos conceptos que orientarán el presente trabajo: primero la propia concepción de bienes simbólicos. Besnard define a los nombres personales como bienes simbólicos con dos características: obligatorios y gratuitos. También analiza el problema de la circulación horizontal y vertical que conlleva la idea de un fenómeno de selección colectiva que puede estar mediada o no por una institución como es la Iglesia. El punto central, sin embargo, se refiere a la identidad. Éste es un aspecto tocado en la recopilación de Levi Strauss; allí los nombres son por definición expresiones de identidad.
8La relación entre nombres e identidad fue discutida ya por Levi-Strauss en El Pensamiento Salvaje donde se ocupa de los patronímicos como “clasificadores de linaje”, es decir de la conexión entre identidades individuales y la identidad colectiva. Levi Strauss, en 1977 - en un seminario sobre identidad- reunió estudios de distintas partes del mundo. Allí se reafirmaron hipótesis sobre las identidades individuales expresadas a través de los nombres personales y el grupo de adscripción. Heritier, por ejemplo, trabaja sobre la identidad samo y rescata la función del nombre como conector de las raíces de la comunidad; Crocker en The Mirrored Self que es una continuación del trabajo de Levi-Strauss acerca de los bororo, rescata también las “relaciones analógicas con los tótems” evidenciadas a través de los nombres propios. Pero, a nuestro entender, quien realiza un trabajo exquisito es Zonabend en ¿Por Qué Nominar?, pues no solamente trabaja sobre los nombres sino que los conecta con los topónimos postulando que el área de endogamia del grupo corresponde con la de la dispersión del patronímico. De esta manera, las designaciones individuales y grupales entretejen imágenes mentales comunes. Hay un espacio personal y otro cultural, el espacio “nominado”. Esta idea está también apoyada por Stahl en su trabajo El Símismo y los Otros, desarrollado en los Balcanes. El apellido, el nombre de la aldea y las tierras que posee el grupo tienen relación entre sí.
9En otro coloquio, desde una perspectiva histórica, (Christin 2001) se rescantan otro tipo de problemas, por ejemplo la relación entre el nombre propio y la génesis de la escritura jeroglífica en el Egipto de los Faraones y la relación del nombre escrito y pronunciado con la vida eterna mediante la superviviencia en la memoria colectiva de la posteridad (Vernus en Christin 2001: 25-30). En Mesopotamia el nombre propio no describe al individuo en sí mismo, sino más bien lo sitúa respecto a sus dioses y a su rey, a fechas conmemorativas y circunstancias del nacimiento (Durand en Christin 2001). Mientras en China el nombre oficial se compone del nombre de familia seguido del nombre personal - ming - siendo los ming innumerables formados libremente y creados en cada ocasión, mientras que los nombre de familia constituyen una lista cerrada (Alleton en Christin 2001: 71).
10Por su parte entre los Mayas se subraya la relación del nombre con el calendario y un color así como el uso de adjetivos numerales relacionados también con las fechas (Davoust en Christin 2001: 81-97). En los escritos hebreos resalta la búsqueda de distinguir el nombre propio mediante adornos a falta de letras mayúsculas. En el Islam medieval se revela la complejidad del nombre propio árabe medieval formado por varios componentes, una suerte de resumen biográfico de la persona donde primero se subraya la pertenencia al Islam lo cual se hace mediante la kunya. Tener una kunya es tener un lugar en la sociedad. Junto a esta se encuentra el ism o nombre personal recibido al nacer así como un ibn, “hijo de” que es el anuncio de una genealogía. Se añade asimismo el nisba o “nombre de relación” que puede ser el nombre de un lugar y finalmente la función principal (por ejemplo que se trata de un hombre de letras: al - adib). Estos elementos podrían ampliarse a diez o más, Pero es el ism el que contiene una carga mágica (Sublet en Christin 2001: 117-123).
11En las estelas funerarias de los otomanos no se presenta ni una biografía ni elogios del difunto pues su función es netamente religiosa (Vatin en Christin 2001: 137).
12En los nombres de Becchetti y Bizot (en Christin 2001) encontramos tal vez la muestra de la enorme distancia que puede haber entre culturas. No hay un Buda Histórico sino 5, 25, 28 según las tradiciones, la idea de persona única, por tanto, se diluye. Si bien el nombre puede ser considerado un guna, expresión de cualidades y virtudes, lo que diferencia a la tradición budista es la ausencia de significado de las palabras que forman un nombre. Lo que cuenta realmente es su sonoridad y con ésta la concordancia con un órden universal basado en una suerte de misticismo de la lengua que es relativo al tantrismo. Un nombre, entonces, deberá conformar un mantram o fórmula sagrada. Se considera que cada sílaba es un guna completo. “La eficacia del nombre reside, en efecto, en la presencia física de sus componentes, no en su coherencia semántica” (Becchetti y Bizot en Christin 2001: 184).
13En el área andina es notable que la mayoría de los trabajos sobre el tema estén inéditos y se hayan publicado solamente algunos entre los que están el de Salomon y Grosboll (1986) sobre nombres personales en Quito incaico y el de Zuidema8 que trata el asunto en el contexto de su estudio sobre parentesco, filiación y descendencia en Perú prehispánico.
14Tom Zuidema, aborda el tema de manera marginal pero es importante dar un panorama sobre lo que se conoce de la manera de otorgar nombres en el mundo andino prehispánico: los apellidos no existían antes de la invasión española, no estaban vinculados a linajes, enumera algunas formas de elección, evidencia una mayor regularidad de nombres femeninos e indica que es posible detectar diferencias regionales así como la posibilidad de llevar diferentes nombres a lo largo de la vida. Sostiene que “aclarar todas estas reglas es muy importante para entender la sociedad andina...” pero todavía le parece una herramienta peligrosa para el estudio de parentesco (Zuidema 1989: 77).
15Además del alcance de sus conocimientos, lo importante es que Zuidema establece un punto de debate sobre sistemas de parentesco retomando algunos planteamientos de Rowe (1946) y de Lounsbury (1964) que se refieren a un problema situado en el momento de transición entre el periodo prehispánico y la colonia: la antigüedad y difusión de la descendencia paralela en la región andina. Muchos autores aportaron con investigaciones que demuestran que hubo, y todavía hay formas de descendencia paralela, tanto en los nombres como en otras formas de herencia. Se trata de una práctica con amplia difusión tanto en Perú como en Bolivia9. Sin embargo, queda pendiente la pregunta de si este sistema fue una realidad prehispánica o más bien un producto de la situación colonial, una creación de ella.
16Los nombres, en este debate son un elemento clave puesto que el sistema europeo de imponer nombres cristianos (como nombres) y los nombres indígenas (como apellidos), pudo mantener o no dos líneas paralelas, una femenina y otra masculina. El punto central, sin embargo, está a nuestro modo de ver, no tanto en conocer si este sistema fue prehispánico o español, sino en la manera en que derivó en una forma común en una amplia zona andina, y cómo y porqué engranó posteriormente en determinada sociedad.
17Por su parte Salomón y Grosboll (1986)10, utilizando una visita de 1559 realizada en Quito (Ecuador), analizan estadísticamente la distribución de elementos verbales de los nombres indígenas de las personas. Su intención es detectar diferencias culturales internas en la sociedad indígena local así como su relación de subordinación a los Incas a través de la mayor o menor imposición del quechua. Abordan su estudio a través de restos de un lenguaje extinto, pero que sí se puede encontrar en los nombres, esto les permite sugerir una metodología de trabajo que bordea asuntos lingüísticos e históricos. Incluso plantean líneas de estudio para futuras investigaciones arqueológicas.
18En esta misma perspectiva aunque con preguntas diferentes, Szeminski (1995)11 - él realiza una investigación sobre etnónimos y topónimos - tiene una importante aproximación lingüística desde una preocupación histórica. Señala que hoy quedan vestigios de idiomas olvidados que se conservan solamente en nombres de lugares y de personas, realiza un diagnóstico sobre la dificultad de hacer investigaciones sobre nombres propios en ausencia de diccionarios modernos de idiomas andinos. Propone, sin embargo, alternativas de trabajo combinando diversos diccionarios y crónicas. En esta línea de la semántica de los nombres cabe destacar el trabajo de Szeminski por su exhaustividad.
19Como Salomón, Szeminski también busca resabios de idiomas perdidos, sin embargo mientras las preguntas de Szeminski son por ejemplo cuál la imagen del “otro” en el interior del Tawantinsuyu o cuáles los criterios principales para otorgar un etnónimo, el énfasis de Salomón está en la búsqueda de una metodología alternativa entre la arqueología y la historia.
20Salazar y Lestage (1993)12, por su parte, estudian los “apellidos” como parte de un trabajo de análisis más amplio de la visita de Huánuco de 1562. Buscan las posibles asociaciones de los nombres con categorías “étnicas” insertas en la visita: correspondencia entre nombres y grupos de edad, sexo, condición física, nombres de contenido peyorativo y algunos más. Ellas, como Teresa Valiente13, intentan un paso hacia la semántica de los nombres quechuas pero, mientras Valiente realiza un trabajo metodológicamente poco convincente (especialmente porque parece forzar los significados), Salazar y Lestage son más cuidadosas al respecto y anexan solamente al trabajo posibles traducciones. Tanto Salazar y Lestage como Salomón se acercan a las visitas con preguntas que van más allá de la realidad socioeconómica y buscan rasgos culturales y simbólicos.
21Otros trabajos que contienen estudios sobre nombres son los de Sica y Sánchez (1995)14 que elaboran a partir del estudio del nombre del cacique Viltipoco su calidad de jefe étnico y la extensión territorial de su poder. El nombre en este caso, permite llegar a interesantes conclusiones, como la de entender que “Viltipoco” (en idioma cunza), sería más bien la palabra que designa un cargo más que un nombre personal. Finalmente están dos trabajos sobre nuestra zona de interés (Medinaceli 199515 y Arze y Medinaceli 199616). El primero, trata sobre los nombres femeninos en Sacaca el siglo xvii; en realidad este artículo ha tenido la función de abrir las posibilidades de investigación sobre este tema, así como marcar sus dificultades. El segundo se pregunta sobre redes de poder en la colonia temprana en la zona sur de Charcas, analizando los nombres de las autoridades según los segmentos de la sociedad indígena. Los cuatro estudios tienen preocupaciones diferentes y son una muestra de cómo los nombres pueden tener repercusión en otro tipo de estudios. Lo propio se puede decir del trabajo sobre México de Garavaglia y Grosso17 que utilizan los apellidos para ubicar la presencia indígena en los mercados mesoamericanos a fines del periodo colonial.
22En conjunto, los trabajos sobre el mundo andino muestran algunas características que vale la pena resaltar:
- Son muy pocos los trabajos sobre nombres personales, si bien algunos tratan los nombres quechuas, no hay estudios sobre los ajanaras a no ser muy marginalmente (Zuidema).
- En alta proporción el período estudiado es el prehispánico o la colonia temprana. Esta preferencia tiene relación con el cambio de nombres impuesta por el bautismo cristiano y la conquista, lo que implica que están enjuego problemas de identidad en un periodo de intensos cambios; sin embargo es notable que las investigaciones no asuman esta perspectiva sino tangencialmente.
- Hay muy pocas líneas comunes de debate. En general cada investigación buscó el estudio de los nombres (o apellidos) como una vía para contestar preguntas que cada investigación planteaba que no tenían relación directa con los nombres personales. En este sentido los nombres simplemente colaborarían en sus respuestas.
23Comparando los estudios andinos con los franceses nos preguntamos ¿por qué preocupaciones tan distintas en un tema tan similar? Tal vez la respuesta es que los intereses de las investigaciones fueron muy distintos al utilizar los nombres en el primer caso como instrumento de análisis y en el segundo como objeto de análisis. Esto permitió a los trabajos franceses plantear propuestas y críticas metodológicas que se presentan diluidas en los primeros. Sin embargo, creemos que por las características tan peculiares del ámbito andino - de la relación de subordinación colonial, la presencia de culturas ricas y a veces opuestas, la existencia de idiomas con lógicas diferentes, etc. éste puede permitir un estudio de los nombres como objeto de análisis que impliquen importantes aportes analíticos así como un conocimiento más profundo de su cultura.
Notes de bas de page
1 Hay, por ejemplo, una revista titulada Names. A Journal of Onomastics que en 1996 publicó su volumen 44. Ed. Illinois University. Entre sus artículos incluye estereotipos, relaciones étnicas y raciales, procesos lingüísticos, hojas históricas, religión, temas de psicología y parentesco.
2 Compilado por Anne - Marie Chistin.
3 El trabajo de V. Larock, 1932, aunque en una perspectiva distinta a la de Levi Strauss, es la primera tentativa de interpretación de los nombres de personas desde un punto de vista etnográfico. “Ensayos sobre el valor sagrado y el valor social de los nombres de personas en las sociedades inferiores” Paris. (En: Levi Strauss 1988: 304)
4 El estatuto de pureza de sangre en España, estudio mencionado por Maraval, Juan Antonio en La Sociedad Barroca.
5 Robert McCaa Gender and “Earhly names” among the Rural Nahua, mimeo, 1997
6 “Comerciantes, hacendados y campesinos un mercado local en el valle poblano. Tepeaca 1792”. Agradecemos a Juan Carlos Garavaglia y Roland Hubsher de la Maestría de la Rábida que me colaboraron en ubicar y elegir los estudios más relevantes.
7 Besnard, Philippe (1979) “Pour une etude empirique du phenomene de mode dans la consommation des biens syboliques: le cas des prenoms”.
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8 “El parentesco inca: una nueva vision teorica” publicado originalmente en 1980 y luego en 1989 en el libro Reyes y Guerreros.
9 Muchos trabajos sobre el mundo prehispánico hacen referencia a dos líneas paralelas en la visión de un mundo no solamente dual sino y también sexualmente separado (Zuidema 1977a; Lounsbury 1964; en: Silverblatt 1990). Según la evaluación de Denise Arnold (1993), tanto en la terminología de parentesco (Vocabulario de Ricardo y Bertonio) como en sistemas religiosos (Hernández Príncipe) e incluso en ciertas formas gráficas como el dibujo de Santa Cruz Pachacuti señalan dos bloques de relación espacial y de descendencia, uno femenino y otro masculino. Jane Collins puntualizó cómo Bertonio usa un sistema paralelo de terminología de parentesco para hombres y mujeres por separado. Nuñez del Prado describe la costumbre de prácticas de nombres separados en recuentos del siglo xviii tardío en Qero, Cusco, donde las mujeres tienden a tomar el nombre de sus madres y los hombres de sus padres. La misma práctica ha sido encontrada por Isbell para los quechua hablantes de Chuschi en Ayacucho (Isbell 1978) y por Wolf(1972) en los documentos de la Iglesia de Juli. Albo también los recogió en comunidades aymaras en Bolivia (1974) y Collins en comunidades aymaras del Perú (1981). Esta gran difusión de la descendencia paralela, sin embargo, no confirma que fuera un hecho prehispánico. Wachtel (comunicación personal) por ejemplo duda de que fuera así.
10 “Names and peoples in Incaic Quito: Retrieving undocumented historic process through anthroponymy and satisfies” American Antropologist, 88 (2): 387-99)
11 Tawantin Suyupi kawzaq Runa llaqtap sutinkunamanta (De los etnonimos en el Tawanunsuyu), 1995 inedito.
12 Carmen Salazar-Soler y Francoise Lestage, ponencia presentada al congreso de Saint Andnvs “Grupos de edad en la visita de Huanuco”. Londres, 1993, publicado en 1998.
13 Citado por Salazar y Lestage
14 “Entre águilas y halcones. Relaciones y representaciondes del poder en los Andes Centro-sur” 1995 Estudios Atacamenos. Apoyadas en documentación del siglo xvii siguen las circunstancias y variaciones del nombre de Viltipoco, cacique de la región de Jujuy para aclarar dudas en torno a la extensión de su poder e incluso la posibilidad de ser más de un personaje.
15 “Los nombres disidentes. Mujeres aymaras en Sacara (siglo xvii)”. Estudios Bolivianos 1 U.M.S.A. La Paz, 1995.
16 “Los mallkus de Charcas. Redes de poder en el Norte de Potosi (siglos xvi y xvii)” En Estudios Bolivianos 2 U.M.S.A. - La Paz, 1996
17 “Comerciantes, hacendados y campesinos. Un mercado local en el valle poblano (Tepeaca, 1792)”. Nos muestra, como de paso, la practica indigena de utilizar imagenes religiosas en sus nombres, lo cual permitio identificarlos; por ejemplo: Isidro de los Santos, Juan de Dios, Domingo de Ramos, Antonio de la Concepcion.
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