Capítulo I. Una ciudad en la sierra
p. 19-41
Texte intégral
1Cuando en 1534 los españoles llegan a Quito, la ciudad es conocida como la capital del Inca Atahualpa. Es una de las grandes ciudades del Imperio. La situación y el sitio están particularmente bien escogidos.
2En la Sierra1, es una ciudad de alta montaña. Sin embargo, no tiene nada que ver con las que se pueden encontrar en otras partes del globo, en el Himalaya, por ejemplo, como Darjiling o Lhassa. En el ecuador, a 2.800-3.000 metros s.n.m., el clima garantiza un paisaje agrario y de buena capacidad alimenticia que hace pensar sobre todo en lo que se encuentra en montaña de mediana altura en las regiones templadas, por ejemplo en Auvernia o en las mesetas malgaches, mutatis mutandis. Es probablemente la más importante de las ciudades que jalonan el gran camino, recorriendo y uniendo las sucesivas hondonadas que caracterizan en el Ecuador la región rural del surco interandino donde las superficies agrícolas útiles, ricas en variedades de cultivos, se extienden entre los 2.000 y los 3.600 metros s.n.m. Algunos años después de su refundación por los españoles, la ciudad es puesta bajo la protección de San Francisco, seguramente por insistencia de los miembros de su orden. Su nombre se convierte en San Francisco de Quito.
3“El 29 de agosto de 1563, Felipe II firmó una cédula que establecía la existencia de una Audiencia de Quito... (...). Este importante mecanismo administrativo del ejercicio de la política durante el período colonial extendía su autoridad sobre un espacio que cubría los tres grandes componentes macrogeográficos del oeste del continente Sudamericano: las tierras altas y sus riquezas demográficas, las llanuras litorales “abiertas” hacia la metrópoli, los espacios de la cuenca amazónica y sus promesas.”2
4La capital del Ecuador se encuentra sobre un canal sinclinal de una altura promedio de 2.800 metros, que se recorre fácilmente, que constituye una microrregión, orientado longitudinalmente de norte a sur, cuyas potencialidades agrícolas han contribuido ciertamente a la elección de su establecimiento en el lugar. Es también un punto de convergencia de la red de caminos y de pistas que bajan de los valles circundantes, permitiendo la penetración de los macizos volcánicos cercanos, principalmente el de Pichincha, cuyas tierras, en el fondo de los valles, son ricas y profundas, y las pendientes mucho más accidentadas llevan de estos fondos cultivados a los pastos andinos de los páramos3, vastos terrenos de tránsito.
5Como en otras ciudades de la Sierra, la ciudad ocupa un lugar rodeado de defensas naturales. Algunas de éstas están bastante lejos y permiten a pequeñas guarniciones de soldados, colocados como centinelas avanzados en alturas fortificadas, dar la voz de alerta. Este es el caso, por ejemplo, de una colina de Pomasqui, emplazamiento preincaico situado a 25 km. al norte del Quito de entonces. Otras están cerca y proporcionan una real seguridad al sur y al este, siendo el Pichincha (4.797 m), al oeste, una barrera disuasiva. Pero si los barrancos y las gargantas abiertas por los ríos son sobre todo los que protegen las otras ciudades, en Quito, además de la profundidad excepcional de las gargantas del Machángara y de la multiplicidad de quebradas, los relieves refuerzan las dificultades de acceso, permitiendo detectar a tiempo cualquier grupo inquietante, incluso hostil, y de hacerle frente en las mejores condiciones de defensa si fuera necesario.
Figura 1: Barrios del conjunto de Quito mencionados en el texto

6Así, el relieve es al mismo tiempo la causa de las condiciones climáticas propicias a la instalación de establecimientos permanentes y a la protección no solo contra posibles enemigos, sino también contra las precipitaciones procedentes de la costa y contra las neblinas nocturnas. El Pichincha, cuyo piedemonte forma un arco orientado del sudoeste al noreste en la parte sur del Quito moderno, curvándose hasta estar en pleno norte a la altura del Centro actual (la parte antigua), justifica el establecimiento inicial de la ciudad. Este macizo y el Panecillo, en el límite sur de la capital del siglo xvii sobre la que se eleva 300 metros, absorben la mitad de las precipitaciones4. El relieve del Itchimbia constituye también un obstáculo para las nubes vespertinas que casi todas las noches cubren con su bruma los barrios actuales de la Paz, la Pradera y la Carolina.
7Pero a pesar de las particularidades del lugar -relativamente plano, con fuentes abundantes (para la población de la época), entorno agrícola, proximidad de terrenos aptos para el pastoreo-, la situación de Quito tiene muchos puntos en común con otras ciudades de la Sierra, cada una de las cuales domina un compartimento del surco interandino cerrado por una serie de ramales transversales. El conjunto de esta montaña dividida en hondonadas, cada una con su propio microclima, de bastante densidad de población y que viven en relativa autosuficiencia alimentaria, es lo que ha hecho del Ecuador un país geográficamente heterogéneo, poco penetrable, durante siglos poco comunicado con el resto del mundo por algunos puertos poco frecuentados. Una parte del territorio ecuatoriano, la selva, es difícil por naturaleza; otra parte, la montaña, por encima de los 4.000 metros, es muy repelente. Los indios lo saben bien, y por eso han hecho de esa región la residencia de los dioses y de fuerzas oscuras poco controlables.
8Finalmente, el lugar de asiento de la ciudad de 1534 ofrece 56 hectáreas de terreno relativamente plano, favorable a la urbanización, donde las pendientes no exceden el cinco por ciento. Excelente, si se compara con La Paz (Bolivia), pero menos atractivo en este sentido que el antiguo centro de Bogotá (Colombia); sin embargo este sitio está atravesado por dos quebradas bastante pequeñas que confluyen para formar la quebrada de Manosalvas, como se ve en el plano de 17345. Además, el terreno está bordeado al pie del Panecillo por la quebrada 24 de Mayo, mucho mayor, conocida hasta la primera mitad del siglo xx como la “quebrada Jerusalén”. Esta gran quebrada, que forma parte del complejo del Machángara, nunca ha dejado de crear problemas a los urbanistas6.
9Este aislamiento del resto del mundo, al que están condenadas las ciudades de la Sierra y su población, es probablemente la causa de la constatación de Manuel Villavicencio que hemos citado en la introducción de la primera parte de esta obra. Esto explica también, en parte, el juicio, muy crítico, también citado, de Friedrich Hassaurek. Estas opiniones datan de mediados del siglo xix. Desde entonces la sociedad quiteña ha cambiado mucho. Y sin embargo, a finales del siglo xx se encuentran muchos actos de sociedad y de comportamiento que no están tan alejados de lo que dicen Villavicencio y Hassaurek por los razonamientos de costumbres y de política que los suscitan.
10Detengámonos de nuevo por un momento. Quito fue hasta principios del siglo xx una de las mayores ciudades de los Andes. Se ha conservado en su mismo estado, si no en las construcciones, al menos en el tramado de las calles y en el funcionamiento del espacio urbano que favorece o permite. Su centro sigue siendo una entidad de características muy marcadas, cuyo peso debe ser minuciosamente evaluado si se quieren entender sus particularidades. La ciudad se animó y atrajo mucho la atención desde finales del siglo pasado, pero la llegada del ferrocarril en 1908, año que se toma como referencia para el principio del período de la historia de la ciudad que vamos a considerar, marcará el verdadero comienzo del Quito moderno.
Figura 2: Monumetos del centro histórico de Quito

11El quiteño de 1908 no reconocería más que el quiteño de mediados del siglo pasado la región de Quito, por más que, según Villavicencio, ese quiteño sea diferente al de 1810 (1535+275), lo que no piensa Hassaurek, que cree que se le parece todavía bastante. Es probable, sin embargo, que por más sorprendido que estuviera al constatar la desaparición de las dos quebradas, que todavía en 1860 eran un elemento importante del paisaje. “La ciudad está separada de oeste a este por dos quebradas profundas por las cuales el Pichincha envía sus torrentes de nieve deshelada”7 ante la vista de las construcciones que se levantan en su ciudad (el Centro actual), encontraría sin mayor dificultad los conventos y las iglesias, las plazas, el trazado de las calles y podría encaminar sus pasos sobre las huellas de sus antiguos pasos, redescubrir sus itinerarios acostumbrados. Sin embargo, es cierto que todo el resto procedería para él de un mundo más agitado, más ruidoso, con olores muy modificados y de un uso desconcertante. En pocas palabras, en un primer momento su ciudad ya no sería su ciudad, sino una entidad inquietante. Pero podemos apostar que unas semanas le bastarían para orientarse. No hablamos, naturalmente, del resto de la capital actual y de sus alrededores.
12¿En qué se han convertido, a lo largo generaciones, San Francisco de Quito y su Centro?
13En 1910 se puede calcular su población en unos 60 000 habitantes, sobre aproximadamente 380 hectáreas. Actualmente la Municipalidad del Distrito Metropolitano de Quito alberga un millón y medio de habitantes y se extiende sobre más de 38 000 hectáreas.8¡En ese lapso, la población se habría multiplicado por 25 y el espacio urbanizado por más de 100! Sin embargo hay que comparar lo que puede compararse: el crecimiento de la población y, sobre todo, el del área urbana son el resultado de un cambio de status reciente: no se trata ya de la Ilustre Municipalidad de Quito, sino de la del Distrito Metropolitano. Si nos quedamos en los límites anteriores se obtiene una población de unos 1,2 millones de habitantes y un área de 23 000 hectáreas, es decir, 20 veces más de habitantes que en 1910 sobre una superficie 60 veces mayor. Sea como fuere, la disminución de la densidad de la parte construida es evidente, pero no afecta al Centro. En cambio, el deterioro de numerosas casas de adobe de este mismo Centro es alarmante, mientras que en el resto de la ciudad este material es reemplazado por bloques de cemento. Sin embargo, en concordancia con las grandes desigualdades sociales, el paisaje urbano presenta muchos contrastes según el barrio.9
14Sigamos con la ficción. Otra serie de asombros ocasionados por la actividad de la calle y la frecuentación de las casas burguesas desconcertaría a nuestro fantasma de otra época. Se han construido edificios prestigiosos, han desaparecido jardines, reemplazados por un hábitat mediocre o por parcelaciones que ofrecen viviendas en serie. Los conventos y las iglesias están abandonados, se desconchan y se cuartean; los testigos monumentales de quinientos años de presencia latinoamericana no son sino un patrimonio en peligro de desaparición progresiva. La gente con la que nuestro aparecido se cruzara sería muy diferente de la que él conoció, ya sea la burguesa digna y piadosa yendo a misa acompañada de una joven sirvienta, la guambra de la que habla Hassaurek10, llevando el cojín sobre el que se arrodillará para rezar; los innumerables cargadores, entre ellos los aguateros, corriendo de casa en casa; las sirvientas haciendo las compras; los indios andrajosos y sus llamas con sus cargas; y otros espectáculos, como el ofrecido por los clientes yendo a comprar a sus tiendas habituales. Si era de una familia acomodada y entra en su casa, no la reconocerá, como no reconocerá el uso que se le da al patio, a las habitaciones de la planta baja, al patio trasero donde se hacía la colada, a la galería del segundo piso y a las habitaciones que dan a ella ni a los comportamientos de la gente que animará esos lugares. Su casa habrá sido transformada o en oficinas en los altos, en taller, tienda o almacén en la planta baja o en el patio, o rebosará de gente menesterosa; o quizás unas personas dignas y pobremente vestidas se apresurarán en dirección a la habitación única que constituye su vivienda. A menos que uno de sus descendientes, relativamente anciano, frecuente todavía estos lugares abandonados, pero esa será la excepción, un sentimental, un original o un hombre arruinado que se refugia en la casa de toda su vida, su único patrimonio. Todo lo contrario de una conquista del Centro por la gente humilde de Quito, este cambio total significa su abandono por la burguesía que ha dejado, más bien vendido, sus antiguas casas para transformar las, en el mejor de los casos, en tiendas, más numerosas que nunca, pequeños talleres que sobreviven en patios traseros, oficinas o locales de servicio y, sobre todo, en algunas calles, en depósitos; y en el peor de los casos, para hacer de ellas viviendas estrechas ocupadas por familias que han reproducido así, en las manzanas del Centro, en el corazón de los antiguos barrios patricios, las difíciles condiciones de existencia hasta ahora contenidas en los barrios más alejados del centro de la ciudad y en los suburbios. La gente de bajos ingresos es omnipresente, trafican en todo, se apoderan del pavimento; los defensores del “banco-mundialismo” correcto los clasifican bajo el rubro de “pequeños comerciantes del sector informal”; en Quito se les llama, más sencillamente, los ambulantes.
Figura 3: Barrios del casco colonial y su entorno inmediato

15Estas pocas observaciones solo quieren señalar que el siglo xx fue para San Francisco de Quito una época de paso, de una capital modesta a una ciudad millonaria. El Centro ha cambiado, enormemente, de residentes, de usuarios y de clientes. Lo esencial de la ciudad de 1908 no es hoy sino un componente del organismo urbano que ha generado con la participación de los rurales que, acompañados de sus familias, dejaron su estado de peones o de campesinos desprovistos de todo, o incluso del modesto citadino de provincia, para instalarse en la ciudad... Nuestro proyecto, en efecto, no es estudiar la ciudad actual, cuya morfología y los modos de composición están en ruptura aparente con los de los siglos precedentes representados en su núcleo histórico, sino el de considerar solo este último a fin de determinar, en la medida de lo posible, si se trata ahora de un conjunto de barrios obsoletos, condenados en un plazo previsible a cambiar de función, incluso a ser puestos entre paréntesis, como un enclave fosilizado, histórico-monumentalizado, museificado, tres adjetivos que están en el segundo plano de las proposiciones avanzadas por ciertos conservadores (en el sentido tanto taxidermista como político) más o menos escuchados, más o menos influyentes ante los responsables competentes, o bien si constituye un elemento significativo de la realidad quiteña contemporánea. Hay que saber si sigue siendo el feudo de los poderes religiosos y políticos que se mantienen allí con tanto vigor. ¿Por cálculo político o por razones culturales profundas? Es una cuestión que se puede plantear desde ahora y para la cual habrá que proponer una respuesta. Porque en este espacio urbano cargado de una larga historia ya no cohabitan sino estos poderes, una fuerte actividad artesanal y comercial ligada a las necesidades elementales de numerosos quiteños, una cierta práctica turística bastante reciente y una población muy modesta en su gran mayoría. Esta situación que causa un deterioro del patrimonio construido, y que puede llegar a la tugurización y a la destrucción por indiferencia, avanza a pesar del mantenimiento e incluso del desarrollo de las actividades tradicionales; preocupa, a todos los niveles, a los responsables de la gestión espacial y social de Quito, sobre todo desde que esta porción de la ciudad fue inscrita en el inventario del “patrimonio de la humanidad”, bajo la égida de la UNESCO, en 1978. Todo esto se sabe. Pero no se podrá hacer una reflexión en este sentido sino después de haberlo descrito minuciosamente, de analizarlo, deteniéndose largamente en la presencia, reforzada desde la deserción de las clases acomodadas, de una población de bajos ingresos y sobre lo que ello implica.
16Después de las primeras impresiones vienen las preguntas cuyas respuestas constituyen tantos otros problemas que resolver. Sobre todo, ¿cómo un centro urbano antiguo que hace todavía un siglo constituía el centro principal de la ciudad, y que sigue densamente poblado11, conservando lo esencial de su composición, puede integrarse al dinamismo económico de una ciudad moderna?
17A esta interrogante pueden añadirse otras: ¿Cómo ha cambiado esta mutación el paisaje urbano del conjunto de Quito y como lo marca desde ese momento? ¿Qué mecanismos identificables y explicables pueden aclarar esta transición y la nueva situación que de ella resulta? ¿Qué significado dar a su permanencia y a sus actividades, a su conservación, al mantenimiento de ciertos poderes y funciones?
18Estas cuestiones están lejos de ser específicas de Quito. Otros centros históricos, testimonios discretos (representación, funciones y usos) pero altamente significativos de los grandes cambios sucesivos que sufren las ciudades de larga historia, merecerían ser observados con atención. ¿Por qué entonces estudiar a Quito en lugar de cualquier otra ciudad? O al revés: ¿Por qué no escoger a Quito en lugar de cualquier otra ciudad?
Razones circunstanciales y factuales
19Circunstanciales. Fue con Cracovia, la primera ciudad distinguida por la UNESCO, lo que dinamizó su interés. Por eso, análisis recientes y una abundante bibliografía permiten captar bastante bien las características más importantes y la organización socioespacial. También, desde hace unos veinte años, investigadores de todos los países y de numerosas instituciones, generalmente arquitectos (principalmente el grupo CIUDAD), historiadores y geógrafos (IPGH, IFEA, IRD, etc.), sociólogos, arqueólogos (diferentes países estimulados por la UNESCO) e incluso sismólogos (ecuatorianos, italianos, japoneses, franceses, etc.), han estudiado esta ciudad de alta montaña que muchos de ellos consideran como una especie de laboratorio de tamaño natural y cuyas particularidades han sido descubiertas por otros estudiosos no menos numerosos.
20Factuales. Hemos tenido la ocasión de estar en Quito, y la capital ecuatoriana presenta una serie de características que favorecen su observación de cerca: el Centro histórico está bien conservado en su tramado, y su armonía arquitectónica rara vez está rota por construcciones recientes (tiendas, edificios públicos, etc.); el desplazamiento del “centro económico” no ha ido realmente acompañado del “centro político de las decisiones”, que en parte ha quedado en el lugar. Además, a pesar del establecimiento relativamente nuevo de un “centro de negocios”, el viejo Centro es objeto de reestructuración. El poder municipal, muy consciente de la importancia de este patrimonio, está muy atento tanto a su mantenimiento como a su rehabilitación progresiva.
21Quito, es decir, todos aquellos que tienen algún poder de información o de acción, se plantean cuestiones urbanísticas con una fuerte dimensión societal, como las siguientes: ¿cómo conservar el centro histórico influyendo sobre su vida social y sus funciones?, ¿cuáles son las acciones de rehabilitación y de reinterpretación deseables y posibles, no trastocando ni la gestión de su espacio ni el mantenimiento de su funcionalidad, ni la necesidad de su integración social, testimonio de su aceptación como lugar de identificación y de funcionamiento central de la ciudad?
22Estas preguntas hacen entrar en juego los papeles, a veces antagónicos, a veces complementarios y siempre conflictivos, del Estado, de la Municipalidad, de los demás poderes instituidos, de las poblaciones residentes. Son preguntas que exigen decisiones de acción que no pueden tomarse sin una amplia reflexión para responder a lo que los poderes involucrados esperan de ello. Sin embargo, se opera una adaptación permanente del Centro antiguo, a menudo fuera de cualquier reglamentación, para que se mantengan en él funciones residenciales, económicas y socioculturales. Cabe preguntarse si se ha formulado alguna problemática a este respecto, aunque todos los problemas estén necesariamente vinculados y a pesar de los esfuerzos de los urbanistas de la Dirección de Planificación de la Municipalidad que han propuesto un nuevo reglamento urbano de Quito desde 199112.
Figura 4: El sitio de Quito a fines del siglo XIX: las pendientes colonizadas, las cumbres, las quebradas

23Esta investigación se inscribe, pues, en una situación dinámica bastante mal controlada que impide hablar realmente de problemática, siendo el único proyecto objetivamente posible exponer, hechos significativos que contengan el devenir de la ciudad desde el principio del siglo y lleguen a su fin en el Centro actual de la capital ecuatoriana: ¿histórico?, ¿no histórico?, ¿qué hay que conservar?, ¿qué no hay que conservar?, y calcular los efectos de todo ello. Por eso, el propósito es describir y después considerar los aspectos históricos y sociogeográficos susceptibles de poner en evidencia el alcance y los límites de transformación de una ciudad antigua, núcleo inicial de una capital moderna en fuerte expansión, así como la amplitud de las modificaciones estructurales provocadas por su crecimiento. Pues la realidad geográfica cercana, observada a gran escala, debe ser constantemente aclarada por el conocimiento íntimo de los lugares y del medio, de los acontecimientos que les han dado forma y de los usos que en ellos se perpetúan. Pero en nuestra opinión y porque la ciudad es ante todo un espacio social, este procedimiento eminentemente geográfico no puede ser disociado de un enfoque sociológico, ya que en este terreno geografía y sociología se influencian, se interpenetran, se confunden y se fecundan. En esta empresa está comprometida la descripción analítica, intrínsecamente explicativa, porque explicar no es otra cosa que desplegar, abrir para hacer ver lo que está oculto. Para comprender estas interacciones se dará particular importancia a tres ejes de investigación, de los cuales el principal es: implicancias de la rehabilitación y de la conservación del Centro histórico, y los dos complementarios susceptibles de aclararlo son: correlaciones entre funcionalidad y modificación del paisaje urbano, y reflexión sobre la comprensión de las formas urbanas por las poblaciones que las usan.
24Así es como se ha abordado y como se ha visto vivir al centro histórico de Quito, y así es como se llevará a cabo esta reflexión. La misma se presentará en tres etapas que constituirán otras tantas partes de la obra. La primera estará dedicada sucesivamente a la situación de la ciudad antigua y a su emplazamiento, a sus evoluciones importantes en el curso de este siglo y a su lugar en el Quito actual. En la segunda parte se observará la ciudad en sus barrios a fin de considerar sus funciones, las prácticas y las realidades sociales. El paso por etapas del principio de siglo a la situación actual corresponde, en efecto, a una época bisagra que hace aparecer una fractura entre lo que piensa cierta clase tradicionalmente detentara de numerosos poderes urbanos que ha abandonado el Centro y ha provocado el entusiasmo por el norte, y los que se han quedado ahí y lo han ocupado desde entonces; o bien entre ellos y las poblaciones que siguen considerándolo como un testimonio histórico, incluso simbólico, y ciertamente como un lugar de actividades y de aprovisionamiento.
25A través de la presentación de la vida social en estos lugares en los diferentes momentos de este siglo y en la hora actual, se verá cómo se expresa eso (análisis de la prensa, de los discursos). Por medio de encuestas tendremos el punto de vista del quiteño “medio” en relación a la antigua ciudad y a su uso (renovación, administración, actividades, aprovisionamiento). El análisis de la política de renovación que se lleva a cabo permitirá conocer la visión, la concepción, las ambiciones y las acciones de la clase dominante que tiene el poder de decisión.
26Para precisar con mayor detalle todo eso y conocer mejor a sus residentes, se estudiarán atentamente dos de sus barrios: La Loma y San Juan.
27Después de las instituciones y el centro histórico vistos por los quiteños, transeúntes y residentes, se plantearán finalmente preguntas sobre las acciones promovidas por una política institucional y sobre sus divergencias, teniendo como trasfondo la idea que se hacen los ecuatorianos del “patrimonio de la humanidad”. Éste será un resultado final, al cual se dedicará la tercera parte de la obra. Así, relaciones dialécticas e interacciones entre espacios, funcionalidad y prácticas citadinas nos harán comprender mejor las mutaciones y las permanencias que actúan sobre el Centro y su entorno, la forma en que los citadinos del “barrio” (residentes y “activos’) se apropian diaria y simbólicamente de los lugares y el uso que hacen de ellos. Esta reflexión, tanto histórica como urbanística y geográfica relativa al paisaje urbano y a sus formas de composición, debería dar la dimensión prospectiva y especulativa a este trabajo. Así queda presentado sucintamente el desarrollo secular de la situación quiteña. Podría bastarnos con eso. Sin embargo, para entender bien el sentido que hay que dar a este propósito, hay que explicitar más los interrogantes anteriores que no dejarán de estar en el trasfondo de las reflexiones que este estudio suscite.
28Una vez organizada la ciudad sobre la cuadrícula inicial a la sombra de sus iglesias y de sus conventos, los límites urbanos de San Francisco de Quito conocen pocas modificaciones hasta principios del siglo xx. Población y superficie crecen lentamente y el espacio urbano ocupado corresponde aproximadamente al actual centro histórico, aumentado por algunos barrios que constituían entonces sus suburbios. Solo con la llegada del ferrocarril a Quito se redescubre verdaderamente la ciudad. En la primera mitad del siglo xx comienza progresivamente un cambio en la composición social de la población residente del Centro. Los quiteños de elevados ingresos descubren la comodidad del espacio, permitida por la extensión de la ciudad hacia el norte, que nuevas condiciones de desplazamiento de los bienes y de las personas hacen posible. Al mismo tiempo, poblaciones de ingresos más modestos ocupan las viviendas que se desocupan en el centro colonial, ampliado a los barrios más cercanos que a partir de ese momento se integran al mismo con fuerza. Esta etapa se traduce por el paso de un tipo de crecimiento nuclear centrado en la Plaza Grande a una extensión longitudinal. La construcción de la estación ferroviaria al sur del centro histórico favorece la industrialización y el desarrollo de barrios populares en ese sector. Si en valor relativo el “peso” de la zona central baja (70,6% de la superficie total en 1760, 28,8% entre 1921 y 1946), el de la zona sur crece lentamente hasta 1921 (índice de crecimiento anual de 3,1% de 1888 a 1946), después disminuye, a su vez, entre 1921 y 1946 en beneficio de la zona norte que ocupa entonces el 38,6% de la superficie total. Comparada con lo ocurrido en los últimos treinta años, esta evolución parece relativamente lenta hasta mediados de siglo. Sin embargo, su crecimiento necesita una nueva reflexión sobre la organización espacial13. Entonces es cuando el plan de urbanismo de G. Jones Odriozola, aplicado desde 1946, prevé una ciudad de 700 000 habitantes para el año 2000. Este plan, concebido según los conceptos socioespaciales del momento, tanto desde el punto de vista cultural como del económico, profundamente influenciado por el manifiesto de la Carta de Atenas, es sobre todo funcionalista. “Los centros monofuncionales importantes, destinados a luchar contra la imbricación de las actividades, son los siguientes: en la unión del Centro Histórico (...) y el norte de la ciudad, serán construidos el centro cívico de gobierno (...) que reunirá las funciones públicas de decisión a excepción del poder legislativo, y el centro cultural, que reunirá los museos, las bibliotecas, las bellas artes...; el norte acogerá al centro universitario, al centro deportivo y al centro hospitalario (...); en el sur se ubicará el centro cívico del gran distrito del sur destinado a los barrios “obreros”, el centro de transportes y de flete y la zona industrial. La jerarquización funcional está acompañada de una división de la capital en dos grandes distritos: norte y sur (...), conectados al centro cívico de gobierno.”14 Este plan se sigue en sus grandes líneas. La segregación social, que nunca ha estado realmente ausente de Quito, se ve confirmada y reforzada en ese plan. Este fenómeno es aún más marcado debido a que el crecimiento demográfico y espacial del espacio urbano se acelera, sobrepasando por su fuerza todas las previsiones.
29Así, entre 1946 y 1970 se producen profundas mutaciones en la capital debidas a un crecimiento acelerado en el cual participan todos los componentes urbanos: espacio, actividades, población. Una parte de los lugares de decisión se desplaza del centro histórico, más allá de los parques de la Alameda y del Ejido, antiguamente en límites septentrionales, hacia el barrio Mariscal Sucre. La segregación residencial se consolida. El fenómeno intra-migratorio, con todas sus consecuencias sobre la ocupación y la redistribución del uso de los espacios urbanos centrales, se acentúa poco a poco, hasta que la mayoría de los citadi-nos acomodados toma el camino de los barrios nuevos y de las ciudades-jardín del norte y es reemplazado por clases populares que vienen a amontonarse y a menudo a tugurizar el Centro. Actualmente las antiguas familias quiteñas han vendido casi todas sus casas del Centro para instalarse definitivamente en los barrios elegantes del nuevo centro-norte, o cada vez más frecuentemente, en los sectores más accesibles del surco interandino, “el Valle” cercano, donde ahora se levantan “ghettos de ricos”, verdaderas fortalezas para gentes de dinero.
30A partir de 1970 las tendencias subrayadas anteriormente se intensifican aún más: fuerte crecimiento demográfico, tanto a causa del crecimiento natural como de los aportes migratorios; abandono progresivo de una parte de la ciudad antigua, acompañado de transferencias funcionales que tienen por efecto no dejar otra opción a los más necesitados que amontonarse en manzanas excéntricas y poco atractivas y en algunas casas “desclasa-das” del centro histórico o, en otras circunstancias, de conquistar, al límite de la ley, sectores urbanos marginales que se desarrollan constantemente en la periferia y que se llaman en Quito los barrios marginales: extensión de la zona deteriorada hacia los barrios populares en la periferia cercana del Centro.
31El descubrimiento de yacimiento petroleros en el Oriente y el “boom” petrolero que de ahí resulta (1973) terminan de modificar las características socioeconómicas y culturales que afectaban ya a la sociedad quiteña. Un flujo sin precedentes de rurales, el comienzo de grandes obras de equipamiento de infraestructura en todo el país (entre otras la realización de una red vial moderna indispensable para la economía del Ecuador), y una relativa euforia económica hacen explotar la ciudad, que pasa de 599.828 habitantes instalados en 5 203 hectáreas, en 1971, a 1 057 488 habitantes en 13 864 hectáreas, en 1987.
32Bajo la presión de las clases sociales acomodadas, la ciudad se extiende entonces rápidamente hacia el norte en tierras agrícolas. Paralelamente, como los dos fenómenos se apoyan y se conjugan, se observa que baja la densidad de cierto número de actividades públicas. “El advenimiento de la civilización del automóvil, las mutaciones económicas y los nuevos criterios de localización de las sedes de las empresas, de los bancos y de otras actividades de servicio más diversificadas, acentúan la relativa decadencia de este centro cuyo acceso se ha vuelto difícil y que no responde ya a las necesidades de la economía moderna.”15
33Desde entonces el Quito del siglo xix ha vivido reemplazado por su doble: el centro colonial. Ya la época republicana había favorecido un principio de renovación, pero sobre la misma trama territorial. Los barrios en su periferia se habían multiplicado, diversificados de manera evolutiva, quedando la ciudad bajo la tutela moral de la Iglesia, hecho manifestado en sus monumentos, y sin que la burguesía quiteña modificara significativamente sus formas de vida y de residencia.
34Su abandono por la clase de los adinerados, que toma una dimensión y un ritmo sostenidos después de la Segunda Guerra Mundial, tiene un significado totalmente diferente. Va acompañado de una intensificación de los procesos segregativos: densificación de los barrios populares centrales; segregación social y espacial que las opciones del Plan de 1946 refuerzan y que afecta desde entonces al conjunto del sitio; extensión de la zona norte (5,6% por año entre 1971 y 1983, fenómeno que no deja de tener relación con la segregación territorial e inmobiliaria), etc. El deterioro de la ciudad antigua sigue intensificándose hasta 1978, año de su inscripción en el “Patrimonio Mundial”. Después, desde hace diez años, la Municipalidad comienza a emprender, mediante su restauración, una reconquista que apunta tanto a consolidar su función urbana con dimensión administrativa y cultural afirmada, como a rehabilitar el patrimonio monumental y todo lo que caracteriza su hispanoamericanidad.
35¿Habrá que temer que este subconjunto urbano, que pierde cada vez más importancia si creemos en las cifras de crecimiento de la población y del área urbanizada de Quito (cf. cuadro 1) se transforme lentamente, como Cartagena de Indias intra muros sobre la costa atlántica del continente sudamericano, en ciudad conservada y ciudad museo? La pregunta parece prematura. Las cifras muestras, efectivamente, que hasta mediados de este siglo la población y el área urbanizada aumentaban a ritmos comparables. Este movimiento paralelo significa que el espacio no se construye sino bajo la presión demográfica, conservando el Centro, en esta evolución, toda la importancia de su posición y de sus funciones. Después, por razones debidas probablemente a la revolución tecnológica y a la de las ideas aportadas por el fin de la Segunda Guerra Mundial que va a la par, en el Ecuador, con un cambio de referencia, es el fin del modelo europeo, el principio del modelo norteamericano: los ecuatorianos ceden a la atracción de la ciudad16 y se convierten en mayores consumidores de espacio.
36Es también el principio de la aplicación del plan de urbanismo de 1946. Por consiguiente, al dejar de ser el principal lugar de vida urbana para la burguesía y la referencia urbanística más importante para el poder y los citadinos, el Quito de la época republicana no será sino “el Centro Histórico”. Las tasas de crecimiento que se señalan a continuación muestran el alcance de estos fenómenos.
Cuadro 1: Evolución de la población y del área urbanizada de Quito (1760-1991)

Contrariamente a las otras, esta cifra se refiere al conjunto del área urbanizada del entonces recién creado Distrito Metropolitano de Quito.
Fuentes: Henri Godard, AIQ, lám. 1, y censo INEC (1990).
37Desde entonces, el “centro histórico” de Quito se reparte entre los poderes religiosos y políticos preservados en parte, una función disminuida y fuertemente rebajada de residencia, una actividad tradicional que perdura: artesanía, servicios, comercios, microactitivades “informales”. Las tres etapas visibles de este proceso secular hicieron pasar el espacio prestigioso (a nivel regional) de una ciudad dominada por sus burgueses, relativamente cómoda en su espacio privado, a una porción de ciudad cuyas partes no ocupadas por los poderes mantenidos se dejan a poblaciones trabajadoras de bajos recursos que se amontonan en un espacio muy estrecho. Ahora se encuentran, en los sectores deteriorados, de 5 a 10 viviendas vetustas por unidad territorial o antiguas residencias patricias, lo que corresponde a una densidad comprendida entre 320 y 480 habitantes por hectárea, incluso más17. Ahí donde residía anteriormente una familia cómodamente instalada vive ahora una población particularmente pobre.
38Esto ocasiona una tugurización inquietante y un deterioro de la parte edificada que la Municipalidad y la UNESCO tratan ahora de reconquistar, restaurar y conservar, lo que implica opciones, limitaciones y dinámicas que justifican un estudio que muestre claramente las transformaciones urbanísticas que de él resulten. Esta es desde luego la preocupación de los responsables de la administración de la ciudad. En la Municipalidad, la Dirección de Planificación se ocupa de ello. Han abordado esta cuestión como arquitectos y como urbanistas, tratando al mismo tiempo al centro histórico como una entidad construida excepcional que hay que preservar, y como un elemento dinámico e ineludible del conjunto urbano. El hecho de ser una ciudad inicial es, efectivamente, una referencia no solamente de identidad por su dimensión histórica y simbólica, sino también económica. Para la mayoría de los actuales quiteños, habitantes antiguos o citadinos recientes de la capital, ésta corresponde a un espacio reconocido donde las actividades comerciales tradicionales (mercados, tiendas, puestos, vendedores callejeros) se perpetúan; lo que para gente todavía muy cerca de una sociedad de economía doméstica fuerte y amigable corresponde a una función necesaria para su inserción social.
39Sin embargo, esta misma Municipalidad, quizá demasiado ocupada por la actualidad y la urgencia de lo cotidiano, si bien ha emprendido obras para la renovación de los monumentos y de la trama urbana heredada de su pasado hispánico, no ha podido o no ha sabido enfocar la cuestión de la ciudad antigua. Para los ecuatorianos, es un lugar social y un espacio urbano fundador al que atribuyen un valor emblemático de permanencia y de identidad. Esta actitud se mantiene, quizá aún sin saberlo ellos mismos. Es algo irracional después de su derrota no sublimada frente al Perú.18 Esta falta de perspectiva no se debe a una ausencia de estudios históricos (los hay) o legendarios (no faltan las leyendas y tradiciones que se refieren al tema), sino a una ausencia de estudios histórico-geográficos y sociológicos. Falta hacer esto con rigor y con método.
La organización de la investigación
40Los estudios realizados sobre la ciudad de Quito, y sobre el centro histórico en particular, son muchos.19 Pero son limitados e incompletos. En efecto, desde hace 20 años se presta mucha atención a Quito, pero de una manera sectorial: histórica, económica y urbanística, sociogeográfica, arquitectónica. Tal acumulación y la creación de bancos de datos urbanos abren el camino para otras miradas. La presencia en el Ecuador y en Francia de arquitectos y de investigadores interesados por este asunto y abiertos al diálogo ha reforzado la oportunidad que la accesibilidad de esos datos asegura.
41Además, los ecuatorianos, tanto la Municipalidad (Dirección de Planificación) como las universidades (Facultades de arquitectura y urbanismo) se preocupan mucho por comprender la evolución y las mutaciones que sufre el centro histórico de su capital. Esto lo demuestra el trabajo de descripción, análisis y rehabilitación de lo existente que ellos han emprendido con ayuda internacional.
42Los datos existentes. Quito se ha convertido en un campo privilegiado de estudios específicamente urbanos solo recientemente. En esta aventura, el grupo CIUDAD, oficina de proyectos urbanos aplicados y básicos, fue y sigue siendo un lugar excepcional de conocimientos, reflexiones, reuniones y difusión. Ha sabido realizar, conjuntamente con instituciones extranjeras, obras sintéticas y comparativas. Este centro dispone también de datos cuantificados y de la mayoría de trabajos que tratan del crecimiento quiteño. También hay que mencionar los importantes estudios efectuados desde hace diez años, con el asesora-miento de otras instituciones y organismos locales e internacionales, por la dirección de Planificación de la Ilustre Municipalidad de Quito, convertida en 1992 en Municipalidad del Distrito Metropolitano de Quito. Hay que mencionar principalmente las doce publicaciones, ya editadas o en preparación, que reúnen varios artículos bajo el título de “Serie Quito” y que tratan casi exclusivamente del centro histórico.20 Aportan puntos de vista sociológicos, sociourbanísticos, pero también demográficos, económicos y arquitectónicos y constituyen referencias indispensables.21 Cabe señalar igualmente el programa editorial, realizado conjuntamente con la Consejería de Obras Públicas y de Transportes por la Junta de Andalucía, cuyos dos objetivos fundamentales son “difundir el valor del patrimonio urbano y arquitectónico y hacer conocer los estudios y proyectos desarrollados por la Dirección de Planificación en su ámbito, incluyendo aquellos planes, programas y proyectos que con un alcance mayor impacten sobre la rehabilitación del Centro.”22 Sin embargo, es preciso hacer una reserva sobre la plétora de estudios técnicos que olvidan las realidades socioespaciales: este olvido se explica por el origen profesional de la mayoría de autores, arquitectos, que tratan ante todo de los asuntos que les conciernen. Mucho después de ellos vienen los historiadores, después los sociólogos, y finalmente los economistas y los arqueólogos, que son menos numerosos que los escritores y los periodistas. Los geógrafos y los urbanistas, por su parte, están ausentes en las publicaciones de esta serie, pero se encuentran en otro tipo de trabajos.
43Las publicaciones de la Municipalidad deben mucho a la creación del Sistema Urbano de Información Metropolitana (SUIM), resultado de la publicación bilingüe (francés-español) del Atlas Infográfico de Quito, producto de un trabajo plurinstitucional y pluridisciplinario. Esta obra es actualmente ineludible para el que quiere estudiar Quito y su geografía urbana.23 Propone un análisis detallado, localizado a nivel de manzana, de las características geográficas, en particular de la sociodinámica del espacio y de la política urbana que le da forma. Un estudio de barrios referenciales de la ciudad de 1995-96, “Estudio de los barrios arquetípicos de Quito” (EBAQ)24 y las encuestas específicas realizadas en el centro histórico completan el corpus de las informaciones recientes que constituyen las fuentes directas del presente estudio.
44Los datos que hay que reunir o crear. Hay muy pocas obras cuya calidad pueda ayudar a hacer una descripción pertinente del centro histórico, es decir, del Quito visto en el espacio conservado como testimonio de su historia, o a facilitar la comprensión de su espacio social contemporáneo y su dimensión mítica y simbólica, que se confunde más o menos con su peso cultural. Hay que buscar entonces otros testimonios y cuando éstos faltan hay que hacerlos aparecer. Para ese proyecto se han consultado los escritos literarios y la iconografía, huellas que hablan de las prácticas quiteñas del finales del siglo xix y de la primera mitad del siglo xx para quien quiere hacerlas hablar. La literatura novelesca y científica (relatos de viajes, antología de leyendas, notas históricas) aporta una mirada impresionista sobre el medio urbano físico y construido de Quito, así como sobre los usos y costumbres locales.
45El análisis de la prensa y de la iconografía facilita la comprensión de los relatos descriptivos, pues estos soportes visuales los hacen más cercanos y los relativizan. Para hacer esto, nos hemos basado en la lectura del gran diario El Comercio -investigación realizada en los números de los años más esclarecedores desde el fin del siglo xix-, lectura orientada sistemáticamente hacia la vida quiteña expresada en los trabajos de ordenamiento, pero también sobre asuntos más localizados, el de los desplazamientos, por ejemplo. Esta lectura ha sido completada por la de la “Guía comercial, agrícola e industrial de la República”, publicada en 1909.25 Se han buscado ahí los trabajos y los días de una sociedad que, muy tradicional y solidaria todavía hasta hace poco, es desde ese momento alcanzada y sumergida por los ecos del resto del mundo. Las fiestas, el comercio menudo y la artesanía, la buena convivencia de los barrios y desde luego de la gente, enriquecen la idea de lo que fue Quito, de lo que hizo de él su evolución secular y en lo que se ha convertido ya cerca del año 2000. Algunos encuentros con testigos de generaciones anteriores que concretan este análisis libresco y muchas fotografías recientes, a menudo personales, y otras más antiguas permiten hacer comparaciones basadas en imágenes de la ciudad.
46Este análisis sería incompleto si no nos hubiéramos interesado en las mutaciones urbanas y sociales, es decir, en el crecimiento de la capital y en los efectos de las políticas urbanas, viendo por una parte la cartografía existente26, principalmente los planes de urbanismo27, entre ellos el de 1946, para explicar los efectos considerables de la aplicación de una planificación que fue siempre históricamente aceptada, y por otra parte los documentos de archivo de diversos orígenes con miras a analizar el funcionalismo de las tramas urbanas. Cada vez que se trate del centro histórico actual, y particularmente de dos de sus barrios, se utilizarán los datos estadísticos, demográficos y socioeconómicos sacados de los censos de 1972, 82 y 90.
47Encuestas y entrevistas completan los datos existentes. Son absolutamente necesarias para sustentar un enfoque interactivo y dialéctico entre paisajes, funcionalidad y apropiación simbólica de los lugares. Este trabajo de campo se llevó a cabo esencialmente en el centro histórico, de noviembre de 1995 a junio de 1996. Tuvo lugar en los barrios de La Loma y de San Juan; en las plazas, con los transeúntes ecuatorianos (los turistas no fueron tomados en cuenta) de cualquier edad y de uno y otro sexo; entre los dueños de comercios de comestibles cercanos. Finalmente, muchos y muy provechosos intercambios con los responsables de la conservación del patrimonio quiteño y con personas que tienen una memoria viva del centro histórico (viejos residentes o ex residentes) o la reputación de conocerlo, dan sentido, al mismo tiempo que una dimensión probablemente restrictiva y partidaria, pero vivida y necesaria, lo que encuestas más formales no pueden revelar.28
La delimitación del centro histórico de Quito
48Decir “Centro” es admitir que solo una parte de la ciudad está considerada. Añadir “histórico” es circunscribir este Centro a un espacio organizado según criterios cuya fecha se puede determinar fácilmente. Si en una ciudad se puede siempre delimitar un espacio que antaño se extendía en su totalidad, es más raro que la realidad material de este espacio se mantenga más o menos en el mismo estado. Quito sería la única capital hispanoamericana que se haya mantenido de manera bastante global en esta situación. Se ha escogido la ciudad que, teniendo por lo menos un siglo de existencia, es ahora el Centro de una capital de 1,5 millones de habitantes aproximadamente.29 Tiene características históricas que pueden datarse:
- la ciudad precolonial que los españoles ocuparon y en la que construyeron nuevos lugares de culto sobre los cimientos de los edificios más importantes de la ciudad inca, principalmente San Francisco sobre las bases del palacio del Inca -el procedimiento también se encuentra en el Cuzco, pero mucho más sistemáticamente. Este espacio del Quito incaico puede ser considerado de alguna manera como una parte del centro histórico, de la misma forma que la Isla de la Cité es el territorio inicial de Lutecia, y Lutecia es una parte del París histórico que incluye también un extenso barrio en la orilla izquierda del Sena. Pero en Quito encontramos, mutatis mutandis, la misma necesidad que en París de fechar y singularizar las etapas de crecimiento. Sin embargo, esta delimitación es demasiado restrictiva, porque no integra los suburbios en los que se establece desde muy temprano una población trabajadora que participa activa e íntimamente en la historia diaria del Quito de los siglos pasados. De estos suburbios hemos escogido los que están más evidentemente incorporados sin solución de continuidad.
49Como en el París de Felipe Augusto y del Renacimiento o el de Haussmann tenemos el Quito del “centro colonial” y desde el segundo siglo después de la Conquista, el de la ciudad y sus suburbios que se mantendrán en un espacio que apenas se extiende pero que se densifica considerablemente hasta la llegada de la época republicana, y que será el Quito del siglo xix. Para los quiteños, determinar el área que se puede llamar el centro histórico es objeto de discusiones sin fin, porque ¿dónde se detiene la historia? Considerando sobre todo que después de la guerra desastrosa con el Perú y la amputación territorial que resultó de la misma, la capital de la Real Audiencia de Quito se ha convertido en el símbolo más fuerte de la antigüedad de su identidad nacional.30
50Para nosotros, la diferenciación entre “centro histórico” y “centro” es primero semántica. El centro histórico procede de la dimensión patrimonial representativa de una historia. El perímetro involucrado constituye el Centro Histórico. Está limitado al sur por la 24 de Mayo (sobre el trazado de la quebrada Jerusalén rellenada en 1908), la entrada de San Diego (a la altura del convento) y los barrancos que confluyen hacia el Machángara; al oeste, por la avenida Occidental31; al este, por la avenida Pichincha y su prolongación, lo que incluye los barrios de San Marcos y de La Loma; y al norte por la calle Carchi y su prolongación ideal hasta la avenida Pichincha. En esta obra se calificará de Centro (con mayúscula) cuando se trate de su rol funcional, que es considerable para la ciudad moderna. De ese Centro, las manzanas próximas a la Plaza Grande y que corresponden más o menos al Quito de principios de la Conquista, es lo que se llamará el centro-Centro, cada vez. que sea necesario para la comprensión de la exposición.32 En su acepción corriente, es decir, según la manera habitual de hablar de los quiteños comunes, el centro (con minúscula) tiene límites mucho más difusos: comprende el pie del Panecillo, más allá de la 24 de Mayo, los barrios de San Sebastián y de La Recoleta, de San Blas y de La Tola, la parte baja de San Juan y la parte meridional de la parroquia de Santa Prisca, en el borde meridional del parque de La Alameda. En otros términos, se caracteriza el centro por la organización del espacio urbanizado en una época preindustrial, que fue tardía en Quito, y por un género y ritmos de vida fundados en los medios de desplazamiento, de producción, de consumo, de hábitat y de relaciones sociales preindustriales.
51Como la dimensión industrial de Quito no comenzó realmente a existir sino bajo el impulso del presidente García Moreno33 y más claramente después de él, con la llegada del ferrocarril en 1908, el modo de composición urbana del Quito preindustrial sigue siendo, hasta principios del siglo xx, el de las ciudades españolas de la Conquista: cuadrícula, solares, jerarquización funcional y política del espacio. El convento de los franciscanos, primeros urbanistas de la ciudad, ocupa en esta composición una posición preponderante y muy central, mientras que el establecimiento de las demás órdenes religiosas dinamiza en cada caso un barrio en particular: Santo Domingo, San Agustín, etc. Por razones históricas, solo los Jesuitas sufrieron contratiempos que no les permitieron estabilizarse por algún tiempo, y sólo a finales del siglo xvii esta estabilización se concretó en la iglesia barroca de La Compañía. La Plaza Grande está incluida en un espacio delimitado por los poderes instituidos: la catedral y enfrente el Arzobispado, que después cambió de lugar, el palacio de gobierno (actual palacio presidencial) y la sede del Cabildo de Quito (actual Municipalidad). Cada grupo de manzanas está “dominado” por un convento, una iglesia, un edificio religioso. Además, el espacio está dividido no en “sectores” (como actualmente) sino en “parroquias”34.
52En principio, este modo de composición sumamente regular no privilegia en el plano una manzana en relación a su vecina, y las calles aparecen también de la misma anchura. Solo la influencia de las propiedades urbanas conventuales se opone a esto. San Francisco (4 manzanas), La Compañía, Santo Domingo, San Agustín, La Merced lo muestran con toda evidencia.35 Sin embargo, la jerarquización del espacio urbano se da también, en forma menos reglamentada pero no obstante bien establecida, en la localización. Así, la distancia de cada manzana en relación al centro refleja inicialmente la inscripción en el espacio de la posición social de cada familia y de cada grupo, y Manuel Villavicencio, poco elocuente en estos asuntos, anota que “el plano de Quito tiene muchas desigualdades; las más de sus calles son rectas y divididas en cuadrados regulares; pero en los arrabales se pierde la dirección por lo quebrado del terreno.”36
53Esta distribución espacial está entonces fuertemente acentuada por el relieve, pero también por la localización de las fuentes, lo que es más específico del sitio. Así, San Diego se beneficia de la abundancia de las fuentes del Pichincha. Como contrapartida, hasta hace poco los poseedores de esta riqueza debían hacer aprovechar de la misma a la población circundante. Los indígenas y los mestizos tenían entonces sus barrios extramuros: en los suburbios (en francés faubourgs, cuyo etimología es hors les murs - extramuros); la gente del pueblo se encontraba relegada a los patios traseros o a las manzanas más alejadas. En este espacio cuadriculado y compartimentado por sus calles vive actualmente una población considerable: la de los residentes, aumentada durante el día por la de los obreros, empleados y otras personas que ejercen una actividad diurna en el Centro. Los ritmos de vida están profundamente afectados por ello. No es posible desplazarse rápidamente, sus usuarios prefieren andar a pie; los que lo cruzan utilizan los transportes colectivos: buses o trolebuses. Esta situación imprime su movimiento a este conjunto urbano, volviéndolo bastante inadecuado para los asuntos del sector económico moderno, lo que explica su desplazamiento hacia el norte, más favorable para los comercios de consumo corriente y para toda actividad informal, así como para el paseo turístico. En cambio, los residentes ven que su hábitat se deteriora progresivamente, ya que el interés especulativo de un barrio antiguo, protegido hasta el punto de no ser modificado en su estructura y su construcción, es muy bajo, lo que explica que se hagan pocas inversiones no públicas para su mantenimiento.
54Pero la presión demográfica provoca progresivamente una sobredensificación y altera las condiciones materiales de la vida urbana, ocasionando desde principios del siglo xx un deseo expresado de modernizar la ciudad. No es sino la certeza de tener más espacio vital a menor costo y la mejora de los medios de circulación (tranvía, automóviles) lo que hace escoger a los adinerados la menor densidad y el desplazamiento hacia el norte, alrededor, luego más allá del parque de La Alameda. Así se mantienen el centro de Quito en su composición y las construcciones en su espacio, y así también, al no desaparecer en una renovación, se vuelven históricos.
55La elaboración del plan de G. Jones Odriozola (1942-1945) y su posterior aceptación en 1946 llevan a la Municipalidad a reconsiderar el Quito moderno que se establece ya y que el “plan regulador” aprueba definitivamente, reglamentándolo y diseñando su futuro. Desde 1908, los barrios obreros habían acompañado la construcción de pequeñas zonas industriales al sur de El Panecillo. Paralelamente, los quiteños que disponían de cierta comodidad económica buscaban instalarse al norte; primero para pasar allí los fines de semana, después de una manera más permanente, conservando el ejercicio de sus actividades comerciales en el Centro.
56En 1924, una primera ciudad-jardín, la ciudadela Mariscal Sucre, llamada más sencillamente “La Mariscal”, es programada y construida más allá de los terrenos comunales del Ejido. Este movimiento crece en importancia hasta el punto de que aparecen en 1938, las primeras parcelaciones debidas a mutuales de construcción de viviendas populares, los bancos de viviendas. El Plan Regulador confirma, en 1946, este movimiento, lo organiza y lo acompaña, lo amplía proyectándolo al norte y al sur. La ciudad está ahora prevista para recibir 600 a 800 000 habitantes (Quito no tenía más que 200 000 en aquel momento). La realización del Plan comienza sobre la marcha.
57La época es favorable: fin de la Segunda Guerra Mundial, reconstrucción masiva de Europa, reactivación de los negocios, avances tecnológicos gigantescos en todos los campos: material, salud, telecomunicaciones, transporte, etc. Bajo la fuerte influencia de los Estados Unidos, cada vez más hegemónicos en América Latina, aparece una nueva forma de vida y al mismo tiempo una fractura social muy marcada entre los que poseen los medios financieros y los que no los tienen.
58El término de “Centro Histórico” hace su aparición: una manera de diferenciar claramente la ciudad que se construye de la ciudad antigua, pero también de consolidar una opción social que deja el pasado en el olvido. Efectivamente, en menos de una generación todos los que aspiran a un confort fundado en redes de infraestructuras muy eficientes, en más espacio vital y con el deseo de expresar otras formas de vida y de comportamiento, se desplazarán a los nuevos barrios que se construyen tanto al sur como al norte. Es el principio de la época actual, en la que el individuo se expresa desolidarizándose de una traba muy restrictiva en la que el vecindario, el grupo social y las creencias constituían los elementos permanentes y demasiado presentes.
59Los recién llegados en busca de trabajo y todos aquellos que se amontonan en casas insalubres, como las que denunciaba Hassaurek en 186037 y el diario El Comercio en 1908 mientras que F. Andrade Marín emprende el saneamiento de Quito, vienen a ocupar este Centro Histórico. Desde entonces se deteriora aún más; la segregación basada en los recursos disponibles de cada cual se acentúa porque otros lugares, contrariamente a la época anterior, no solo no están disponibles de acuerdo a los ingresos, sino que están planificados (Plan Regulador): los obreros en los barrios obreros, los empleados en los barrios para clases medias, los adinerados con los adinerados, los indigentes ahí donde nada se ha previsto, en el centro antiguo deteriorado, y los barrios periféricos construidos a menudo en forma ilegal.
60Una última observación metodológica antes de concluir este texto de introducción: se dará prioridad “al lugar, que es el objeto localizado en sí mismo”; sin embargo, no se olvidará “la geografía del espacio, que introduce la perspectiva”.38 Pero de todas formas, y de manera absolutamente deliberada, el lugar será constantemente el centro de nuestro objetivo, ya que son la calle39 y las gentes que se ajetrean en ellas el mejor indicador de la dimensión económica, cultural y social del centro histórico de Quito, principal objeto de la presente reflexión. Esta opción ha sido reafirmada por las circunstancias que nos han hecho trabajar con los arquitectos que laboran en la Dirección de Planificación de la Municipalidad y que han tenido a su cargo el manejo previsional del espacio urbanizado de la ciudad, así como con los implicados en la renovación del patrimonio quiteño, principalmente la de su Centro Histórico, lo que no puede hacerse sin un enfoque urbanístico, arquitectónico y sociológico al cual aportamos con nuestra visión de geógrafos y además de sociólogos. Esta elección se impone también por el tamaño y el dinamismo de esta modesta megalópolis andina. Su importancia (más de 40 km de sur a norte, una anchura oeste-este que varía entre 4 y 15 km en su nueva extensión urbanizada metropolitana) ya no permite una visión urbanística que sea al mismo tiempo global y minuciosa. Como para todas las megalópolis, su complejidad es lo bastante grande como para obligar a un enfoque sectorial: redes estudiadas por sí mismas, ordenamiento y funcionamiento de las infraestructuras públicas o de interés general, movimiento y actividades de los citadinos, etc. Sin omitir la compartimentación que los lugares de establecimiento multiplican y la segmentación social que de ello resulta, como se verá más adelante. No obstante, sabremos regresar cada vez que sea necesario a esta geografía del espacio que da su sentido a la existencia y a los ordenamientos miméticos aunque diferentes, sucesivos, paralelos o encajados unos en otros de los lugares considerados, ya que sin ello nuestra visión del funcionamiento de Quito correría el riesgo de no ser correctamente analizada ni manejada.
Notes de bas de page
1 En Ecuador se opone así la sierra a la costa, la montaña a la costa, por lo que conservaremos el término español y la mayúscula, Sierra/Costa.
2 J.D. Deler, Genèse de l'espace équatorien, IFEA, ed. A.D.P.F., París, 1981, 279 p. + varias láminas fuera de texto; cita p. 44.
3 Los páramos son llanuras altas (entre 3 600 y 4 600 metros) cubiertas de pastos secos que los indígenas llaman “paja”, lo que explica que también sean conocidos como pajonales. Se pueden encontrar en esa zona ericáceas arborescentes, varios tipos de inflorescencias con profundas raíces, etc. Por eso las calificamos, por analogía con los prados alpinos, de prados andinos, sin haber pedido permiso a los botánicos, ya que esta apelación es aquí meramente descriptiva y subjetiva.
4 Alvaro Dávila, Stabilité géomorphologique de la région de Quito, figura 4, en IGM, IPGH, ORSTOM, dirección científica: R. de Maximy; secretario científico: Henri Godard; dirección informática: Marc Souris, Atlas infográfico de Quito, 41 láminas. En el resto de la obra este atlas aparecerá bajo las iniciales AIQ.
5 Dionisio Alcedo y Herrera, plano de 1734, conservado en Sevilla, en el Archivo General de Indias.
6 En 1994 se encontró y se aplicó una solución (¿definitiva?): el drenaje del arroyo, cubierto por una vía de descongestionamiento que une a través de un túnel la avenida periférica occidental y el terminal terrestre; por encima del túnel corre la avenida 24 de Mayo, transformada en paseo.
7 Fredrich Hassaurek, op. cit., p. 134.
8 Cálculo hecho según las cifras del censo de 1990 y el AIQ, ver sobre todo Henri Godard, Janet Vega, La distribution de la population urbaine équatorienne et la croissance de la capitale, lám. 1.
9 Todas las láminas del AIQ que se refieren al hábitat, a la población, a las actividades, a la densidad, a la cohabitación, a los ingresos, etc. ponen en evidencia estos contrastes. La mayoría de dichas láminas han sido creadas y elaboradas, realizadas y comentadas por René de Maximy.
10 Friedrich Hassaurek, op.cit., 157.
11 Aunque ya no representa hoy sino la quincuagésima parte en superficie, si no se toma en cuenta su área metropolitana, la centésima parte si se cuenta también el espacio urbano del distrito, este centro alberga a la decimotercera parte de la población residente de la ciudad de Quito.
12 Reglamento Urbano, Ilustre Municipio de Quito, Dirección de la Planificación Urbana, Quito, 1991.
13 Cf. cuadro 1: Evolución de la población del área urbanizada de Quito (1760-1991).
14 H. Godard, el Plan Regulador G. Jones Odriozola y la estructuración actual del espacio urbano. AIQ lámina 39.
15 Godard H. (1987)- Crecimiento urbano y dinámica de los barrios: segregación funcional y residencial en: Geografía básica del Ecuador. El espacio urbano en el Ecuador. Red urbana, región y crecimiento, Quito, Centro Ecuatoriano de Investigaciones Geofísicas (CEDIG/ORSTOM), p. 201.
16 El país se abre más ampliamente que nunca, los medios de desplazamiento mejoran, la ciudad aspira a una mano de obra barata, la agricultura necesita menos trabajadores, etc. Este fenómeno, conocido, no es citado sino como recordatorio.
17 Cf. R. de Maximy, Densidades de población, en Atlas hifographique de Quito (AIQ), lámina 10.
18 En 1910 tuvo lugar un conflicto con el Perú a causa del arbitraje del Rey de España sobre el trazado de la frontera entre los dos países. Esta situación fue parcialmente solucionada por el Protocolo de Río en 1942, pero no fue sino hasta 1997 cuando la cuestión fue definitivamente zanjada.
19 Ver la bibliografía al final del volumen.
20 Ahí se abordan la historia y la arqueología (síntesis de las investigaciones históricas urbanas), las dimensiones culturales, sociales, económicas, patrimoniales (patrimonio y sociedad, patrimonio residencial), arquitectónicas y urbanísticas (panorámica de la arquitectura, la producción arquitectónico más significativa de Quito, transformaciones urbanas y arquitectónicas de Quito), políticas (rehabilitación y recuperación residencial por instituciones nacionales).
21 Son de particular interés: Rubén Boada Castro, Proceso de desarrollo urbano arquitectónico de Quito, en una visión histórica de su arquitectura, Quito, 1993, Serie Quito n° 8, p. 35-50; el conjunto de la obra Enfoques y estudios históricos. Quito a través de la historia, en particular Eduardo Kingman Garcés, Quito, vida social y modificaciones urbanas, que señala las modificaciones sociológicas y las transformaciones urbanísticas entre el último tercio del siglo xix y el principio del siglo xx; y finalmente Municipio de Quito, Dirección de Planificación. (1991), Quito, Guía Arquitectónica, Quito, Serie Quito n° 4, 238 p. que permite ubicar fácilmente las zonas monumentales centrales con la ayuda de planos de situación de un área estudiada, de su parcelario, con la localización de cada monumento inventariado. Este último, fotografiado, es objeto de una ficha analítica que da indicaciones útiles sobre la fecha en que fue edificado, pero también sobre su función pasada y actual.
22 Dirección de Planificación, Municipio de Quito, Consejería de Obras Públicas y Transporte, Junta de Andalucía (1990) - Centro histórico de Quito, problemática y perspectivas. Serie Quito n° 1, Quito, p. 9.
23 Para el AIQ, cf. nota 5. La Dirección de Planificación del distrito Metropolitano de Quito (DMQ), principal interesada en los resultados de ese trabajo, no participó en ellos sino de manera muy limitada por las razones expuestas en la introducción del AIQ. Actualmente es la única beneficiaria, con el IRD, a cuyos investigadores acoge. La Dirección de Planificación, por intermedio del SUIM, administra, actualiza y alimenta esta BDU salida del AIQ.
24 Cf. R. de Maximy, K. Peyronnie, Gente de Quito, Abya Yala - CEDIME-IRD editores, Quito, 2000.
25 Guía comercial, agrícola e industrial de la República, editada en Guayaquil en 1909 por la Compañía “Guía del Ecuador”: 1 328 páginas, de las cuales de la 1 198 a la 1 258 se trata de Quito y de la provincia del Pichincha.
26 Planos urbanos de 1888, 1921, 1946, 1956, 1971, 1983, 1987 y 1991.
27 De los años 1946, 1967, 1973.
28 Para los aspectos metodológicos de estos trabajos, referirse a la tesis de K. Peyronnie, Universidad Jussieu-Paris VII.
29 Hay que entender bien esta última frase que no es ambigua pero que necesita atención. Significa que el objeto de nuestro estudio es la parte del centro actual de Quito que ya existía hace un siglo y más, con exclusión de los suburbios claramente separados de entonces que, sin embargo, tendremos en cuenta, como el resto de Quito, en la medida en que su consideración sea útil para nuestra reflexión
30 El mapa (que incluye en el Ecuador la cuenca alta del Marañón y una parte de su curso claramente designado con el nombre de Amazonas) publicado en 1909 al final del volumen de la Guía comercial, agrícola e industrial de la República, es un elocuente testimonio de lo que debería ser el Ecuador según los nacionalistas ecuatorianos. Esta reivindicación solo se abandona en 1996. Los jóvenes ya no la comprenden. Además, hablar de identidad nacional no tiene que ver sólo con la identidad ecuatoriana, sino también con la identidad india. Sin embargo, aún cuando los indios saben que Quito fue la capital del Inca, éste era también un conquistador, es decir, un invasor y dudamos que el centro histórico de Quito sea para ellos el símbolo que podría creerse.
31 Perimetral, vía rápida de evitamiento que permite pasar el cuello de botella de circulación del Centro por una autopista cuyo trazado consta de túneles y de terraplenes en esta parte de la ciudad.
32 Los urbanistas y con ellos la Municipalidad y una parte de la población muy citadina emplean igualmente el término de Centro para designar otras entidades urbanas: centro de los negocios, centro administrativo, centro comercial, etc. Cada vez que se trate de estos espacios específicos se les llamará de la misma manera.
33 Gabriel García Moreno fue Presidente del Ecuador en dos ocasiones: de mayo de 1859 al 10 de agosto de 1865. Su comportamiento ante sus opositores fue entonces tan arbitrario, sanguinario y odioso que F. Hassaurek (op.cit., pp. 239 y siguientes) lo denuncia con indignación, hablando de una “política: triste y despreciable”; al mismo tiempo escribe que “A pesar de su impulsividad y temperamento violento y arbitrario, el Presidente es un hombre de gran espíritu público y de extraordinaria energía. (...) Pese a su poca popularidad, él es el único hombre en el país que puede mantener la tranquilidad y el orden”. Regresó al poder del 16 de enero de 1869 al 5 de agosto de 1875.
34 Esta división sigue usándose en la lengua corriente para un sector del centro: San Sebastián, San Blas, Santa Prisca, y se encuentra también en el mapa a pequeña escala que acompaña, en el mismo documento, el plano de Quito publicado por el IGM en 1990.
35 Cf. Plano de Quito, 1990, y AIQ, lámina 44.
36 Manuel Villavicencio, Geografía de la República del Ecuador, Quito 1984, p.284; y también AIQ, Los modos de composición urbana.
37 Op.cit., capítulos VII y VIII, p. 132-166.
38 Expresión empleada por Christian Grataloup en la sustentación de tesis de Karine Peyronnie, a quien le manifestaba que lamentaba la elección simpática pero restrictiva de los lugares únicamente en detrimento de una “verdadera geografía del espacio”.
39 René de Maximy: La calle, lugar de poder y poderes de los lugares, en Lieux de pouvoir et pouvoirs du lieu dans les Amériques, 3 volúmenes, 590 páginas; artículo páginas 91 a 96 del volumen 3. GRAL/CNRS/Univ. Toulouse-Le Mirail, 1994. Este texto está retomado y aumentado en René de Maximy, Le commun des lieux, ediciones Mardaga, en coedición con el IRD, Liège (Bélgica), marzo, 2000.
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2008
Indigenismo y nación
Los retos a la representación de la subalternidad aymara y quechua en el Boletín Titikaka (1926-1930)
Ulises Juan Zevallos Aguilar
2002
Los Andes y el reto del espacio mundo
Homenaje a Olivier Dollfus
Jean-Paul Deler et Évelyne Mesclier (éd.)
2004
Memorias en conflicto
Aspectos de la violencia política contemporánea
Raynald Belay, Jorge Bracamonte, Carlos Iván Degregori et al. (éd.)
2004
De los Andes hasta Pará
Ecuador - Perú - Amazonas
Marcel Monnier Edgardo Rivera Martínez (trad.)
2005
Del trono a la guillotina
El impacto de la Revolución Francesa en el Perú (1789-1808)
Claudia Rosas Lauro
2006
Ladrones de sombra
El universo religioso de los pastores del Ausangate (Andes surperuanos)
Xavier Ricard Lanata
2007
