Introducción
p. 25-29
Note de l’auteur
Note portant sur l’auteur1
Texte intégral
1Las/os organizadoras/es de este evento han previsto que cada tema se trate desde una perspectiva de largo plazo, señalando posibles salidas a la crisis; esa será la orientación común de las ponencias de esta mañana. Estas breves palabras iniciales aluden, en cambio, a la coyuntura inmediata, dado que acontecimientos recientes de la economía y la política económica, en especial el esquema de dolarización, han provocado inquietudes e interrogantes estrechamente vinculados al tema del panel: La globalización y la modernización actual: requerimientos y limitaciones económico-sociales.
2Nos preguntamos entonces: ¿está el país más globalizado a raíz de la dolarización? Si se toma la globalización desde su dimensión predominante, es decir, la financiera, podría decirse que sí. En un plano “pragmático”, hasta sería posible admitir que es una medida a la que se llegaría tarde o temprano, pues está inscrita en la agenda de la economía mundializada como un paso necesario, y ya se viene discutiendo su aplicación en países como Brasil, donde se ha anticipado que la fórmula recesión + desempleo + crisis inflacionaria presionará a una aceptación social de la medida. A nombre de la estabilidad de precios la dolarización se torna viable a los ojos de la gente. También se podría considerar que si estamos ante una inminente realidad de gobierno mundial y ciudadanía global resulta lógico el tránsito hacia una moneda mundial.
3Pero bien sabemos que la globalización no es un proceso espontáneo, sino una estrategia con actores e intereses específicos, con ganadores y perdedores previstos. No puede ser asumida como un hecho irreversible, inalterable, como una vía única e ineludible. Las corrientes críticas han subrayado sus perversos efectos de exclusión económica y social, y se hallan empeñadas en rescatar y elaborar alternativas. La magnitud de tales efectos negativos ha llevado a entidades como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo -PNUD- a reconocer la necesidad de impulsar una “mundialización con rostro humano”, término que ahora parece reemplazar al paradójico “ajuste con rostro humano”.
4Así, el ya histórico “salto al vacío” de la dolarización ha precipitado un proceso. Es una opción que no sólo metafóricamente deja atrás el pasado, pues al parecer cancela -cuando menos de momento- caminos o proyectos gestados a lo largo de nuestra historia reciente. Es también una opción que confirma un alineamiento en la corriente de globalización financiera. El contexto de este hecho -entre cuyos antecedentes está el congelamiento de depósitos y el salvataje bancario- ha transparentado hasta qué punto se intersectan o mezclan política y economía; cómo, en un momento dado, la “técnica” sale sobrando, y cómo hay actores concretos que inducen hechos económicos en su beneficio.
5Pero, aunque ahora conozcamos a esos protagonistas con nombre y apellido, la incidencia y control sobre sus acciones se diluye. Precisamente uno de los rasgos reconocidos de la actual globalización es que acentúa las distancias entre la población y la toma de decisiones; éstas se remiten cada vez más a funcionamientos y espacios transnacionales, con poderes deslocalizados y anónimos, hacia los que nos hemos vuelto más dependientes con dicha medida.
6Preguntamos también: ¿el país será más moderno a partir de la dolarización? Caben enormes dudas, cuando sus promotores señalan que en el marco de ese esquema monetario nuestro camino es aprovechar ventajas comparativas tradicionales1 y las “enormes riquezas naturales” del país. Tesis más que retrógrada, en una economía mundial que está modificando sus reglas del juego por los impactos decisivos de la tecnología, especialmente la informática, y cuando la economía ambiental ha situado nociones distintas de las riquezas naturales y sus costos, reñidas con la explotación depredadora de recursos.
7¿Qué consecuencias tendrá la dolarización en nuestro desenvolvimiento económico, en nuestra vida cotidiana? Creemos que la adopción del dólar como moneda conlleva implicaciones múltiples para sectores y actores, en un país marcado no sólo por la diversidad sino también por la desigualdad. Así mismo, involucra aspectos no sólo de orden económico, sino también social y cultural; se relaciona con temas de justicia y derechos económicos.
8Tal es el caso de las mujeres. En los últimos años su condición de actoras económicas se visualiza mejor, por un efecto combinado de avances analíticos y políticos, e impactos de la reestructuración económica. Los balances mundiales sobre las consecuencias de la globalización y el ajuste muestran resultados de empobrecimiento femenino, precarización laboral, intensificación del trabajo y retrocesos en la calidad de vida de la mujer. Como contraparte o respuesta, a nivel igualmente global, se han acordado compromisos -como los de la Plataforma de Acción de Beijing- para actuar sobre estos problemas, reconociendo y promoviendo derechos y acceso a recursos para las mujeres, y teniendo en cuenta los impactos de género de las políticas macroeconómicas. Todo esto, en los hechos, ha quedado sólo en el papel.
9Dichos efectos se muestran como un rasgo estructural del modelo económico, que se remite a un asunto también estructural en la condición femenina y las relaciones de género, esto es la asignación a las mujeres del trabajo reproductivo, visto como hecho natural o afectivo, carente de valoración económica. De ahí las críticas feministas a las visiones económicas que omiten todo un ámbito de producción de bienes y servicios, es decir, la economía de la reproducción o del cuidado, y al hacerlo ocultan -entre otras cosas- un verdadero subsidio de este sector hacia el mercado. Al considerarse la esfera doméstica como integrante de la economía, se ha podido comprobar que hay una transferencia de recursos desde el ámbito reproductivo hacia el productivo, con lo cual los indicadores de rendimiento y eficiencia resultan beneficiados.
10Si miramos la dolarización como un episodio nacional que intensifica o acelera el proceso de globalización de corte neoliberal y el ajuste, podemos afirmar que, en términos generales, tiende a acentuar los efectos adversos para las mujeres. La información disponible en el país indica que, en los últimos años, la pobreza ha aumentado, la brecha de ingresos es desfavorable para las mujeres en un 29%, el desempleo femenino duplica al masculino, y se registran retrocesos en atención de salud reproductiva. El impacto inflacionario y recesivo de la dolarización ahondará estas condiciones. Como lo han mostrado varios estudios de caso, la crisis presiona la variable tiempo de las mujeres, disminuyendo su disponibilidad para participar en proyectos asociativos, sea de generación de ingresos o de gestión de otros recursos, con lo que se limitan sus oportunidades de mejoramiento de calidad de vida y de crecimiento personal.
11El funcionamiento de nuestro mercado está muy lejos de ser transparente. Entre sus muchas distorsiones se cuenta una formación de precios que omite o subvalora sistemáticamente los costos del trabajo femenino -ahí está uno de los pilares de su competitividad-. Eso se ha constatado tanto en actividades por cuenta propia como en proyectos asociativos. Por ejemplo, al fijarse el precio de venta de animales menores, criados por mujeres, no se tiene en cuenta, en absoluto, el tiempo de trabajo destinado a esa actividad. Un ejercicio de recálculo, efectuado en un proyecto coordinado por el PPM del CEDIME en una zona rural de Tungurahua, mostró que al contabilizar el trabajo el precio se duplica, y se ve así amenazada la competitividad del producto. Otra expresión del fenómeno es que, en el mercado laboral, el primer lugar en las categorías de ocupación femeninas corresponde a “familiar sin remuneración” (29.3%).
12El mencionado tema de los precios es una faceta del rol de trabajar gratis, construido para las mujeres a nombre de los afectos, desvalorizando su trabajo, y que se proyecta también a una particular relación con el dinero. Como nos recuerda Clara Coria2, en nuestras sociedades el dinero está sexuado, se adscribe al varón, es un indicador de identidad masculina y potencia sexual. Como contraparte, en la relación de las mujeres con el dinero subyacen sentimientos de vergüenza, culpa, pudor e inseguridad. Estos afloran al pactar y cobrar sueldos, honorarios, precios, al negociar sobre los recursos conyugales, al hablar abiertamente de dinero. En el uso del dinero femenino prima una lógica de gasto corriente, de dinero chico, que se destina a esa infinidad de gastos del día a día, que se escurre, que no se ve, dejando poco margen al ahorro y la acumulación.
13A esto hay que añadir que las mujeres tenemos menos acceso al dinero; nos cuesta más esfuerzo y tiempo obtenerlo. Como se señaló, la brecha de ingresos desfavorable respecto de los varones es, en promedio, del orden del 29%. En otros casos, la mujer no recibe ninguna retribución de este tipo, como ocurre con los quehaceres domésticos, cuyo valor anual representa como mínimo el 28% del PIB. Hay un predominio de mujeres en actividades de subsistencia u orientadas al mercado local, a un intercambio de pequeña escala en el que nunca circularon dólares y cuyos precios tienen cifras equivalentes a sólo unos centavos de esa moneda.
14La dolarización redunda también en un mayor debilitamiento del Estado, en el recorte de sus competencias para orientar y regular la economía, y para redistribuir la riqueza. Como lo han evidenciado distintas experiencias a lo largo de nuestra historia, el Estado -aunque no sin conflictos y contradicciones- ha actuado como promotor de derechos de las mujeres y de la equidad. En años recientes se ha comprobado cuan indispensables son los mecanismos de acción positiva y otras políticas públicas, para superar la subordinación femenina.
15Contrariamente a lo que se impulsa en el momento, es necesario fortalecer el Estado en sus funciones de control, regulación, protección del patrimonio nacional, redistribución, de garante de condiciones de vida básicas y de derechos. No puede haber un futuro distinto para las mujeres si no se resuelven a escala nacional problemas tales como el cuidado infantil (entre el 76% y 99 % de niños están sin cobertura de guarderías) o la educación. En el último año, revirtiendo una tendencia sostenida, se produjo una caída de la matrícula en el nivel primario.
16Colocadas/os como quedamos, al borde del abismo, se dice que todos/as debemos sacrificarnos para salir adelante. Esto significa producir menos, consumir menos, tener menos empleo y trabajar menos. Esto último no en el caso de la mayoría de mujeres, sobre cuyo trabajo subpagado o no pagado descansa en mucho la sobrevivencia de la población y, por esa vía, también la supuesta eficiencia económica del modelo prevaleciente.
17Quizá lo positivo de este momento radica en que se ha debilitado el mito de lo económico como técnico, y que se hacen presentes actores económicos que no eran admitidos como tales: los indígenas, las mujeres. Por eso, también, el desafío es que nuestros análisis y propuestas sobre medidas y modelos posibles o deseables tengan en cuenta a estos actores.
Notes de bas de page
Notes de fin
1 Consejo Nacional de Universidades y Escuelas Politécnicas, CONUEP.
Auteur
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