• Contenu principal
  • Menu
OpenEdition Books
  • Accueil
  • Catalogue de 16607 livres
  • Éditeurs
  • Auteurs
  • Facebook
  • X
  • Partager
    • Facebook

    • X

    • Accueil
    • Catalogue de 16607 livres
    • Éditeurs
    • Auteurs
  • Ressources numériques en sciences humaines et sociales

    • OpenEdition
  • Nos plateformes

    • OpenEdition Books
    • OpenEdition Journals
    • Hypothèses
    • Calenda
  • Bibliothèques

    • OpenEdition Freemium
  • Suivez-nous

  • Lettre d’information
OpenEdition Search

Redirection vers OpenEdition Search.

À quel endroit ?
  • Institut français d’études andines
  • ›
  • Travaux de l'IFEA
  • ›
  • Quito y la crisis de la alcabala (1580-1...
  • ›
  • Capítulo primero. Las reformas fiscales ...
  • Institut français d’études andines
  • Institut français d’études andines
    Institut français d’études andines
    Informations sur la couverture
    Table des matières
    Liens vers le livre
    Informations sur la couverture
    Table des matières
    Formats de lecture

    Plan

    Plan détaillé Texte intégral REVISIÓN Y AGRAVACIÓN DE LA FISCALIDAD AMERICANA EL VIRREY DEL PERÚ FRENTE A LA REFORMA: VACILACIONES Y REALISMO PRIMERAS REACCIONES PERUANAS A LA ALCABALA LA ALCABALA EN EL ALTO PERÚ Notes de bas de page

    Quito y la crisis de la alcabala (1580-1600)

    Ce livre est recensé par

    Précédent Suivant
    Table des matières

    Capítulo primero. Las reformas fiscales de 1591

    p. 11-30

    Texte intégral REVISIÓN Y AGRAVACIÓN DE LA FISCALIDAD AMERICANA EL VIRREY DEL PERÚ FRENTE A LA REFORMA: VACILACIONES Y REALISMO PRIMERAS REACCIONES PERUANAS A LA ALCABALA LA ALCABALA EN EL ALTO PERÚ Notes de bas de page

    Texte intégral

    1A finales de los años de 1580. prácticamente un siglo después del Descubrimiento, la situación general de España cuando terminaba del reinado de Felipe II era de las más difíciles. Ya en dos ocasiones, en 1557 y más recientemente en 1575. la Corona se había visto en la obligación de recurrir a la bancarrota. Sin embargo, las exigencias y urgencias de la política exterior habían acrecentado constantemente el abismo financiero creado por una serie de guerras largas y costosas, en las cuales, lejos de sus bases, sobre todo en la Europa del Norte. España despilfarraba desde hacía décadas el dinero que llegaba de América y los impuestos de la Península

    2La rebelión de los Países Bajos (1565-1570) y la Unión de Utrecht. diez años más tarde, que habían congregado a los protestantes contra los católicos que apoyaban al monarca español, la anexión disfrazada de Portugal en 1580 y luego, ocho años después, sobre todo, el increíble e inmenso desastre de la Armada Invencible en las costas de Irlanda, habían contribuído, cada uno a su manera, a la ruina gradual del Estado. De otro lado, los arribos de metales preciosos procedentes de América, que hasta entonces habían permitido hacer frente a las necesidades más urgentes, se convertían cada año más en blanco poco más que indefenso del enemigo inglés, cuya potencia marítima se iba afirmando de manera inquietante ya lejos de las costas europeas.

    3Dentro del país, las cosas iban apenas mejor. El desarrollo económico de la meseta central, sobre todo de Castilla la Vieja, que había favorecido la consolidación de la Corona a finales del siglo xv. ya no era para entonces sino un recuerdo lejano. El espectro de la escasez se cernía encima de la propia Península de manera cíclica desde 1521-1522. Las epidemias azotaban un país anémico cuyas fuerzas vivas comenzaban a sufrir el contragolpe de la migración engendrada por la Conquista y. después, por la colonización de los nuevos reinos americanos Todos los esfuerzos por reactivar la producción y los intercambios habían culminado en fracasos: la agricultura estancada, la ganadería en retroceso y. por consiguiente, el encarecimiento de los artículos de consumo y la baja de las exportaciones especialmente laneras. El eje mercantil Amberes-Medina del Campo no lograba recobrar su esplendor de antaño, en particular a causa de la situación en los Países Bajos, y su decadencia se hacía sentir sobre las etapas comerciales hacia el Norte. Bilbao. Santander. Burgos Esta última, antigua plaza fuerte de la potencia castellana, duramente golpeada por la crisis financiera de finales de los años 70. se hundía inexorablemente y todas las medidas encaminadas a sacarla de su letargo se habían revelado vanas.

    4Con el Estado debilitado, el descontento aumentaba frente a la subida constante de los precios, y el marasmo general rebasaba el mero cuadro de la economía, como lo prueban, por ejemplo, los problemas y desórdenes que conoció la capital aragonesa. Zaragoza, en 1590 y 1591.

    5Para hacer frente a la situación, el Estado tuvo que acudir al más fácil y habitual de los recursos en tales casos: el endurecimiento de la presión fiscal. En 1590. las Cortes autorizaron a la Corona a recaudar por primera vez un servicio de millones (ocho millones de ducados en seis años), impuesto particularmente gravoso para las capas laboriosas porque pesaba sobre los artículos corrientes de consumo, como la carne y el aceite, pero también sobre los productos de exportación, como el vino.

    6Además, aquello no fue sino un elemento dentro de un conjunto de medidas (arbitrios) mucho más vasto y diversificado. Ya desde algún tiempo atrás, la Corona planeaba la puesta en venta de ciertos cargos, y de tierras sin cultivar pertenecientes a los municipios (baldíos y propios). Estudiaba también la posibilidad de obligar a los extranjeros, muy numerosos en ciertas regiones, las más activas, y en varios ramos de actividad tan esenciales como el comercio y las finanzas, a regularizar su situación, evidentemente mediante el pago de una cantidad de dinero La Corona, en fin. estaba resuelta a arrendar las rentas de las órdenes militares y a crear otros impuestos, por ejemplo sobre las exportaciones, la famosa blanca al millar

    7La política europea y la coyuntura económica de España, sin embargo, no lo explican todo. De hecho, el conjunto de medidas fiscales tomadas hacia finales de los años de 1580 o a inicios de la década siguiente, y destinadas a América, se inscribió dentro de una perspectiva ante la cual los españoles del Nuevo Mundo iban a ser muy sensibles. Dada la evidente voluntad de poner término a las excepciones o regímenes especiales de que gozaban los reinos americanos, de hacerles participar en lo sucesivo en el esfuerzo nacional, dicho de otra forma, de sujetarlos a la ley común mediante una ineludible y más fuerte intervención del aparato administrativo colonial, aquellas medidas venían a coronar de hecho el largo proceso encaminado a retomar el control del imperio colonial, que el Estado había iniciado, no sin dificultades, cuatro décadas antes

    8Las Leyes Nuevas de 1542 y la tormenta que habían levantado, la represión de las sucesivas revueltas que los Andes habían conocido en lo sucesivo, la controvertida racionalización y reglamentación del trabajo indígena a iniciativa del virrey D Francisco de Toledo, la insidiosa suplantación de la aristocracia nacida de la Conquista por nuevas generaciones de juristas y comerciantes cuyas fortunas habían crecido a la sombra y al amparo de funcionarios coloniales, habían sido otras tantas etapas de esa puesta en orden experimentada por el virreinato del Perú, y también por América en general, puesto que. a veces bajo otras formas, todo el continente vivió una evolución de esc tipo

    REVISIÓN Y AGRAVACIÓN DE LA FISCALIDAD AMERICANA

    9En el contexto español de la época, era inevitable que la presión fiscal se ejerciera también sobre los reinos americanos, de donde provenía ya en gran parte el nervio de la guerra. En 1590. y concretamente el primero de noviembre. Felipe II firmó en su palacio de El Pardo una serie de cédulas destinadas a extender el esfuerzo nacional a las Indias Occidentales que hasta entonces, según el monarca, habían sido eximidas (las cuales siempre he procurado relevar de la contribución de semejantes gastos).

    10Varios de esos textos perseguían un provecho financiero derivado de la puesta en orden de diversos sectores de la sociedad colonial. Otros, no eran sino meros arbitrios, pero todos los componentes del mundo colonial se verían involucrados

    11En la primera categoría, hay que citar tres cédulas de la mayor importancia, destinadas a regularizar la propiedad de la tierra. En efecto, en razón del vacío jurídico, de la improvisación que a menudo caracterizó la instalación de los españoles en América, la mayoría de los propietarios carecían allí de títulos legales en buena y debida forma. En adelante, entonces, todo dueño en tal situación -excepto, sin embargo, las comunidades indígenas- estaría obligado a regularizar su situación mediante el pago a la Corona de una cantidad (composición), cuya recaudación y monto fueron dejados a consideración de los virreyes y sus consejeros1.

    12Dos de las cédulas concernían a los numerosos extranjeros que se habían establecido en las Indias sin autorización (licencia) pese a las insistentes prohibiciones. Disponían de cuatro meses para dejar el país, a no ser que pagaran una composición. Sólo fueron dispensados aquellos que. luego de su llegada a los reinos españoles del Nuevo Mundo, habían obtenido de alguna manera la naturalización (carta de naturaleza) y los hijos de extranjeros nacidos en tierras americanas.

    13En lo tocante a los recursos nuevos, la lista era larga. Los mestizos, ya golpeados por medidas discriminatorias en razón de su origen racial y por el hecho de que los más habían nacido fuera de matrimonio, podían ser habilitados y legitimados mediante el pago de una suma adecuada, que les podría abrir puertas que. hasta entonces, habían permanecido cerradas para ellos. Otra cédula preveía que. en las municipalidades, ciertos cargos u oficios, como los de regidor, escribano, alférez mayor, receptor y alguacil mayor fueran puestos en venta, a un precio establecido previamente o al mejor postor2.

    14En el campo más específicamente fiscal, otro tren de medidas tocaba al conjunto de la población. Los indígenas habían sido hasta entonces eximidos del quinto, esto es. de la percepción a favor del rey de la quinta parte -de allí su nombre- de los tesoros descubiertos y de los metales extraídos de las minas En adelante, este impuesto recaería también sobre ellos. Las salinas, a excepción de aquellas que pertenecían a los indígenas, pasarían al dominio real. Los viejos impuestos del almojarifazgo y de la avería fueron también reorganizados y. evidentemente, aumentados.

    15Los pasados acuerdos entre Pizarro y la Corona habían eximido del almojarifazgo al Perú por un período de seis años. No obstante, desde 1568 dicho impuesto pesaba sobre los intercambios, con tasas por lo demás variables según los productos, las regiones, y si se trataba de importaciones o exportaciones3. En adelante, al llegar a Lima, las mercancías procedentes de España tendrían que pagar el 5 % del incremento de su precio respecto de lo que valían en los puertos del istmo de Panamá Si eran reexportadas a Guayaquil. Trujillo. Arica o Arequipa, el nuevo impuesto sería gravado de la misma manera. Los productos peruanos destinados a Panamá. Chile. Nueva España, o incluso a otro puerto del mismo país, pagarían derechos que alcanzaban el 2.5 % del valor total, a la salida, y el 5 % a su arribo. Por toda mercancía que regresaba al punto de embarque inicial, había que satisfacer la totalidad de los derechos si había sido objeto de una transacción, y únicamente el 5 % de su aumento de precio si no había cambiado de manos Ciertamente, todos los artículos locales estarían involucrados, pero en el Perú, el azúcar y sobre todo el vino, que estaban en vía de hacer la fortuna de los oasis de la Costa, iban a ser los más directamente afectados, mientras que. de una manera general, los granos y las harinas quedaban exentos a condición de no salir del país.

    16La avería de la Armada, pagada a partir de 1582. para ayudar, como su nombre lo indica, a financiar y mantener las flotas de galeones, consistía en un impuesto de un medio por ciento sobre el dinero exportado desde América Haciendo uso de su autoridad, por un acuerdo de hacienda del 7 de abril de 1587. el virrey Martín Enríquez. conde del Villar, ya lo había duplicado hasta colocarlo en un 1 %, aumento que la Corona, ignorando aparentemente tal decisión, encomendaría a su sucesor. D. García Hurtado de Mendoza, con el fin de hacerla también extensiva a los productos que llegaban al Perú. Para que este nuevo arbitrio, anticipado en gran parte ya por su predecesor, significara de todas maneras un incremento de ingresos fiscales conforme a las esperanzas del rey. el 8 de septiembre de 1591. D García Hurtado de Mendoza decidió extenderlo a las mercancías procedentes de China, vía Filipinas y México, a las que llegaban de Panamá, así también como al dinero destinado a las ciudades del istmo de Panamá. Todo ello suscitó, como se puede imaginar, una viva reacción del gremio de mercaderes, así como prolongados y difíciles debates con éstos4

    17Sin embargo, la gran novedad residía en otro punto. Felipe II había decidido extender al virreinato del Perú la célebre alcabala en la que descansaba buena parte del sistema fiscal español. En la Metrópoli, sólo escapaban de ella los miembros del clero regular y secular, las órdenes militares sobre los productos de sus propiedades y los hospitales Consistía en un impuesto del 10 % sobre todas las transacciones, salvo aquellas que concernían a algunos productos particulares, como medicinas, libros y alimentos de primera necesidad, como el pan.

    18La alcabala había sido introducida en Nueva España desde 1574. es decir quince años atrás, pero el Perú había sido dispensado de ella en las Capitulaciones acordadas tiempo atrás entre el conquistador Francisco Pizarro y la Corona, en las cuales esta última dispuso una exención por diez años Al expirar el plazo, el rey intervino en repetidas ocasiones ante las autoridades limeñas, el presidente de la Audiencia La Gasca o el virrey D. Antonio de Mendoza, para exigir la introducción del Perú en el derecho común. Así mismo, la Junta Magna de 1568 se había preocupado del asunto y. poco después. D Francisco de Toledo recibió órdenes también en ese sentido Sin embargo, en cada ocasión, los virreyes habían alegado la inestabilidad del país, mal repuesto todavía de las secuelas de las guerras civiles, las dificultades económicas del momento, y hasta los riesgos de desestabilización que la implantación de la alcabala no dejaría de acarrear en regiones siempre tan prontas a encenderse, como lo habían demostrado de manera sangrienta más de una vez en el pasado

    19Sea como fuere, y sin tantear esta vez previamente el terreno ante sus representantes a los que debió de imaginar opuestos a la innovación como sus predecesores, la Corona decidió finalmente imponer la alcabala en el Perú, pero reducida al 2 %. y habiendo de entrar en vigor a partir del primero de enero de 1592. Los indígenas no serían sometidos a ella, tampoco los conventos. las iglesias y los sacerdotes sobre sus bienes, pero no sobre los productos con los que negociaban Igualmente quedaban libres de la alcabala los granos, los alimentos vendidos al menudeo, el pan. los caballos, los libros, los bienes dados en dote, el dinero y el cobre en barras, el material necesario para la fabricación de armas, de moneda, los halcones5

    20Para justificar y argumentar su decisión, el rey. tal como lo hizo con las otras medidas que se citaron antes, insistió de entrada en los grandes peligros que provocaban los corsarios:

    "... particularmente en la carrera de las Indias, no sólo robando lo que se lleva y trae de ellas con navios y personas, pero infestando algunas partes dellas, saqueando las ciudades y quemando los pueblos..."

    21Acto seguido, el monarca subrayaba, en cuanto a las consecuencias, las sumas enormes y los numerosos sacrificios que causaba a España la incesante defensa de los remos americanos:

    "Como quiera que de mi parle he hecho el esfuerzo possible para tener segura la mar, como mi hazienda está tan empeñada y consumida con los grandes gastos que he hecho los años passados y éste, sustentando exércitos y atinadas tan gruessas y las occasiones presentes sean tantas y tan precisas y tan forzoso acudir a ellas...".

    22Finalmente, evocando la riqueza del continente y. por una deducción simplista, la de los españoles de América, el soberano destacaba que hasta allí había dejado de cobrar impuestos que naturalmente le correspondían, clara alusión a la alcabala. Hacía entonces un llamado a sus súbditos americanos para que. en adelante, el esfuerzo financiero fuera justamente compartido entre los diferentes reinos y terminaba precisando las modalidades de aplicación de la futura alcabala peruana.

    23¿Evaluó realmente la Corona el impacto y las consecuencias de aquel conjunto de medidas, algunas de las cuales, como se ha visto, no dejarían de afectar de manera muy directa a la población? Se puede dudarlo, si se considera que el 6 de marzo de 1589. el rey había exigido ya a los reinos americanos un excepcional donativo destinado a cubrir los gastos de la desafortunada Armada Invencible y de otras guerras contra el enemigo luterano. En algún momento, las autoridades limeñas habían pensado postergar la ejecución de la medida pues el país se estaba restableciendo con dificultad de una nueva y terrible epidemia No obstante, dada la magnitud y la urgencia de las necesidades financieras de la Corona, la administración resolvió ponerse en campaña A pesar de la coyuntura entonces tan desfavorable, los súbditos peruanos contribuyeron oficialmente de manera "voluntaria" por más de un millón y medio de ducados, aunque en la práctica fue por mucho menos. En efecto, se verificó rápidamente que las cifras generosas y sobre todo optimistas de las oficinas limeñas estaban equivocadas, sin contar con las promesas de contribuciones no cumplidas, en particular por decesos o reveses de fortuna, de no pocos donadores importantes6.

    EL VIRREY DEL PERÚ FRENTE A LA REFORMA: VACILACIONES Y REALISMO

    24En dos largos memoriales del 27 de mayo de 1592 y del 20 de enero de 1593 consagrados a los arbitrios de real hacienda y destinados a mantener a la Corona informada de las reacciones que aquéllos habían suscitado, así como de las formas de su aplicación y de las modificaciones que oportunamente se habían revelado necesarias, el virrey en funciones. D. García Hurtado de Mendoza, dibujó un panorama completo y matizado del nuevo panorama fiscal7

    25El quinto real que. en adelante, tendrían que pagar los indígenas provocó una violenta reacción de las órdenes religiosas a nombre de la defensa de sus feligreses. Se decidió, sin embargo, su pago por aquel año. como precisó D García, lo que permitía prever su probable abandono en un futuro próximo. La decisión relativa a las salinas que. a decir verdad, no era del todo novedosa, le pareció excesiva y -aunque no se atrevió a confesado-desacertada porque era casi imposible de aplicar. El virrey sugería reemplazarla más bien por un impuesto sobre la venta de la sal comercializada al por menor. De todas maneras. D García Hurtado de Mendoza estaba de acuerdo con la Audiencia de Lima: no había que esperar de esto ingresos demasiado importantes (es de mucho más ruido que importancia). En un país donde las salinas eran tan numerosas, resultaba difícil tanto controlarlas como exigir a los particulares el comprar la sal en lugares previstos para el efecto y donde se pudiera cobrarles los derechos Como lo advirtió más tarde López de Caravantes. la cédula sobre la sal de hecho iba a quedar en letra muerta8.

    26La regulanzación de la residencia de los extranjeros suponía igualmente un asunto complejo. Ciertamente, había portugueses, italianos y flamencos en gran número, especialmente en los puertos, sobre los ejes comerciales y en las ciudades mineras. Se podía, a buen derecho, sacar de ellos algún dinero. No obstante, según D García, era necesario actuar en esa materia con mucha cautela y esperar un tiempo prudencial antes de ponerla en práctica. Lo mejor era esperar que se apaciguaran los problemas suscitados entre la población española por el tren de medidas en curso (cuando se aya de emprender este negocio, ha de ser con mucho recato y estando asentadas las cosas de los españoles que aora se entablan)9. En cuanto a la habilitación y legitimación de los mestizos, el virrey opinaba que el resultado iba a ser sin duda mediocre desde el punto de vista de las cantidades esperadas por las Cajas Reales:

    "Como los más dellos son gente pobre y de poca consideración han acudido pocos a goçar desta merced".

    27Sólo estarían resueltos a pagar un pequeño número de mestizos que habían logrado cierta solvencia económica y pretendían, ante todo, aprovechar la posibilidad de comprar cargos municipales para, de esa manera, consolidar definitivamente su estatus.

    28La venta de cargos no parecía reportar gran cosa en un primer momento. El primero de noviembre de 1591. la administración colonial había sido autorizada a vender a título vitalicio alferazgos reales y alguacilazgos mayores, como también cargos de regimientos que podrían crearse para la ocasión. Este asunto tampoco era una novedad, porque desde la cédula del 3 de noviembre de 1581. diez, años antes, se había comenzado a entregar de forma venal ciertos cargos, por ejemplo, de receptor de penas de cámara, de depositario general, de ensayador y de escribano de visita10. Pese a los temores de la administración, la operación no solamente había sido bien montada sino que marchaba sin problema Además, se anunciaba con los mejores auspicios en cuanto a sumas por recaudar (respeto de ser menor inconveniente y perjuicio que se puede ofrecer). Se sabe, en efecto, que la medida iba a tener una trascendencia desde todo punto de vista considerable sobre la constitución de las élites locales. Ella permitía reconocer de manera oficial el acceso a las responsabilidades municipales, y al prestigio que éstas traían aparejado, para todo un sector ligado en particular a las actividades mercantiles y que. hasta entonces, había estado marginado, sintiéndose por tal hecho en situación de inferioridad respecto de la vieja aristocracia de los encomenderos surgidos de la Conquista.

    29Sobre la cuestión del almojarifazgo, el virrey había decidido actuar también con cautela y sin prisa. Anunciaba que los reales a pagar sobre las botijas de vino y sobre otros productos transportados entre los diferentes puertos peruanos tendrían un gran rendimiento en el futuro, debido a la importancia del tráfico ligado al crecimiento urbano de la capital y de los centros mineros. De acuerdo a su opinión, aquello rebasaría los ingresos mismos derivados de la alcabala y del almojarifazgo pagado sobre las importaciones procedentes de Castilla, puesto que más de cincuenta navios de cabotaje abastecían a Lima ya de manera permanente. No obstante, vistas las circunstancias y la amplitud de la agravación fiscal que implicaba el tren de medidas. D. García, por prudencia, había decidido esperar antes de imponer el nuevo almojarifazgo:

    "Las muchas cosas que se han juntado a un tiempo han sido parte para no cargar por ahora los cuatro reales en cada botija de vino que Vuestra Magestad manda ... y assi lo he sobreseído hasta que lo demás se vaya estableciendo y asentado y haziéndose a ello la gente, que es tan libre que no ay desvergüença que no intenta, y si no se acudiese al remedio podría subceder alguna inquietud".

    30Finalmente, en lo que concernía a la regularización de títulos de propiedad de la tierra, se estaba sin duda frente a un asunto que exigía mucho tacto, en tanto afectaba, y a veces de manera importante, a casi todos los sectores, dada la improvización que en los primeros tiempos había presidido la constitución de haciendas, chacras o estancias:

    "Toca a todo género de gente y a los conventos de los frailes y monjas y es tan gran máquina que, en meneando, se toca en todas las cosas del reino".

    31Según D. García, se ventilaba ahí en el fondo un problema mucho más grave que el de la perpetuidad de la encomienda, aunque más delicado, y que no concernía sino a poco más de doscientas familias, por cierto, las más importantes del país Además, agitar la amenaza de un eventual embargo de aquellas tierras cuyos propietarios no satisficieran la composición, constituía un riesgo que el virrey ni siquiera se atrevía a imaginar:

    "Tratar aora de quitárselas [las tierras] siendo todo su caudal, ninguna cosa se podrá ofrecer de tanto escándalo y desasosiego en todo el reino entre los más principales y que algo valen y pueden".

    32Por todas estas razones, prudentemente a D. García le pareció proceder por etapas y ganando tiempo en un principio (disimular por algún tiempo) y. si era preciso, escondiendo de momento a los propietarios más antiguos el hecho de que también debían someterse a la composición11

    33Como bien se puede observar, el virrey trazaba un balance sumamente moderado en cuanto a la eficacia y. sobre todo, a la oportunidad del conjunto de arbitrios que se pretendía aplicar A pesar de las prórrogas dispuestas por razones de buen sentido, los resultados previsibles distaban mucho de ser despreciables. Además de que había logrado ingresar en las cajas más de millón y medio de ducados de deudas atrasadas a favor de las Cajas Reales. anunciaba que las nuevas medidas implicarían a corto plazo incrementar anualmente un millón y medio las cantidades recaudadas en el Perú.

    34Sin embargo, con perspicacia y no sin cierto pesar. D. García destacaba también el costo personal que le tocaría pagar por esta misión y el previsible sacrificio de su popularidad. En el memorial del 20 de enero de 1593. escribía a propósito de los españoles del Perú:

    "Aunque me tenian por padre de ¡a patria y medio criollo y se alegraron con mi venida, no podré dexar de haver con ellos en estas ocasiones".

    35Tres días más tarde, en una carta de tono más íntimo que la precedente, desahogaba su corazón sin esconder cierto desaliento, en tanto nada podía hacer por entregar una pildora menos amarga a sus gobernados:

    "No savria significar a Vuestra Merced el travajo y industria con que voy asentado estos arbitrios tan odiosos como se me ymbiaron, usando a vezes de rigor y otras disimulando y passando por pesadumbres que no me cansan poco ... cada dia me voy haziendo más malquisto con la gente de acá porque, juntamente con alcabalas y arbitrios que tan mal ¡levan, ver que les doy poco les haze vivir descontentos y yo no puedo más".

    PRIMERAS REACCIONES PERUANAS A LA ALCABALA

    36Esc 23 de enero de 1593. los hechos desencadenados por la imposición de la alcabala en Quito habían entrado desde hacía tiempo en su fase crucial, asunto que retomaremos más adelante. En noviembre, ya. el virrey se había visto obligado a tomar medidas de excepcional gravedad -el envío de un cuerpo expedicionario- con todas las consecuencias imaginables. En el mes de diciembre, una suerte de encadenamiento fatal terminó por conceder al problema una amplitud y una agudeza inesperadas El desencanto tan visible de la carta arriba citada era sin duda un reflejo directo de esta nueva situación.

    37De hecho, desde el inicio la cuestión de la alcabala había sido de todas la más difícil y. aun antes de que las cosas se complicaran en Quito, la más delicada de las que D García tuvo que tratar. Cuando recibió las órdenes relacionadas con el nuevo impuesto, el virrey, como sus predecesores, se dio perfecta cuenta de la dificultad de la operación Así. como lo indicó en su correo del primero de mayo de 1592. no estaban todavía en sus manos los textos oficiales, cuando cartas de particulares, provenientes unas de España, otras del istmo de Panamá, se habían encargado de prevenir a los limeños, cuya reacción había sido inmediata:

    "Comezaron a hazerse grandes corrillos de gente y alguna manera de inquietud en ella y, visto esto y por que no son materias para tratarlas en partida de armada, cerré todos los despachos en un escriptorio para, en passando la ocasión de la armada, yrlos poniendo en execución al paso que más conviniere ; y por ser cosas nuebas y la tierra también y parte de la gente della perdida y bagabunda y no haver persona en quien no toquen, se representan algunas dificultades de consideración"12.

    38Era necesario actuar sin tardanza. El 22 de abril de 1592. el virrey había decidido convocar al cabildo de Lima para informarle oficialmente de la voluntad real. Alcaldes y regidores presentaron enseguida una resuelta oposición, pero D. García, sin esperar, ordenó publicar el texto sobre la alcabala. Era una forma de manifestar que él no aceptaría discutir su aplicación. A lo más. se dignó dialogar con una delegación designada por los ediles y constituida por uno de los alcaldes. Jerónimo de Guevara, los regidores Luis Rodríguez de La Serna y Francisco de León, y el procurador de la ciudad. Gonzalo de Cáceres.

    39Cuando se conoce la facilidad con que las ciudades americanas de la época -y Lima en particular- se inflamaban a la menor novedad, se imaginan fácilmente las reacciones que suscitó de inmediato la perspectiva inminente de la alcabala. De hecho, al día siguiente, en la noche del 23. una patrulla descubrió clavado en una esquina de la calle de las Mantas el texto que el virrey se dio prisa en transmitir al día siguiente a Madrid:

    "Nos, la república desta ciudad de los Reyes destos reinos y provincias de Pirú, hidalgos para siempre jamás, ansí vecinos y caballeros como mercaderes y oficiales, estantes y abitantes y moradores, todos de consuno y en boz pública y notoria a la real audiencia y birrei, por el Rey Nuestro Señor y por el Perú contra el pregón público de alcabala, reprobando y aniquilando y teniendo por ningunas las firmas de los inútiles, desconsiderados y enemigos regidores, decimos y afirmados que no concedimos ni consentimos ni queremos subjetarnos a pagarla ni la pagaremos agora ni en ningún tiempo ésta ni otra ninguna, por quanto en la conquistación destos nuestros reinos el Rey Nuestro Señor no gastó nada ni dispendió nada ... Emos acudido cabalmante en los quintos y derechos de nuestras minas y haziendas y dando voluntariamente nuestras haziendas quando nos fuese demandado, lo qual ofrecemos en todas las necesidades urgentes y en todos los tiempos que nos fuese demandado, afirmando lo qual juramos por la Santa Trinidad que crehemos, por la sagrada fee que sustentamos, por la esclarecida ley que guardamos, por los divinos evangelios, por el cielo y la tierra, de no cumplir ny guardar ny obedecer so pena de ser tenydos por villanos perjuros eternamente, en defensa de lo qual obligamos nuestras personas y haziendas, de lo qual damos noticia al Cuzco nuestra cabeza"13

    40El virrey no se dejó impresionar por este texto que bien reflejaba la antigua animosidad, tantas veces manifestada, de los conquistadores y de los primeros colonos (los pobladores) contra la Corona, la cual, después de no haberles socorrido en los momentos difíciles de los primeros tiempos, según ellos pretendía privarles progresivamente del fruto de sus esfuerzos (... por quanto en la conquistación destos nuestros reinos el Rey Nuestro Señor no gastó nada ni dispendió nada) D García envió sin tardanza al Cuzco uno de sus hombres de confianza, el capitán Francisco de Cañizares, portador de cartas "muy amables" Después de presentar ciertas objeciones, los ediles de la antigua capital de los Incas se dejaron doblegar Acataron la voluntad real y aceptaron el principio de la alcabala.

    41Las entrevistas y discusiones del virrey con los representantes de la municipalidad limeña con miras a suavizar la aplicación del nuevo impuesto, tuvieron apenas efecto La Audiencia encargó a D.J.F de Mendoza la coordinación de las operaciones para su imposición y. de manera oficial. D. García hizo imprimir el texto de la alcabala, a la vez que autorizaba al procurador de la capital. Jerónimo de Guevara, a viajar rumbo a España para defender allí sus argumentos y los de los cabildantes limeños ante las autoridades competentes.

    42En su memoria del 27 de mayo de 1592 ya citada. D García explicaba que. en un primer momento, pensó impedir la partida del procurador El tono había subido tan rápidamente, y las cosas se estaban envenenando de tal manera, que estuvo a punto de embarcarlo y exiliarlo con algunos miembros del cabildo Pero el efecto habría sido, con seguridad, de los más deplorables sobre las demás regiones peruanas:

    "Considere que esto seria mucho ruido y inconveniente para las provincias de arriba que están desviadas de mí y que no convenía que se entendiese que se yba executando con violencia y sin escucharlos".

    43Le pareció también más hábil a D. García dejar partir a Europa -y no alejar manu militari- a ese personaje, hijo del tan influyente Vasco de Guevara, conocido por sus arrebatos y su irreflexión (moço poco acentado y poco recogido) y que. hasta ese momento, se había señalado como el adversario más virulento de la alcabala. No obstante, con toda la deferencia que correspondía a su sugerencia, el virrey recomendó a los funcionarios madrileños y a los consejeros del soberano no escuchar al representante de la municipalidad limeña sino únicamente sobre los demás asuntos que lo llevaban a España y. sobre todo, no dejarlo hablar de ninguna forma ni en ningún momento acerca de la alcabala D. García sugirió al monarca que informara lo más pronto posible al Perú que la Corona rehusaba tratar el asunto con el emisario limeño. Las demás ciudades del virreinato evitarían así enviar también ellas sus representantes. De todas maneras, la experiencia había demostrado ya que en el Perú las dificultades y los trastornos provenían siempre de la gran libertad dejada a los ediles para discutir las ordenanzas reales Los espíritus se acaloraban a menudo en vano, las esperanzas terminaban decepcionadas y. en fin de cuentas, gentes sin fe ni ley. de la cual el país estaba infestado, aprovechaban la ocasión para atizar la revuelta siempre presta a renacer de sus cenizas.

    44Si D. García sugería entonces mostrarse firme en los principios, por sus funciones y como buen político conocedor de las dificultades de lo que se proponía, en la práctica él recomendaba actuar con circunspección. En su carta del primero de agosto de 1592. por ejemplo, aludiendo a las quejas de los mercaderes, en las que éstos representaban que la alcabala venía a sumarse a los pesados impuestos que gravaban ya las importaciones, el virrey sugería no dispensarles bajo ningún motivo, pero sí buscar un arreglo susceptible de hacer la carga más soportable (hazerles qualquiera comodidad con buena seguridad y fianças de que paguen esta primera alcebala). De la misma manera. D García preveía que el lejano Potosí, donde todo estaba muy caro, fuera la última ciudad en la que se aplicaría el nuevo impuesto, intentando además tomar en cuenta las dificultades reales de la población (es menester sobrellevarlos quanto fuere posible ... con el mayor beneficio y menor vejación que se pudiere).

    45En una palabra, si el virrey estaba totalmente decidido a hacer de la alcabala una realidad, él pedía al soberano y a su Consejo que le otorgaran el tiempo y la libertad necesarios, algo a lo que tal vez los consejeros y los funcionarios de Madrid no habían concedido la suficiente importancia:

    "Hemos alargado en esta materia porque cada día me voy desengañando más de que estas cosas no se pueden entablar con la brevedad que allá se imagina y la que piden los despachos de Vuestra Magestad que vinieron sobre esto".

    46D. García insistía de nuevo sobre este aspecto del problema, que de manera manifiesta, consideraba como importante en su memorial ya citado del 20 de enero de 1593 (§ 19):

    "El nombre de la alcabala ha sido cosa odiosa en esta tierra y los nacidos y criados en ella tómanlo por vía de pecho y no ha vía hazerles entender otra cosa y, como se recevía tan mal y las desvergüenças que se scrivían de algunas partes eran tan grandes, ha sido necesario a ratos blandura y suavidad y otros rigor con algunos cavildos y letrados que avogaban por ellos y hazian peticiones demasiadamente libres ; y a las ciudades que en esta ocasión se han mostrado más aficionadas al servicio de Vuestra Magestad (como es la de Arequipa que, por haberse aventajado y señalado como lo ha hecho siempre, merece que Vuestra Magestad la honre y haga merced y yo, en su real nombre, haré lo mismo el tiempo que gobernare este reino, y la de Trujillo se ha hecho lo mismo, y no me maravilla que las demás tengan sentimiento y hayan replicado y contradicho por que la grita del vulgo las ha obligado a ello) he ofrecido ayudar con cartas suplicando a Vuestra Magestad les haga toda merced que huviese lugar...".

    LA ALCABALA EN EL ALTO PERÚ

    47Lo esencial de este libro estará consagrado a las reacciones suscitadas por la imposición de la alcabala en la región de Quito. No por eso se debe olvidar que en esta ocasión otras comarcas del virreinato fueron también afectadas por diversos desórdenes Si éstos no tuvieron en ninguna parte la gravedad y la complejidad de la crisis quiteña, fueron al menos reveladores de la tensión general y del carácter extremadamente delicado de la crisis que las autoridades coloniales tuvieron que afrontar entonces.

    48En Lima, apenas difundida la noticia de los disturbios en la ciudad de Quito, varias cabezas afiebradas (alguna gente perdida) soñaron con imitarla. Su plan consistía en apoderarse del puerto limeño, el Callao. Para conseguirlo, habían pensado adueñarse de uno de los barcos que allí se encontraban anclados. Como todos los refuerzos realistas se dirigieron por mar hacia Guayaquil, y en consideración a que el puerto de la capital virreinal era. por razones bien conocidas, el pulmón económico de todo el Perú, se puede imaginar sin dificultad las consecuencias que podía haber tenido semejante conjuración si hubiera triunfado. Ese no fue el caso, puesto que. apenas decubiertos, los responsables fueron ahorcados y los tres cabecillas descuartizados14.

    49Como lo temía D. García, fue en las altas regiones del sur peruano (las provincias de arriba), es decir desde el Cuzco hasta el altiplano hoy boliviano, zona tradicionalmente turbulenta, donde surgieron las dificultades más serias. En la antigua capital de los Incas, en cuanto los problemas quiteños fueron de notoriedad pública, unos soldados desocupados pensaron en organizar una sublevación. Como solía ocurrir en casos parecidos, durante los preparativos uno de los conjurados, sin duda asustado en el momento de dar el paso decisivo, y frente al giro que tomaban los acontecimientos, lo fue a confesar todo ante el comisario del Santo Oficio. Informado, el corregidor hizo detener a todos los implicados. Sin más trámite, mandó ahorcar a cinco personas cuya culpabilidad le pareció evidente. Rodrigo Carreño. Joan Baptista de León. Baltasar Vázquez. Francisco Durán de Rivera y Francisco Dolmos de Tapia, en tanto que cuatro individuos cuya responsabilidad era menos evidente, los hermanos Gregorio y Luis de Béjar. un tal Ojeda y un licenciado Robles, esparaban en la cárcel que su caso fuera esclarecido.

    50Más al sur. sobre el altiplano que dependía de la Audiencia de Charcas, y donde se encontraban los centros mineros más importantes con sus legiones de aventureros y marginados del dorado sueño americano, las cosas habían sido más graves y complejas. En La Paz. un tal Francisco (o Fernando) de Valverde, joven alférez oriundo de Ocaña en Castilla la Nueva, con la ayuda de otros tres soldados se había empeñado en triunfar en aquello que. en el Cuzco, acababa de fracasar. Una vez más. el asunto no pudo ir más adelante, pues el corregidor vigilaba a los conjurados, sin duda unos elementos potencialmente sospechosos de la ciudad. Al saberse descubiertos, emprendieron enseguida la huida, pero fueron capturados y ejecutados. Valverde en La Paz misma, uno de sus cómplices. Andrés de Soto, en Cabana, en la provincia de Chucuito. y otros dos en Arequipa, donde también fue arrestado un sacerdote, el licenciado Escobar, designado con el apodo muy revelador de el Chasqui . Se trataba de un personaje agitado (muy inquieto) relacionado con los conjurados, y que fue remitido ante la justicia de la Audiencia, menos por aquello por lo que se había declarado culpable que por usarlo como ejemplo y escarmiento, (para ... que aya castigo exemplar en algún clérigo de tantos como andan en este reino con grandísima inquietud y livertad).

    51Varios otros personajes de La Paz fueron objeto de indagaciones. La justicia investigó activamente a diversos individuos sospechosos de estar implicados en el asunto: Juan Durán de Cezo. Miguel de Lira Peña y hasta un encomendero del Cuzco. Jerónimo de Villafuerte Interrogados según los métodos sin contemplaciones pero eficaces de la época, los soldados no tardaron en confesar o en confirmar que su jefe no era otro que D. Fernando de Torres y Portugal, un personaje de nombre ilustre, hijo natural de uno de los vástagos del conde del Villar, virrey del Perú entre 1585 y 1589. Si bien ese D. Fernando, gracias a sus vínculos familiares, gozaba de una renta de 3 000 pesos por año. servida por los indígenas de una encomienda del distrito de La Paz. D. García Hurtado de Mendoza lo presentaba como un personaje nada recomendable Poco inteligente, siempre en compañía de vagabundos y de individuos de su calaña que incluso, a veces, habían tenido problemas con la justicia, llevaba una vida disoluta Los corregidores de La Paz se habían visto en la obligación de llamarle la atención varias veces, y de vigilarlo permanentemente, pues era bien conocido por ser casquivano y tener la lengua suelta, cosas inquietantes en un país tan poco estable. Todo eso lo convertía en un sospechoso a carta cabal y ello constituyó además una de las razones por las cuales la conjuración había sido descubierta antes de iniciadas las acciones15.

    52Aun después de ese nuevo fracaso, las regiones mineras del Alto Perú vivieron todavía algunos meses muy tensos. En un largo informe del 22 de marzo de 1593. los oidores de Charcas. Cepeda y Lopidana. lo explicaron así. detalladamente:

    "An salido centellas de mala significación poniendo secretamente en lugares públicos papeles con amenaças que por ser de tanta desenboltura an obligado a hacer convenientes pretenciones en esta ciudad [Charcas] y en la villa de Potosí .. listos repiquetes an tocado alguna gente sediciosa, hombreçuelos desbanecidos, sin género de sustancia, aunque todavía asoma en ellos el cáncer que cunde en miembros flacos de cuerpo adonde la enfermedad reside".

    53Por si fuera necesario, en Charcas y Potosí los oidores habían tomado precauciones instalando militares de confianza en los diversos barrios y ejerciendo una estrecha vigilancia sobre cualquier movilización16.

    54En definitiva, nada ocurrió En Lima, en Cuzco y en La Paz. todo había surgido de locas esperanzas nacidas en espíritus entusiasmados por ver los sucesos de Quito extenderse a todo el Perú, como en los días más sombríos de las guerras civiles que habían ensangrentado las primeras décadas coloniales. Los desaparecidos actores, apenas un puñado, no habían sabido ni podido sublevar las ciudades del sur peruano, sin embargo tan prontas entonces a conmocionarse Hay que reconocer que el aparato colonial, en guardia después de los destellos y el incendio de Quito, había tomado sus precauciones. De otro lado, aunque con algunas excepciones, los protagonistas habían sido unos marginales, en su mayoría soldados vagabundos que. como se verá, iban a jugar en Quito un papel muy importante, pero como simple punta de lanza de los cabecillas y no a manera de verdadero fermento de la crisis como habían querido serlo en las provincias de arriba17.

    ***

    55Pero volvamos a Quito Desde el punto de vista estrictamente fiscal, el conjunto de medidas citadas, y particularmente la alcabala que cristalizaba todos los rencores, se situaba en un contexto muy particular. De manera enteramente lógica y consecuente de parte del poder central, entre las directrices proporcionadas a Manuel Barros de San Millán. el nuevo presidente y visitador de la Audiencia llegado a fines de los años de 1580. figuraba expresamente la puesta en orden de las finanzas locales, en particular de las Cajas Reales, cuyo estado lamentable y notoria ineficacia se debían, según el propio Presidente, tanto a la deshonestidad y a la falta de conciencia profesional de los Oficiales Reales, como a la pobreza del país.

    56Desde su llegada, en calidad de visitador. Barros de San Millán se había encargado de cumplir este aspecto de su misión, sin mayores miramientos para con los quiteños, según era su costumbre En una carta del 10 de mayo de 1590. se preciaba de haber logrado cobrar para las Cajas 25 000 pesos de deudas atrasadas Los deudores recalcitrantes habían recibido de su parte un mandamiento ejecutorio, esto es. una última advertencia antes del embargo Al sanear las cuentas antiguas - para el efecto se había remontado a 1549. es decir, cuarenta años atrás.. - el presidente había descubierto que. en razón de errores de cálculo, atribuibles a los funcionarios o simplemente a la mala intención de los particulares, estos últimos adeudaban a la Corona 27 000 pesos que urgía ingresar a las Cajas. Barros de San Millán anunciaba, de otro lado, que él revisaría los libros de los años de 1576-1590. de lo cual obtendría ingresos del mismo monto18. Evidentemente, aquello bastaba para hacerlo impopular en Quito. En otra carta de 1592. lo decía con toda lucidez y con algo de provocación, recordándolo como una hazaña, que. desde 1587. bajo su autoridad, el Tesoro había cobrado cantidades equivalentes a todas aquellas que se habían percibido desde la creación de la ciudad...

    57No hay que olvidar, por otra parte, que el presidente había organizado la colecta del donativo gracioso del que se ha hablado ya. El éxito había sido rotundo puesto que Quito y el distrito de la Audiencia habían "ofertado" 140 000 pesos. Para tener una idea del esfuerzo financiero que esto implicó para la población, señalemos que en 1591. por ejemplo, la operación había reportado 21 297 pesos de oro (de un total de 35 890 ingresados en las Cajas Reales aquel año) y 22 819 pesos de plata (de un total de 55 743 cobrado por las mismas). En otros términos, el donativo gracioso había significado en realidad más que doblar la presión fiscal19.

    58Evidentemente, los quiteños no olvidarían todo esto a la hora de la imposición de la alcabala La mejor prueba de ello es una de las cartas que sus cabildantes dirigieron al rey el 3 de agosto de 1592. al inicio, pues, de la crisis. Después de haber insistido sobre el hecho de que la riqueza de las Indias, a la que aludía la cédula de primero de noviembre de 1591. era completamente imaginaria, al menos en el caso de su ciudad, alcaldes y regidores demostraron, apoyados en cálculos, el peso ya enorme del sistema fiscal soportado por sus gobernados. Sobre cada cien pesos extraídos de sus minas, el derecho del quinto, el salario de los funcionarios reales, la averia de Lima a Panamá y la de la flota transoceánica, los derechos de entrada en Sevilla, los diversos almojarifazgos (del Perú, de Nombre de Dios, a más del almojarifazgo mayor de Indias) sumados a otras tasas, representaban un total de 53 pesos y 7 reales, es decir más de la mitad de la cantidad inicial..

    59Para terminar, hay que señalar que, haciendo una alusión muy explícita al donativo gracioso al cual la región había respondido tan bien, y por el que había sido tan mal recompensada, los miembros del cabildo revelaron las dolorosas consecuencias que aquello había acarreado Con elocuencia, puntualizaban:

    "...la calamidad y el temor en que esta tierra está puesta, que se be por vista de ojos estar las cárceles llenas de hombres presos por deudas de unos seis y diez pesos y otras tan menudas como éstas, que por ventura parte dellas rresultan de averse desnudado de la poca hazienda y caudal que tenían para servir a Vuestra Alteza en el servicio gracioso que le hizieron agora últimamente, para lo qual muchos dellos hizieron tercios y baratos que no están pagados y otros bendido los bestidos y joyas de sus mugeres y otras pieças y preseas de su casa"20.

    60Más allá de la consabida retórica sobre la pobreza de los reinos americanos, aquel texto estaba lleno de emoción y angustia verdaderas. Por lo menos los ediles esperaban que la Corona sabría comprenderlos. ¿Cómo exigir entonces de los quiteños un esfuerzo más en tales condiciones?21.

    Notes de bas de page

    1 Sobre este tema. v. Francisco DE SOLANO. "El régimen de tierras y la significación de la composición de 1591", Revista de la Facultad de Derecho de México. XXVI, enero-junio 1976. pp. 649-670.

    2 V. Francisco TOMÁS V VALIENTE. La venta de oficios en las Indias (1492-1606). Madrid. 1972

    3 Para la reforma del almojarifazgo, v. Francisco LÓPEZ DE CARAVANTES.-Noticia general del Perú (1630). Madrid. B.A.E.. t. 297. IVa parte, dise. 11. pp. 47-62.

    4 Para la reforma de la averia, v. ibid. IVa parte, dise 12. pp. 99-105.

    5 Sobre la introducción de la alcabala en el Perú. v. ibid. IVa parte, disc. 13. pp. 107-127

    6 Para el donativo gratuito, v. ibid. IV parte, disc. 15. pp. 143-152

    7 Respectivamente A.G.I. Lima 32 y 33.

    8 V. LÓPEZ DE CARAVANTES. op. cit. IV parte, disc. 19. pp. 175-178.

    9 Utilizando la documentación burocrática suscitada entonces por la regulanzación de la estancia de los extranjeros. Encarnación Rodriguez. Vicente ha dedicado un articulo importante a esta cuestión: "Los extranjeros en el Reino del Perú a fines del siglo xvi". Homenaje a J. Vicens Vives. Barcelona. 1966. t. II. pp. 5.33-546.

    10 V. F. LÓPEZ DE CARAVANTES, op. cit.. IVa parte, disc. 10. pp. 31-46.

    11 Sobre las modalidades prácticas de la composición de tierras, v. F. LÓPEZ DE CARAVANTES, op. cit. IVa parte, disc. 14, pp. 133-140.

    12 A.G.I. Lima 33.

    13 A.G.I. Lima 32.

    14 Ibid.

    15 Relación de lo subcedido en la ciudad y provincia de Quito. §31, A.G.I. Patronato 191. r° 12.

    16 A.G.I. Charcas 17. V. también una carta del virrey del 17 de mayo de 1593 (AGI. Lima 33).

    17 Las reacciones ante la alcabala en Nueva Granada han sido estudiado por Maria Angeles EUGENIO MARTÍNEZ- "El asentamiento de la alcabala en el Nuevo Reino de Granada (siglo xvi)". Atti del xl congresso internazionale degli americanisti, Roma-Genova. 1972. vol. III. pp. 155-168. V. también el testimonio contemporáneo (1614) de Pedro Ordóñez de Cevallos (El clérigo agradecido) en su Viaje del mundo, lib. II. cap. XXXVI-XXXVII. y la relación un poco posterior a los acontecimientos (1638) de Juan Rodríguez Freile en El carnero, Caracas, bibl. Ayacucho. vol. 66. 1979. cap. XVII. pp. 314-326.
    Para lo suscitado en Chile y Panamá que no pasó de meras manifestaciones de mal humor. V. los informes de las respectivas Audiencias en AGI. Chile 8 y Panamá 14.

    18 A.G.I. Quito 8.

    19 A.G.I. Contaduría 1536.

    20 Autos formados en la Audiencia de Quito sobre el establecimiento de las alcabalas, ff. 34-35 (A.G.I. Escribanía de Cámara - en adelante E.C. - 912 A).

    21 Para los orígenes castellanos de la alcabala y los problemas que este impuesto había suscitado ya en España, v. José Ignacio FORTEA PÉREZ.- Monarquía y Cortes en ¡a Corona de Castilla, las ciudades ante la política fiscal de Felipe II. Cortes de Castilla y León. 1990.

    Précédent Suivant
    Table des matières

    Cette publication numérique est issue d’un traitement automatique par reconnaissance optique de caractères.

    Le texte seul est utilisable sous licence Licence OpenEdition Books. Les autres éléments (illustrations, fichiers annexes importés) sont « Tous droits réservés », sauf mention contraire.

    Voir plus de livres
    Las confesiones de don Juan Vazquez

    Las confesiones de don Juan Vazquez

    Con el apéndice documental

    Luis Millones

    2002

    Sociedad y gobierno episcopal

    Sociedad y gobierno episcopal

    Las visitas del obispo Manuel de Mollinedo y Angulo (Cuzco, 1674-1694)

    Pedro Guibovich Pérez et Luis Eduardo Wuffarden

    2008

    Política y burguesía en el Perú

    Política y burguesía en el Perú

    El Partido Civil antes de la Guerra con Chile

    Ulrich Mücke

    2010

    Indigenismo y nación

    Indigenismo y nación

    Los retos a la representación de la subalternidad aymara y quechua en el Boletín Titikaka (1926-1930)

    Ulises Juan Zevallos Aguilar

    2002

    Los Andes y el reto del espacio mundo

    Los Andes y el reto del espacio mundo

    Homenaje a Olivier Dollfus

    Jean-Paul Deler et Évelyne Mesclier (éd.)

    2004

    Memorias en conflicto

    Memorias en conflicto

    Aspectos de la violencia política contemporánea

    Raynald Belay, Jorge Bracamonte, Carlos Iván Degregori et al. (éd.)

    2004

    De los Andes hasta Pará

    De los Andes hasta Pará

    Ecuador - Perú - Amazonas

    Marcel Monnier Edgardo Rivera Martínez (trad.)

    2005

    Del trono a la guillotina

    Del trono a la guillotina

    El impacto de la Revolución Francesa en el Perú (1789-1808)

    Claudia Rosas Lauro

    2006

    Ladrones de sombra

    Ladrones de sombra

    El universo religioso de los pastores del Ausangate (Andes surperuanos)

    Xavier Ricard Lanata

    2007

    La educación de las elites indígenas en el Perú colonial

    La educación de las elites indígenas en el Perú colonial

    Monique Alaperrine-Bouyer

    2007

    Textos en diáspora. Una antología sobre afrodescendientes en América

    Textos en diáspora. Una antología sobre afrodescendientes en América

    Elisabeth Cunin (éd.)

    2009

    Una historia de la presencia francesa en el Perú, del Siglo de las Luces a los Años Locos

    Una historia de la presencia francesa en el Perú, del Siglo de las Luces a los Años Locos

    Pascal Riviale

    2008

    Voir plus de livres
    1 / 12
    Las confesiones de don Juan Vazquez

    Las confesiones de don Juan Vazquez

    Con el apéndice documental

    Luis Millones

    2002

    Sociedad y gobierno episcopal

    Sociedad y gobierno episcopal

    Las visitas del obispo Manuel de Mollinedo y Angulo (Cuzco, 1674-1694)

    Pedro Guibovich Pérez et Luis Eduardo Wuffarden

    2008

    Política y burguesía en el Perú

    Política y burguesía en el Perú

    El Partido Civil antes de la Guerra con Chile

    Ulrich Mücke

    2010

    Indigenismo y nación

    Indigenismo y nación

    Los retos a la representación de la subalternidad aymara y quechua en el Boletín Titikaka (1926-1930)

    Ulises Juan Zevallos Aguilar

    2002

    Los Andes y el reto del espacio mundo

    Los Andes y el reto del espacio mundo

    Homenaje a Olivier Dollfus

    Jean-Paul Deler et Évelyne Mesclier (éd.)

    2004

    Memorias en conflicto

    Memorias en conflicto

    Aspectos de la violencia política contemporánea

    Raynald Belay, Jorge Bracamonte, Carlos Iván Degregori et al. (éd.)

    2004

    De los Andes hasta Pará

    De los Andes hasta Pará

    Ecuador - Perú - Amazonas

    Marcel Monnier Edgardo Rivera Martínez (trad.)

    2005

    Del trono a la guillotina

    Del trono a la guillotina

    El impacto de la Revolución Francesa en el Perú (1789-1808)

    Claudia Rosas Lauro

    2006

    Ladrones de sombra

    Ladrones de sombra

    El universo religioso de los pastores del Ausangate (Andes surperuanos)

    Xavier Ricard Lanata

    2007

    La educación de las elites indígenas en el Perú colonial

    La educación de las elites indígenas en el Perú colonial

    Monique Alaperrine-Bouyer

    2007

    Textos en diáspora. Una antología sobre afrodescendientes en América

    Textos en diáspora. Una antología sobre afrodescendientes en América

    Elisabeth Cunin (éd.)

    2009

    Una historia de la presencia francesa en el Perú, del Siglo de las Luces a los Años Locos

    Una historia de la presencia francesa en el Perú, del Siglo de las Luces a los Años Locos

    Pascal Riviale

    2008

    Accès ouvert

    Accès ouvert freemium

    ePub

    PDF

    PDF du chapitre

    Suggérer l’acquisition à votre bibliothèque

    Acheter

    ePub / PDF

    1 Sobre este tema. v. Francisco DE SOLANO. "El régimen de tierras y la significación de la composición de 1591", Revista de la Facultad de Derecho de México. XXVI, enero-junio 1976. pp. 649-670.

    2 V. Francisco TOMÁS V VALIENTE. La venta de oficios en las Indias (1492-1606). Madrid. 1972

    3 Para la reforma del almojarifazgo, v. Francisco LÓPEZ DE CARAVANTES.-Noticia general del Perú (1630). Madrid. B.A.E.. t. 297. IVa parte, dise. 11. pp. 47-62.

    4 Para la reforma de la averia, v. ibid. IVa parte, dise 12. pp. 99-105.

    5 Sobre la introducción de la alcabala en el Perú. v. ibid. IVa parte, disc. 13. pp. 107-127

    6 Para el donativo gratuito, v. ibid. IV parte, disc. 15. pp. 143-152

    7 Respectivamente A.G.I. Lima 32 y 33.

    8 V. LÓPEZ DE CARAVANTES. op. cit. IV parte, disc. 19. pp. 175-178.

    9 Utilizando la documentación burocrática suscitada entonces por la regulanzación de la estancia de los extranjeros. Encarnación Rodriguez. Vicente ha dedicado un articulo importante a esta cuestión: "Los extranjeros en el Reino del Perú a fines del siglo xvi". Homenaje a J. Vicens Vives. Barcelona. 1966. t. II. pp. 5.33-546.

    10 V. F. LÓPEZ DE CARAVANTES, op. cit.. IVa parte, disc. 10. pp. 31-46.

    11 Sobre las modalidades prácticas de la composición de tierras, v. F. LÓPEZ DE CARAVANTES, op. cit. IVa parte, disc. 14, pp. 133-140.

    12 A.G.I. Lima 33.

    13 A.G.I. Lima 32.

    14 Ibid.

    15 Relación de lo subcedido en la ciudad y provincia de Quito. §31, A.G.I. Patronato 191. r° 12.

    16 A.G.I. Charcas 17. V. también una carta del virrey del 17 de mayo de 1593 (AGI. Lima 33).

    17 Las reacciones ante la alcabala en Nueva Granada han sido estudiado por Maria Angeles EUGENIO MARTÍNEZ- "El asentamiento de la alcabala en el Nuevo Reino de Granada (siglo xvi)". Atti del xl congresso internazionale degli americanisti, Roma-Genova. 1972. vol. III. pp. 155-168. V. también el testimonio contemporáneo (1614) de Pedro Ordóñez de Cevallos (El clérigo agradecido) en su Viaje del mundo, lib. II. cap. XXXVI-XXXVII. y la relación un poco posterior a los acontecimientos (1638) de Juan Rodríguez Freile en El carnero, Caracas, bibl. Ayacucho. vol. 66. 1979. cap. XVII. pp. 314-326.
    Para lo suscitado en Chile y Panamá que no pasó de meras manifestaciones de mal humor. V. los informes de las respectivas Audiencias en AGI. Chile 8 y Panamá 14.

    18 A.G.I. Quito 8.

    19 A.G.I. Contaduría 1536.

    20 Autos formados en la Audiencia de Quito sobre el establecimiento de las alcabalas, ff. 34-35 (A.G.I. Escribanía de Cámara - en adelante E.C. - 912 A).

    21 Para los orígenes castellanos de la alcabala y los problemas que este impuesto había suscitado ya en España, v. José Ignacio FORTEA PÉREZ.- Monarquía y Cortes en ¡a Corona de Castilla, las ciudades ante la política fiscal de Felipe II. Cortes de Castilla y León. 1990.

    Quito y la crisis de la alcabala (1580-1600)

    X Facebook Email

    Quito y la crisis de la alcabala (1580-1600)

    Ce livre est diffusé en accès ouvert freemium. L’accès à la lecture en ligne est disponible. L’accès aux versions PDF et ePub est réservé aux bibliothèques l’ayant acquis. Vous pouvez vous connecter à votre bibliothèque à l’adresse suivante : https://freemium.openedition.org/oebooks

    Suggérer l’acquisition à votre bibliothèque Acheter ce livre aux formats PDF et ePub

    Si vous avez des questions, vous pouvez nous écrire à access[at]openedition.org

    Quito y la crisis de la alcabala (1580-1600)

    Vérifiez si votre bibliothèque a déjà acquis ce livre : authentifiez-vous à OpenEdition Freemium for Books.

    Vous pouvez suggérer à votre bibliothèque d’acquérir un ou plusieurs livres publiés sur OpenEdition Books. N’hésitez pas à lui indiquer nos coordonnées : access[at]openedition.org

    Vous pouvez également nous indiquer, à l’aide du formulaire suivant, les coordonnées de votre bibliothèque afin que nous la contactions pour lui suggérer l’achat de ce livre. Les champs suivis de (*) sont obligatoires.

    Veuillez, s’il vous plaît, remplir tous les champs.

    La syntaxe de l’email est incorrecte.

    Référence numérique du chapitre

    Format

    Lavallé, B. (1997). Capítulo primero. Las reformas fiscales de 1591. In Quito y la crisis de la alcabala (1580-1600). Lima: Institut français d’études andines. https://doi.org/10.4000/books.ifea.2770
    Lavallé, Bernard. « Capítulo primero. Las reformas fiscales de 1591 ». In Quito y la crisis de la alcabala (1580-1600). Lima: Institut français d’études andines, 1997. doi:10.4000/books.ifea.2770.
    Lavallé, Bernard. « Capítulo primero. Las reformas fiscales de 1591 ». Quito y la crisis de la alcabala (1580-1600), Institut français d’études andines, 1997, https://doi.org/10.4000/books.ifea.2770.

    Référence numérique du livre

    Format

    Lavallé, B. (1997). Quito y la crisis de la alcabala (1580-1600). Lima: Institut français d’études andines, Corporación Editora Nacional. https://doi.org/10.4000/books.ifea.2766
    Lavallé, Bernard. Quito y la crisis de la alcabala (1580-1600). Lima: Institut français d’études andines, Corporación Editora Nacional, 1997. doi:10.4000/books.ifea.2766.
    Lavallé, Bernard. Quito y la crisis de la alcabala (1580-1600). Institut français d’études andines, Corporación Editora Nacional, 1997, https://doi.org/10.4000/books.ifea.2766.
    Compatible avec Zotero Zotero

    1 / 3

    Institut français d’études andines

    Institut français d’études andines

    • Plan du site
    • Se connecter

    Suivez-nous

    • Flux RSS

    URL : http://www.ifea.org.pe

    Email : ifea.secretariat@cnrs.fr

    OpenEdition
    • Candidater à OpenEdition Books
    • Connaître le programme OpenEdition Freemium
    • Commander des livres
    • S’abonner à la lettre d’OpenEdition
    • CGU d’OpenEdition Books
    • Accessibilité : partiellement conforme
    • Données personnelles
    • Gestion des cookies
    • Système de signalement