1 Llamado por algunos Mycetes ursinus.
2 Colocados primitivamente en la familia de las Urticáceas, se los ha puesto luego en la de las Móreas y luego en la de las Euforbiáceas, en la cual figuran ahora.
3 [El original dice dans le domaine de la gueule, frase en la que gueule, esto es hocico, recobra el sentido menos peyorativo, y hasta familiar, que tenía a fines de la Edad Media y en la época clásica. Panurgo es un personaje de Rabelais. N. del T.]
4 No es sino a partir del grado de latitud 7, bajo el cual se comienzan a mostrar en el Ucayali estos temibles saurios y peces, que los indígenas recurren para bañarse a semejante expediente. Las poblaciones que viven más acá del grado 7, en la parte sur, se bañan en pleno río, donde no tienen que temer otros accidentes que una coriza ocasionada por la frescura del agua.
5 Fue a Humboldt, según creemos, sin estar no obstante seguros, a quien se debe la clasificación de Galactodendrum utile que se da a este árbol lactífero, que de buena gana colocaríamos en la familia de las Sapoteas, si los estudiosos, después de haberlo puesto, según Kunth, en la familia de las Urticeas, no lo hubieran retirado de ella para clasificarlo dentro de la de las Artocarpeas, donde lo dejaremos, para no contrariarlos. La leche del Galactodendron, dice el sabio que hemos citado, es utilizada como alimento por los habitantes de Venezuela y regiones vecinas. Más tarde tendremos ocasión de volver sobre esta savia láctea, que no tiene nada de dañina cuando se bebe accidentalmente algunos sorbos, como hemos hecho algunas veces, pero cuyo uso cotidiano, como sustancia alimenticia, acarrearía pronto graves desórdenes en la economía biológica. Cuando los indígenas la ingieren, es un poco por ocio, un poco para engañar la sed, a falta de agua pura o de frutos silvestres en el camino, o un poco, en fin, para mostrar al curioso que se puede ingerir sin peligro una pequeña dosis de este líquido. Pero no recurren a él, así como los otomacos del Orinoco y los macus del Yapurá no se sustentan de tierra, por más que puedan mezclarla con sus alimentos, o tomar en forma de píldoras como estimulante, aperitivo o digestivo —la cosa importa poco — bolitas de una cierta arcilla.
En su Traité de botanique, A. de Jussieu. yendo más allá que el ilustre Humboldt, dice que el fruto harinoso del Artocarpus incisa y la savia del Galactodendron utile, son "un pan y una leche preparados por la naturaleza para el habitante de estas regiones". Para completar la idea del sabio botánico, agreguemos que si al habitante de Venezuela le falta, para este pan y esta leche un recipiente cualquiera, taza, tazón o platito, para corner más cómodamente, la Crescientia cujete o calabaza puede proporcionárselo a poco costo.
6 Si bien los indígenas de la Pampa del Sacramento aprecian poco como alimento la savia del sandi, en cambio son muy aficionados a su fruto, que es realmente apreciable, pero de una viscosidad desagradable.
7 Se trata del Tamandu miri o pequeño oso hormiguero de los brasileños.
8 Los habitantes de los valles cálidos del Perú y los neófitos de las misiones de la Pampa del Sacramento dan el nombre quechua de puma a todas las variedades de jaguares de gran talla, de pelaje uniforme o moteado, que hay en los bosques del Perú y Brasil, mientras que el mismo nombre de puma, o león de América, no es aplicado por nuestros zoólogos sino al animal de pelaje sepia y unicolor (Feliz concolor o couguar) que se ve en las partes cálidas de América. Agreguemos que el puma o jaguar del Perú vive en la vertiente oriental de los Andes, más o menos a veinte leguas de la región de las nieves, que ronda en toda la zona de la quina, pero no desciende si no excepcionalmente a la región de las palmeras. En las estancias situadas al este de la cordillera a veces mata en una sola noche varios terneros o carneros antes de escoger el animal que se llevará para devorarlo en otro sitio. Las costumbres del jaguar del Perú se diferencian de las del puma o cuguar de las partes cálidas de México (Tierras Calientes) en que el primero sólo caza de noche, se lleva a su presa a las espesuras o barrancos, come lo que puede y abandona el resto, mientras que el segundo, según dicen los zoólogos, caza indiferentemente de día o de noche, y entierra, para volverlos a hallar, si es necesario, los restos del animal que no ha podido ingerir en una sola comida.
9 Este hecho se produce con frecuencia en los pueblos y misiones de la región. Si el paraje habitado se encuentra en las cercanías de un río y en terreno plano, no son los jaguares sino los caimanes los que vienen a rondar en torno a las viviendas y a atrapar el objeto o animal que se pone a su alcance.
10 La costumbre de colgar en la escotadura de su saco, ya sea adelante, ya sea detrás, una o varias vainas de vainilla, es común a la mayoría de las tribus indígenas que hemos visto de paso y en el territorio en que crece, en estado salvaje, la odorífera Lorquídea. El Epidendrum odoratissimum o vainilla comienza a mostrarse en la vertiente oriental de los Andes, en el límite inferior de la región de la quina. Abunda en los bosques de la Pampa del Sacramento, pero no es objeto de comercio por parte de los indios o de los misioneros.
11 [En español en el original. N. del T.]
12 Como ya hemos señalado, los indígenas saludan con las palabras papas o padres a los saccrdotes, frailes y misioneros.
13 La capacidad de esos potes no tiene nada de fijo, y varía entre una y cuatro arrobas de aceite. Es sabido que la arroba española equivale a veinticinco libras, y la arroba portuguesa a treinta y dos.
14 Ello sucedió en 1821, como hemos dicho en otra parte, y que como consecuencia de las disensiones políticas de que fue teatro por entonces la América española, los religiosos franciscanos de las misiones del Ucayali fueron llamados a Ocopa por sus superiores. Después de la batalla de Ayacucho y el licenciamiento de las tropas realistas, la mayor parte de ellos retornó a España, donde habían nacido.
15 Mana, cerro o montaña, montaña de Chanaya.
16 Las perlas de vidrio coloreado, por las que todas las tribus de la Pampa del Sacramento se alocaban antiguamente, apenas si atraen ahora sus miradas. Si aún las aceptan, es sólo como regalo. Y no consideran como moneda corriente para los intercambios sino las perlas de porcelana negra y blanca (chaquiras) y los granos de coral.
17 [En español en el original. N. del T.]
18 La arroba española, como ya hemos dicho, es de 25 libras.
19 Laguna de la Palta. La palta es el fruto del Laurus persea, llamado avocado en las Antillas. No sabemos de dónde ha tomado este nombre singular, pues no hemos encontrado en sus riberas ningún palto.
20 Puede encontrarse estas mismas especies en las aguas del Ucayali-Amazonas, de donde salen y adonde retornan, alternadamente, con ocasión de los desbordes del río, como explicaremos más adelante.
21 No es necesario señalar que la longitud y grosor de estos dardos son proporcionales al tamano del animal. Las medidas que damos han sido tomadas de un daridari de seis pies y medio de circunferencia.
22 Los manatíes disecados que posee el Museo no dan más que una idea imperfecta de la forma real del animal. Los cueros de estos cetáceos, traídos secos y endurecidos por los viajeros, han sido suavizados al vapor por los aprendices de taxidermistas del laboratorio de zoología, y rellenados con tanta estopa como ha permitido la elasticidad de esos cueros. De allí la forma heteróclita de estos manatíes oficiales, que se asemejan bastante a morcillas gigantescas a las que se les habría encajado una cabeza, una cola y aletas.
23 El Juvenal de las irregularidades zoológicas del presente siglo, el muy espiritual autor del Esprit des Bêtes, ha reproducido esta infeliz versión acreditada entre nosotros por algún viajero sobrino nieto de Midas, según la cual los manatíes venían a pastar en las riberas, cargando a sus crías en sus brazos-aletas y arrancando quejas conmovedoras del fondo de su pecho materno.
24 Fue el padre Juan Simini, uno de los religiosos italianos que el reverendo Plaza había tenido como compañeros en Sarayacu, quien lo sucedió en el gobierno espiritual y temporal de las misiones del Ucayali.
25 [En español en el original. N. del T.]
26 La altitud de sus nacientes es de más o menos 15000 pies y, en la Pampa del Sacramento, en los alrededores de Sarayacu, el nivel de su lecho no es más que de 380 pies sobre el nivel del mar.
27 Éstas no se deben, como sus vecinas, a los desbordes del Ucayali-Amazonas, sino que se forman por los ríos que vienen del interior; además sus aguas son siempre negras, mientras que las de las lagunas artificiales son siempre blancas; no hablamos, desde luego, más que de las lagunas artificiales del Ucayali-Amazonas, pues los ríos Jandiatuba, Jutahy, Yapurá, Negro, etc., etc., cuyas aguas son negras, no pueden dar a las lagunas artificiales creadas por sus desbordes sino aguas semejantes a las suyas. Más adelante encontraremos lagos verdaderos, de ocho a diez leguas de circunferencia.
28 Los moyunas que siguen los navegantes indígenas, no por placer, sino para protegerse contra la tempestad que se abate sobre las aguas abiertas, o para vencer más fácilmente las corrientes del, cuando viajan aguas arriba, los moyunas muy accidentados por las formas de las islas y de la tierra firme, los obligan a describir muchas curvas que alargan considerablemente el trayecto. Algunos de ellos no tienen más que una a dos leguas, pero otros, como el Aguaytía-Parana tienen cuarenta y cinco leguas.
29 Pajarito del género de los picos finos con el dorso color ceniza y vientre amarillo. Cuelga su nidos de los cañaverales de la ribera. Los brasileños del Amazonas lo llaman bentevi. Es el Lanius sulphuratus de Buffon.
30 En quechua: hombre de Maquea. El canal y la laguna de Maquearuna que figuran en nuestra carta han sido habitados por el shetebo del que hablamos y sigue llevando su nombre. Más de una vez anotaremos en camino canales y lagunas que, como los de Maquearuna, llevan los nombres de individuos que han vivido o viven todavía en sus orillas.
31 [Onchets o jonchets: juego de paciencia tradicional que se juega con palitos de madera o de hueso. N. del T.]
32 [Tipo de palmeras de regiones ecuatoriales. Su madera es dura y se utiliza para construcción. N. del T.]
33 A pesar de que en todos los tratados de ornitología la perdiz del viejo continente se halla representado en la Guayana por el género Tinamu, en el Brasil por el género Pezu, y en el río Paraguay hasta Buenos Aires por el género Inambu, clasificación que han creído su deber adoptar los sabios viajeros Spix y Martius, los indígenas del Ucayali, a ejemplo de los del Paraguay, han dado el nombre de inambu a tres o cuatro variedades de perdiz americanas, diferentes en el tamano, si no en el plumaje. El ejemplar de que se había en nuestro relato es el representante más grande del género Inambu en la Pampa del Sacramento.
34 Los versos de Safo que dicen "La cigarra sacude en sus alas un ruido armonioso, cuando el soplo del verano, volando sobre las cosechas, las quema...", etc., indican, a no dudar, que en su tiempo, era costumbre detenerse en el efecto producido por el insecto sin averiguar a qué se debía. Xenarco, poeta cómico que nació más o menos dos siglos y medio después de la ilustre lésbica, y fue contemporáneo de Aristóteles, sabía que entre las cigarras sólo los machos tienen órganos de chirrido, las mismas que, en las hembras, sólo existen en estado rudimentario. De ahí esos versos en los que, al encontrar la raza de las cigarras más favorecida en algunos aspectos que la de los hombres, exclama en un momento de malhumor contra el bello sexo: "¡Felices las cigarras, pues sus hembras están privadas de voz!".
35 Estas formas de aprovisionamiento, que tienen lugar de tres a cuatro veces por año, sirven no solamente para alimentar el convento, sino a efectuar un poco de comercio con los cholos cristianos de los pueblos del Huallaga, que vienen a Sarayacu, como hemos dicho en otra parte, a cambiar sus tejidos de algodón, sus venenos de caza y sus sombreros de paja, llamados de Moyobamba, por pescado salado, tabaco en rollos y zarzaparrilla. Estos diversos artículos (sobre todo el último) son revendidos por ellos con gran beneficio a los ribereños del Alto Amazonas, que los exportan a Para.
36 [Cf. nota 49 de la Novena Etapa. N. del T.]
37 [Ave zancuda, típica de América central y meridional (Talamedea cornuta); mide 80 cms de largo, dos metros de envergadura y 60 cms de alto. Sus plumas so de color marrón con reflejos verdes. Su pecho es gris y su barriga blanca. N. del T.]
38 [Tipo de garza rechoncha, con pico enorme en forma de navecilla con una larga abubilla negra. Vive en las sabanas inundadas, al borde de los grandes ríos y se alimenta con crustáceos. N. del T.]
39 Los indios del Alto Amazonas han dado el nombre de iapuna a esta ninfea a causa de la semejanza de su hoja con la gran sartén de hierro y sin mango (panela) que utilizan para secar la harina de yuca. El utensilio se llama en el idioma tupi o lengoa geral del Amazonas iapuna. Uaopé es el nombre con el cual designan al pájaron benteví de los brasileños (Lanius sulphuratus), del cual ya hemos tenido ocasión de hablar. Como esta ave frecuenta las hojas de nuestra ninfea sobre la cual se posan insectos, moscas y libélulas, con los que se alimenta, los indígenas han añadido su nombre al de la sartén que les recordaba la forma de la hoja de ninfea. De allí iapuna-uaopé —sartén del pájaro uaopé—.
40 En lengua tupi: teañha, anzuelo; jurupary, diablo. Anzuelo del diablo a causa de las largas y numerosas espinas de que están armados los peciolos y pedúnculos de la planta.
41 De l, agua, y rupè, plato o tapa plano, o sea literalmente: plato de agua.
42 Desde 1810, y como resultado de que no contrajeron ninguna alianza con las tribus vecinas, los sensis han conservado hasta hoy en toda su pureza el tipo original de la familia, mientras que los amahuacas y chacayas —al menos, así lo creemos— se han mezclado con los cocamas del Alto Amazonas, con los cuales la situación misma de su territorio, cerca de la desembocadura del Ucayali, los ponía en relación.
43 [En español en el original. N. del T.]
44 ¡Oh! ¡Ah! ¡Eh!.
45 Tal interjección varía según el sexo del individuo que la emplea y el sexo del individuo a quien se dirige. Por ejemplo, de hombre a hombre, ¡yau! De hombre a mujer ¡papau! De mujer a hombre, ¡tutuy! De mujer a mujer ¡ñauñau!
46 Se trata de la Peperonia tinctorioides, de la que se ha hecho mención en la Revue des Indiens Conibos.
47 La tela, al salir del telar, es lavada en una cocción de achiote de dorador.
48 No es sino a partir del territorio de los conibos, cuando comienzan a mostrarse los mosquitos, que los indígenas recurren a los mosquiteros. Más allá de Paruicha, donde los mosquiteros son casi desconocidos, el lector ha visto, como nosotros, que los chontaquiros y los antis duermen en el suelo y a menudo a la intemperie, con la cabeza escondida en su saco. El uso de un candil encendido bajo el mosquitero ha sido adoptado por los ribereños del Ucayali con el fin de alejar a los tigres que, durante la noche, vienen a rondar en torno a sus viviendas, casi siempre abiertas a todos los aires. En cuanto a la amplitud del mosquitero, varía según los recursos de los individuos. Algunos habitantes del Alto Amazonas tienen piezas de tela bajo las cuales pueden dormir con comodidad de ocho a diez personas.
49 Al detenernos por un instante en las misteriosas afinidades que tiene el rostro humano con la cara de ciertos animales, observaremos que la faz de la raza de las altas cumbres recuerda, por las líneas y la expresión, el ave de presa de género noble, y que la cara de la raza pano tiene la mayor analogía con la cara del Bradípodo conocido bajo el nombre de Ai o perezoso.
50 Clitoria minima scandens.
51 Es posible encontrarlos empleados aún hoy por los naturales de Oceanía, Puerto Dorey, Tonga-Tabu, Bea, Viti, etc., así como hemos dicho en nuestra monografía sobre los incas del Perú.
52 En los géneros de palmeras exclusivamente destinadas a los techos, las hay de más o menos follaje. Así los ejemplares del género Metroxylon tienen de 6 a 7 hojas, las Oreodoxas de 7 a 8, las Acrocomias de 7 a 9, las Nipas de 12 a 15, etc.
53 El convento de Sarayacu tiene cincuenta y siete metros de longitud por diez de ancho.
54 El nombre de Sapote viene de un árbol de la familia de las sapoteas (Achras Sapota) que los antiguos cocamas plantaban en torno a sus viviendas a causa de sus frutos, a los que eran particularmente aficionados. El Achra Sapota es muy común en los valles orientales del Perú, donde los quechuas lo llaman lucma. No podríamos comparar mejor sus frutos, amarillos, pastosos y dulces, que con una yema de huevo cocido y azucarado.
55 [En español en el original. N. del T.]
56 No nos sorprende en el padre Fritz este conocimiento imperfecto de una región en la que no habitaba y que tenía que trazar en el papel. Pero lo que nos asombró mucho fue ver que el reverendo Plaza, que vivía en ella desde hacía cincuenta y un años, y que decía haberla recorrido en todos sentidos, sostener un día delante de nosotros, con ese aire convencido que no admite réplica, que el río Ega o Tefé, afluente de la margen derecha del Amazonas, y el río Yapurá o Gran Caquetá, afluente de su margen izquierda, no eran más que un mismo y solo río con nombres diferentes.
57 Se debe al mismo padre Samuel Fritz la creencia vigente durante un siglo de que el Tunguragua, o Alto Marañón, era el verdadero tronco del Amazonas.
58 [En español en el original. N. del T.]
59 Si hubiesen mirado con mayor atención habrían visto que la dirección de la corriente del canal era de oeste a este y no de este a oeste. Pero en gentes simples de espíritu en su mayor parte, semejante inadvertencia se concibe tanto mejor y es más excusable por cuanto un sabio delegado por el gobierno francés, uno de los cuarenta inmortales de la época, La Condamine, cayó en el mismo error, como veremos más tarde, al tomar los canales del Arenapo por las bocas del Yapurá, y dio varias desembocaduras al río Purús, que siempre tuvo una sola.
60 Hoy se sabe que el Beni se une al Mamoré-Guaporé para formar el Madeira, que el nombre de Paro no ha sido dado jamás por los indígenas sino al Ucayali, y que el río Paucartambo, llamado sucesivamente Paucartambo, Arasa, Mapocho, viene, con el nombre de Camisea, a verterse en el Ucayali en el paraje señalado en uno de nuestros mapas.
61 Daremos algunos detalles al respecto al pasar ante la desembocadura del Yavarí.
62 Algunos los hacen ingresar en el Amazonas por el río Yurúa, otros por el Jutahy. Observemos de paso que las fuentes de ambos ríos aún son desconocidas. Una tercera versión, la más verosímil, hace entrar a Pedro de Ursúa y a sus compañeros en el Alto Amazonas o Marañón por el río Huallaga.
63 En el artículo Missions de la plaine du Sacrement [Misiones de la Pampa del Sacramento] hemos hablado de una noticia biográfica publicada por el diario El Comercio de Lima sobre el reverendo José Manuel Plaza, prior de Sarayacu. Uno de los pasajes de esta biografía recuerda una excursión realizada en los bosques del Ucayali —el biógrafo no dice a qué punto— y trata al mismo tiempo de los pretendidos efectos de embriaguez y de sueño ocasionados por la leche del sandi. El pasaje es bastante curioso, y lo traducimos a vuelo de pluma para edificación de nuestros lectores.
[En la casi imposibilidad de ubicar el artículo original, ofrecemos su retraducción a partir de la versión que da Marcoy. N. del T.]."
Durante una de esas jornadas de marcha en que el padre Plaza tuvo que sufrir por la sed, notó que los indios que lo acompañaban practicaban una incisión con el hacha en los troncos de ciertos árboles y saciaban su sed con la leche que brotaba de ellos en abundancia. Las fiebres que había sufrido en Sarayacu le habían dejado una obstrucción de estómago que uno de sus hermanos, médico en Quito, había hecho desaparecer administrándole una pizca de la resina del sandi. Apenas supo el reverendo que la leche que tomaban los indios era la del sandi, que una mitad por sed y otra por reconocimiento al remedio providencial que lo había librado de su mal, quiso beber un poco de ella como hacían los naturales. Por más que sus compañeros le hicieron presente que la bebida, a la cual no estaba acostumbrado, iba a causarle una fuerte embriaguez, permaneció sordo a sus consejos. Así pues, al verlo llevarse la bebida a los labios, se apresuraron a recoger hojas secas y a preparar un lecho sobre el cual se dejó caer el reverendo inmediatamente después de tomar el líquido. Imposibilitado de moverse, durmió con un profundo sueño durante algunas horas. Al despertar se vio rodeado por sus fieles compañeros, que no lo habían perdido de vista ni un instante. Fue así cómo aprendió a sus expensas que la leche del sandi embriaga fuertemente a los que la beben por primera vez, etc., etc."
Pedimos gracia al lector por el resto de la noticia.
64 Algún relapso llamado Cefirín debió habitar está quebrada hoy desierta, y le habría dejado su nombre. Del mismo modo unos desertores brasileños han dado el suyo a los Igarapes del Amazonas.
65 En su Géographie universelle de Maltebrun, entièrement refondue et mise au courant de la science, el señor Théopile Lavallée ha creído su deber dar el nombre de Perú Bajo a esta fracción mínima del Bajo Perú, y ello por dar crédito a un turista que remontaba el curso del Marañón y se contentaba con mirar de paso la parte de la región situada a su izquierda. Que ese turista, inducido a error por el aspecto de los lugares y tomando el todo por la parte, tomase como Bajo Perú las riberas bajas del Ucayali en su desembocadura, tal error es sin consecuencia, ya que el turista, así como el novelista, tiene derecho al capricho y a la fantasía, y como su espíritu no es más que un anteojo con cuyo extremo grueso o extremo delgado se divierte contemplando el objeto real. Pero que un autor serio, que continúa o más bien refunde la Geografía clásica de Maltebrun, haya acogido sin examen una información tan superficial y la haya intercalado en su obra, es algo que no se puede admitir, sobre todo después de que los nivelamientos geodésicos de Lloyd y Falmarc, los levantamientos y trabajos ejecutados en tiempos de Simón Bolívar, y por su orden, han fijado netamente las altitudes, las divisiones y los límites de los dos Perú.