Derechos adquiridos*
p. 205-213
Texte intégral
1Cuando solté en el congreso mi discurso escrito sobre los derechos adquiridos, ya sabía que iba a abrir un avispero del cual saldrían cuatro mil avispas para clavarme venenosos aguijones, ya fuese por el rostro o por la espalda. Y antes de pasar adelante, debo contestar al grave cargo que se me hace, de comparar a los hombres con los animales, diciendo que: como pintor, aun cuando de brocha gorda, me es mucho más fácil expresarme por medio de imágenes o figuras que de cualquier otro modo. Mas prosigamos.
2Apenas resonaron mis sacrilegas palabras estalló furiosa la tempestad, y en todo punto en donde había derechos adquiridos se hizo un pronunciamiento y se redactó una acta en contra del discurso y del autor. Se me declaró la guerra en toda forma e inmediatamente se organizó el ataque. Como no hay guerra sin plata, se hizo entre los ofendidos una colecta para reunir fondos. Cuando hubo más de cien soles, los socios de más luces se encargaron de aclarar la cuestión “derechos” que se hallaban un tanto torcidos y eclipsados. Los sabios esgrimidores de pluma se encerraron durante diez días para guisar en estilo criollo sus picantes artículos y sus grasosas y suculentas notas y ¡oh milagro de los derechos adquiridos! Para defender tan particular cuestión, y combatir mi discurso los Aeropagitas, después de romperse las sapientísimas molleras, solo encontraron las poderosas y convincentes razones de:
3Que yo tengo la mala costumbre de comparar a los hombres con los animales. (verdad).
4Que soy boliviano. (mentira).
5Que yo he vivido siempre del Estado y que no he mandado ni siquiera un cuadro al museo nacional. (mentira).
6Que mi padre vivió del tesoro público, y que todos los miembros de mi familia tienen derechos adquiridos. (verdad; porque veo que en mi familia hay ese abuso, tengo el derecho de hablar; como hay en la república trescientas familias parecidas a la mía, tengo el derecho de gritar.)
7Que ahora hace trece años escribí el “Aguinaldo” en el cual describía costumbres de ahora 25 años y que, además, lo hice imprimir en castellano en un país en donde solo se habla francés y en donde rarísimas personas conocen el idioma español. (verdad).
8Que he pretendido destinos. (falso).
9Que por haber puesto la puntería muy alto, como la oficialía mayor de un ministerio o la dirección de la escuela Normal, no he podido atrapar mi destinillo. (mentira).
10Que por no haber conseguido un puesto en algún huesero, reviento de rabia y muerdo al que muerde un derecho adquirido. (Falso. Siempre que se ofrece hablar de algún hombre de mérito, lo colmo de alabanzas, y más de una vez me he empeñado por el adelanto de algún servidor capaz y honrado.)
11Que me he casado con una mujer rica, y que soy desmañado. (hay en esto, que la primera parte pudiera ser verdad, y que la segunda es completamente falso.)
12Que siendo liberal he votado por la intolerancia. (cierto).
13Después de alegarse tan luminosas razones, no hay más que inclinar la cabeza y declarar la santidad del dogma de los derechos adquiridos.
14Voy sin, embargo, a contestar a las pulcras lisonjas de ciertos escritores que, compadecidos de mi ignorancia y de mi mal estilo, me dan preciosas muestras de su exquisita cultura. Para satisfacer a algunos cargos, y disipar algunas dudas, tengo que referir pormenores de mi vida íntima, que había querido conservar siempre secretos y que ahora publico a riesgo de ser también canonizado. Pero siendo el ataque personal, personal tiene que ser la defensa.
15Principiaré por el principio, como dicen las gentes ignorantes como yo.
16Si los eruditos (no a la violeta) que no muerden, tienen alguna duda acerca del punto donde nací, pueden dirigirse a alguna persona que resida en Tacna para que saque de allí mi partida de bautismo: mas si quieren economizar tiempo y dinero, pueden pedir informes a ese respecto al respetable señor Vijil y al señor coronel Inclán.
17Con respecto a la acusación de que he vivido siempre del Estado y que he sido desmañado, tomando esta palabra en la acepción de falto de industria, puedo decir con orgullo que desde que tuve 15 años he vivido con mi trabajo, pues dirigiendo una clase de dibujo en el colegio del señor Noel (el colegio más ordenado y moral de esos tiempos) yo costeaba mi instrucción, mi comida y mi alojamiento en el mismo plantel, y allí también continué viviendo, por mi trabajo, aun después que pasé de externo a San Carlos para seguir otros cursos. Y no se crea que yo estaba entonces abandonado por mi padre, quien jamás fue indiferente para conmigo, pero él se complacía al ver que yo sabía adquirir mi subsistencia y yo tenía orgullo en ser independiente, renunciando mis derechos adquiridos naturales. El señor D. Clemente Noel puede responder si digo o no la verdad.
18A principios de 1843 pisé por primera vez las playas de Europa en donde estuve en mi primer viaje hasta el año de 1849. En esa época nada tuvo que hacer el Estado conmigo. Yo hice el viaje de ida y de regreso parte con dinero mío, es decir con dinero legado por mi madre, y parte con los auxilios de mi padre, remitidos por el conducto del señor D. José Domingo Castañeda, quien puede decir si digo la verdad o miento.
19Desde el año 49 al 52 viví de mi trabajo, y de este aun pagué a mi mismo padre lo que había gastado en mi pasaje de Inglaterra al Callao.
20En el año 52 quise volver a Europa con el objeto de poder trabajar de un modo más amplio de lo que podía hacer en el país, y mi padre mediante la amistad que tenía con el señor general Echenique, consiguió (aquí está la gran culpa) que el Estado me mandase por cuatro años, junto con otros jóvenes, a condición de que remitiese algunas copias o cuadros originales. Condición que cumplí, como consta por los cuatro cuadros que existen en el Museo, y por una nota de recibo que me constestó el señor ministro de instrucción en el año 1859.—Y ya que viene al caso diré que, en esa época, el 52, el Sr. general Echenique por deferencia a mi padre, quiso hacerme cónsul del Perú en Roma; cargo que rehusé a la primera insinuación, y que si lo hubiese admitido, como lo habrían hecho muchos, yo tendría quince años de servicios, que equivaldrían a treinta, porque serían servicios prestados a la nación en el extranjero; es decir que ya podría tener, según la reparación, mi sueldo íntegro en mi casa.
21En el año 56 regresé al Perú, y tanto en la capital como fuera de ella me ocupé en pintar, aun cuando fuesen malos, retratos de familia y malos cuadros para la catedral de Arequipa.
22Pero es preciso retroceder un momento al año de 1854. En ese año los peruanos que residíamos en París, en cada vapor recibíamos las noticias más tristes de la patria. Por una parte se decía que el Ecuador nos había humillado de la manera más cruel a consecuencia de la expedición Flores. Por otro lado se afirmaba que el general Belsú (sic)1 teniendo en muy poco a los peruanos, hacía correrías en nuestro territorio y daba otras pruebas de tener por nosotros el mayor desprecio. También se decía que, a tamaños insultos, el gobierno peruano hacía la venia al Ecuador y se desentendía de las injurias de Bolivia.
23A semejantes noticias se agregaban las historias de la consolidación. Esas historias que por sí eran de gran bulto, llegaban a París todavía aumentadas. Omitiré referir las cosas que entonces se contaban; pero solo diré, que la colonia peruana en París estaba atónita con lo que se decía pasar en estos mares y los jóvenes del cuartel Latino manifestaban su desesperación a gritos.
24Bajo esas impresiones escribí, tres (sic) años ha, un folleto que llevó en su carátula el título de “AGUINALDO”; folleto que los que me atacan califican de padrón de ignominia para el Perú y que, por esta razón sin duda, esos buenos patriotas han tenido la patriotería, como diría el H. doctor Pazos, de reimprimirlo para hacer revivir y propagar la deshonra de su patria.
25Tomando pues un “Aguinaldo” reimpreso y comentado, lo he leído y juzgado con tanta calma e imparcialidad como si fuera una producción ajena.
26Cualquiera que sea la forma del “Aguinaldo” se nota en él un patriotismo ardiente. Las palabras son crudas y bruscas: son el grito desgarrador que lanza el que piensa que su patria se hunde y se pierde. La forma es incorrecta y exagerada, tal vez para producir mayor efecto, pero la intención es recta. Solo encuentro una frase que no debió ponerse o que pudo redactarse de otro modo para no hacer una inculpación casi general, y es aquella de “Pues bien: sabed que la mayor parte (de los hijos mal criados) a los quince años son rateros y que a los veinte, por falta de valor, no son bandidos”. Si en vez de decir la mayor parte hubiese dicho “algunos” habría sido más exacto y menos vulnerable el “Aguinaldo”. El resto del indicado folleto encuentro que es casi un daguerreotipo, confuso si se quiere, de los tiempos a los que me refiero, como es hoy una fotografía mi discurso sobre los derechos adquiridos. Pudiera suceder, y es preciso esperar que así suceda, que de aquí a 25 años el Perú cambie de manera de ser con respecto a sus servidores y si entonces se reimprime mi discurso, sin dejar de ser exacto hoy, tal vez ya no lo sea en los futuros tiempos. Esto es lo que sucede con el “Aguinaldo”: hoy ya no es exacto, pero, salvando algunas exageraciones, lo fue al resaltar nuestras antiguas costumbres. Yo he descrito aun, cuando de un modo desagradable, la educación que se daba ahora 25 años. El “Aguinaldo” es una crónica pasada que, por fortuna, no tiene la misma aplicación en estos días que la tuvo cuando se escribió.
27La educación de la juventud, sin ser ahora completa, es infinitamente superior a la que en otros tiempos se daba. Para probar que yo no me desvié tanto de la verdad y que los que me atacan opinan casi como yo, preguntaría a los anotadores ¿creen UU. quisquillosísimos señores, que sus esposas, hermanas e hijas tienen la misma educación que las suegras, madres o tías (yo tomo a la mujer como a la primera maestra del niño, y mientras mejor educada esté la maestra, mejor enseñado estará el discípulo)? ¿Piensan que hoy existe en el colegio de Santo Toribio la misma moralidad que la que hubo ahora 25 años? ¿Juzgan que en el colegio de San Carlos en los últimos años había la misma compostura que en los tiempos del doctor Charum (sic)?2 Por mucho que sea la saña de los comentadores del “Aguinaldo”, tendrán forzosamente que confesar que si la educación es ahora regular o buena, la antigua era, en general muy mediana o muy mala. Basta ver el programa del colegio que dirige el benemérito ciudadano Agustín La Rosa Toro, para convencerse que la educación que se da difiere, pero en mucho, de la que en otros tiempos se dio.
28Con respecto al honor de nuestras armas y al lustre del pabellón nacional, también hay notable diferencia3 de lo que eran ahora 13 años a lo que son después del glorioso 2 de Mayo. Mas, el patriotero comentador del Aguinaldo, formando una ensalada cocida de todas las épocas, haciendo resonar su trompa con una marcialidad portuguesa, pondera nuestras hazañas, canta nuestras victorias y niega que nuestra bandera haya estado algunas veces enlodada.
29Pero hay dos cosas en este asunto: o el señor comentador no ha leído nuestra historia desde que se inició la independencia hasta el lo de Mayo o es tan buen pobre que se conforma con muy poca cosa para su patria. Cualquiera de nosotros que lea la historia de nuestra emancipación ve, con pesar, el papel secundario que representa el Perú con respecto a sus aliados. Esto no es decir que nos faltasen esforzados patriotas que trabajaran por nuestra independencia desde el año 10: esto no es negar que hubo peruanos ilustres que se lanzaron heroicamente al sacrificio por libertar a su patria. ¡Bendita sea su memoria! Pero, por los partes oficiales, es decir por la historia, los ejércitos aliados son los que aparecen como los astros de gloria y los ejércitos peruanos como sus satélites. Con la patriotería no se desmiente la historia, y si los patrioteros se dan por muy satisfechos, yo no. Yo deseaba, como un sediento de agua, un 2 de Mayo que presentase al Perú, solo, combatiendo y venciendo a fuerzas superiores a las suyas y que podéis decir al mundo entero: “Yo también sé vencer sin ayuda de nadie”. Yo deseaba un 2 de Mayo para que el Perú dijera lleno de confianza a sus aliados: “Aquí tenéis mi brazo, que es tan vigoroso como el vuestro, para que combatamos juntos a los enemigos de la América”. Así debe pensar el que es patriota, aun cuando así no piense el patriotero.
30El comentador del “Aguinaldo”, olvidando o ignorando los hechos acaecidos después de la independencia, frunce su ceño patriotero porque señaló al Portete o Ingavi: se enfurece porque ahora 13 años hice constar que nuestra bandera estaba enfangada y con un santo calor de tan falsa, ridicula como insustancial patriotería, exclama:— “Con la indignación que inspira en todo corazón patriota (habla el patriotero) estas palabras que son el dogma de la apostasía del señor Laso, le contestamos (y entiéndase que en tiempo del “Aguinaldo” no había un 2 de Mayo) que miente, por que a pesar del fango que intenta echar sobre su gloriosa bandera, hechos muy heroicos y cuyo brillo no pueden eclipsar las supercherías del señor Laso, ponen a la bandera de la patria en el más alto grado posible de esplendor”. Pero todas estas palabras, refiriéndose a épocas anteriores al 2 de Mayo, no pasan de ridiculas andaluzadas, porque, además del Portete e Ingavi, hay otros puntos que se llaman Yanacocha, Socavaya y Guía. Nada importa que en esos encuentros desgraciados desplegasen heroico brío algunos compatriotas nuestros; pero el resultado fue que nos derrotaron, que nos tomaron prisioneros y aun banderas, para arrastrarlas literalmente por el fango. Si los señores patrioteros creen que con callar nuestras faltas ya no hay necesidad de repararlas, si porque su patriotería cante victoria ya queda el pabellón purificado, limpio, bien lavado, almidonado y planchado, dan una triste idea de su patriotismo, dan tristísima idea del modo como comprenden el honor nacional. Por mi parte, entiendo el patriotismo de otro modo. Nunca pude alucinarme a tal punto de creer limpio el pabellón nacional cuando no lo estuvo, y necesitaba un 2 de Mayo para que considerase lavado el estandarte bicolor. ¡Bendito seas glorioso 2 de Mayo que serviste de lejía para limpiar la bandera de mi patria! (Que se me perdone la palabra lejía, siquiera porque hablo también para los criollos que me comentan.)
31Una de las mayores acusaciones que se me hacen, es la de haber publicado el “Aguinaldo” en el extranjero, y esta acusación es la que encierra más ignorancia o felonía. Imprimir no es publicar. Si yo hubiese escrito el “Aguinaldo” en francés y lo hubiera repartido a franceses o si lo hubiese publicado en algún periódico de París, se habría tenido razón entonces al decir que yo publiqué el folleto en el extranjero pero como yo hice la impresión en español y en una imprenta particular, de donde salieron los ejemplares empaquetados para venir al Perú, solo reservando 20 folletos únicamente para los peruanos que se hallaban conmigo, no puede pues decirse que yo publiqué el “Aguinaldo” en el extranjero solo porque no fue impreso en la imprenta del “Liberal”. Suponiendo que un chino escribiese en su idioma un “Aguinaldo” en la imprenta del “Liberal” y que de esa imprenta saliesen los ejemplares húmedos para el celeste Imperio, ¿tendrían razón los patriotas de Pekín para decir que se deshonró al celeste imperio publicando un folleto en Lima, en donde ningún peruano lo ha visto ni podido leerlo por ignorar el idioma de Confusio (sic)?
32Mas suponiendo que no tuviese disculpa la publicación del “Aguinaldo”, ya sea en su forma y en su fondo; concediendo que el “Aguinaldo” sea un cáustico infamante para la República, ¿es patriótico el renovar las llagas reimprimiendo el folleto? Si yo hice mal en publicarlo ahora 13 años, peor hacen los patriotas que lo reimprimen. Yo tal vez, por ideas exageradas o falsas, hice un mal creyendo hacer un bien; pero los patrioteros que me atacan convencidos, según lo cantan, que el “Aguinaldo” hiere y desprestigia al país, gozosos propagan la deshonra, solo porque creen dañar al que combate sus derechos adquiridos. ¿Es lícito para esos señores infamar a su patria solo porque conviene dañar a un individuo? ¡No comprendo el patriotismo de tanta patriotería!
33Los patriotas que solo atacan a mi persona para probar la justicia de sus derechos, dicen que siempre pretendí destinos y que, si no he encontrado un rincón en un huesero es porque puse la puntería muy alta. Voy pues a satisfacerlos seguro de que, esos señores, tendrán mucha pena cuando sepan lo muy engañados que están a ese respecto.
34Es un error pero de los más crasos, el suponer que en el país de los empeños, no haya podido conseguir un empleo el que como yo tuvo un padre con cierta influencia y muchos amigos en los más encumbrados puestos. Si hubiese querido ser empleado, desde muy temprano habría asegurado un puesto y a pesar de mi incapacidad, ya sería coronel o vocal. Vocal ramplón si se quiere, coronel solo bueno para recibir un sueldo; pero mis derechos adquiridos serían tan saneados como los del jefe más benemérito y los del juez más experto. Pero lejos de pretender he rehusado algunas colocaciones, que algunas personas han tenido la bondad de ofrecerme. Cuando el señor D. Manuel Costas4 fue presidente del Consejo de Ministros, y el señor Dr. Pacheco5 cuando la Dictadura, me ofrecieron puestos que, para la gente que mide la importancia del empleo por el sueldo que rinde y la enjalma que lo distingue, eran un poco más que oficialías y rectorados. Los señores Costas y Pacheco están vivos y pueden decir si miento.—Es indudable que esos señores se equivocaban creyendo que un pintor podía ser tan apto para desempeñar ciertos puestos, como lo son muchos que jamás tuvieron ciencia ni profesión conocida, pero también es cierto que yo no he pedido empleos y que, cuando me los han brindado, he tenido o la modestia de no aceptar lo que no podía desempeñar con lucimiento o el desinterés de despreciar la rica fuente de los derechos adquiridos. Y lo que hay todavía de más cierto es que los patriotas que me ofenden tal vez no harían lo que yo hice.
35Después del “Aguinaldo” nada hay para los señores escritores más vulnerable en mi discurso que el haberme casado con mujer rica (según ellos.) Como las confidencias tienen también su límite, a pesar de haberme ya manifestado demasiado expansivo, no puedo entrar en ciertos detalles para probar que el pan que como y la ropa que visto no los debo a nadie. Y si los que me afrontan mi matrimonio como una gran falta piensan que con ese enlace hice un magnífico negocio, están completamente engañados; porque teniendo por máxima “lo que es de mi mujer no es mío” mucha más libertad para gastar dinero tenía de soltero que de casado. Pero, aprovechando de las indirectas delicadas que me lanzan los patriotas, sobre el matrimonio, y para que otra vez no pregunten de qué vivo, desde ahora declaro abierto mi taller para todo el que quiera ocuparme como pintor. También ofrezco mis servicios para dar lecciones en los colegios, en los cuales enseñaré a los niños a hacer figuras, y a la vez les predicaré, que es mejor servir a la patria enriqueciéndola con alguna industria, que empobreciéndola con tanto reclamar de ella derechos adquiridos. Y al volver el zapatero a sus zapatos no cesará de interesarse por la cosa pública, ni dejará de escribir cuando lo juzgue conveniente.
36También se me hace un cargo por haber votado, siendo liberal, por la intolerancia. Si hubiese asistido a una universidad en donde se tratase sobre la bondad de la tolerancia, habría dado mi voto a favor de ella; pero como en el congreso se trataba sobre si la tolerancia la acepta o no la mayoría de los peruanos, voté en contra, para evitar grandes males y aun para salvar la poca tolerancia que existe entre nosotros. Si para ser buen liberal es indispensable llevarse más de los prospectos sin aplicación que de la conveniencia pública, entonces los señores que me critican pueden guardar mi título de liberal para envolverlo con su patriotería. Y, ya que se toca el punto religioso, desde ahora prevengo que estaré en contra de la “desamortización de los bienes eclesiásticos”; porque lo que veo al fin de la fiesta es que los bienes eclesiásticos serán vendidos para pagar sueldos o repartirlos entre los servidores, a cuenta de los derechos adquiridos. ¿Y qué resultará después que los servidores se hayan comido los bienes de la iglesia? Que el Estado tendrá también que mantener a todo el que lleve hábito o sotana, duplicándose de este modo el número de pensionistas. Habrá entonces servidores divinos y humanos. Verdad es que todos ayunarán como buenos cristianos y, en último caso, embestirán a los bienes de los particulares.
37Mas, ya es tiempo de terminar este artículo; pero antes debo decir que los señores que me atacan, en su furor, no ven de un modo claro lo que digo en mi discurso.
38Yo no quiero ni pretendo que a todos los servidores se les prive de sus haberes: lo que he pedido es, que queden reducidos a los límites que les señala la Dictadura, porque creo que este es un medio más económico para el Estado y más seguro de que se paguen bien las pensiones. Ahora no se quieren setenta y cinco pesos en plata: se quieren ciento, aun cuando estos ciento se den mañana en papel y que vendidos a usureros solo valgan veinte y cinco.
39Tampoco he dicho que todos lo empleados, ya sean militares o civiles, sean inútiles. Desde el momento que afirmo, que por uno bueno hay 3 que no lo son, claro es que hago una excepción de un 25 por ciento. De ninguna manera puedo negar que hay oficinas y empleados que trabajan. Como la tesorería hay otras oficinas, pero no en todas se encuentran jefes y subalternos tan laboriosos como el señor Helguera. Con respecto a los militares diré otro tanto. Conocidos son los servicios de muchos de nuestros jefes, pero no todos son igualmente beneméritos. Más diré: los datos que tengo sobre los militares y empleados, los poseo de los mismos servidores (pero buenos) que se quejan del abuso que hay en el día en los ramos civiles y militares, y mucho de ellos, mal que les pese a mis comentadores, han aprobado mi discurso. Y en efecto: ¿en qué se puede creer aludido el militar valiente y que ha hecho con brillo su carrera, cuando se hable del militar inútil? ¿Por qué el empleado honrado y laborioso ha de tomar como alusión personal lo que se diga de los malos empleados? Yo hablo en general y repito lo de Iriarte:
A todos y a ninguno
Mis advertencias tocan
Quien las siente, se culpa;
El que no, que las oiga.
…………………………………….…………………………………………………
Y pues no vituperan
Señaldadas personas (sic),
Quien haga aplicaciones
Con su pan se las coma.
Notes de bas de page
* * “Derechos adquiridos”. El Nacional, 22 de mayo de 1867.
1 Laso se refiere a Manuel Isidoro Belzú, quien fue presidente de Bolivia entre 1848 y 1855 y estuvo casado con la escritora Juana Manuela Gorriti, colaboradora de La Revista de Lima. Ed.
2 Agustín Guillermo Charún (Lima, 1792 –Huanchaco 1857), clérigo y político que asumió el rectorado del Colegio de San Carlos en 1839. Ed.
3 “de ferencia” en el original. Ed.
4 Manuel Costas (Puno, 1820-1883), agricultor y comerciante. Fue designado Ministro de Gobierno y Presidente del Consejo de Ministros durante la ocupación española de las islas de Chincha (1864). Habla sido uno de los principales colaboradores de Ramón Castilla e incluso llegó a sufrir prisión cuando este fue apresado, acusado de conspirar contra Pezet (1865). Activo integrante del Partido Civil, acompañó a Manuel Pardo en las elecciones y fue elegido primer Vicepresidente de la República (1872-1876). Durante la guerra con Chile fue elegido nuevamente senador por el departamento de Puno y presidió el Congreso de Arequipa (1883). Tauro, Enciclopedia ilustrada del Perú, vol. 2, p. 577. Ed.
5 Uno de los amigos más cercanos de Laso, José Toribio Pacheco (Arequipa 1828 - Lima, 1868) ocupó el Ministerio de Relaciones Exteriores bajo el gobierno de Mariano Ignacio Prado, entre noviembre de 1865 y marzo de 1867, en pleno conflicto con España. Destacado jurista y diplomático, estudió en el Convictorio de San Carlos (1843) y luego en la Universidad de Bruselas (1849-1852). A su regreso se doctoró en Leyes por la Universidad de Arequipa. Establecido en Lima, asumió la redacción de El Heraldo (1854-1856), desde donde combatió al gobierno de Ramón Castilla. Regresó a Arequipa para unirse a la revolución de Manuel Ignacio de Vivanco, como oficial mayor del Ministerio General (1856-1858). Es probable que entonces haya conocido a Laso, quien también se encontraba en esa ciudad. Pacheco fue redactor de La Bolsa (Arequipa, 1860), de La Caceta judicial (Lima, 1862) y de La Revista de Lima. Fue también Ministro de Relaciones Exteriores en el gabinete presidido por Manuel Costas (1864). Publicó Cuestiones constitucionales (1854); Tratado de Derecho Civil (2 vols., 1860-1864). El Museo de Arte de Lima conserva un boceto para su retrato al óleo por Laso, quien fue también uno de los firmantes de la invitación a los funerales de su amigo. “Defunciones”, El Nacional, 20 de mayo de 1868. Véase también Tauro, Enciclopedia ilustrada del Perú, vol. 4, pp. 1508-1509. Ed.
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