Sino de Hileia
Texte intégral
Ces formes bizarres qu’on voit flotter dans la nuit,
aux premières heures du matin !1
Sony Labou Tansi
1Antes que nada, se trata de saber qué no escribir en el atrio prefacial2 de ese texto pantofágico en el cual un profesor francés de filosofía supuestamente austero, autoridad de renombre internacional en la obra de Juan Amadeo Abetito (originariamente, Johann Gottlieb Fichte), entra en estado de esquizo-estupefacción creativa ante la imposibilidad de domesticar la “condición brasileña” a través del concepto y se pone a divagar furiosamente a partir de un célebre episodio alucinatorio del hereje judío ibérico Bento Espinosa, trans-confundiéndolo y metamorfundiéndolo con el estupor del Descartes leminskiano del Catatau. El autor se pone así a disparar flechas puntiagudas a diestro y siniestro como uno de esos arqueros mitológicos de las narrativas indígenas que sólo dan en el blanco cuando están mirando para otro lado, hacia cualquier dirección menos hacia aquella en que está la presa. A veces erran, resultado doblemente necesario de cualquier texto errante3. Muchas veces aciertan, cuando el arquero mira hacia el lado equivocado correcto. Erran para acertar, aciertan cuando erran. Pero nadie sale ileso de esa antropojaguaromaquia fantástica. Y menos aun la Nación Brasileña, esa idea europea materializada en una monstruosidad inabarcable para el Cogito, y que termina aquí carnavalescamente destotalizada en un Brasil-1. El Brasil que la visión europea, sea la de los europeos que vinieron aquí a dar un vistazo —blancos predilectos pero no exclusivos de los flechazos anticristofóricos—, sea la de aquellos tantos brasileños que “tienen ojos, pero no ven”. Nosotros. Otros. Y muchos otros nosotros que ni son otros ni nosotros.
2Hay que evitar hacer dos cosas, me decía, ante ese texto sobre lo imposible-impensable de “nuestra condición”. Ni embridarlo al modo crítico (revelar periodísticamente las fuentes y las pullas à clef o academizarlo con una abundancia de elucidaciones de la materia caóticamente alusiva del texto —a fin de cuentas, los entendidos entenderán), ni, al contrario, dejarse contagiar completamente por el estilo de Pyagachu, lo que sería (y ya es) redundante, ya que el autor se sumerge de cabeza en una multiplicidad paródica de voces ajenas, mezcla lenguas y culturas, países y continentes, eventos y registros retórico-miméticos, convoca a medio mundo y más aun como interlocutor, inspirador, musa, ejemplo, simulacro, amigo, anti-doble, enemigo; impreca y elogia, escarnece y se enamora, pasa de la digresión a la agresión, de la elegía al elogio, del sarcasmo al deslumbramiento, de la paranoia a la metanoia; confunde multívocamente en su conversión perversa a un Brasil delirantemente real. (Imagínese a un Pilgrim’s Progress panteísta originalmente escrito en occitano de bajo calado y adaptado por un Boca do Inferno bahiano-barroco teletransportado al siglo XXI. Radicalidad de la primera traducción brasileña del texto al portugués, además, que lleva el exceso del original a un exceso y medio –contracanibalización4). En fin —digamos, “no intente hacerlo en casa”: ni glosar el goce ajeno, ni extraer de él una disputatio escolástica, cayendo en la trampa del debate, ni desvitalizar esa proliferación ululante de filosofía nuda, tal como se habla de “vida nuda”. Vamos a hacer lo posible para no hacerlo aquí.
3Está claro que siempre se puede decir ante ese ensayo, encogiéndose de hombros y poniendo los ojos irónicamente en blanco: “No me jodas que ahí viene otro francés intentando explicarnos quiénes somos; ¿por quién se toma?”. Claro. Pero este ensayo desborda esos marcos. No es otra interpretación de Brasil, es una interpenetración con Brasil, una tentativa de pensar con Brasil, no sobre él. Un país tanto más imaginario cuanto más real. Lo que el autor ve es lo otro de/en “nosotros”, el otro que no queremos ser, o que imaginamos no ser mientras insistimos en serlo a nuestras “propias” espaldas. Una insurrección que se nos escapa. Y ese francés glotón e intragable —¿no estará ya siendo aquí sardinhamente devorado por los alter-brasílicos, despotricando desde dentro de nuestras entrañas?— se ríe en la cara de casi todo el mundo. Lo que pretende es desexplicar Brasil y el vasto mundo afín inventado por los europeos, por los filósofos y antropólogos (mayormente franceses). Explicar por la barahúnda, por la babelización —por la “multiplicación de lo múltiple”, para evocar al aquí vilipendiado Pierre Clastres, a quien nuestro autor acusa de edipizar a los Aché, olvidando (está en su derecho…) la magnífica invención clastreana de la máquina de guerra contra el Estado, tan crucial para los autores del Anti-Edipo5. Explicar, en fin, balbuceando, de traspié en traspié, en bafouillant, tal como se diría en la lengua nativa del autor. Bafouiller – béaba-fouiller. Farfullar-hurgar desdiccionando en el analfomegabetismo de todas las lenguas. Otro tipo de francés entonces, en situación de devenir-indio-negro (“cada vez que tocan los atabaques llamando al santo, cae un francés”, dice un compadre mío especialista en heterogénesis étnicas), contra los blancos de aquí y de allí. Primero, contra sí mismo, está claro. Su orisha lo poseyó. Se puso una corona de plumas. Se adentró en la caatinga.
4No he podido dejar de contagiarme de algún modo, como se ve, ni dejar de lanzar al paso alguna flechecita cruzada. Alego en mi defensa que soy cómplice de J.Y. Pyaguachu6; a fin de cuentas, fui yo quien soñó la diferOnza, uno de los anti-conceptos que desvían su texto errante; fui yo quien le presentó a Oswald y a Clarice y le prestó el Catatau una noche en Botafogo. “Estoy aquí porque me han llamado”. ¿Tendré la cara dura de arrogarme el Brazuca, negão e sebento como una involución o re-implicación apropiativa de la diferOnza (y del paideuma al que apela de forma más o menos explícita), entre las muchas otras inspiraciones, de muchos otros, de ese texto? Avancemos.
5El brasileño negro e inmundo de la visión fugaz de Espinosa es la mecha que hace detonar la bomba leminskiana de Pyaguachu: la Olinda-Holanda, el Pernambuco bátavo pero sobre todo indio, negro y sefardí, cuya naturaleza abrasadora perpetuamente naturans enloquece cualquier geometría analítica y asedia la imaginación de un Descartes imaginario con una multitud de genios malandros materializados en quimeras fitozoomórficas. El filósofo racionalista de Catatau vuelve aquí a la vida bajo la forma de uno de sus más ilustres discípulos traidores, Espinosa, travestido deleuzianamente en Artaud-Heliogábalo. Espinosa es al mismo tiempo interlocutor y máscara del autor, un poco como aquellos fantasmas dialogales o autoriales de Clarice en La pasión según G.H. o La hora de la estrella, correlato invertido del Blanco inaudible, o sea de Rosa, cuaderno en mano, todo oídos, a la escucha de los devaneos y desvaríos de jagunços gais y de curibocas caníbales poseídos por un devenir-onza, un déjàguar instantáneo, infinitivo, guerreros trágicos de la matrianarquía oncesca de Pindorama. Y por encima del Rosa minerartimañosamente neoplatonizante y de la judía-pernambucana Lispector, la más radical pensadora espinosista brasileña (Rosa es feroz, pero Clarice es brutal), se cierne la silueta bigotuda del karateka afropolaco dipsómano del demonio, que parió, en la muy improbable Curitiba, al monstruoso Catatau, libro ilegible, anti-novela, un Finnegans Wake tropical. Desgracia (?) la nuestra de que haya sido escrito en (im)portugués, como también desgracia la de Joyce, aquel irlandés mugriento (Virginia Woolf lo despreciaba: “un obrero autodidacta”; “un adolescente nauseabundo que se revienta los granos”), ¿desgracia la suya de tener que escribir en inglés? Pero Joyce se vengó y trituró antropofágicamente la lengua del colonizador, partiéndola y partiendo de ella para generar un meta-mito glosolálico y poliamorfo que sublevaba (subsunción y subversión) otro mito anterior, el Ulises, cerrando doblemente el ciclo “del mito a la novela” (Dumézil, Lévi-Strauss) con un mito circular intensivamente infinito, riverrun amazónico. Un héroe celta borracho, Finicius, que regresa después del héroe homérico, emblema de la multimañosa grecisidad eurometafísica. Glauber fue uno de los que se bañó en ese riverão, y comparece con honras aquí en esta Navilouca de pensadores del mundo en clave pindorámica-sertaneja.
6Sertão. Pyaguachu encuentra el Brasil-sertão en la Francia Fanny-deleuziana de la meseta de Millevaches y de las Cevenas: “un Brasil dentro de Francia”, contra la Francia fin-de-siglo que Lévi-Strauss ve en el Rio de Janeiro de los años treinta, contra el “minué sociológico” de opereta que ve en la São Paulo burguesa. Lévi-Strauss no entendió nada del país al que llegaba: racionalizó precipitadamente la “sociedad” brasileña, la naturaleza tropical ultrapasó el umbral de su sensibilidad. La bahía de Guanabara “le pareció una boca desdentada”. Los cariocas, incluso los que somos antropólogos y estructuralistas, jamás le perdonaremos esa falta de educación con la piedra y por la piedra… Aunque su caracterización sarcástica de la escena paulista y de la USP mesquitiana tampoco nos parece completamente imprecisa... Al fin y al cabo, para Goddard, el profesor francés no hizo nada más que pasar. Omitió memorablemente a su media naranja en los Tristes trópicos, obturó cualquier posibilidad de devenir-mujer en su escritura. Los trópicos le parecieron tristes, cuando estaban, y están, más allá de la alegría y de la tristeza —lo que no impide que siga valiendo la prueba definitiva. Tout un peuple entassé dans un pressoir saignait en chantant…7. (Si Espinosa hubiese currado en una casa del Recife del siglo XVII tendríamos hoy una Tercera Parte de la Ética muy diferente). Es obvio que Lévi-Strauss hizo mucho más, y mejor, que hablar mal de los trópicos; pero no hay que pelearse por ello (hay que leer a Lévi-Strauss a la luz de Oswald de Andrade, saltando por encima de la faceta más pureta del primero —que es, a fin de cuentas, apenas una de entre sus muchas otras facetas), ya que el problema de Pyaguachu es muy diferente –y, sea como sea, la parcialidad es su fuerte. Persigue otro filón, se ha alistado en otras filas: las de los extranjeros compenetrados con el otro Brasil indígena, negro, caboclo, meridional de cabo a rabo; los Pierre Fatumbi Verger (“Pierre Verger”, literalmente “Pedro Vergel”, curiosa coincidencia onomástica), los Curt Nimuendaju Unkel, la Gisèle Omindarewa Cossard-Binon… Los exiliados, los desertores, los que no volvieron, los que sintonizaron el infinito intensivo de la vida siempre supra-orgánica e infra-orgánica de Pindorama, la selva de lianas y la piedra; la selva rizomática y el espacio liso del sertão; el terreiro y la tierra.
7No nos olvidemos, claro está, de Céline, otro faro luminoso en la tempestad de la “parrafada” de Pyaguachu, su fiel admirador. Céline, contra-rima de Racine: el escritor del rizoma (…, …, …) contra el escritor de la raíz. El francés del Grand Siècle vestido de griego declamando en alejandrinos vale exactamente lo mismo (del rizoma a la risa burlona) que el indio vestido de senador del Imperio del Manifiesto Antropófago —o el antropófago manifiesto, como ha readjetivado Beatriz Azevedo—, el texto infundador “de la única filosofía original brasileña” (Augusto de Campos). Ya Céline …, …, … genio perverso de la lengua anti-raciniana, el mayor reinventor del francés desde Rabelais, y sus tiradas furibundas disparadas desde lo hondo de las trincheras: “Personne comme les généraux pour aimer les rosiers. C’est connu”8.
8Goddard, el desertor sur place, el vidente-que-no-viaja-y-que-tiene-miedo-del-avión (¿y quién no?), aquel que se embriaga con un vaso de agua, como decía, citando a Henry Miller, el ex–borrachín G.D. (“j’ai beaucoup bu…”), casualmente el mayor filósofo francés del siglo XX, que nunca viajaba tampoco y que, como me dijo una vez Pyaguachu, nunca inventó nada, se lo robó todo a los otros —especialmente, y sobre todo, lo que nadie, ni siquiera ellos mismos, sabían que tenían—, y a partir de ese saqueo se sacó de la manga una ristra de intuiciones geniales. Antropologofagia filosófica. Como la de nuestro autor.
9Está presente La caída del cielo, que mandó Tristes trópicos de vuelta al remitente. El chamán contra el filósofo, el onirismo de la figura contra el onanismo del concepto. Ha faltado tal vez —por señalar apenas la ausencia de un pequeño fragmento de mosaico en ese panel etnoesquizofrénico en que no falta nada— hacer bajar a Sousândrade, el discreto visionario que volvió del revés el discurso romántico, para ver cómo ocupó Wall Street mucho antes de que fuera ocupado. Que se comió las piedras de su hacienda —la mandueducación por la piedra… El Swedenborg inca que deskantianizó la metafísica hiperbórea con su Tatuturema, el himno caníbal de la hileia amazónica invencible. Nuestro Zenón, Sino de Hileia. Y aquí lo dejo. Asómbrense.
Notes de bas de page
1“¡Esas formas extrañas que vemos flotar en la noche a primera hora del día!”
2Este texto de Viveiros de Castro, que aquí ofrecemos como epílogo, fue publicado como prólogo de la edición brasileña de Brazuca negão e sebento.
3“Errar”, en griego, tenía el sentido original de “no acertar el blanco [con la flecha]”; olvidemos, por impertinentes, las connotaciones teológico-morales que hamartia, hamaránein asumieron con el cristianismo.
4[Nota de los traductores.] Viveiros de Castro alude a la edición brasileña (São Paulo, N-1, 2017) de este libro, que hasta la fecha no ha sido editado en Francia. La traducción, firmada por Karai Mirim, fue en gran medida llevada a cabo por Takashi Wakamatsu, en dialogo con Fernando Scheibe y con el propio autor. Cabe señalar que la versión brasileña del libro no es una simple reproducción del texto brasileño, sino una devoración libre del mismo que modifica los registros y tonos de la escritura y transforma, entre otras cosas, el título. Por nuestra parte, para llevar a cabo la traducción de este libro, emprendida en 2020, además de en largas conversaciones con Jean-Christophe Goddard, nos hemos apoyado tanto en la versión francesa del texto como en su devoración brasileña, la cual también acierta errando y erra acertando, relanzando a fin de cuentas el cuerpo de un texto que ya no pertenece a su autor –si es que alguna vez llegó a ser suyo. Puede consultarse, al respecto, la nota de los traductores que aparece al final de este libro.
5Deleuze & Guattari están entre los poquísimos colegas de Pyaguachu a los que no les reserva ningún bofetón de importancia en el Brazuca. Son transleídos aquí como si se llamaran Oswald & Guaraci, y/o F[r]anny (Deleuze) & Dina (Lévi-Strauss). Digamos de paso que Gilles Deleuze —o Egídio da Azinheira, en português— recibió la etnografía aché-guayaki de Clastres de modo muy diferente que Pyaguachu. Ver “Des Indiens contés avec amour” [1972] en Deleuze, Lettres et autres textes, pp. 194-197. Paris: Minuit 2015.
6[Nota de los traductores.] J.Y. Pyaguachu es el autor de Brazuca negão e sebento (Sao Paulo, N-1, 2017), traducción brasileña del libro de Jean-Christophe Goddard titulado Brésilien noir et crasseux.
7Apollinaire, robado de uno de los epígrafes de la Invention d'Orphée [“Un pueblo entero hacinado en un lagar sangraba cantando”].
8“Nadie como los generales para amar los rosales. Ya se sabe”.
Auteur
-
Eduardo Viveiros de Castro
Eduardo Viveiros de Castro es antropólogo social y etnólogo. Es profesor en la Universidad Federal de Río de Janeiro y ha impartido docencia en universidades como Cambridge, Chicago, París X o la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Reconocido por sus contribuciones al estudio de las culturas amazónicas, en su obra ha desarrollado la noción de perspectivismo amerindio, que equipara la perspectiva humana a la del resto de especies y explora las diferencias fundamentales entre las epistemologías indígenas y las occidentales. Viveiros es autor de Metafísicas caníbales (Kaz, 2010), una defensa de la misión decolonial de la antropología; The Relative Native (Hau, 2016), que recoge sus ensayos más influyentes, como “Cosmological Perspectivism in Amazonia and Elsewhere” (Cambridge University Lectures, 1998) o La mirada del jaguar (Tinta Limón, 2017), obra con la que acerca el “perspectivismo amerindio” al gran público. Junto con Déborah Danowski es autor de ¿Hay mundo por venir? Ensayo sobre los miedos y los fines (Caja Negra, 2019), una reflexión en torno a las narrativas del fin del mundo en la filosofía y la producción cultural occidental y en las cosmogonías amerindias. En 2024 ha publicado A floresta de cristal. Ensaios de Antropologia (n‑1 edições ) y en 2025 Os involuntários da pátria. Ensaios de antropología II (n‑1 edições). La Université de Paris Ouest Nanterre-La Défense le otorgó un doctorado honoris causa por su contribución a la configuración del pensamiento crítico contemporáneo.
Anthropologue social et ethnologue, Viveiros de Castro est reconnu internationalement pour ses contributions à l'étude des cultures amazoniennes. Il est professeur à l'Université fédérale de Rio de Janeiro et a précédemment enseigné dans des universités telles que Cambridge, Chicago, Paris X ou l'École des hautes études en sciences sociales. Entre autres contributions, il a développé tout au long de son œuvre la notion de perspectivisme amérindien, qui met sur un pied d'égalité la perspective humaine et celle des autres espèces et explore les différences fondamentales entre les épistémologies indigènes et occidentales. Viveiros est l'auteur de Métaphysiques cannibales (PUF, 2009), une défense de la mission décoloniale de l'anthropologie ; The Relative Native (Hau, 2016), qui rassemble ses essais les plus influents, tels que Perspectivisme cosmologique (Editions Dehors, 2026) ou Le regard du jaguar (La Tempête, 2021), ouvrage par lequel il rend le « perspectivisme amérindien » accessible au grand public. On peut lire en français L’immanence de l’ennemi (Editions la Tempête, 2026) qui rassemble ses principaux textes méthodologiques et scientifiques. En collaboration avec Déborah Danowski, il est l’auteur de Há mundo por vir? Ensaio sobre os medos e os fins (Cultura e Barbárie e Instituto Socioambiental, 2014), une réflexion sur les récits de la fin du monde dans la philosophie et la production culturelle occidentales ainsi que dans les cosmogonies amérindiennes, et de Le passé est encore à venir (Wildproject, 2026), un recueil de textes politiques. En 2024, il a publié A floresta de cristal. Ensaios de Antropologia (n‑1 edições ), et en 2025, Os involuntários da pátria. Ensaios de antropologia II (n‑1 edições). L’Université de Paris Ouest Nanterre-La Défense lui a décerné un doctorat honoris causa pour sa contribution à la configuration de la pensée critique contemporaine.
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