Visiones italianas del Estrecho de Gibraltar (siglos xii-xv)
p. 263-274
Texte intégral
1En 1291 los hermanos Vivaldi, Ugolino y Vadino, zarparon con sus galeras Allegranza y Sant’Antonio con destino «ad partes Indiae»1. Aunque no eran los primeros en sobrepasar las míticas Columnas de Hércules, tradicionalmente la historiografía lo ha considerado el primero de los grandes viajes oceánicos, inaugurando la apertura de las rutas comerciales italianas hacia el Atlántico2. Desde entonces las flotas de las repúblicas mercantiles no hicieron sino incrementar su presencia en el Estrecho de Gibraltar a través de la llamada ruta de Poniente que conectaba la península italiana con el Mar del Norte. En consecuencia, las informaciones sobre este espacio geográfico único, bisagra entre el Mare Nostrum y el Mar Tenebroso, ocupan un lugar significativo en la documentación italiana de los últimos siglos medievales, proporcionando una visión singular que no siempre coincide con la imagen de frontera, política y confesional, entre la Europa cristiana y el Magreb islámico, en la dialéctica que relaciona y enfrenta secularmente las riberas norte y sur del Mediterráneo. Pero antes de abordar esas visiones no está de más recordar las informaciones geográficas emanadas de portulanos italianos.
El espacio geográfico
2Los archivos de la península italiana guardan preciosos ejemplares de portulanos y cartas náuticas con informaciones cartográficas de gran valor para el conocimiento del Mediterráneo y el primer Atlántico bajomedievales3. La Biblioteca Nazionale Centrale de Florencia guarda algunos de gran valor, fundamentalmente del siglo xv, que he empleado previamente para estudiar precisamente la costa del meridión ibérico4.
3En la descripción del Estrecho destaca sobremanera la atención prestada al monte que le da nombre, el accidente geográfico más profusamente detallado de todo el área, con referencias al emplazamiento humano situado a su falda. Efectivamente, los textos como mínimo señalan la situación del puerto bajo la fortaleza medieval, como ocurre, por ejemplo, en las dos ediciones del Portolano del Mediterraneo5. Evidentemente, con su posición domina toda la bahía de Algeciras (Içalgadar), perfecto fondeadero independientemente del tipo de viento, como bien señala el Portolano palatino:
En dicho monte hay un castillo, y bajo el castillo hay un buen puerto de 8 pasos de profundidad; desde dicho monte hasta tierra firme hay 5 millas; hacia Algeciras hay un golfo con 6 pasos de fondo, y es un buen fondeadero para todos los vientos; desde todos los lados el dicho monte de Gibraltar se muestra ahorquillado, y por el este tiene arena blanca6.
4Por su parte, el Portolano di parte del Mediterraneo se centra en la descripción del propio monte y la península en la que se asienta7. Sin embargo, todos ellos se muestran bastante parcos en cuanto al propio Estrecho se refiere, limitando las informaciones a la distancia entre Gibraltar y Ceuta, que casi todos los textos coinciden en cifrar en unas 15 millas náuticas italianas. Un buen ejemplo se encuentra en el famoso Compasso a mostrare a navicare dall’uno stretto all’altro, ya editado por Pagnini del Ventura en el siglo xviii:
Monte Gibraltar: en dicho monte, frente al castillo, hay un buen puerto, con 8 pasos de fondo. Desde dicho monte a tierra firme hay 5 millas. Hacia Algeciras hay un gran golfo, con fondo plano de 6 pasos, y es un buen puesto para todo tipo de vientos, y dicho monte se muestra ahorquillado; de dicho monte a la ciudad de Ceuta, que está en el Magreb, frente a España, está a 15 millas por el sur, un poco hacia el sudeste8.
5Las informaciones geográficas no se encuentran únicamente en la documentación náutica. De hecho, el recurso a otro tipo de fuentes revela que el Estrecho no era conocido únicamente en su acepción más común. Así ocurre en algunos conocidos textos literarios de origen toscano, destacando sobre todos la Commedia de Dante. Sobresale en particular la descripción del viaje de Ulises en el canto XXVI del Infierno (1304-1307/8):
Una costa y la otra vi hasta España,
hasta Marruecos y la isla de los sardos,
y las otras que ese mar baña alrededor.
Los compañeros y yo éramos viejos y torpes
cuando llegamos a aquella boca estrecha
en la que Hércules dejó señalados sus resguardos
para que ningún hombre la sobrepasara:
a la derecha dejé Sevilla,
a la izquierda ya había dejado atrás Ceuta9.
6La descripción del Estrecho no puede ser más acertada, definido como una «boca estrecha en la que Hércules dejó señal de su preocupación —las famosas Columnas— para que ningún hombre la sobrepasara». Sin embargo, la alusión a las Columnas Herculi a principios del siglo xiv es un arcaísmo claro, pues la denominación Gibraltar se había impuesto hacía tiempo en Occidente10. En este sentido, Adolfo Cecilia, al analizar la voz «Siviglia» en la Encilopedia Dantesca se hace eco de la teoría de Casella, según el cual Dante habría visto un mapa terrestre elaborado según la descripción geográfica de Paulo Orosio, en la que la capital hispalense se consideraba como el punto más occidental de las tierras emergidas, justificando así su consideración de referencia y la presencia en relación al Estrecho11. Sin embargo, como se desprende de una lectura detenida del fragmento, puede observarse que el paso marítimo no recibe nombre alguno, ni siquiera el de Columnas de Hércules de modo específico.
7Esta circunstancia no fue óbice para que, según parece claro, a partir de este fragmento se acuñara una nueva denominación que tuvo singular fortuna, quizás debido a un error de interpretación, a la ignorancia sobre el nombre, o a la difusión que ya estaba conociendo en otras fuentes como la Nuova Cronica de Giovanni Villani. Efectivamente, en otras obras relacionadas con el texto dantiano se observa el apelativo de «Stretto di Sibilia». Así ocurre, por ejemplo, en el Comentum super Dantis Aldigherij Comoediam de Benvenuto Rambaldi da Imola, de finales del siglo xiv:
Esto se dice porque el sol y la luna se ve tocar el mar cuando ocurre el ocaso, bajo Sevilla, porque Sevilla es una ciudad grande y famosa en Occidente, donde el mar entra en la tierra, por lo que se le llama estrecho de Sevilla12.
8Y de nuevo en el Commento sopra la Commedia, escrita en Roma por el toscano Cristoforo Landino en 1446:
Queriendo manifestarse Fulco, describe la tierra en la que nació, es decir, Marsella, y demuestra que está en el mar Mediterráneo que sale del océano entre España y África, por un lugar estrecho llamado el estrecho de Sevilla, cerca del monte de Gibraltar13.
9Al decir de Cecilia la influencia de la obra inmortal de Alighieri no se limita a otras producciones relacionadas con ella, sino que explicaría también la misma denominación en textos de autores como Villani. Efectivamente, Giovanni Villani en su Nuova Cronica (primer tercio del siglo xiv), en el capítulo «Della terza parte del mondo detta Europia, e de’ suoi confini» lo describe en los siguientes términos al tratar la geopolítica de la Península Ibérica:
Prosiguiendo la Provenza, después Cataluña, Aragón y la isla de Mallorca, Granada y parte de España hasta el estrecho de Sevilla donde está frente a África en un pequeño espacio de mar; y después gira hacia la derecha sobre la costa fuera del gran mar Océano, circundando España, Castilla, Portugal y Galicia hacia el norte, y Navarra14.
10Y de nuevo, al tratar de la invasión benimerín del último cuarto del siglo xiii: «Negli anni di Cristo MCCLXVI grandissimo esercito di numero di Saracini passarono d’Africa per lo stretto di Sibilia per racquistare la Spagna e l’Araona»15.
11Más adelante, hacia 1470, es Benedetto Dei quien, en su Crónica, recuerda el carácter geográfico de frontera introduciendo una nueva variante. Así, al hablar de «Le tre parti del mondo divise», repitiendo el esquema bíblico ya empleado por Villani que atribuye a cada hijo de Noé una parte del mundo, recuerda:
África es la otra parte tercera del mundo, y ésta tocó, en el reparto del segundo hermano, a Cam, que comienza desde Levante, desde el Nilo del sur infinito hasta Poniente, al estrecho de Sevilla y de Ceuta16.
12Cerrando el círculo, cabe preguntarse sobre si la influencia de los textos literarios toscanos repercutió también en la denominación adoptada en la documentación emanada de las instituciones republicanas florentinas. Efectivamente, las órdenes de las galeras mercantiles de Florencia de 1427, al referirse a las galeras que debían cubrir el trayecto de Cataluña y Sicilia, indican que podían tocar en cualquier puerto «desde el estrecho de Sevilla hasta la isla de Sicilia»17. Las autoridades toscanas insistían de nuevo en el concepto en las órdenes de 1442 para el doble viaje de Cataluña y Sicilia, cuando especificaban que los Cónsules del Mar debían encantar una galera que «pueda dirigirse a los lugares y puertos de Berbería hasta Trípoli de Berbería y Alejandría inclusive, y hacia otros lugares hacia occidente, cerca del lugar que llaman el estrecho de Sevilla»18.
Un espacio esencialmente unitario
13Una vez establecidas las peculiaridades descriptivas de la documentación náutica y el conocimiento en textos literarios del espacio geográfico, resulta oportuno abordar la percepción de este. Efectivamente, con un sentido opuesto al que se acaba de enunciar, en el que básicamente el Estrecho se distingue como un espacio de frontera, que separa y divide el Mediterráneo del Atlántico, se pueden encontrar testimonios de los que brota una imagen esencialmente unitaria en torno a él, sin que se impongan divisiones de carácter político-confesional. Se trata de un cuadro directamente relacionado con la percepción de dos topónimos, Spagna y Garbo, de los que ya me he ocupado en otra publicación19.
14Directamente relacionada con la identificación de Spagna y el espacio islámico peninsular está la acepción que extiende el alcance del topónimo a la ribera africana del Estrecho. Es lo que se desprende de un análisis de los protocolos notariales genoveses, como ya puso de manifiesto en su día Geo Pistarino, que señaló que los más antiguos, de mediados del siglo xii, al emplear el término Spagna o Yspania aludían al área islámica. Pero no sólo, pues el insigne medievalista italiano iba más allá al apuntar que la definición geográfica tendía a ampliarse igualmente «alla parte africana dell’impero almohade»20. En el mismo sentido cabe interpretar el tratado firmado en 1180 entre Guillermo II el Bueno, rey normando de Sicilia, y el califa almohade, «que tiene en su poder toda África y también los sarracenos que están en España»21. En estos casos resulta incuestionable la unidad política del Estrecho de Gibraltar, articulada en torno a la extensión de los imperios africanos a ambos lados.
15Sin embargo, a partir de la batalla de las Navas de Tolosa (1212) la alteración de la proporción territorial controlada por moros y cristianos en las décadas sucesivas, tuvo una repercusión inevitable en el significado del término Yspania, que gradualmente comenzó a identificar la parte cristiana, de modo que ya a lo largo del siglo xiii se observa una evolución en la coexistencia de las dos acepciones mayoritarias de Spagna. En consecuencia, si la que propone el sentido estrictamente geográfico (la península ibérica) se mantuvo, la referente al matiz político-confesional pasó de identificar el mundo musulmán (al-Andalus) a la formación cristiana más poderosa, la Corona de Castilla.
16Con todo, el proceso descrito estuvo lejos de ser regular y unitario. Todavía en la primera mitad del siglo xiv el Libro di divisamenti di paesi e di misure di mercatantie, el conocido libro de mercancías del florentino Francesco Balducci Pegolotti, redactado entre 1310 y 1340, se hacía eco del concepto de los siglos xii y xiii en el que Spagna englobaba no sólo el sur de la península ibérica, sino también el Magreb occidental, sin distinciones entre área islámica y área cristiana, como ya observó también en su día Geo Pistarino22, subrayando una unidad en torno al Estrecho que en lo político ya no existía. Efectivamente, el factor de la compañía de los Bardi dedicaba en primer lugar un extenso capítulo a las costumbres de Sobilia di Spagna, y a continuación establecía las relaciones y las equivalencias de la capital hispalense con las medidas de otras plazas de Spagna, bien peninsulares como Lisbona di Spagna (Lisboa), bien situadas en el Reame di Morrocco di Spagna, al sur del Estrecho de Gibraltar: Niffe di Spagna (Casablanca), Setta di Spagna (Ceuta), Arzilla di Spagna (Arzila), Zaffi delle Piagge (Safi), Zamuro delle Piaggie di Spagna (Azamor) y Salle di Spagna (Salé)23. La influencia de su obra se prolongaría aún a finales de la centuria, cuando cabe encontrar repetida esta acepción de forma más reducida en el libro de mercancías redactado por Simone di Giovanni Acciaiuoli. Ya he tenido ocasión de señalar la conexión entre ambos manuales en lo que respecta a las informaciones sobre el reino nazarí, pero para el caso que nos ocupa quiero destacar que el mercader florentino aún recoge las relaciones entre Málaga y «le piagge», esas «piagge di Spagna» con las que Pegolotti denominaba a la fachada atlántica magrebí24.
17La imagen que emerge de la obra de Pegolotti era un aspecto bien conocido, y ya a finales del siglo xviii Antonio de Capmany, al abordar el comercio de catalanes e italianos con África en la Edad Media en su magna obra, se hacía eco de que
en aquel tiempo por Spagna entendían los italianos, las Andalucías y costas de Fez y Marruecos, pues á estas llamaban Spiagge de Spagna; y quando Balducci nombra á Arcilla, Fedal, Tánjer, Ceuta, dice que eran del Reyno de España. En aquel tiempo por Garbo entendían el Poniente, esto es, desde Valencia hasta el Cabo de San Vicente, y por la otra banda todo el Reyno de Marruecos25.
18Es decir, se daba por hecho una unidad en torno al Estrecho de Gibraltar que nada tenía que ver con la división política y confesional, salvo por breves períodos de tiempo. Así ocurría, por ejemplo, durante el espacio en el que los benimerines controlaron el occidente del Reino de Granada. Y así quedó reflejado en abril de 1358, cuando la República de Pisa firmó un acuerdo con el soberano benimerín, heredero directo del califa almohade, entre cuyos títulos se enuncia el de rey «de Gibraltar y de Ronda, y de todas las otras tierras siguientes, y de las tierras de Poniente y de Levante, y de España»26. Es la última ocasión localizada en la que se resalta la unidad política entre las riberas septentrional y meridional del Estrecho de Gibraltar en las fuentes italianas.
19La ruptura de la unidad política no supuso una ruptura de la percepción unitaria del espacio, al menos en la vertiente ibérica, que siguió viva a través de las estrategias económicas de las naciones italianas en la zona. Efectivamente, es habitual encontrar documentación económica referida a ambos lados del Estrecho, aunque con variantes. Este sería el caso, por ejemplo, de los registros aduaneros genoveses de finales del siglo xiv, en los que la voz Yspania se refiere sistemáticamente a la península ibérica al oeste del Estrecho de Gibraltar y al Magreb atlántico. En esta Yspania, Sybilia es la única ciudad que comparece, pues Armeria (Almería) y Maricha (Málaga) no entran en su ámbito27.
20Un factor de cohesión indudable del espacio gibraltareño fue sin duda la presencia constante y creciente de las flotas mercantiles italianas. Efectivamente, desde un punto de vista comercial el área del Estrecho era una vía de comunicación privilegiada y un mercado de primer orden, especialmente para los genoveses, que tenían importantes comunidades en ambas riberas, ibérica y magrebí, independientemente de las formaciones políticas castellana, nazarí y benimerín. Así, los genoveses de Sevilla, Cádiz, Málaga, Granada y Ceuta conformaron una tupida red de intereses mercantiles en el que cada centro tenía un papel propio pero también interdependiente de los demás en niveles variables28. La familia Spinola, en el Reino de Granada, es un buen ejemplo, bien en operaciones privadas, bien a través de la Ratio Fructe Regni Granate, la Sociedad de la Fruta. Efectivamente, desde Málaga trazó una red de relaciones cruzadas que contribuyen de manera decisiva a colocar el principal puerto nazarí en los mercados europeos, para lo cual tejieron una tupida red de socios y colaboradores, pertenecientes a la sociedad familiar, pero también ajenos a ella, activos en las principales plazas del continente, Brujas, Inglaterra (Southampton-Sandwich-Londres) y Génova. En el emirato nazarí destacan Almería, Almuñécar y la propia Málaga, mientras que en la Corona de Castilla los contactos estaban radicados en Sevilla, Cádiz y la región gaditano-xericense; en el resto del Mediterráneo las relaciones se alargaban hasta Túnez y Quíos29.
21Este entramado perfectamente tejido determinaba también el sentido de los viajes comerciales en las rutas de Poniente y Berbería occidental. En el caso de la primera, es habitual encontrar en los contratos de fletamento y otros documentos notariales ligures la mención de los principales puertos del sur peninsular, e incluso se establece que las mercancías se puedan descargar indistintamente en Cádiz o Málaga, a la ida como en el tornaviaje, con una frecuencia sorprendente para la imagen monolítica que separa el espacio económico nazarí del castellano30. Pero para el cuadro unitario que estamos perfilando resultan incluso más importantes los trayectos en sierra entre ambas orillas, en rutas circulares que tocaban indistintamente en los puertos magrebíes y andalusíes, pasando sin solución de continuidad de la ribera meridional a la septentrional y viceversa31.
22Se trata de una estrategia en el diseño de las rutas mercantiles que también practicaban las flotas de otras naciones italianas cuyas comunidades y negocios tenían menos peso en las economías de la zona. Efectivamente, tanto Charles E. Dufourcq como M.ª Dolores Rodríguez, al abordar las relaciones entre ambas orillas, resaltan fundamentalmente el papel de las flotas de la Corona de Aragón y la República de Génova, pero también de la veneciana entre las italianas32.
23En efecto, a pesar de las diferencias existentes, tanto florentinos como venecianos diseñaron un trazado prácticamente idéntico para el paso de sus convoyes mercantiles a través del Estrecho33. Así, en la ruta que conectaba con el Mar del Norte, ambas marinas se detenían sistemáticamente en Málaga y Cádiz.
24Ambas coinciden de nuevo en las escalas magrebíes y nazaríes previstas para el trayecto de Berbería, que incluso en los años centrales del siglo xv pasaban las Columnas de Hércules para llegar hasta Sanlúcar de Barrameda. Así, en un recorrido circular, la muda di Barberia visitaba todas las grandes ciudades comerciales del litoral del Magreb para regresar por el sur y el Levante ibérico antes de poner rumbo de vuelta al Adriático, aunque con variaciones. Como puede verse, el «Incantus galee viagii Barbarie» (encante de las galeras del viaje de Berbería) de 1436 daba esa opción o la de regresar de nuevo sobre las escalas magrebíes:
Y seguirá adelante dicha galera a Siracusa, y desde allí a Túnez, y después por la ribera de Berbería hasta Cádiz, y si se viera podrá ir hasta Sevilla, deteniéndose en aquellos lugares y estando en ellos los días que el patrón viera mejor. Y desde Cádiz que retorne de buena gracia hacia Venecia, pudiendo regresar por las escalas de Berbería o por las escalas de Cataluña, como vea el patrón34.
25Aunque no están especificadas, las localidades magrebíes visitadas eran Túnez, Bona, Bujía, Argelia, Orán, Honein, más Sfax, Jerba y Trípoli al regreso, aunque estas últimas desaparecerían tras su inclusión en la muda del Trafego. En la Península visitaban Cádiz, al otro lado del Estrecho de Gibraltar, Málaga, Valencia, Tortosa y Mallorca, aunque también con variaciones. Así, el profesor Doumerc ha revelado que entre 1436 y 1461 las localidades ibéricas en las que recalaron los venecianos fueron Cádiz, Valencia y Mallorca; a partir de 1462 dejaron de cruzar el Estrecho y hasta 1471 fondearán en Málaga, Valencia y Mallorca; a partir del año siguiente se abandonó la escala en la capital balear35. Con el cambio de siglo desaparece el Levante ibérico y se podrá prescindir de Málaga en beneficio de Almería, según confirma el incanto de 150836:
Que vayan las presentes galeras a Siracusa, y estén allí dos días; en Trípoli ocho días; en Yerba ocho días; en Túnez quince. Y que también puedan estar allí como mejor parezca al capitán y los patrones. En Bujía cuatro días, en Argelia cuatro; en Orán o en Vélez de la Gomera diez días; en Honein, o en otro lugar de la costa, lo que mejor parezca al consejo, doce días, aunque con seguridad para las galeras y las mercancías. En Málaga seis días, en Almería ocho. Si lo estiman el capitán y los patrones pueden evitar Málaga, y evitándola pueden estar diez días en Almería.
26Se trata de modificaciones recogidas asimismo en el despacho que el Senado veneciano entregó a Francesco Cornaro, embajador de la Serenissima ante Carlos V, con la misión de solicitar autorización para comerciar con Berbería37.
27Respecto a las galeras mercantiles de Florencia, las órdenes de los Cónsules del Mar de 1459 establecían que el convoy se dirigiera directamente hacia Túnez, donde realizaría una parada de doce días, para seguir hacia Bona (tres días), Collo (tres días), Bujía (tres días), Argel (tres días), Orán (seis días), Honein (tres días), Almería (cinco días), Alcudia/Ghassasa (tres días), Málaga (tres días), Cádiz (dos días) y Sanlúcar de Barrameda (doce días). La vuelta se realizaría siguiendo el recorrido inverso hasta Túnez, y de ahí directamente a Porto Pisano38. Sin embargo, no es menos cierto que, a diferencia de lo evidenciado del análisis de la muda veneciana, de las fuentes toscanas no emerge con tanta claridad el papel de la ruta de Berbería en los contactos entre las riberas nazarí y magrebí. Con todo, cabe pensar que lo desarrolló, como indicaría la ruta Magreb occidental-Almería-Alcudia-Málaga-Cádiz-Sanlúcar de Barrameda y viceversa en las órdenes oficiales de 1458 y 1459. Las flotas italianas fueron un elemento cohesionador del Estrecho de Gibraltar como área económica y las propias repúblicas mercantiles le daban un tratamiento unitario en sus fletes. Lo revelan con claridad los florentinos, emanados de los Cónsules del Mar. Efectivamente, la organización estatal de las galeras toscanas incluía instrucciones muy detalladas para los notarios.
28Pero no sólo los trayectos de las líneas estatales de navegación de las que iban a bordo con la misión de registrar el movimiento de mercancías y evitar el fraude. Así, la Señoría del Arno establecía de forma inequívoca los bienes susceptibles de ser cargados en cada etapa de cada una de las rutas mercantiles, variando el gravamen en función del tipo de mercancía y de las escalas previstas hasta el destino, que podía coincidir o no con el final de la línea, tanto a la ida como a la vuelta39. Se trata de una información especialmente útil que permite estudiar la circulación de artículos, si bien para el tema que nos ocupa interesa subrayar las disposiciones comunes para el meridión ibérico a ambos lados del Estrecho. Así, Cádiz, Málaga y Almería aparecen agrupadas en las tarifas previstas por diversas disposiciones oficiales en el viaje de Poniente para el envío desde los puertos de la Corona de Aragón de paños catalanes, arroz, queso, nuez de galla y otras mercancías de poco valor40. En el tornaviaje comparecen de nuevo como destinos comunes de paños, artículos de lana, tapices, sayas de toda clase, plomo y estaño procedentes de las Islas Británicas. De la misma manera, en los puertos del sur ibérico estaba previsto el embarque de seda, grana, cera, cueros, atún, sebo, mercurio y cinabrio con destino a Porto Pisano41.
29En definitiva, en las fuentes italianas bajomedievales de la procedencia y naturaleza más variada no cabe duda de que el Estrecho de Gibraltar ocupó un espacio relevante desde un punto de vista geográfico, político y económico. Efectivamente, los accidentes y localidades geográficas más destacados están siempre presentes en portulanos y cartas náuticas, que se detienen con especial detalle en el monte que da nombre al paso marítimo. Ciertamente, la información se centra, como siempre en este tipo de documentos, en la descripción de los puntos de referencia más que en la importancia del propio estrecho como tal, aspecto inesperadamente subrayado en las fuentes literarias.
30Con Dante Alighieri y su Commedia se asiste al origen de la acuñación de un nuevo término en la primera década del siglo xiv, el de Estrecho de Sevilla, acepción que conocería fortuna entre otros textos relevantes de autores toscanos hasta el siglo xv, pasando incluso a ser adoptado por la documentación emanada de diversas instituciones de la República de Florencia para regular la navegación institucional.
31Sin embargo, probablemente lo más relevante sea la percepción de espacio unitario que emana frente al sentido de frontera que se ha impuesto en las últimas centurias, entre el Mediterráneo y el Atlántico, entre el Magreb islámico y la Europa cristiana. Unidad política en tiempos de los imperios almorávide y almohade, que firmaron tratados con la República de Génova, y del sultanato benimerín, que hizo lo propio con la República de Pisa. Pero también unidad geográfica en la acepción de los topónimos Spagna, referido al espacio controlado por el Islam peninsular, y Garbo, aún en el siglo xiv, más de un siglo después de que la batalla de las Navas de Tolosa (1212) marcara el principio de la alteración en la proporción territorial controlada por moros y cristianos, iniciando lentamente el camino que llevaría a la identificación de Spagna con la Corona de Castilla.
32Con todo, la ruptura de la unidad política no supuso, en absoluto, la ruptura de las redes de comercio que se estaban desarrollando en el Mediterráneo occidental. Así, los genoveses contribuyeron particularmente a tejer un entramado de relaciones a ambos lados del Estrecho, tanto en su vertiente atlántica como en la mediterránea, siguiendo una lógica que respondía estrictamente a intereses mercantiles, los mismos que imponían rutas de navegación que contribuían a la cohesión económica y territorial del área, al margen de la división política y confesional. Se trata de un aspecto que el diseño de los fletes de marinas estatales como la florentina evidencian con mayor claridad aún en su exposición, lo que revela un elemento económico básico de corte asimismo unitario.
Notes de bas de page
1 Magnaghi, 1935. El presente artículo forma parte del proyecto «Presencia diferencial italiana en el sur de la Península Ibérica en época Trastámara (siglos xiv-xvi)», financiado por el programa Ramón y Cajal del Ministerio de Innovación y Ciencia, desarrollado en la Universidad de Granada.
2 Simbula, 2001.
3 La bibliografía sobre portulanos y cartas náuticas es muy extensa. Sin pretender en absoluto ser exhaustivo, me remito a la siguiente bibliografía, contribuciones de notable interés que, a su vez, analizan la producción clásica sobre el tema. La más detallada y completa historia de la cartografía en Occidente se encuentra en Harley, Woodward (eds.), 1987. Una buena puesta al día en Gautier-Dalché, 2001. Sobre los cambios en la cultura geográfica del siglo xv se encuentran buenas referencias en los ensayos contenidos en Gensini (ed.), 1992; Brincken, 1996; Petti Balbi, 2005; Tucci, 1990; es interesante por las reproducciones y las fichas detalladas el volumen de La Roncière, Mollat du Jourdin (eds.), 1984.
4 González Arévalo, 2008 y 2010. Sobre el tema que nos ocupa también resultan de gran utilidad los datos aportados por Gozalbes Cravioto, 1995.
5 «Lo monte à buono porto avanti al chastello a ridosso d’uno chavo e surgerai in fondo d’octo passi puoi stare a tucti tenpi. La chonosceça del monte Giubilterra siè uno chavo alla marina alto e forcha e pare isola» (Biblioteca Nazionale Centrale di Firenze [BNCF], Fondo Magliabecchiano [Magl.] Cl. XIII.88, fo 13vo). El primer texto de la segunda edición es más breve aún: «El monte di Gibiltera è buono porto davanti al castello e à fondo 8 passi et puoi stare a tutti e’ venti» (BNCF, Magl. Cl. XIII.72, fo 6ro).
6 BNCF, Fondo Palatino 468, fo 1ro-vo: «Al detto montte à uno chastello, e sotto al chastello à uno portto buono di passi VIII fondo; e dal ditto montte in verso terra ferma à miglia V; di verso Içalgadar este golffo al chuale à fondo piano di passi VI, e deste buono ponitoro ad ognie ventto; e dal ditto montte di Gibeltara da ognie partte si mostra forchutto, e diverso levantte chontra a l’arena biancha à uno parago buono ad ognie (vento) ch’è di garbina e dàvi fondo di passa XII in XV».
7 BNCF, Magl. Cl. XIII.71, fo 15ro: «Monte Zibilttera è gran ttera de gran zerchoto per che tute le montagne è in forteza da la partte de tramonttana. Dal monte a la zitade e bon porto fonde de paxa 7 in 8 e se ti vuol andar ben al porto non far la via del monte mase la via de la pianura, e li troverai fondi d’erena de pasa 5 in 6; quel fondi è bon paravego per ogni vento e per tut lo cholfo; la chognosenzia del chavo Zibiltera siè tal da qua(l) partte tu vogni lo vederà forchade; es quasi ixolado da tramontana baso che par ixolla».
8 Pagnini del Ventura, Della decima, p. 200: «Monte Sibercarie: al detto monte contro al castello è buono porto, e àvvi fondo passi 8; dal detto monte verso terra ferma miglia 5 di verso Sisalcadere è uno gran golfo, lo quale è fondo piano di bene passi 6, ed èvvi buono stallo a ogni vento, e lo detto monte ti mostra forchuto; dal detto monte alla città di Sette, chedè in del Garbo, contra Spagna, è miglia 15 per mezzo dì verso schilocco un poco».
9 Dante Alighieri, Inferno, canto XXVI, vv. 103-111, p. 116: «L’un lito e l’altro vidi infin la Spagna,/ fin nel Morrocco, el’isola d’i Sardi,/ e l’altre che que mare intorno bagna./ Io e’ compagni eravam vecchi e tardi/ quando venimmo a quella foce stretta/ dov’Ercule segnò li suoi riguardi,/ acciò che l’uom più oltre non si metta:/da la man destra mi lascia Sibilia,/ da l’altra già m’avea lasciata Setta».
10 Frau, 2002.
11 Cecilia, 1970; Casella, 1927.
12 Benvenuto Rambaldis da Imola, Comentum super Dantis, vol. II, p. 93: «Hoc dicit quia sol et luna videtur tangere mare quando facit occasum, sotto Sibilia, quia Sibilia est magna et famosa civitas in occidente, ubi mare intrat terram, unde appellatur strictum Sibiliae».
13 Cristoforo Landino, Commento sopra la Commedia, vol. IV, p. 1702 [82-87]: «Volendosi manifestare Folcho, discrive la terra dove nacque, cioè Marsilia, et dimostra che è in sul mare Mediterraneo che esce dall’oceano tra la Spagna et l’Africa per luogho strecto chiamato lo strecto di Sibilia appresso al monte di Gibilterra». La popularidad de la obra fue tal que en el siglo xvi la Comedia dantesca se leyó sobre todo acompañada de la interpretación landiniana.
14 Giovanni Villani, Nuova Cronica, lib. I, cap. v, p. 9: «Conseguendo la Proenza, apresso la Catalogna, e Araona, e l’isola di Maiolica, e Granata, e parte di Spagna infino allo stretto di Sibilia ove s’afronta con Africa in piccolo spazio di mare; e poi volge a mano diritta in su la riva di fuori del grande mare Uziano, circundando la Spagna, Castello, Portogallo e Galizia verso tramontana, e Navarra».
15 Ibid., lib. VIII, cap. xi, p. 427.
16 Benedetto Dei, Cronica, p. 139: «Africa è l’altra terza parte del mondo, e questa tocchò, nella divisa del sechondo fratello, a Chan, che chomincia dal Levante, dal Nilo del Mezogiorno infinito infino al Ponente, a lo stretto di Sibilia e di Setta».
17 Archivio di Stato di Firenze (ASF), Consoli del Mare, III, fo 12vo, 25-I-1427: «De lo stretto di Sibilia ad insulas Cicilie».
18 ASF, Registro delle Provvisioni, 133, fo 251ro, 13-XII-1442: «Possit applicare ad loca et portus Barbarie usque Tripolim Barberie et Alexandriam inclusiue et ad alia loca uersus occidentem citra locum qui dicitur lo stretto di Sibilia».
19 González Arévalo, 2014.
20 Pistarino, 1985, pp. 23-25.
21 Mas-Latrie, 1964, vol. II, p. 152: «In cujus potestate est tota Affrica et etiam Saraceni qui sunt in Hispania».
22 Pistarino, 1985, pp. 38-39.
23 Francesco Balducci Pegolotti, La pratica della mercatura.
24 González Arévalo, 2007, pp. 153-154.
25 Capmany y Monpalau, Memorias históricas, vol. III, p. 146 y nota 11. Para un análisis exhaustivo del topónimo Garbo y su extensión geográfica, incluyendo al-Andalus, me remito a Mandalà, 2010, pp. 23-31.
26 Mas-Latrie, 1964, vol. II, p. 66: «de Gibeltari e di Ronda, e di tutte l’altre terre seguente, e delle terre del Ponente e del Levante, e de la Ispagnia».
27 Day, 1963.
28 Los trabajos referentes a la presencia de las diversas nationes italianas, encabezadas por la ligur, en el meridión ibérico los he reunido y comentado en González Arévalo, 2013. Para el tema que nos ocupa destacan los siguientes estudios: Di Tucci, 1935; Heers, 1957; Pistarino, 1980; Garì, 1994; Unali, 2000, pp. 128-134; Posac Mon, 2002; Salicrú i Lluch, 2005; Malpica Cuello, Fábregas García, 2005; López de Coca Castañer, 2007; Peláez Rovira, 2007; Gómez de Avellaneda Sabio, 2009. Para la presencia de las comunidades genovesas en el Estrecho en el contexto de las redes ligures internacionales me remito a Petti Balbi, 2005; Basso, 2008 y 2012. Más recientemente, González Arévalo, 2018.
29 Fábregas García, 2003-2004.
30 Numerosos ejemplos en Doerhaerd, Kerremans, 1952; Liagre De-Sturler, 1969.
31 Rodríguez Gómez, 2000, pp. 68-80.
32 Dufourcq, 1981, p. 33; Rodríguez Gómez, 2000, pp. 70-71.
33 Para las mude venecianas en la Península Ibérica me remito a López de Coca Castañer, 2007. Para las galeras florentinas pueden consultarse mis artículos: González Arévalo, 2011a y 2011b. Además, recientemente he realizado un acercamiento comparativo en Id., 2016.
34 Archivio di Stato di Venezia, Senato Misti, reg. 59, fo 187ro, 10-XII-1436: «Et teneatur dicta galea in eundo Syracusas et inde Tunisium et inde postea per Riperiam Barbarie usque Cadix et possit si sibi videbit ire usque in Sibilie declinando ad illa loca et in illis stando, illis diebus que patrono videbunt sibi melior cedere. Et de Cadex redeat in bona gratia versus Venetias possendo possendo reverti per scallas Barbarie vel per scallas Cathelonie sicut patrono videbitur», reproducido en Doumerc, 1999, p. 230.
35 Ibid., p. 82.
36 Transcrito en Mas Latrie, 1964, apéndice vii, doc. xxiv, p. 267: «Vadino le presente galie in Saragosa, e lì stiano zorni do; a Tripoli zorni VIII; a Zerbi zorni octo; a Tunis XV. Et possino star lì etiam meglio come al capitanio et patroni parerà. A Buzia zorni 4, al Zer 4; a Oran X, over Belis de la Gomera; a One, over in altro logo de la costa, como meglio parerà al conseglio di XII, cum segurtà pero de le galee et merchadantie. A Malicha zorni VI, a Armaria octo. Possino capitanio et patroni parendoli remiter Malicha et remetendola possino star in Armaria zorni X».
37 Ibid., doc. xxvii, pp. 273-275: «Instruction si manda al ambassador nostro appresso el re catholico./ Le galie al viazo de Barbaria fino al 1508 facevano el viazo suo nel modo infrascripto./ Partendose de i luochi de la signoria Nostra andavano in Sicilia, a Saragossa, et de lì a Tripoli de Barbaria, et poi a Zerbi, et poi a Tuniz, et poi in Buzia, et de lì al Zer; de onde andavano in Oran et One ambi lochi del regno de Trimissen, qual regno al over in altro logo de la costa, come meglio parerà al conseglio di XII, cum segurtà però de le galee et merchadantie. A Malicha zorni VI, a Armaria octo. Possino capitanio et patroni parendoli remiter Malicha, et remetendola possino star in Armaria zorni X presente occupa Barbarossa turco; et Oran è de la católica Alteza. De lì poi se conducevano nel regno de Fessa, in uno loco nominato Bedis de la Gomiera. Del qual loco passavano in la Spagna a Malica, et poi in Armeria, et de lì a Valenza et Tortosa; et del retorno toccavano Tunis, et poi a Saragossa in Sicilia» («Instrucción que se manda a nuestro embajador ante el Rey Católico. Las galeras del viaje de Berbería hasta 1508 hacían su viaje del modo infrascrito. Partiendo de los lugares de nuestra Señoría iban a Sicilia, a Siracusa, y de allí a Trípoli de Berbería, y después a Yerba, y después a Túnez, y después a Bujía, y de allí a Argel; desde donde continuaban a Orán y Hunayn, ambos lugares del reino de Tremecén, como reino o en otro lugar de su costa, como mejor considere el Consejo de los Doce, con seguridad sin embargo para las galeras y las mercancías. En Málaga [estaban] seis días, en Almería ocho. Si el capitán y los patrones lo consideran oportuno pueden omitir Málaga, y omitiéndola pueden estar diez días en Almería. Al presente lo ocupa el turco Barbarroja y Orán es del Rey Católico. Desde allí después se conducían hacia el reino de Fez, a un lugar llamado Vélez de la Gomera. De dicho lugar pasaban a España, a Málaga y después a Almería, y de allí a Valencia y Tortosa. De regreso tocaban Túnez y después [iban] a Siracusa, en Sicilia»).
38 ASF, Consoli del Mare (CM), III, fos 124ro-vo, 5-XII-1459.
39 ASF, CM, IV, 4, Capitoli degli scrivani.
40 Se trata de los «Noli di tutta la Catalognia per Almeria, Malicha et Chadis» (ASF, CM, IV, 6, fo 12ro).
41 «Noli di Fiandra et Inghilterra per Cadis / per Malica / per Almeria paghasi inançi»; «Noli di Cadis, Malica, Almeria per Porto Pisano» (ibid., fos 12vo y 13ro).
Auteur
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Raúl González Arévalo
Universidad de Granada
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